único
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Mingyu se acomodó en el sillón del pequeño apartamento mientras sostenía su taza de café caliente entre las manos. La habitación estaba en silencio, apenas rota por el zumbido de la nevera y el tenue crepitar de la vela de canela que habían encendido en la mesa de centro. Wonwoo estaba sentado a su lado, ligeramente encorvado, mirándolo fijamente con esa intensidad que Mingyu aún no había aprendido a interpretar del todo.
—¿Qué miras?— preguntó Mingyu sonriendo, intentando restarle importancia al peso de aquella mirada.
Wonwoo esbozó una sonrisa enigmática, una mezcla de ternura y algo más, algo que al más alto todavía le costaba entender.
—Solo me gusta verte. Es… raro, pero de un buen modo.
Hubo un silencio denso, y Mingyu se removió ligeramente como si hubiera una expectativa en el aire. Mientras más desviaba la mirada, sentía como Wonwoo no apartaba la vista; parecía estudiar cada gesto, cada respiración, tal y como si estuviera grabándolos en su memoria.
—¿Nunca te cansas de observar?— bromeó tratando de disipar la incomodidad. Era extraño cómo él siempre parecía recordar detalles que otros pasaban por alto: qué libro dejaba en su escritorio, su canción favorita, hasta la forma en que tomaba el café.
—No — respondió Wonwoo con suavidad, pero en su tono había una frialdad casi animal. —, ¿por qué debería? Los humanos son… tan interesantes.
El moreno lo miró un instante pensando que era una broma, pero algo en los ojos del chico de lentes a su lado, con esa expresión imperturbable, le hizo cambiar de idea. Sacudió la cabeza riéndose para disimular.
—Eres raro, ¿sabes?
Finalmente, Wonwoo soltó una risita y se rascó la cabeza en silencio. Negó y se apoyó en el hombro contrario para disipar esa incomodidad.
—Nos conocemos desde adolescentes, ¿recién te das cuenta de que soy raro? —dijo de una forma más cálida —. Parece que te has desacostumbrado a nuestra rutina.
—No del todo.
—¿Harás algo mañana? —preguntó Wonwoo devolviendo la mirada a la de su compañero de habitación —. Ni siquiera pregunte si necesitabas ayuda con algo.
Wonwoo se refería a la usual fiesta de Halloween que la pareja solía hacer cada treinta y uno de octubre en casa del moreno. El apartamento era pequeño, pero era suficiente si querían invitar a sus once amigos de la agencia.
—Me la pasaré cocinando. No necesito ayuda, puedo solo —dijo dejando la taza de café —, pero si me ayudas a decorar la casa sería genial.
—Dalo por hecho —respondió con una sonrisa mientras se acomodaba los lentes que le caían por el puente de la nariz.
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La comida estaba hecha, había pasado tiempo dándole temática a todo. Desde calabazas, esqueletos, arañas, ojos... El apartamento estaba decorado para la ocasión. Habían puesto algunas guirnaldas de calabazas y unas luces parpadeantes que teñían la habitación de un tono anaranjado fantasmal. Wonwoo miró a Mingyu de reojo que estaba sirviendo el vino en las copas, siempre observándolo con esa misma intensidad que lo caracterizaba. Había algo eléctrico en el ambiente, algo que hacía que a Mingyu se le erizara la piel.
—Todo listo —dijo Wonwoo bajando por las escaleritas que había puesto para ayudarse a decorar la parte de arriba.
—Quedaron perfectas.
—¿A qué hora llegarán los chicos? —preguntó Wonwoo desarmando las escaleras y guardándolas al lado de la nevera.
—Les dije que a las nueve comenzaba la fiesta, pero ya sabes que ellos no tienen hora de llegada —respondió Mingyu sentándose y tomando una copa. Le sonrió y palpó a su lado para que Wonwoo se sentara. El mayor se aclaró la garganta y se colocó a su lado.
—Perfecto, entonces tengo tiempo de sobra…
—¿Para qué?
—Quería decirte algo —empezó Wonwoo, acercándose con otra copa en la mano.
Mingyu, arqueó una ceja, divertido por el tono serio no usual de su compañero.
—¿Es tan formal como parece?
—Depende —respondió Wonwoo, decidiendo que prefería quedarse de pie en lugar de estar a su lado cuando le dijera. Tomó aire, como si buscara la forma correcta de decir lo que estaba a punto de revelar —. He estado esperando este momento, casi desde que nos conocimos.
