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NECESITO RECUPERARLO.

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Sinopsis

Dos individuos destinados a estar juntos, un enorme malentendido, muchos misterios, una causa y un terrible y tal vez irreparable efecto, una necesidad y sólo una verdad. Una historia en la que por primera vez, el villano no es él... ¡Sino ella! ¿Te atreves a leerla? Segunda parte de "NECESITO ENCONTRARLO"

Genero:
Romance/Drama
Autor/a:
Itzel IV
Estado:
En proceso
Capítulos:
8
Rating
5.0 3 reseñas
Clasificación por edades:
18+

♡P R Ó L O G O

Al terminar mi jornada laboral, regresé apresurada al hotel «en lugar de ir a ver el atardecer o nadar en el mar como lo planeé en la mañana» y me lancé a la cama para iniciar una videollamada con Hannah «la extrañaba muchísimo, pero llevaba 2años sin verla, sabía que si le hablaba de mi paradero, se lo diría a Maximiliano, siempre creyó que alejarme de él fue un completo error».

—¡Hannah! —saludé entusiasta al verla en su estudio de costura.

Meses después de que huyera con mamá de Monterrey, Hannah se fue a estudiar de intercambio unos meses a París y otros a Alemania, lo que me hizo darme cuenta del gran amor que me tenía y lo ciertas que fueron sus palabras al mencionar que si no lo había hecho antes, era por el amor que me tenía, durante mucho tiempo su misión de vida principal fue protegerme y pese a que era una gran prueba de amor, me sentía culpable por haber impedido que estudiara en otros países a causa de mi caótica vida.

—Hola, bebé —sonreí tontamente, la Hannah fría que conocía desapareció cuando se sinceró conmigo respecto a su orientación sexual; evitaba ser muy cariñosa para que no levantar sospechas y le funcionó, pero no por su método, sino por lo inmersa que estaba en mis propios problemas.

Admitía que algunos días era difícil no llorar al darme cuenta lo mala amiga, novia e hija que fui.

—¿Qué haces, bonita? —se sonrojó y no pude evitar hacer lo mismo, en ocasiones nuestra melosidad se asemejaba a la de alguna pareja y lograba entender los motivos que Hannah tuvo para demostrarme tanta indiferencia.

—Bocetos de vestidos de novia, ¿quieres ver? —asentí, giró la cámara y me mostró los ostentosos diseños.

—Están preciosos —quedé boquiabierta con lo creativa que era.

Mientras que mi día casi terminaba, el suyo recién iniciaba por la diferencia horaria.

—Me encantaría que fueses mi modelo.

—Algún día lo seré —prometí.

—¿Cuándo nos volveremos a ver, Keleine? —solté todo el aire que no sabía que retenía —. ¿Cuándo retomarás la vida que abandonaste? —esa era una pregunta diaria en casi todas nuestras conversaciones, misma que no sabía cuándo resolvería.

—Tengo una vida aquí, he creado una nueva vida en cada lugar al que llego, deja de preocuparte —chasqueó la lengua con ofensa.

—Eso no es vida, huir todo el tiempo, no es vida —recalcó.

—Para mí lo es.

—Deja de mentirte, Keleine.

—No es del todo una mentira; conozco a personas nuevas, pruebo gastronomía mexicana diferente, tengo la oportunidad de vivir cerca de la playa y... —me interrumpió.

—Tienes una vida de hippie sin serlo —me reprendió —. Si estuvieses haciendo todo esto por voluntad, lo entendería y sería la primera en felicitarte, pero huyes constantemente por temor a encontrarlo. La vida suele ser irónica, ¿no crees? En el pasado ansiabas encontrar a Logan y ahora lo único que haces es huir de Maximiliano.

—¿Qué dirías si ahora quiero recuperarlo?

—¿¡Qué?! —pegué un saltito del susto.

—Hannah, tengo que contarte algo... —la intriga se apoderó de ella —h-hoy —tartamudeé —hoy lo miré.

—¿¡Dónde?! —mordí mis labios debido al nerviosismo.

—En la cafetería —frotó sus manos con intriga —¡cuéntamelo todo! —y en efecto eso hice; conté todo lo ocurrido con lujo de detalle.

[FLASHBACK.]

[Mi alarma sonó indicándome que era hora de levantarme y enfrentar un día más de vida... Una extraña y casi solitaria vida ahora que no tenía a mamá y a terroncito.

—Buenos días —musité observando el anillo que llevaba en mi dedo anular izquierdo, el mismo anillo en el que reposaban las cenizas de mamá.

