MYSTIK: Un mundo místico. [BL]

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Sinopsis

En un mundo místico, todo puede pasar, ya que nada se mantiene por siempre igual; desde nuevos reinos, nuevas criaturas, nuevos sub-mundos desconocidos, nuevos poderes. Las reglas de la normalidad no aplican a éste universo, así mismo, nuevos peligros aparecen cada día acechando a los habitantes de éste mundo, se les conoce como "los menos privilegiados" por vivir de ésta manera, lo peor de todo es que no pueden abandonar el mundo místico, ya que es lo único vivo y en mantenimiento hasta el conocimiento. Existe un aprendiz de magia que lo único que desea es vengar la muerte de sus padres, pero quiénes los asesinaron no son del mundo místico, sino, del mundo avanzado; el mundo "prohibido" para todos los de MYSTIK. Por eso desea ser un mago lo suficientemente fuerte, aunque sea humano, no le interesa nada más que cumplir esa meta, así sea la única y última de su vida. Obra Original. Boys Love. Historia épica/antigua. ©️Todos los derechos reservados.

Estado:
En proceso
Capítulos:
1
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

Capitulo 1

Inspiración: Ceilings - Lizzy McAlpine

El viento entraba por la ventana entrecerrada, apagando el último resplandor de llama semi encendida de la vela derretida que estaba sobre el marco de madera vieja. Había amanecido y las aves sonoramente no dejaban de recitar poemas melódicos con su habitual cantar en un idioma que sólo ellos conocían. Una mano pálida se movió inconsciente sobre la mesa, apartando sin saber, una pila de libros que habían estado ubicados desordenadamente sobre ésta misma en fila, y al ser movidos sin cuidado hasta la orilla, éstos cayeron al suelo con un estruendo, seguidamente la persona que había estado durmiendo apoyada contra la madera se asustó y también cayó con un golpe hacia abajo, causando un ruido seco. Después de unos segundos de haber despertado por tal acontecimiento, cuando quiso levantarse, se golpeó la parte superior de su cabeza contra la esquina de la mesa. No pudo evitar quejarse mientras sobaba la zona afectada.

— Maldición..

Sus movimientos fueron algo lentos, ya que aún no despertaba por completo. Salió del pequeño estudio y el sol mañanero iluminó su rostro, por lo que tuvo que levantar su mano para cubrirse un poco de la luz. Se lavó el rostro en una fuente pequeña que estaba en el jardín para despertar bien, aunque no había dormido perfectamente por haber estado estudiando para su exámen de hechicería conceptual. Algunas gotas de agua resbalaron por su barbilla ovalada y cedieron deslizándose por su pálido cuello, perdiéndose dentro de sus prendas púrpuras, las cuales estaban algo arrugadas y mal ubicadas debido al brusco movimiento anterior.

Aunque no estaba afiliado a ninguna academia o gremio, debía tener clases particulares con algunos maestros que accedieron a brindarle clases privadas, aunque no había sido su elección, sino, lo hacía por el viejo mago, quién era su tutor y mentor. Y sobre todo, estaba retrasado y presentía que con una ojeras notables, aunque su apariencia no le importaba mucho, no era un ser vanidoso, sin embargo, tenía decencia humana aún.

Solamente se hizo una coleta y recogió su cabello oscuro semi azulado, una coleta mal hecha, pero eso le bastaba por la prisa. Intentó arreglar sus vestimentas un poco, recogió algunos libros y salió de su habitación casi corriendo mientras se colocaba sus zapatos. Cruzó el cuarto pasillo y casi chocó a uno de los sirvientes, quién se disculpó en su lugar.

— ¡Lo siento joven maestr..!

El sirviente fue interrumpido mientras veía al chico que lo chocó, quién era el joven maestro de la casa a la cual servía, correr sin parar.

— Fue mi culpa, perdona. Ah, ¡voy tarde!

Sabía que se ganaría una reprimenda por la falta de puntualidad de nuevo, ya sería la cuarta vez en la semana. Finalmente llegó al salón principal. Redujo el sonido de sus pisadas y caminó a hurtadillas para buscar un escritorio ya que su profesor estaba de espaldas escribiendo algo en el pizarrón, pero cuando estaba por llegar a su asiento, un ruido brusco le sobresaltó y su mirada temerosa se alzó al frente. Ahí estaba, el profesor con una expresión seria y mirándolo fijamente con sus cejas fruncidas. Lo que había hecho ruido fue el cuaderno de artes elementales que había tirado sobre el mesón.

