Rumiación en Electrónicos

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Sinopsis

Una joven adulta tiene que pasar la noche sola, pero tendrá que soportar el afrontar con ciertas sensaciones que están conectadas a algo en el pasado. Rumiación: Enfocarse constantemente en pensamientos y memorias negativas propias. == ADVERTENCIA: ESTA HISTORIA CONTIENE MENCIONES DE TÓPICOS QUE PODRÍAN CONSIDERARSE SENSIBLES PARA CIERTAS PERSONAS. LEER BAJO DISCRECIÓN == Inspirado en obras Denpa. Este trabajo fue originalmente para una convocatoria que me daría cuenta que sería una estafa. Por lo que decidí terminarlo y postearlo de forma independiente. (La portada es provisional)

Genero:
Thriller/Drama
Autor/a:
ElecAlice
Estado:
Completado
Capítulos:
1
Rating
n/a
Clasificación por edades:
16+

Único Capítulo

No me gusta sentir vibraciones de mi teléfono. No me gusta escuchar ese sonido de la campana electrónica de la notificación cuando tengo que oír un mensaje. Me hace saltar el corazón, me pone inquieta. Me pone a la defensiva, porque estaba preparada a que ese mensaje sea uno que no quiera leer. Estas reacciones que mi cuerpo y mente generan más mal que bien, en especial porque mi familia me habla constantemente en la misma aplicación de mensajería que me provoca estas reacciones. Incluso prefería las llamadas de teléfono que recibir múltiples mensajes en esa aplicación. Ha sido años de que asocio esas sensaciones con cosas malas, pero estas cosas se deben dejar de aprender.

Esto culminaría con una noche después de comer en la noche. Mi familia, compuesta de mamá, papá y mi hermano mayor, tuvieron que irse en auto para recibir unas visitas. Debido a lo largo del trayecto y por preocupación por el gato, tuve que quedarme sola por la noche. Solo tengo que cuidar la casa durante su ausencia. Estimaron de que volverían a las 10 de la mañana. Cuando se fueron eran como las 7 de la tarde, y el día casi se acaba pero todavía no era el atardecer. Y en caso de que tenían que decirme algo o un nuevo deber, mandarían un mensaje a mi teléfono. Tuve que aceptar eso y hacer los quehaceres.

Cuando se fueron, continué de comer unas tostadas con un té a lado. Ya cuando terminé, aproveché de ordenar la loza ya limpia, limpiar los platos sucios, ordenar el comedor para cuando lleguen a las visitas, y darle de comida al gato. Ya se estaba atardeciendo cuando he terminado en los deberes. Aproveché de subir el piso y admirar la vista desde la ventana. Viendo por la calle, entre las casas se encontraba una alta antena cerca de una casa. No pude evitar admirarla y terminar reflexionando en el proceso. La tecnología llega a muchas partes, incluyendo en este pueblo pequeño. Esa antena transmite ondas que apoyan a otros emisores y transmisores de ondas. Computadoras, radio, televisión y teléfonos, como ejemplo. Esas ondas, aunque no las podamos ver, existen.

“¿Cómo sería ver esas ondas? Sería muy invasivo y abrumador.” Es lo que concluí. Sé que esas ondas nos llegan a afectar. Las ondas emiten información de cada tipo. Incluyendo los que no queremos ver ni sentir. Aunque no podamos tocar las ondas, estos nos pueden tocar. Nos hace felices, nos hace llorar, gritar, asquear, cada tipo de emociones. Así nos impactan la tecnología y las ondas. Ya cuando terminé de ver la antena, algo vibró en mi bolsillo con una campana electrónica. El número de latidos aumentó en ese breve momento. El presentimiento de una discusión estaba abrumando mi mente. Al levantar el teléfono, resultó ser solo mamá.

“Hija, en caso de que nos tardemos de más, hay comida congelada que puedes calentarla en el microondas”

Mamá, sé que no lo sabes, pero me diste un susto. Pero gracias por el recordatorio. Y tenía que responderla.

“Vale mamá. Por favor, tengan cuidado en el trayecto.”

Miré por un breve momento a la antena antes de irme a mi habitación.