Mingyu parpadeó, sorprendido.
—Nos conocemos hace casi diez años… ¿Por qué esperar tanto?
Wonwoo se acercó más, tan cerca que Mingyu sintió su respiración entrecortarse.
—A veces uno se encuentra atrapado entre lo que es y lo que desea. Y cuando te encontré… no sé, pensé que tal vez podrías aceptar eso.
Mingyu lo miró con el corazón latiendo rápido. Había algo profundamente vulnerable en las palabras de Wonwoo, algo que lo hacía sentir intensamente atraído y curioso a la vez, que no notó las palabras que usó el mayor para decirlo.
—Hyung… no sabía que te sentías así —dijo sonrojándose.
Wonwoo sonrió cálidamente.
—Si supieras lo difícil que ha sido esperar, lo complicado que es ocultarse… en esta forma. Quiero ser sincero contigo, y solo contigo mi amado “dongsaeng”
Mingyu respiró hondo, sintiéndose atrapado en los ojos del mayor.
—No importa lo que me digas — dijo, tratando de sonar valiente —, te acepto, sea como sea.
La intensidad en la mirada de Wonwoo se profundizó, y un destello oscuro cruzó su expresión. En ese momento, Mingyu no entendía la seriedad de su promesa, pero algo en la atmósfera le susurraba que las palabras pronunciadas esa noche no podían ser retiradas.
Wonwoo miró a Mingyu con una intensidad desesperada, como si estuviera al borde de un precipicio a punto de caer. Su mano temblaba levemente cuando la posó sobre la de Mingyu, y su voz sonó baja, quebrada por la sinceridad.
—Mingyu…— murmuró con su tono casi reverente —Lo que siento por ti… va más allá de cualquier cosa que hayas imaginado. Es una necesidad, algo que me consume cada segundo del día. No puedo recordar cuándo fue la última vez que fui tan feliz… o tan miserable, porque siempre que estás cerca, es una tortura no tenerte.
El moreno lo miró, hipnotizado, sintiendo cómo las palabras del otro se infiltraban en cada rincón de su mente y su corazón. Era una confesión de un amor profundo, oscuro, que rozaba lo obsesivo, pero en lugar de asustarlo, sentía que cada palabra hacía eco en sus propios sentimientos.
—No sabes cuánto me alegra escucharlo, hyung— respondió con una sonrisa temblorosa —. A veces pensaba que tú también sentías algo… pero no estaba seguro. Siempre me pareciste tan misterioso, como si mandarás señales contradictorias. Temía declararme, creyendo que no sentías lo mismo.
Wonwoo entrelazó sus dedos con los de él, acercándose hasta que sus rostros estuvieron a centímetros de distancia.
—Yo también tuve miedo… pero no a tus sentimientos, sino a lo que soy. Pensé que nunca aceptarías amar algo como yo. Pero esta noche… no podía resistirlo más.
Sin más palabras, se inclinó y lo besó, con una desesperación que reflejaba los años de contención. Fue un beso ardiente, intenso, cargado de un deseo reprimido. Mingyu se dejó llevar perdiéndose en el abrazo que los dos estaban llevando. Muy pronto, Mingyu tomó el control del cuerpo de Wonwoo y sintiendo el calor de su piel y el latido incesante de su corazón bajo sus dedos, se vio en la necesidad de levantarlo para ponerlo sobre su regazo.
Las manos de Mingyu se deslizaron por los hombros y la espalda del más bajo, pronto el deseo se volvió necesidad, y claro, Wonwoo correspondía cada gesto con un suspiro. Era una escena extraña, donde el único que parecía tener raciocinio era Wonwoo. Mingyu estaba hipnotizado con los roces, y el movimiento que Wonwoo hacía sobre su miembro, hizo que se sintiera embriagado por la urgencia que Wonwoo tenía y que finalmente había salido a la luz.
Pero, de repente, Wonwoo se apartó ligeramente respirando con dificultad, sus manos aun temblando sobre la piel de Mingyu
—Espera… —murmuró tragando saliva y con un dejo de pesar en su voz.
Mingyu lo miró, confundido y aún perdido en el momento.
—¿Pasa algo? —susurró con una voz ronca, sintiendo cómo su corazón latía con fuerza. No entendía por qué se había detenido.
Wonwoo cerró los ojos un momento, como buscando la valentía que le quedaba. Cuando volvió a abrirlos, en su mirada había una mezcla de ternura y una tristeza enorme.
