[1] "—De victoria solo tenés el nombre"
No supo cuánto tiempo fue el que pasó debatiendose si confesarse era buena idea, pero terminó por decidir arriesgarse.
«El que no arriesga no gana, corte, siempre pierdo, pero no hay que perder la costumbre»
Pensó Victoria, mientras expresaba lo mejor que podía sus sentimientos a la chica que tenía delante, antes de que sus amigas pudieran detenerla de decir las estupideces que estaba diciendo.
—Me gustas, en plan gustar de "me gustas", no como amiga, ¿entiendes? Es el gustar de "Guau, ella es linda, su sonrisa me gusta", ¿entiendes? En plan, realmente me gustas, desde hace mucho que me gustas porque... No tengo la menor idea, pero me gustas —las muletillas al hablar eran por los nervios, pero acompañadas de señas extrañas que hacía con sus manos lo único que lograba era la risa contenida de parte de su enamorada, y la pena ajena en el rostro de sus amigas que la veían desde sus asientos.
Lucía solo la miraba, atenta, jamás consideró la idea de, aunque sea, estar enamorada de una chica. Solo pensarlo era raro. Siempre le gustaron los chicos, había tenido varios novios, ninguno terminó bien pero eso no quitaba que le gustaban los hombres.
—Yo sé que no sientes lo mismo, no tienes que decirme nada, los chicos son lo tuyo y lo entiendo... Espera, eso suena raro, ni que ser hetero fuer malo, corte, ser lesbiana, gay o bisexual tampoco, pero y sabes a qué me refiero, ¿no? —Victoria quería que la tierra la trague, que un rayo la parta al medio, que su dignidad vuelva a su cuerpo y, más que nada, cerrar el puto hocico —Por favor, solo dime que no sientes lo mismo así me voy —terminó por decir, roja por la vergüenza, con una mano en la frente, la otra en la cintura y la vista fija en el suelo, como si fuera lo más interesante que vio en toda su existencia.
Lu evitó reír, no era el momento, pero la actitud tonta de Vicky siempre le daba risa, por alguna razón que ni ella entendía.
—Gracias por decírmelo, pero soy heterosexual —dijo con calma, sin poder evitar que la risa se refleje en su voz. Aún así, la castaña frente a ella no hizo más que suspirar aliviada, no por el rechazo, sino porque, a pesar de su estupidez, no recibió burlas ni una mala reacción de su parte.
—Lo sé —una risa escapó de sus labios, sin poder evitarlo.
—La idea nunca me pasó por la cabeza.
—Entiendo.
—Los chicos son lo mío.
—Y lo mío la con-
—¡Callate! —gritó desde el otro lado del salón una de las amigas de Vic, Clara, mientras otra de su grupo, Alex, apuraba el paso para tomarla del brazo y sentarla en su lugar antes de que la siga cagando.
—Como se nota que de victoria solo tenés el nombre, pelotuda —se quejó, Helena, la mayor del grupo, que durante toda su confesión se la pasó hecha bolita en su asiento por la vergüenza.
—Y así y todo me quieren —terminó diciendo, como si nada, mientras Clara evitaba que Alex le de un golpe en la cabeza.
—Dejenla, cuando uno no tiene dignidad ni se da cuenta de las boludeces que hace —dijo, causando que las otras dos suspiren junto con ella.
—A veces me pregunto cómo sigue viva —Alex, la madre del grupo y más reciente integrante, no terminaba de acostumbrarse a las estupideces de Vicky.
—Por la gracia de Dios, Jesús y el espíritu santo —respondió la protagonista de todos sus males, a modo de broma.
Alex sintió el tic en su ojo antes de voltear a ver a Clara.
—Pegale nomás —dijo, permitiendo que le dé un golpe en la cabeza por idiota.
Del otro lado del salón, mientras el timbre del recreo sonaba para finalizar el descanso, Lucía miraba divertida la escena.
A pesar de que Victoria era alguien insoportable para muchos y falladita para otros, no podía evitar disfrutar de las tonterías que decía o hacía cada vez que alguien le sacaba el ojo de encima. Le agradaba, ya sea porque era demasiado sincera para su propio bien o porque siempre encontraba la forma de meterse en problemas. Lo que para otros era molesto para ella era encantador... Heteramente hablando, por supuesto.