La laptop encendida está preparado para navegar por la web. Opté por ver un vídeo aleatorio, y antes de que este venía acompañado de un anuncio que se trata de ofertas de un supermercado y que usaba una conversación falsa. Para rematar usaba el mismo sonido de notificación. Aunque veía que era solo un comercial, mi mente reaccionaba tal como si fuese real y para mi. Saltos de estrés. Fue breve pero el vídeo que intentaba ver era largo y en los cortes de comerciales, aparecía ese mismo anuncio en repetidas veces. Tuve que dejar de ver vídeos. Para ese entonces no me importaba los anuncios ni quería activar el bloqueador porque quería apoyar a mis creadores favoritos. Pero en esa noche lo consideré porque, no quería ser bombardeada de estrés.

Ya apagado la laptop, opté de ver algo de televisión, pero sentí con ganas de comer algo, por lo que me levanté a ir al primer piso para comer un bocadillo. Un cereal de chocolate sonaba como una buena idea de comer a las 21 horas. Me sentía conforme hasta que me iba del comedor cuando escuché una notificación de algún lado. Miré de un lado a otro, y sentí una vibración en mi cuerpo, en el bolsillo derecho. Revisé rápidamente en mis bolsillos, solo para darme cuenta de que no tenía mi teléfono conmigo. ¿De dónde vino el sonido? ¿Dónde dejé el teléfono? ¿Arriba o se me calló en las escaleras? Con el bol a mano, busqué por el comedor, por las escaleras hasta subir a mi habitación, y vi el teléfono en el escritorio. Sin una nueva notificación. Me sentí idiota por no fijarme.

Quería ver una película, una serie, las noticias o lo que me salga en la televisión. No tenía ganas de pensar mucho, mi mente solo quería relajarse. Incluso las noticias sería perfecto en ese momento, considerando de que no suelo ver mucho de estas porque me llegan a deprimir o enojar. Son las 9 de la noche, y ya estaban dando las últimas noticias. Hablaron de un reporte sobre el caso de una chica que lleva una gran parte de sus días disociando, imaginando escenarios utópicos y brillantes. Ella empezó a fantasear desde temprana edad, influenciado por su soledad y desconexión con el resto de sus compañeros, junto con su amor por la ficción en animación y videojuegos. Incluso si actualmente en sus 20s y con amistades que la quieren, pasa su tiempo soñando despierta esos escenarios de fantasía variada. La entrevistada dijo que la razón de porqué suele rechazar la realidad es por todo lo horrible que pasa en el mundo. Entre el crimen y guerra, ella básicamente odia todo lo relacionado con humanos matando su propio especie por razones egoístas y “sin sentido”. Ella aborrece el hecho de que la justicia no llega siempre cuando esta se necesita y todo lo que se trata con lo mal de este mundo.

“La realidad es muy abrumadora y decepcionante.” Dijo la entrevistada. No pude evitar sentir empática por ella, porque comprendo mucho con su frustración con el mundo real. El mundo llega a ser muy horrible. Hay cosas que aprendí en internet que hubiera sido mejor no saber. Viví mucho tiempo en internet, y aprendí de conceptos y eventos que me asquean saber que ocurrieron y que existen. Incluso aprendí de cosas horribles antes de cumplir los 18. El reporte termina con la entrevistada recibiendo ayuda psicológica para poder aceptar la realidad, como también colocar sus sueños en formato escrito. Bien por ella, pero igual terminé pensando en lo que se trata de escapar realidad, porque puedes ver mucho lo mal que está en el mundo. Lo peor es que la gente suele difundir lo malo y rara vez lo bueno. Sé que dicen que debemos sonreír con las cosas pequeñas, pero igual me preocupa que mucho que debemos sonreír con una noticia de animales en el zoológico después de que mostraran el colapso de relaciones entre dos países que podría llevar a una guerra.

Al estar viendo la televisión mientras estaba pensando en lo que se trata de la realidad, no había notado de que las noticias ya habían terminado. Cuando volví a la realidad, vi que la televisión solo era una pantalla en blanco y luego cambiaría en negro. Estaba confundida por lo que está pasando en la tele, y mi ojo estaba capturando algo de color cían a la izquierda. Miré a esa dirección y no había nada. Me levanté de la cama y fui a caminar hacia allá, pensando de que se me había olvidado cerrar unas cortinas. Revisé las habitaciones y todas las cortinas del segundo piso estaban cerradas. Una luz extraña en mi casa, sonaba algo de una película de ciencia ficción que no consentí estar. Y de repente, escuché otra campana electrónica. Me detuve, volteé y una luz blanca cegadora aparecería que me haría caer al suelo en sorpresa. Un flash de luz extraña como de una cámara. Y en ese momento, estaba temblando por el dolor y por el estrés. No lo recordaba en ese momento pero no suelo actuar así de que sensible ante la vibraciones y las notificaciones, pero en esta noche estaba muy sensible. No saltaba así de intenso. Esto era anormal para mi. Me costó levantarme, porque incluso me raspé la piel por la caída.