No era una casualidad que al comprometerse y posteriormente casarse se colocara el anillo en el dedo anular izquierdo, se hacía de esa manera porque teníamos una vena que llegaba directo al corazón, desconocía a quién se le tenía que adjudicar esa linda metáfora de amor, pero agradecía que lo hubiese hecho, ya que portar a mamá en ese dedo tenía mucho sentido considerando que era ella y sólo ella a la que siempre le pertenecería mi corazón.

Cuando envié a hacer el anillo, el chico de la joyería me preguntó si estaba segura de que sólo tomasen mi medida de ese dedo y asentí, él lo hizo pensando en que algún día alguien pediría mi mano y tendría que cambiar mi anillo de dedo, pero nada de eso sucedería; no me imaginaba enamorándome y mucho menos casándome con alguien que no fuese Maximiliano, pero al mismo tiempo sabía que no lo merecía y que alejarme de él siempre sería la mejor decisión pese a la tristeza que palpitaba a diario en mi corazón por haberlo traicionado.

Tal vez mi vida sería muy diferente si hubiese tenido la valentía de hablar con él en vez de huir sin mencionar algo al respecto, quizás mis días fuesen menos nublados, más cálidos y con más sentido, pero al mismo tiempo tenía la certeza de que haberme alejado de él era lo mejor; sin mí podía encontrar a la mujer con estudios, belleza y dinero que tanto anhelaban sus papás para él, sin mí él podía obtener a una pareja que no fuese tan acomplejada, que no tuviese tantos problemas y que no fuese tan fría como yo, sin mí él podía ser feliz en totalidad y aquello era lo único que deseaba para él luego de todo lo que hizo por mí.

Los días, semanas, meses y años transcurrían y yo no dejaba de extrañar a Maximiliano y de lamentar todo lo que tuve que hacer por culpa de Logan, de lo triste que solía ser la vida sin tener a mamá conmigo y de lo solitaria que era mi vida desde que decidí mudarme de Monterrey.

Era jodidamente irónico haberme entregado a Logan para ser propietaria de la casa y huir de ahí a escasos segundos de obtenerla, pero ¿qué otra cosa podía hacer? No tenía la valentía necesaria para afrontar a Maximiliano y decirle que follé con alguien que no había sido él, ¿cómo le explicabas al amor de tu vida que te habías vendido por miles de dólares a cambio de completa paz? ¿Cómo le pedías perdón al amor de tu vida luego de dejarte besar, tocar y penetrar por alguien que generaba tanto asco en ti? ¿Cómo carajos imploraría perdón a algo jodidamente imperdonable? Todos los días me arrepentía de mis decisiones, pero no había nada qué hacer más que aprender a vivir con culpabilidad y remordimiento por todo el daño que le causé a la única persona que jamás me hubiese dañado.

Limpié las lágrimas que empaparon mis mejillas como todos los días al despertar y me puse de pie para tender la cama y meterme a duchar.

Pese a que el dolor era el pan de cada uno de mis días, la vida no era fea en totalidad; conocía gran parte de los Estados de la República Mexicana y había hecho muchas labores altruistas en solitario y en compañía de mamá, era increíble la satisfacción que podía experimentarse después de hacer algo bueno por los seres vivos que más lo necesitaban.

Estar huyendo constantemente con el objetivo de que Max nunca me encontrara, despertó un instinto un tanto hippie o desenfadado en mí; no me aferraba a las cosas materiales, no me encariñaba mucho con las personas y disfrutaba hasta de lo que se consideraba pequeñeces.

Antes la profundidad del mar me generaba mucho miedo y ahora adoraba todos los lugares en los que hubiese playa, me costaba asimilar lo sanadores que habían sido para mí el sol, la arena y el mar.

Al terminar de ducharme, cepillé mi cabello y decidí que de ser posible ese mismo día me compraría un tinte, pues el crecimiento iba mucho más allá de mi raíz y se veía poco higiénico traer la mitad de cabello de un color y el resto de otro.

Al huir de Max, realicé varias cosas para evitar ser encontrada, una de ellas fue teñir de negro mi cabello castaño y hacerme un flequillo que tapaba mi frente, admitía que no me veía bien, no lograba acostumbrarme a mi nueva imagen ni siquiera con el tiempo que había pasado, extrañaba el color de mi cabello natural «el cabello negro me hacía ver más pálida» pero había ciertos sacrificios que continuaría haciendo, ya que hasta la fecha, nadie había dado con mi paradero.

