CAPITULO I: CASO #001
Pasé por debajo de la cinta de seguridad, apenas eran las 9:30 am y ya me habían llamado por el hallazgo de un cuerpo.
—Agente Moon, me alegra que haya venido —me saludó el oficial al llegar al lugar.
—¿Qué tenemos? —pregunté mientras me acercaba al cuerpo con mucho cuidado.
—Una joven de 28 años, tiene marcas de atadura en ambas muñecas, múltiples apuñaladas en el abdomen y pecho. Se desangró; por la temperatura del hígado lleva aquí aproximadamente 8 horas —respondió la forense.
—¿Tienes la identidad de la víctima? —cuestioné poniéndome de cuclillas para observar el cuerpo detalladamente.
Ella negó con la cabeza mientras sacaba una pinza de su maletín.
—Aún no. Fue hallada por la mucama quien tocó su habitación para anunciar la limpieza.
—¿Ese es un moretón? —señalé la mejilla derecha.
—Sí, parece postmortem —respondió la doctora observando la mejilla de la víctima.
—Bien, llévensela —asentí, poniéndome de pie mientras preparaban el cuerpo para el traslado a la camilla.
—¡Hyun! —escuché a mis espaldas.
—Buenos días, Haneul. Comienza a procesar la escena de este lado, yo empezaré por la izquierda —asintió mientras se agachaba y colocaba su equipo en el suelo.
—¿Y los demás? —pregunté colocándome los guantes.
—No tardan, hay mucho tráfico.
—Sí, me imagino… es hora pico —respondí firme mientras comenzaba con mi trabajo. Normalmente las mañanas son tranquilas, pero en muchas ocasiones me tocan casos como este. Ese es mi trabajo.
Procesamos la escena sin ningún contratiempo. Al retirarnos llevamos todo al laboratorio; la jornada apenas comenzaba.
En el laboratorio…
—¿Ya tenemos la identidad de la víctima, Lee? —cuestioné entrando a la sala—. ¿Pudiste identificarla?
—Sí, la víctima es Park Keira, reportada desaparecida hace tres días por su esposo —giró la pantalla del ordenador para mostrarme la ficha de búsqueda.
Me quedé en silencio, procesando la información que acababa de escuchar.
—¿Park Keira? ¿La abogada en materia civil?
—Así es. Salió de su despacho a las 4:00 pm. Las cámaras la grabaron caminando hacia un restaurante de mariscos, se pierde el rastro cuando ingresa al restaurante.
—Mándame las imágenes. Iré a investigar al restaurante e informar a la familia. Me llevaré a Quon.
—Claro, Hyun —sonrió Haneul, a lo que yo respondí con una sonrisa.
Ya en la camioneta, en camino al restaurante, fui interrumpido por la llamada de Ishii. No puede ser… ¿qué habrá pasado ahora? —pensé.
—¿Ishii? Estoy trabajando. ¿Pasó algo malo?
—Amor… necesito un favor. ¿Puedes venir a la casa? —preguntó, su voz se escuchaba ronca y cansada al otro lado de la línea.
—Ahora no puedo, pero en cuanto me desocupe iré a tu apartamento, ¿vale? —escuché un suspiro pesado y el sonido sordo de un “pit pit”. Me había colgado.
Suspiré y me revolví el cabello. Odiaba cuando actuaba así, pero a la vez… me dolía un poco.
—Hyun… ¿estás bien? —preguntó Misuk en un tono bajo mientras conducía.
—Sí, es solo un contratiempo, nada importante —contesté seco.
—¿Seguro? —cuestionó Misuk, a lo que yo asentí con la cabeza mirando la pantalla de mi teléfono.
—Tenemos que concentrarnos. Olvidémonos del tema, ¿sí? —Misuk asintió sin decir nada más.
Estaba claro que me iba a llevar una buena regañada por esto, pero mi trabajo es muy importante y no puedo darme el lujo de faltar cada vez que él me lo diga. Pasaron 20 minutos y habíamos llegado al restaurante.
—Buenos días, ¿vieron a esta chica venir aquí hace 4 días? —cuestioné mostrando la foto de Keira y la placa de policía a la recepcionista.
—Sí, oficial. Vino hace unos días, como a las 4:00 pm. ¿Está en problemas?
Negué con la cabeza.
—¿Puedo hablar con el gerente o el jefe del restaurante? Tengo unas cosas que preguntarle. Ella asintió, levantándose de su asiento.
—Sí, en un momento le hablo.