Él solamente se quedó parado y agachó su cabeza, cerrando sus ojos esperando el regaño, el cual no tardó en suceder.

— ¿Cuántas veces debo repetirlo? ¿Tienes problemas de retención? Lo he repetido más de diez veces en el día por día, ¡Toda la semana! Quizás debería hablar con tu mentor...

El chico se asustó y negó instantáneamente, dejándose caer al suelo sobre sus rodillas y juntando sus manos pidiendo disculpas dramáticamente.

— ¡No es necesario! Prometo que ésta semana es la última, no volverá a suceder, lo siento.

El profesor tenía una apariencia simple, cabello castaño recogido, puesto que era largo y lacio, su altura era de unos 1,87 m, por lo tanto intimidaba un poco. Su mirada era intensa, como si pudiese leer los pensamientos más profundos de alguien de un vistazo y ese color verdusco hipnotizaba. Sus rasgos eran suaves, pero lo suficientemente atractivos como para tener varias fans por los alrededores. Algunas incluso asistían hasta la entrada de su hogar sólo para verlo pasar y ahí se quedaban por horas hasta que anochecía y regresaban al día siguiente. Sin embargo, aunque fuese llamativo la mayoría de veces, su mala personalidad también era parte de su popularidad.

El joven aprendiz hizo una mueca de disgusto con su boca, se había sumergido en sus pensamientos. Y es que no comprendía porque su profesor era así, estaba seguro que había algo mal con él. En ocasiones incluso les cerraba la puerta en la cara a esas jóvenes, sin tener ningún tipo de remordimiento después. Pensó que hasta una piedra de un río congelado sería más cálida que su actitud.

De repente recibió un golpe en su cabeza.

Miró una mano pálida que se alejaba y sostenía un abanico plegable. Se sorprendió y miró consternado a su profesor.

— Maestro.. tú.. tú..

Pocas veces lo golpeaba, pero eso era sólo cuando su profesor estaba realmente enojado o disgustado con él. El abanico se abrió con agilidad y el profesor se dió aires con éste, sólo faltaba que le salieran unas plumas coloridas por detrás.

— Eres bueno fingiendo, ¿En lugar de hechicería te gustaría estudiar actuación? Hasta podría ir a hablar hoy mismo con la academia de artes para tu ingreso, dudo que rechacen al joven maestro de la familia Altair.

Sabía que era el plan de su maestro para vengarse de sus faltas, pero sin duda no pensó que sería tan despiadado como para querer enviarlo a esa academia llena de ególatras.

— Maestro, ¿Tienes corazón? Tu pobre alumno será intimidado el primer día que pise ese lugar...

La risa repentina de su profesor le hizo callar, más bien, fue interrumpido por ésta misma.

— ¿A qué te refieres? ¿Cuál de las dos partes serán intimidadas? Te recuerdo por qué el viejo mago está viviendo aquí contigo, porque cuando vivía en su lugar natal, le prendiste fuego a su vivienda ¡Con él adentro!. ¿Lo recuerdas? Me lo contó con todo y detalles.. afortunadamente, seguía siendo joven en ese entonces y su magia siempre ha sido buena, así que pudo escapar, pero no continuó enseñándote debido a ese incidente. Felicidades, debo reconocer que pudiste derrotar al mago que ningún otro hechicero pudo hacer, ¡Cuán poderoso eres, Lyon!

Sus carcajadas seguramente se escucharían hasta las calles de la ciudad capital. El aprendiz solo suspiró y se quedó en silencio, esperando a que la emoción de su profesor bajara un poco.

— Bien, bien, no te enviaré a la academia, sin embargo, suspenderé el exámen y lo pospondré hasta la próxima semana.

El profesor empezó a guardar sus cosas, en otro momento Lyon estaría feliz de no tener más estudios, pero ahora estaba angustiado, sabía que recibiría un castigo por parte del viejo mago. Suspiró y se levantó limpiando su uniforme.

— Oh, a la próxima procura asearte bien, es obvio que estás usando el mismo uniforme de ayer, así que sé más consciente de eso. ¿Qué haré si mi alumno me hace perder la cara por su informalidad y poco esfuerzo en su presentación? Quizás sea mejor que no menciones que soy tu maestro.. al menos, cuando andes así. Hasta la próxima semana, querido aprendiz.