—Antes de que esto continúe… necesitas saber algo. Algo que he estado ocultando desde el momento en que decidí acercarme a ti.
Mingyu frunció el ceño, sin comprender a dónde quería llegar, pero se sintió inquieto.
—¿Qué quieres decir?
Wonwoo suspiró haciendo que su voz se quebrara levemente.
—Lo que soy… lo que soy en realidad. No soy como tú. Esta piel, esta apariencia… no son míos. No soy como un humano normal, al menos ya no.
Mingyu lo miró, tratando de procesar lo que estaba escuchando.
—¿Qué… estás diciendo?” —preguntó, con una sonrisa nerviosa, como si aquello fuera una broma —Vamos, hyung… ¿No ves que acabas de arruinar el momento? ¿Qué clase de confesión es esa?
Wonwoo negó con la cabeza, y su expresión se ensombreció.
—Es la verdad —insistió, con el dolor de su corazón aflorando —. Y necesito que la aceptes, aunque sea aterrador. Porque si decides rechazarme ahora, no podré soportarlo.
Wonwoo dio un paso hacia atrás, su expresión se distorsionó de un modo casi antinatural. Mingyu observó perplejo, mientras sus ojos oscuros se volvían profundos, como pozos negros e insondables, brillando con una intensidad que parecía devorar la tenue luz de la habitación. El cambio fue lento, metódico, como si Wonwoo le diera tiempo para procesar cada detalle de su transformación, para comprender la magnitud de su revelación.
Su piel, ya pálida, se volvió de un blanco casi translúcido, un tono lechoso y helado que contrastaba con la calidez que Mingyu había sentido bajo sus dedos apenas unos minutos antes. El más alto tragó saliva, sin saber si podía mover un solo músculo mientras observaba cómo los dientes de Wonwoo crecían. Sus colmillos alargándose y afilándose con un brillo amenazante le dieron la sensación de estar siento atrapado. Las uñas, ahora negras y alargadas, parecían las garras de un animal
Finalmente, el rostro de Wonwoo se contorsionó en algo inhumano, salvaje, una mezcla de rasgos que no pertenecían a ninguna criatura que hubiera visto jamás. Había algo vagamente animal en su apariencia: los contornos de su mandíbula se volvían angulosos, casi puntiagudos, y las sombras de su piel le daban un aspecto antinatural, como si una bestia estuviera emergiendo de los huesos de alguien que alguna vez fue humano.
Wonwoo alzó su mano hacia él, con los dedos temblorosos y cubiertos de una piel fría. Su voz aún suave, pero cargada de súplica inundó los oídos de Mingyu.
—Esto… esto es lo que soy. Así es como existo, Mingyu. No te estoy pidiendo que lo entiendas. Solo… por favor, no me dejes.
Mingyu sintió que el aire se volvía espeso y que el terror le paralizaba el pecho. Las palabras anteriores, los gestos y las miradas que antes le parecían extraños, todo encajaba de golpe. El miedo había estado allí todo el tiempo, oculto tras el cariño, y Mingyu lo había ignorado, había justificado las rarezas de su hyung porque quería estar cerca de él. Pero ahora, enfrentadose a esa revelación, comprendía que había algo en su compañero de cuarto que siempre había sido peligrosamente desconocido.
No pudo soportarlo más. El miedo le dominó y, sin pensar, se dio la vuelta y salió corriendo hacia la puerta. Sus pasos resonaban en el pasillo desierto, y al llegar a la puerta gritó llamando a los vecinos, buscando alguna ayuda, pero era Halloween, y no había nadie alrededor, todos estaban fuera, en fiestas o con los niños pidiendo caramelos.
A su espalda, Wonwoo lo seguía, con una calma casi amenazante. Cuando Mingyu llegó al ascensor y presionó el botón de llamada frenéticamente, el silencio del pasillo se rompió por el suave sonido de la puerta deslizándose. Entró al ascensor, con sus manos temblorosas, casi escupiendo su corazón por el latido estrepitoso que amenazaba con saltar del pecho, pero antes de que pudiera cerrar la puerta, Wonwoo lo alcanzó, de nuevo con su acostumbrada apariencia angelical.
