Capitulo 1
El sol brillaba con fuerza en el cielo, bañando el campus de la U.A. con una cálida luz dorada. La vida de Izuku Midoriya parecía ir de maravilla. Desde que él y Katsuki Bakugo habían comenzado una relación, todo parecía estar finalmente en su lugar. Después de tantos años de rivalidad, de peleas, de malentendidos, ahora ambos compartían algo especial, algo que les daba fuerza y que los unía de una manera que antes parecía imposible.
Izuku recordaba con claridad el día que todo cambió entre ellos. Había sido después de una misión particularmente difícil. Mientras se recuperaban en la enfermería, Katsuki, con su típico mal humor y arrogancia, le había soltado, casi de manera casual, que no podía seguir ignorando lo que sentía. Izuku se había quedado atónito, pero no tardó en darse cuenta de que él también sentía lo mismo. Era algo que había estado creciendo entre ellos durante años, algo que ambos habían negado hasta que ya no pudieron hacerlo más.
Desde entonces, las cosas entre ellos habían sido casi perfectas. Pasaban tiempo juntos, entrenaban más duro que nunca, y, aunque las discusiones no desaparecieron, ahora tenían un trasfondo diferente, más íntimo. Los momentos que compartían, aunque a menudo tensos, estaban llenos de pasión y emociones profundas. Izuku había llegado a confiar en Katsuki como nunca antes, creyendo que, por fin, habían encontrado su camino.
Los amigos de ambos se habían acostumbrado a la relación. El Dekusquad y el Bakusquad solían pasar el tiempo juntos, bromeando y entrenando, y, aunque algunos de ellos al principio se mostraron sorprendidos por la pareja, con el tiempo aceptaron que esa conexión era real. Ochaco Uraraka, una de las mejores amigas de Izuku, siempre los apoyaba con una sonrisa. Kirishima, por su parte, era el mayor defensor de la relación, siempre animando a Katsuki a ser honesto con sus sentimientos.
Era una felicidad que Izuku jamás había creído posible. Todo en su vida parecía estar en equilibrio, desde su crecimiento como héroe hasta su relación con Katsuki. Pero, como muchas veces ocurre, la felicidad puede ser fugaz.
Con el paso de los meses, sin embargo, Izuku comenzó a notar pequeños cambios en Katsuki. Al principio, eran detalles insignificantes: excusas para no verse, comentarios cortantes que no parecían tener sentido, y la manera en la que evitaba su mirada en ciertos momentos. Izuku trató de no darle importancia. Sabía que Katsuki no era del tipo que expresaba sus emociones fácilmente, y pensó que quizá estaba estresado por las constantes pruebas y misiones.
Sin embargo, la inquietud seguía creciendo en su corazón. Y luego vino la distancia. Katsuki comenzó a ausentarse más a menudo, siempre con la excusa de entrenar solo o de tener que cumplir con deberes extras. Izuku, aunque preocupado, no quería parecer controlador, así que decidió confiar en él.
Pero la verdadera duda comenzó a surgir cuando notó que Ochaco también parecía comportarse de manera extraña. Era una de sus mejores amigas, pero últimamente se había distanciado. Cada vez que Izuku intentaba hablar con ella, Ochaco encontraba una razón para marcharse rápidamente, evitando cualquier conversación más profunda.
Fue entonces cuando Izuku empezó a unir las piezas. Las largas ausencias de Katsuki, la actitud evasiva de Uraraka, las miradas incómodas de sus amigos. Algo no estaba bien. Y aunque intentaba negarlo, su corazón sabía la verdad antes de que su mente estuviera lista para aceptarla.
Una tarde, durante una reunión casual en los dormitorios de la U.A., Ochaco decidió hablar. Todos estaban allí: el Dekusquad y el Bakusquad, reunidos para pasar una tarde tranquila. Pero el ambiente se volvió tenso cuando Ochaco se levantó de su asiento, claramente nerviosa.
—Tengo algo importante que decirles a todos —dijo, su voz temblando ligeramente.
Izuku, que estaba sentado cerca de Katsuki, sintió un mal presentimiento en el pecho. Miró a su novio, quien evitó su mirada de nuevo. Katsuki, siempre tan seguro de sí mismo, parecía incómodo, como si supiera lo que estaba por venir.
—Estoy… estoy embarazada —anunció Ochaco, con la voz quebrada.
El silencio cayó como una losa sobre todos los presentes. Izuku sintió que el mundo se detenía por un segundo. La palabra "embarazada" resonaba en su mente, pero no lograba comprenderla del todo.
—Y... Katsuki es el padre —añadió Ochaco, con lágrimas en los ojos.
El corazón de Izuku se rompió en mil pedazos. No había otra manera de describirlo. El dolor que sintió fue tan profundo, tan desgarrador, que no pudo moverse, ni hablar, ni reaccionar. Simplemente se quedó allí, paralizado, mientras su mente intentaba procesar lo que acababa de escuchar.
—Kacchan... —murmuró Izuku, su voz apenas un susurro, como si al decir su nombre buscara alguna explicación, alguna señal de que todo esto no era real.
Pero Katsuki no dijo nada. No hizo ningún intento por disculparse ni por negarlo. Solo se quedó allí, en silencio, con una expresión que Izuku no pudo descifrar.
—¿Desde cuándo? —preguntó finalmente, con la voz rota.
Ochaco bajó la cabeza, incapaz de mirarlo.
—Desde hace unos meses...
El peso de esa revelación cayó sobre Izuku como una avalancha. ¿Meses? ¿Cuánto tiempo llevaban engañándolo? ¿Cuántas veces Katsuki había ido a verla mientras él pensaba que estaba entrenando? Las dudas y las preguntas comenzaron a llenar su mente, pero ninguna de ellas importaba ya. Lo único que sentía era un dolor insoportable, una traición que lo consumía por completo.
Izuku se levantó lentamente, sintiendo que apenas podía mantenerse en pie. Miró a su alrededor, viendo cómo todos sus amigos, tanto del Dekusquad como del Bakusquad, lo miraban con tristeza, pero ninguno de ellos había dicho nada. Ninguno le había advertido. Todos sabían, y todos habían guardado silencio.
Sin decir una palabra, Izuku salió corriendo de la sala, las lágrimas finalmente brotando de sus ojos. La lluvia comenzaba a caer fuera, pero no le importaba. Lo único que quería era escapar de ese dolor, de esa traición, de todo lo que había perdido en un solo instante.
Katsuki no lo siguió. Nadie lo hizo. Izuku corrió hasta que sus piernas no pudieron más, y finalmente se dejó caer en un parque vacío. Las lágrimas se mezclaban con la lluvia, y su corazón, antes lleno de amor y esperanza, ahora estaba destrozado.
No quedaba nada. Solo el dolor y la certeza de que su vida nunca volvería a ser la misma.








