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-¡Yadine! -Voceo a todo pulmón.
El galope de su caballo se escuchaba cada vez más cerca de mí.
Me detuve un momento paralizada por el miedo. Mis pies desnudos comenzaban a doler, los leves rasguños comenzaban a arder y sangrar, mis lagrimas, aprisionadas en mis ojos, implorando su libertad me causaban ardor.
Estoy cansada, perdi la noción de cuanto tiempo llevo aquí, no recuerdo como volver, donde estoy y hacia donde me dirijo. Solo espero que si logro escapar, el destino sea lindo conmigo.
-Amor, mi Yadine. Tu perfume tan único y tan penetrante es el que me ha guiado hasta aquí -la antorcha que llevaba en sus manos iluminaba desesperada cada rincón esperando encontrarme- reza mi amor, reza, por que no voy a ser gentil contigo cuando te tenga en mis manos - su voz, combinada con gracia y enojo confirmaba lo que decía.
Mis manos temblorosas alzaron una de las tantas ramas del suelo, lanzandola para emitir un señuelo rápido, rezando e implorando por que aquel hombre cayera en el engaño.
El trote del caballo se alejaba, parecía que aquello había funcionado, era la oportunidad perfecta, mi oportunidad.
Corriendo sin importar nada era lo que que me quedaba, no era la mejor opción, lo sabía, pero el colapso mental y físico comenzaba a pesar.
Escuchaba gritos atrás de mí, acercándose, era mi fin, lo único que veía frente mi y a la redonda eran árboles y una obscuridad que rápidamente se comia al bosque.
Me detuve en seco, no podría escapar, lo sabía, no servía de nada pelear, estaría siempre atada a él, mi esposo y el emperador.
"¿Este era el destino con el que papá soñó para mi?"
-Papá - dejándome caer espere mi destino, recapitulando mi vida comenzaba a sollozar-tengo miedo - llorar era lo único que me quedaba y tal vez mi único desahogo desde ahora.
El galope paro frente a mi, una toco mi pelo y decidí alzar la mirada.
—Te tengo—