—Por favor… no me dejes —suplicó, acorralándolo contra la pared del ascensor. Mingyu sentía su respiración entrecortada, y la piel fría de Wonwoo acercándose a él no ayudaba en nada —. Sé que esto da miedo. Sé que es difícil, pero mis sentimientos son reales, Mingyu. No importa lo que soy, te amo y no te haré daño, jamás.
Mingyu lo miró aterrado, su mente todavía seguía buscando una salida, pero las palabras de Wonwoo sonaban como una promesa, como si estuviera pidiendo una entrega total, un compromiso eterno.
—Nadie te dañará —continuó Wonwoo. Su voz en tonos intensos sacaron a relucir los recuerdos que Mingyu tenía de él, todos ellos felices —. Estaré aquí siempre para protegerte… de todo. Nadie más podrá acercarse a ti. Eres mío, Mingyu.
El más alto lo miró, atrapado entre el miedo y la fascinación por aquella declaración posesiva. Con el corazón latiendo desbocado, intentó no dejarse llevar por el horror. Sabía que no tenía otra opción más que responder, su mente se agotó rápidamente al no encontrar ninguna salida.
—Está… bien —murmuró Mingyu con voz temblorosa. La aceptación, aunque nacida del miedo, flotaba en el aire como una promesa sellada entre los dos.
Wonwoo lo miró con una felicidad salvaje cuando lo escuchó murmurar su respuesta. Fue como si algo oscuro y contenido finalmente se liberara en él. Sin dudar, el mayor lo rodeó con sus brazos, atrapándolo en un abrazo que parecía más el de un depredador que el de un amante. Sus labios buscaron los de Mingyu, encontrando en el beso una desesperación que lo sobrepasaba. Wonwoo sentía el sabor del miedo en su boca, y eso lo embriagaba tanto como el amor que siempre había albergado por él.
Mingyu, aunque asustado, no se apartó. De algún modo, necesitaba hacer las paces con la criatura frente a él, esa criatura que era Wonwoo y que lo amaba con una devoción casi perturbadora. Así que se entregó al beso dominando el ritmo, en un intento de encontrar alguna clase de control sobre lo que estaba sucediendo. Sentía cómo el aliento de Wonwoo se entrecortaba y cómo sus garras medio contenidas le rozaban la espalda con cuidado, como si Wonwoo estuviera en un constante esfuerzo de no lastimarlo.
El ascensor finalmente fue llamado y descendió lentamente, y para cuando llegaron a la planta baja, ambos estaban sin aliento. El aire cargado de un silencio pesado y una intimidad sobrenatural hicieron que Mingyu sintiera su corazón latir con fuerza, enredado en una maraña de emociones: deseo, miedo y la extraña aceptación de la oscuridad que envolvía a su amado hyung.
La puerta del ascensor se abrió y, de inmediato, una risa estalló en el vestíbulo. Un grupo de amigos estaba esperándolos, claramente sin saber nada del momento que acababan de interrumpir. Seungcheol se acercó riendo y dándoles una palmada a cada uno en el hombro.
—¡Por fin! ¿Así que ahora están oficialmente juntos? —dijo con media sonrisa de complicidad.
—Ya era hora. Todos estábamos esperando esto —dijo Minghao acariciando la espalda de Wonwoo.
Mingyu sonrió, tratando de no dejar que el miedo que aún sentía se reflejara en su rostro. Miró de reojo a Wonwoo, quien parecía completamente a gusto con las palabras de sus amigos. Siempre con esa mirada extrañamente inhumana oculta bajo su rostro de “persona normal”.
Las manos de Wonwoo seguían sosteniéndolo, posesivas y firmes, pero de una manera que los demás parecían encontrar encantadora, incluso romántica.
—Sí, supongo que ya era hora —respondió Mingyu, forzando una sonrisa mientras los amigos los rodeaban, riendo y bromeando. La algarabía hacía eco en el vestíbulo, y Mingyu sentía una extraña calma, sabiendo que nadie más allí compartía el conocimiento oscuro que ahora cargaba él solo.
Wonwoo le apretó la mano y se puso de puntillas para susurrarle al oído.
—Esto es solo el principio, Mingyu. Ahora que somos uno, no tienes que temer. Te protegeré de todo lo que el mundo ponga en nuestro camino.
Mingyu sintió un escalofrío recorrerle la espalda, pero también una extraña paz. Estaba atrapado, sí, pero atrapado por algo que lo amaba con una ferocidad inquebrantable.
¿Esto era un premio o un castigo? Fuera lo que fuera, era su propio infierno dentro del paraíso.
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