Antes de que otra cosa ocurriera, fui a saludar y alimentar a tortuguita, con quién estaría agradecida porque ella fue la que me salvó de morir de depresión luego de perder a mamá.

Coloqué el uniforme del trabajo que consistía en una polo negra con el logo de la cafetería y unos jeans de mezclilla, até las cintas de mis tenis y guardé todo lo necesario para ir a la playa terminando mi jornada laboral pues me quedaba a unos 100m de distancia y no irme a asolear «al menos intentarlo, ya que mi piel parecía de vampiro, ¡nunca me bronceaba» y a empapar mi ser con la refrescante brisa del mar.

Salí del hotel en el que me hospedaba y al mirar un taxi «las aplicaciones como Uber no tuvieron éxito aquí» a lo lejos, le hice una seña para que se detuviera, el chofer lo hizo y al subir, supo de inmediato a dónde tenía que llevarme; Puerto Escondido era un lugar muy pequeño, por lo que era fácil conocer a la comunidad que vivía aquí.

El hotel no quedaba muy lejos de mi trabajo, insistía en que las distancias a recorrer eran cortas por lo pequeño del lugar, pero caminar bajo el sol era agotador y ni qué decir de lo sudada que llegaba, prefería llegar fresca al trabajo y por la noche caminar de vuelta al hotel, era hermoso vislumbrar las estrellas y la luna reflejarse sobre el mar, ¿ya dije lo enamorada que estaba de aquel lugar?

Le pagué al chófer cuando aparcó fuera de la cafetería, bajé del taxi y sonreí ilusionada por un día más de trabajo.

—Buenos días —saludé a mis compañeras.

—Hola, Eleine —sonreí con nostalgia, le faltaba la “K” a mi nombre, pero fue otra de las tantas modificaciones que le hice a mi vida para mantenerme a salvo, mi nombre no era un nombre tan común, creía que era un nombre que llamaba un tanto la atención y desde que hui, aquello era lo último que quería.

—Buen turno —saludó un compañero.

Recién estaban limpiando el lugar, me puse el delantal en la cadera y los ayudé para que termináramos más rápido y pudiésemos iniciar con nuestra jornada, no sin antes ordenar la malteada de chocolate y un cuernito salado, creía que al estar oliendo constantemente las preparaciones, me asquearía, pero me sucedía todo lo contrario, era una adicta que adoraba la comida que ofertaba la cafetería y me enorgullecía trabajar en un establecimiento que cuidara la calidad de sus productos y trabajadores y que además fuese pet friendly «por obvias razones el único lugar al que no tenían acceso era a la cocina».

Mientras desayunaba, le sonreí a un gatito que se paseó por el establecimiento y que salió corriendo cuando un perro ingresó, a pesar de su gran tamaño era un cachorro en busca de amor, por eso le hice mimos cuando terminé de comer y fui a rellenar el recipiente de agua y croquetas que solíamos dejar a la entrada para los animales que lo necesitaran.

Lavé mis manos para desbloquear la Tablet y al paso de unos minutos fueron llegando los clientes que en su mayoría eran extranjeros; algunos sólo ordenaban y se marchaban, mientras que otros comían y aprovechaban la tranquilidad y la buena señal del wifi para trabajar, suponía que era lindo tener trabajos remotos que te permitieran laborar sin necesidad de estar en una oficina o lugar fijo.

Nuestra hora pico era al mediodía, tanto personas locales como extranjeros venían a almorzar, las mesas se llenaban al grado de que algunos clientes terminaban ordenando para llevar, pues el establecimiento era un tanto pequeño para la cantidad de gente que atendíamos.

Me apresuré a desinfectar las mesas que se iban desocupando, para entregárselas limpias a los clientes que llegaban y me aseguraba de acercarme a las mesas que comandaba para asegurarme de que no les hiciera falta nada a los clientes.

—Eleine —me llamó una de mis compañeras sin llegar a gritar.

—¿Sí?

—Entraré a cocina, ¿me puedes cubrir? —asentí sin problema, ingresando desde mi tableta a su usuario para verificar qué órdenes y mesas tenía pendientes.

Por más que me gustara cocinar, evitaba entrar a cocina por mi dislexia, era capaz de agregarle azúcar a la comida en vez de sal «o sal en vez de azúcar como lo hice cuando trabajaba en la agencia de Max» y el tema de la comida era importante, pues algunos clientes eran alérgicos a ciertos ingredientes, no deseaba arriesgarme a intoxicar a alguien, debido a eso, cubría a las chicas mientras ellas ayudaban en la cocina en horas pico.