Mi cuerpo estaba empezando a agotarse. Revisé por la televisión y el canal estaba transmitiendo una película de ciencia ficción. Tras lo que pasó me dio una mala vibra con seguir viendo la televisión, así que lo apagué. Todavía ni me he servido el cereal. Volviendo a la cama, revisé por el teléfono. No hubo una nueva notificación. Revisé el chat por si un amigo está conectado. Ninguno. Un suspiro generé por la soledad de la noche que estaba sintiendo, cosa que me hizo considerar escuchar algo de música para mejorar el ambiente. Revisando la aplicación de música, solo pude verlo cargar la pantalla principal sin dar resultados, pero si pude acceder la función de búsqueda. Quería escuchar algo melodioso pero tranquilo, pero no sabía qué escuchar. Terminé escuchando una playlist de música melancólica y melodiosa. Durante este rato, mi mente estaba mirando el techo y comiendo del cereal que saqué. Ya pasado un tiempo, apareció un tema en particular que me había dejado enamorado, pero no podía relajarme a escucharla porque estaba en alerta presintiendo de que algo vendría a arruinar mi noche. El tema se detuvo cuando iba a acabarse, y terminó en un ciclo de carga interminable. Intenté sacar la canción de nuevo y volver a repetirla, pero quedó atascada a la mitad, pero esta vez saldría un pantallazo azul. ¿Un pantallazo azul? No se suponía que los teléfonos tendrían un pantallazo azul. E incluso si fuese posible, mi teléfono no está tan maltratado como para que diera errores críticos. Sacudí mi cabeza para ver si en serio no era una ilusión, y el teléfono estaba cambiando su pantalla y vibrando mucho. La pantalla fue de azul, a rojo, a negro completo y a blanco. Hasta terminar en negro con un mensaje en letras pixeladas blancas por un breve momento.

“Déjame sola. Me estás u...”

No lo pude leer completo porque justo la pantalla volvió a la normalidad, y la canción terminó de cargarse completo e ir por la siguiente. Hasta este punto, Internamente dije “Basta” y me cambié de ropa a por pijamas. Una larga camisa de dormir que llegaba hasta las rodillas. Especulé que mi mente estaba muy cansada y deseaba dormir. Era las 11 de la noche, después de todo. Fui a bajar a darle de comer un poco al gato y acariciar su cabeza suave, cerré las cortinas del primer piso y subí por las escaleras. Decidí detenerme por un momento para ver la ventana una vez más. Esta vez la noche consumió los colores, pero la luz roja parpadeante de la antena no cesaba. La tecnología no puede descansar, porque los humanos dependemos de estas. Miraba la luz pero mi cuerpo empezó a temblar. No sabía hasta este punto si es porque estaba con miedo o porque mis pies estaban sintiendo frío. No quería cuestionarme las cosas, así que fui apagar las luces e ir a la cama.

Una noche con estrés, ansiedad y ganas de sueño llega a arruinar tu mente. En ese momento me confirmó todo esto.

No pude dormir bien en la noche. Estaba de un lado por la cama a otro con mis ojos cerrados con el intento fallido de conciliar el sueño. Frio, caliente, frio, caliente. Las sábanas y almohadas se volvían fríos, calientes, fríos, calientes. Mi corazón estaba latiendo mucho y mi cabeza estaba cansándose mucho pero un dolor de cabeza me estaba dominando. Eventualmente abrí los ojos, admitiendo derrota. Miré por el techo y luego miré por mi habitación. La laptop estaba apagada pero aún estaba abierta. La tele emitía su luz roja de Standby. El teléfono a lado no hacía nada interesante. No podía activar el modo vibrador o silencio. Me podrían mandar un mensaje en cualquier momento y por mi culpa por priorizar mi tranquilidad los tendría en silencio o en vibrador. Atrapado en modo normal está, entonces. Mi mente empezaría a divagar un poco mientras veía el techo de nuevo, y la mente llega a ser rara cuando uno está cansado. Pero en esta ocasión, sería demasiado intenso.