El profesor sonrió luego de escupir todas esas palabras con ímpetu y le frotó el cabello para luego salir del salón. Algún día será más inteligente que ese zorro astuto, entonces no necesitará seguir recibiendo sus enseñanzas, pensó.

De todas formas, el día era muy extenso, todavía le quedaban muchas cosas por hacer, sin embargo, era algo necesario para su conocimiento o al menos escuchaba esas palabras repetirse una y otra vez, palabras del gran mago que siempre lo reprendía cuando lo llegaba a visitar.

Suspiró y se preparó para sus demás horarios extracurriculares.

𝗠𝗮́𝘀 𝘁𝗮𝗿𝗱𝗲.

Las clases habían terminado, Lyon se sentía abatido sólo de llevarlas. Ahora era el medio día, todavía le faltaba por terminar una, aunque esa era más práctica que escrita.

Cuando iba de camino, golpeó accidentalmente a otro estudiante, el cual cayó al suelo y todos sus libros quedaron esparcidos por todas partes. Lyon se preguntó internamente si éste sería el día en que su torpeza brillaría o de mala suerte, ese incidente ya había ocurrido dos veces sólo antes del mediodía, ésta era la tercera.

Dejó de perder el tiempo y se agachó a ayudar a recoger los libros.

— Lo lamento, no tuve cuidado, ¿Estás bien?.

No se había fijado antes, pero cuando notó el uniforme dorado de la otra persona, supo de qué academia sería. Maldijo en su mente, ahora era tarde para retirar su mano.

— Estoy bien, los accidentes pasan.

La otra persona aceptó su mano y ambos se levantaron del suelo luego de haber recogido los libros. El otro estudiante era un chico de una familia adinerada, la tercera más conocida por toda la ciudad. Su nombre era Deniel Darwiz, era el hijo de en medio de la familia Darwiz y el más inofensivo.

Cuando se dió cuenta que estaba frente al único hijo y joven maestro de la familia Altair, sus ojos celestes brillaron con reconocimiento.

— ¿Lyon Altair? Ohh, lo siento, no sabía que eras tú, joven maestro. Creo que nunca antes tuvimos la oportunidad de conocernos personalmente, soy...

El chico siguió hablando sin parar, Lyon se preguntó si estaba respirando o no. Entonces supo que era uno de los hijos menores de la familia Darwiz, al menos no tenía problemas con él, en cuánto a sus hermanos mayores... era algo distinto. Sonrió honestamente y también se presentó, le había parecido agradable incluso en el primer encuentro.

— ¿Entonces estudias en la academia Glower?

Deniel sonrió tímidamente, aparentemente se notaba que era una persona introvertida.

— Sí, estoy en mi segundo año, mm..

Parecía que no quería hablar más sobre ello, por lo que Lyon desvió el tema y habló sobre algo más.

— ¡Oh! Sabes, dentro de poco se hará un festival por el aniversario de la ciudad, ¿Quieres ir?

Los ojos de Deniel brillaron nuevamente y asintió emocionado.

— Sería un honor ir contigo, digo, ir en compañía tuya..

Lyon sonrió ante la simpleza de Deniel, lo había juzgado mal desde el inicio sólo porque era parte de esa academia llena de golondrinas farsantes.

— El gusto será completamente mío, entonces nos vemos luego, todavía debo asistir a una clase hoy.

Deniel asintió y se despidió con cortesía.

Luego de unas horas, Lyon se encontraba en una tienda de comida, acompañado de unos amigos. Uno de ellos golpeó levemente el brazo de Lyon para llamar su atención, ya que se encontraba perdido en sus pensamientos.

— ¿No tenías una última clase hoy?

Lyon suspiró y asintió.

— Se canceló, mi profesor de esgrima enfermó.

Dió un bocado sin ánimos a la sopa de pescado con albóndigas de pollo. Entonces uno de sus amigos que usaba un uniforme blanco le respondió, su nombre era Alej Twin.

— ¿Qué tiene? Recuerdo que cuando daba clases en la academia Growen, aunque estuviese con su último aliento no perdía ninguna. ¿Porqué contigo sí?

Lyon se quedó pensativo y no respondió por el momento, entonces otro más se sumó a la charla, éste se llamaba Karmha Ilios y usaba un particular uniforme negro con dorado.

— ¿Preguntas? Sólo míralo, hasta un indigente le tendría lástima a nuestro pequeño joven maestro.. ¡Auch! ¿Porqué fue eso?