—Esto va para la mesa 6 —indicó entregándome una taza de café intenso e hirviendo.

Fruncí levemente el ceño, incluso los mayores amantes de la cafeína, ordenaban café frío a causa del calor que hacía en la zona, imaginé que el café le pertenecía a alguno de esos señores exigentes de edad avanzada que seguían rutinas y hábitos desde que eran jóvenes, dudaba que alguien cuerdo ordenase algo así, pero sacudí mi cabeza regañándome mentalmente, mi trabajo no era juzgar las órdenes de los clientes, sino entregárselos a tiempo.

Tomé la charola con el café y me dirigí a paso acelerado a la mesa indicada, me incliné un poco al llegar para dejar la bebida en la mesa y un olor familiar inundó mis fosas nasales.

La nostalgia me invadió al llevar tantos años sin inhalar ese masculino olor, el perfume que él usaba era tan exclusivo que hasta la fecha nunca lo había olido, el señor «¡seguía creyendo que el cliente era un señor!» tenía buenos gustos, pese a que hubiese ordenado café hirviendo en pleno verano.

—Provecho y con permiso —mencioné sonriendo y enfocando por primera vez la mirada en aquel hombre.

—Graci... —a mitad de su agradecimiento y al verme de frente, frenó en seco al «lamentablemente» reconocerme —. ¿¡Keleine?! —quedé helada ante su voz mencionando mi nombre, su rostro de completa sorpresa.

No había un jodido día en el que no lo extrañara, un segundo en el que no lo recordara y una hora en la que no me arrepintiera de haberle hecho tanto daño, pero sin duda alguna, todo aumentó al tenerlo frente a mí, al inhalar su fragancia, al escuchar su voz y al admirar lo guapo que seguía siendo con esa piel tostada, ese rostro pecoso y esos brazos tatuados que tanto me gustó manosear cuando fuimos novios.

Debido a nuestra lejanía, me faltó conocer el significado de varios de sus tatuajes que seguían igual de llamativos y de bien hechos, sus tatuajes no seguían siendo los mismos, tenía algunos extras, incluyendo uno de tortuga marina... ¿Acaso ese tatuaje tenía que ver conmigo? Sacudí mi cabeza al saber que no era digno de eso, no luego de todo lo que seguramente experimentó por mi culpa.

—Yo... —negué repetidamente sin saber qué decir.

—¿Keleine? —volvió a preguntar poniéndose de pie y quitándome con delicadeza el flequillo de mi frente, hizo aquello para asegurarse que fuera yo —mierda, tortuguita, eres tú —sus ojos con tonalidad clara desprendieron un precioso brillo de añoranza, de duda y sobre todo, de felicidad, ¡no merecía a alguien que después de todo me siguiese amando! «al menos fue lo que creí en ese momento».

Abría mis labios repetidas veces con deseo de emitir algún sonido, pero no había palabras para un momento así; deseaba disculparme, explicarle las cosas, preguntarle qué había pasado en su vida durante todo este tiempo, pero nada de aquello tenía sentido, no cuando mis decisiones del pasado ocasionaron todo esto.

Nos quedamos un par de segundos «que parecieron eternos» mirándonos directamente, hasta que agaché la mirada, era incapaz de continuar viéndolo con todo el daño que le ocasioné.

Al percatarse de mis nervios, levantó mi quijada para que levantara la vista, pero en vez de eso, corrí al sanitario de empleados para pellizcarme una y otra vez y asegurarme de no estar soñando.

Mi idea siempre fue no volver a saber nada de él, pero algo en mi interior «instinto, quizás» me decía que éste encuentro era inevitable, aunque nunca dimensioné que éste día realmente llegaría.

Daba tantas vueltas sobre mi propio eje que el mareo se apoderaba de mí, con aquella acción intentaba que se me ocurriera algo para evitar encontrarme de nuevo con él, ¡ni siquiera tenía cara para atenderlo! No obstante, estaba en horario laboral y peor aún en hora pico, por lo que tendría que salir y afrontar la realidad que golpeaba con la fuerza de un boxeador olímpico.

Tomé un largo respiro y regresé a su mesa con la intención de preguntarle si deseaba algo más y lo que respondió me confundió momentáneamente, pues era obvio que luego del daño que le causé, no quisiera saber nada de mí.