Mi cabeza se estaba empezando a sentir los tiempos pasar cuando uno ya no está conectado por un largo tiempo. Mi mente generaría el equivalente a un ruido blanco inicialmente sutil, y empezaría a generar unas tenues ondas en blanco y negro, y podía verlos viajar por mi habitación. Seguía a esas ondas ir de un lado a otro, hasta que se detuvieron en frente de mi cabeza. No tenía el curso del tiempo conmigo, por lo que no supe hasta en qué momento lo siguiente pasaría. No podía sentirlos pero pensando de que eso solo era una señal de sueño, cerré mis ojos. Mi mente divagaba un poco y aparentaba estar en un columpio, balanceándose de un lado a otro, alzando hacia el cielo. Pero me resbalé, en lo más alto. La caída fue tan intensa que me hizo golpear el pecho y abrir los ojos. En esto, llegarían mensajes. Mensajes como a esta hora eran una locura pero no sería imposible. Pero lo que si era imposible era la cantidad absurda de notificaciones que recibí tras volver a abrir los ojos.

Revisé el teléfono. ¿Nada? No había nada. Dejé el teléfono, otra notificación. Nada. Otra campana, nada. Otra campana, nada. Y el ruido en mi cabeza se presentaba más y más.

“Déjame dormir”, susurré con frustración. Pero los mensajes seguían y seguían. El ruido en mi mente se hacía más y más fuerte... Y de un abrir y cerrar los ojos, lo vi actuar. Encima mio. Esa vibración electrónica de bolsillo me quiere. Suplica por mi atención. Quiere mi cuerpo, quiere mis ojos, quiere mi boca, quiere mi todo. Está encima mio, me tiene atrapada en mi pijama, y quiere que me la quite. Quiere verme todo y expuesta. Suplica por mi. Y eso me da asco. Yo quiero irme de ese episodio. No quiero que este vaya por mi todo.

Yo quería lanzarlo por la ventana, por el piso, por algún lado. Pero el poco sentido común que tengo en el momento me impidieron actuar de forma impulsiva. Pero lo que no pude evitar es gritar pero el me tapó la boca. Suplicaba a puro llanto de que no me tocara, que se metiera conmigo. Que no quiero volver a sufrir lo que me pasó cuando era solo una adolescente. Y con ese miedo, logré librarme de él, y lanzarlo por el suelo.

Rápidamente me levanté y me reajusté mi pijama. Casi logró levantarme la camisa de dormir. Pero otro brillo apareció, y era otra figura intentando salir de la pantalla de mi laptop. Y en un movimiento producto del miedo, corrí para aplastar la figura con la misma pantalla de la laptop, cerrándola.

Huí de mi habitación al primer piso. Estaba llorando de miedo, estaba muy cansada que mi cuerpo tenía las ganas de apagarse y hacerme caer por las escaleras, pero afortunadamente no sucedió eso. Residí en el primer piso cerca de la ventana y estaba llorando para desahogar todo sentimiento. Miedo, tristeza, frustración, soledad. Me sentía sola y sin alguien con quién hablar. Pensé en un momento que moriría por la locura que estaba sufriendo. Por la ventana cubierta, aún podía ver la antena por una brecha en las cortinas. Sentía que este estaba transmitiendo todo lo que estaba escuchando. Gemidos, susurros, campanas electrónicas, y sonidos húmedos. Sentí que ya todo lo que estaba escuchando es real, hasta que escuché un maullido y sentí algo suave en mi pierna. Era mi gato, que quería que saliera al garaje. Tuve que abrazar a mi gato y sentir su suavidad, llorando en el proceso. Mi gato es real, lo pude tocar y oír. Acariciar mi gato y escuchar sus ronroneos hizo amortiguar cada susurro horrible que presentía oír. Se sintió como una legítima salvación, hasta que el gato me rasguñó la muñeca por estar abrazándolo demasiado. Sangre, sangre por dar demasiado amor. El gato no tenía idea pero yo terminé consumida por los susurros, que se convirtieron en palabras entendibles.

“Ven conmigo, gatita.”

“Anda, quiero verte.”

“Eres muy linda como para no verte.”

“Eres muy mala conmigo. No estás siguiendo lo nuestro.”

“Ya no te quiero ver. Adiós.”

“Mira, huiste. Al parecer no puedo contar contigo.”

