EPÍLOGO
22 de noviembre 1998
Hace dos días recibí la noticia de la muerte de Aradia.
No se que ha pasado, ni siquiera los policías se explican cómo fue aquel impacto, que hiciera que ella falleciera de esa manera. Se supone que fue por culpa de un accidente de tráfico, pero el coche apenas tenía rallajos; ella estaba en uno de los asientos traseros, con el cinturón puesto, y el conductor del taxi ni siquiera tenía el cinturón puesto. Y quien salió afectada fue ella, con el cuello roto.
El 26 de noviembre se celebrará su funeral y sus padres me pidieron que asista al funeral porque es algo que Aradia hubiera querido.
Pero tengo otros planes.
Unos planes un “tanto siniestros”, según Marga, mi ex-mejor amiga.“Logan, estás loco”. Así decía ella.
A ver, mi plan no es tan macabro como pensáis.
¿Lo quereis saber?
Técnicamente, yo, como licenciado en ciencias y tecnología médica, pienso colarme en la funeraria en donde tienen a Aradia guardada para extraer su sangre y guardarla para siempre. El ADN humano sigue vivo por más de mil años si se conserva bien, y yo, Doctor Logan, la puedo conservar perfectamente.
Pienso meterme en la funeraria en dos días exáctamente, en la noche del 24, extraer su sangre con una aguja de venopunción, conservarla en una mini nevera que cogeré prestada del laboratorio esta tarde, y salir cagando leches del lugar.
“Y Logan, ¿para qué quieres su ADN?”
Para tenerla siempre conmigo, no pienso perder al amor de mi vida con tanta facilidad. No puede ser que un impacto automovilístico hiciera que en una semana se encontrara de repente bajo tierra.
Por eso odio al ser humano, nos odio.
Somos tan frágiles, tan fáciles de romper, manipular, dañar…
Tenía tantos planes que hacer con ella en un futuro. Demasiados.
Pero este destino cruel me la arrebató de las manos.
Bueno, ahora tengo que darme una ducha. Estar cubierto de sangre humana me repugna.
¿Y porqué estoy cubierto con sangre?
Bueno, pues… Maté a Marga.
Ella planeaba decir a la policía de mis grandes planes, y no podía dejar que un par de señores de la justicia me cagaran el plan, así que, me la cargué. A ella. A Marga.
Cuando le conté el plan me miraba con horror, como si no me conociera, pero seguía siendo el mismo Logan de siempre. De un momento a otro, empezó a temblar y a moverse hacia la puerta de mi habitación, en ese momento supe que esto no saldría bien.
“Margarita, ¿dónde vas?” Dije levantándome apresuradamente del bordillo de la cama.
“A la puta policía, porque, Logan, estás LOCO” dijo aquella morena con la voz temblorosa. Cogió sus cosas del sofá y se fue a dirección de la puerta principal de mi casa. Le agarré el brazo para que me mirara, pero sus ojos no me reconocían.
“Margarita, no te lo recomiendo” la avise con un tono peligroso. Quería asustarla, pero tampoco quería que se alejara tanto de mí.
“O si no, ¿qué? ¿Vas a matarme?” preguntó aquella chica con valentía. Su confianza brillaba demasiado, joder, que se callé ya.
Se dio la vuelta, apenas tocó el manillar de la puerta, la golpeó en la cabeza con un bate de hierro que tenía por ahí. Ahora que recuerdo, me lo regaló ella para mi cumpleaños hace dos años. Pero bueno, le di buena usanza, ¿verdad?
Le di con tanta fuerza, que mi camisa blanca, la pared y el sofá se salpicaron de sangre. Y ella estaba en el suelo, inmovil, dejando un charco de sangre que se me hará difícil limpiar. El puto charco estaba ensuciando mi alfombra, y joder, con lo cara me que habia sido. Lo quemaré después, y me compraré otra nueva. Gastar 500 libras no me afecta mucho. ¿A qué no?
Durante la ducha, estaba pensando en qué hacer con el cuerpo de Margarita, he tenido varias ideas:
Hacer que pare un suicidio.
Puedo hacer que ella se haya tirado por su piso, y escribir una nota diciendo que sentía depresión por la muerte de su mejor amiga. Sería pan comido.
Pero el problema es el golpe, la autopsia hubiera distinguido que ella había sido golpeada antes de ser arrojada desde su edificio. Y el forense podría adivinar desde la lejanía que la herida que tiene en la cabeza ha sido por culpa de un golpe con un objeto pesado. Así esta idea, descartada.
Quemarle.
Sencillo, quemarla, borrarla del planeta.
Creo que voy a optar por incinerar su cuerpo y ya está. Voy a necesitar varios productos para hacerlo como, un montón de agua, hidróxido de potasio, y un buen horno.
Ahora que pienso, cuando vaya a la funeraria, puedo traerme el cuerpo de Margarita y quemarla ahí ya, mientras extraigo la sangre de Araida.
Pan comido.
Bien hecho, Logan…