El mayor de todos lo cayó golpeándolo en el brazo con un puñetazo, éste se llamaba Lucien Lee y usaba un uniforme similar.

— ¿Son conscientes de que el niño está deprimido? Mejor cierren el hocico y llénenlo de comida, antes de que se las haga tragar a la fuerza.

El primero en hablar terminó de comer y volvió a llamar la atención de Lyon, quién lo miró sin ánimos.

— No creo que estés desanimado por que hayan cancelado una clase, sino, ¿Es por algo más, no?

Lyon le miró mal por ser tan perspicaz, después de todo, no usaba el uniforme blanco por nada.

— Es que hoy veré a mi abuelo.

Después de eso, todos guardaron silencio, como si alguien se hubiese muerto y debían respetar al difunto o algo. Por su abuelo, se refería al viejo mago, el mismo que todas las personas de la ciudad, desde los más viejos a los más jóvenes, conocían por sus historias "peculiares".

— Oh, entonces, buena suerte.

— Dios existe, debes de recordarlo en momentos de angustia.

— ¿Necesitas compañía?

Hablaron al unísono que casi no pudo entenderlos, pero sabía que le estaban dando su pésame otra vez.

— Ya no tengo hambre, me voy.

Se levantó y salió de la tienda dándoles una mala mirada, si antes se sentía mal, ahora se sentía peor, quería estrellar su cara contra el suelo. Cruzó la puerta y caminó por la calle poco tiempo, sólo había dado unos pasos cuando volvió a empujar a alguien más por cuarta vez en ese día. Pero ésta ocasión había sido peor, ya que cayó encima suyo. Reconoció que era un estudiante de la academia Golden solo por su uniforme celeste con patrones bordados en forma de dragón.

Quizás debería revisar sus pies luego de visitar a su abuelo, o su visión también.

— Perdona..

Antes de disculparse y decir ese diálogo repetitivo, se quedó a medias cuando notó el rostro contrario cerca suyo, y ambas miradas se cruzaron inevitablemente. Sus iris violetas se quedaron absortos en las dos perlas color esmeralda que lo observaban con consternación y disgusto. Entonces recordó que todavía seguía encima suyo y entró en pánico.

— ¡Lyon, espera!...

Escuchó una voz a sus espaldas y sabía que era de unos de sus amigos. No tardó mucho en ser ayudado a levantarse por su amigo Lucien, entonces Lyon le ofreció la mano a la otra persona, pero ésta lo ignoró y se levantó por cuenta propia.

Cuando estuvo de pie, notó que el otro era un chico alto, visualmente atractivo, pero con una expresión neutra y sus ojos vacíos, como si lo que acababa de pasar no tuviera nada que ver con él. Aún así, Lyon se disculpó nuevamente.

— Lo siento, no me fijé por donde iba.

El chico no dijo nada, sólo lo observó un instante y luego lo ignoró con un sonido de queja e ingresó a la tienda donde habían estado reunidos antes. Sus otros dos amigos que habían estado observando todo desde la puerta pasaron a su lado y lo quedaron observando también, quiénes no tardaron en quejarse de su actitud.

— ¿Cuál es su problema? ¿Se cree el rey de Merald o qué?

Lyon suspiró y desvió la mirada.

— De todas formas, fui yo quién no se fijó en el camino y terminé cayendo sobre él, tiene derecho a estar molesto.

Lucien no había dejado de observar al otro chico, ya que le daba un mal presentimiento, pero por ahora, pensó que quizás no era nada.

— ¿Vamos a los juegos limpios? Hace mucho que no vamos y quizás te anime un poco.

Los juegos limpios se daban en un pequeño estadio donde existían todo tipo de juegos, incluso varios extranjeros llegaban desde tan lejos sólo para jugar en ese lugar, ya que habían juegos que no se podían encontrar en otros lugares

Lyon pensó que quizás sería buena idea y asintió aceptando.

— Vamos, espero que no esté tan lleno como la vez pasada.

Esa vez ni pudieron hacer fila fuera del local, porque la fila parecía empezar desde el inframundo hasta el cielo, aunque ese día había un festival por la noche, por lo cual tendría sentido su popularidad.

Quizás ahora que era un día normal estaría algo desalojado, esperaba. Necesitaba distraerse un momento con algo aparte de sus clases y del mal genio de su abuelo.