—¿No hay más meseras? ¿Alguien más puede tomar el resto de mi pedido? —interrogó con la frialdad que lo caracterizaba «pese a ser carismático conmigo, era un energúmeno millonario con las personas a su alrededor, que me tratase así, ocasionó que por ese instante me sintiera una mortal más y no como la Diosa que me hizo creer que era cuando éramos novios», misma que conmigo nunca utilizó, ¡quedaba claro que lo había perdido!

—Por el momento tenemos escasez de personal.

—¿Lo que significa que me atenderás de principio a fin? —asentí —. Entendido —sacó un billete y lo dejó sobre la mesa —no es necesaria la cuenta —indicó poniéndose de pie y echándome un último vistazo lleno de malicia y odio.

Fruncí el ceño sin comprender lo que acababa de ocurrir; al inicio demostró interés y felicidad por verme, pero luego todo cambió completamente, logrando que el desconcierto me invadiera.

¿Cómo carajos superaría lo que acababa de pasar? Ni siquiera borrándome la memoria dejaría de recordar lo ocurrido ese día y es que luego de eso nada volvió a ser lo mismo, ¡no cuando necesitaba recuperarlo! Incluso con las mil y un trabas que tuviésemos que atravesar.]

—¿Entiendes a que se deben mis dudas, Hannah? —suspiré terminando toda la narración —un instante se mostró feliz de encontrarme, ocasionando que quisiera recuperarlo, pero luego... —lloré de impotencia, confusión y dolor, dolor que no desaparecía con el paso del tiempo.

—Es obvio que se haya mostrado resentido, no quiero imaginarme lo difícil que debió ser para él reencontrarse con quien lo abandonó.

—No lo dejé por voluntad propia ni con la intención de dañarlo, al contrario, fue por su bien —sorbí por la nariz.

—Esa es tu versión de los hechos, la de él debe ser completamente distinta.

—Lo sé —murmuré —ni siquiera tuve las agallas para disculparme, no pude decir mucho y tampoco me permitió hacerlo —entristecí al recordarlo irse del lugar —. A pesar de su indiferencia y de lo mucho que me dolió su actitud, he de admitir que otro en su lugar me hubiese mentado la madre.

—Lo que demuestra lo lindo que es —asentí con las mariposas volando a lo largo y ancho de mi pequeño estómago —. Lo perdiste una vez, ¿estás dispuesta a hacerlo otra vez?

—No puedo dejarme llevar por su reacción principal, es obvio que me detesta, ni siquiera fue capaz de compartir el mismo oxígeno que yo.

—Tampoco lo culpes del todo, desconoce todo lo que ocurrió.

—Haberlo visto me basta —mentí con descaro.

—Eso no es suficiente y ambas lo sabemos —agh, ¿por qué tenía que conocerme tan bien? —. Además te olvidas de un gran detalle.

—¿Cuál? —elevé la ceja.

—¡El tatuaje! Si bien es cierto que pueden quitarse con láser, nadie se tatúa algo que después querrá borrar, incluso si fuese así, incluso si tanto te detestara como te hizo creer con su actitud, esa tortuga ya no estuviese tatuada en su piel.

—Tal vez cambió de animal favorito, quizás el tatuaje no tiene nada que ver conmigo.

—¡Tiene todo que ver, tortuguita! —parpadeé anonadada.

—¿Cómo te acuerdas de ese apodo luego de tanto tiempo?

—Recuerdo todo lo que está relacionado con mi mejor amiga —me envió un beso.

—Hannah, honestamente ¿crees que tengo que hacer algo para recuperarlo? ¿Crees que sea coherente intentar recuperarlo luego de tanto tiempo deseando no mirarlo para evitar darle explicaciones respecto a mi lejanía? ¿Crees que tenga sentido luchar por el hombre que me encargué de destruir?

—Tú lo dañaste, me parece justo que repares lo que rompiste, aun con todo lo que eso implica.

—¿Seré capaz de lograrlo? —la inseguridad se apoderó de mí como siempre, pero decidí enfrentarla —¡lo haré! —indiqué con firmeza —lucharé por él, porque, ¡necesito recuperarlo!

Y fue así como inició el mayor «pero más satisfactorio» reto de mi vida.

NOTA:

Omg, bonitas, las cosas se pondrán súper intensaaaas. No olviden dejar sus opiniones, nos leeremos pronto, muack, gracias por estar aquí ♡

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Ver 1 comentario anterior...
author

aparte ya falleció su mamá que triste 😢

2 años
1
author

me encanta llevo años intentando leer la segunda parte autualiza mas capitulos querida Itzel eres buena felucidades.

4 meses
1
author

felicidades atí y a tú familia.

4 meses
1

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