Veía cómo la sangre corría. Era poca pero mi mente sintió el mayor rasguño. El de los recuerdos. Y estos recuerdos ya tienen forma con esa figura brillante echa de ondas, reapareciendo en frente de mis ojos. Tenía la forma humanoide de un adulto joven en medio de sus 20s. Tomaba de mi brazo, demandando a que me levantara. Cuando me tocó, mis ojos cesaron de llorar. Ya no estaba sintiendo nada. No sentía nada por este ser. Ni amor, ni odio, ni admiración ni repudio, ni lujuria ni aberración. Solo una completa apatía y resignación. Un sentimiento que no sentí desde el año pasado. Cuando la figura me hizo levantar, sentía que se estaban bajando las mangas de mi camisa. En ese momento ya no me importó, porque sabía que pasaría eso. A esa ente le encantaba ver mi piel. Decía que era muy suave, y eso que nunca lo tocó en su vida. Solo me quedé muda mientras me hacía escalar las escaleras. Sentía que ya no tenía poder para detenerlo. Solo era su muñeca en el que disfrutaba jugar y tocar. Mi mente estaría en completamente negro, preparada para lo peor, sucumbir a las memorias y seguir considerándome solo como una muñeca.

Ya cuando me llevaron de vuelta a mi habitación, la primera figura aún yace en el suelo. Tenía que levantarlo de ahí. Ahora ya son dos figuras. Terminé debajo de ellos, y pensé que terminaría sucumbiendo ante ellos, las memorias y vergüenzas de la retrospectiva. Fui una humana sucia, y ellos me hacían recordarlo. Y de ahí, un maullido fuerte desde el primer piso. El gato vino a demandar otra vez. Me hizo levantar la mirada, detenerme y mirarlo. Pero cuando me detuve, también lo hizo la figura. Ese momento me hizo despertar. Yo no debería seguir con esto. No debería sucumbir a estos recuerdos. Cerré mis ojos, respiré hondo por la boca por un momento, y no sentí nada en mis brazos ni mi cuerpo entero. Ya para cuando abrí los ojos, las figuras se habían desvanecido. En su lugar, solo vi el teléfono ante mis manos.

Ya cuando el brillo de mis ojos han vuelto, lo primero que hice fue revisar la aplicación de mensajería. No porque me han mandado mensajes, sino por mensajes del pasado. Un chat en específico, de alguien quien se suponía que me quería. Mensajes, historias, grabaciones, y hasta fotos atrapadas en el chat oculto. Mensajes de lujuria en el chat oculto, y mensajes de dolor, amor y dolor de nuevo en el chat normal. Muchas discusiones y poco amor... Esas discusiones eran tan largas que se me hicieron agotar las lágrimas.

“Si muero, prométeme que no irás por mi... porque no te quiero ver.” Fue el último mensaje un día antes de su muerte. 20 de Diciembre del año pasado. Revisitar el perfil de esa persona provocaría un tremendo dolor en el corazón en dos grados agudos. Uno por la muerte en si, y el otro siendo por darme cuenta de que él tenía 27 cuando yo tenía los 20. Nos queríamos cuando yo tenía 16. Odio el hecho de no poder ver su fecha de nacimiento en su perfil. Pero igual tengo repudio conmigo misma por aceptar su comportamiento horrible. Pero dado a que era mi primera relación y no estaba familiarizada con un legítimo romance, me hizo su presa. Es difícil aceptar hechos que eran horribles en retrospectiva, que te dejan marca.

Todavía no decido si usar estos mensajes para denunciarlo, porque él vivía en otro país y ya no está vivo para ser arrestado; u optar por borrarlos porque ya han pasado un año desde su muerte. Eso necesitaría de tener ayuda externa. Todo este momento me hizo olvidar por un momento por el gato, que se puso encima de mi cama con ganas de dormir conmigo a lado, algo raro en él. Al concentrarme en afrontar con esas memorias, no sentí el plazo del tiempo. Ya eran las 4 de la madrugada. Con gato de compañía, finalmente me quedé dormida.

Mamá me despertó al mediodía. Se tardaron en llegar por culpa del tráfico por ser temporada de vacaciones de invierno. Todavía no puedo hablar lo que me pasó con mi familia, porque las visitas se sentirían incómodas. Pero de seguro mi familia estaría de mi lado, incluso si se molestarán inicialmente porque estaba sufriendo con esa persona por años... Pero lo que importa es que, intentaré ver cómo hacer que esas vibraciones ya no se asocien con negatividad.

Nosotros controlamos las ondas, y afectamos a las personas con esas ondas. El dolor virtual es real. Las lágrimas lo demuestran.