—Gracias —contesté esperando a que le hablara al gerente.
—Sí, está bien, en minutos baja —informó la recepcionista con una sonrisa.
Asentí y esperé. Como dijo la recepcionista, el gerente vino 5 minutos después.
—Díganme, oficiales, ¿en qué puedo ayudarlos? —preguntó con una sonrisa, estrechando mi mano.
—¿Conoce a esta chica? —pregunté mostrando nuevamente la fotografía.
—Claro, es una de mis mejores clientas. ¿Qué pasa con ella?
—Fue encontrada sin vida el día de hoy y la última vez que la vieron viva vino a este restaurante —dije guardando la fotografía de vuelta en el folder. El gerente se quedó en silencio un momento, sin quitar su mirada de mí.
—Qué tragedia... sí, vino aquí hace unos días como de costumbre.
—¿Viene aquí sola? —cuestioné, a lo que él negó con la cabeza.
—No, en ocasiones viene con sus colegas del trabajo, otras veces con su esposo y, si, en ocasiones sola.
Levanté una ceja. —Es muy específico para alguien que solo la reconoce por ser clienta frecuente —tragó saliva y se acomodó un poco la corbata.
—Bueno… conozco a su esposo. Es un buen amigo —defendió, quitando su mirada de la mía.
—Entiendo, ¿puede darme la lista de los colaboradores que trabajaron aquí hace 4 días?
—Claro, pasemos a mi oficina —Misuk y yo asentimos y lo seguimos adentro del establecimiento.
Ya en la oficina nos ofreció asiento mientras buscaba unas cosas en su estante, donde había muchas carpetas.
—¿Y cómo conoció a su esposo? —preguntó Misuk mientras se acomodaba sus lentes.
—Estudiamos en la misma preparatoria, desde entonces somos amigos. Cada fin de semana vienen a cenar aquí y nos tomamos unas cuantas copas para hablar de las desventuras de la semana.
—El día en que Keira vino aquí, ¿lo hizo sola? —me extendió una hoja y asintió con la cabeza.
—Como mencioné, en ocasiones venía sola —respondió tajante, un poco nervioso.
—Entiendo, ¿y ese día no notó nada extraño? ¿Un estado de ánimo distinto? —negó con la cabeza.
—Ella es muy callada. Cuando viene con su esposo es animada, aunque casi nunca cruzamos palabra.
Levanté una ceja nuevamente y asentí con la cabeza.
—¿Algo más en lo que pueda apoyarnos? —preguntó, frotándose las manos con notable nerviosismo.
—No, eso sería todo —me levanté de mi asiento y le hice un gesto a Misuk para que hiciera lo mismo. Asintió y se levantó.
—Entonces, tengan un buen día, caballeros —hizo una reverencia, a lo que nosotros respondimos igual.
Salimos del lugar con la hoja de los nombres del personal que trabajaron ese día.
—¿Crees que sepa más de lo que dijo? —preguntó Misuk mientras leía la lista de nombres.
—Sí, su lenguaje corporal no lo ayudó mucho, pero hasta que no tengamos una prueba concreta que lo enlace a la escena del crimen, no podemos hacer nada.
—Bueno, en eso tienes razón.
Subimos a la camioneta y nos retiramos del lugar. Al llegar al laboratorio, le di la lista de nombres a Misuk y le dije que la llevara con Haneul. Había que interrogar a los presentes ese día; tal vez hallábamos a un testigo o alguien que nos diera más información acerca de ese día.
—El esposo de la señorita Park acaba de llegar. Está por allá —señaló Joo con la cabeza.
—Bien, vamos con él —afirmé mientras caminaba hacia donde estaba.
—Buenas tardes, señor Park. ¿Es ella la señorita Park? —cuestionó Joo mientras le mostraba la foto de la autopsia. Los ojos del señor Park se llenaron de lágrimas y asintió con la cabeza.
—Lamento su pérdida, señor Park —coloque una mano sobre su hombro. No reaccionó, solo sollozaba cubriéndose el rostro con las manos.
—¿Quién?... ¿quién hizo esto? —susurró con dificultad.
—Es lo que estamos investigando, señor Park. Estamos buscando información para atrapar al asesino de su esposa, pero necesitamos hacerle unas preguntas, si está de acuerdo —expliqué mientras tomaba asiento enfrente de él. Asintió con los ojos aún rojos.
—¿Quiere algo de beber? —preguntó Joo mientras se sentaba a mi lado.
Negó con la cabeza. —Entonces… comencemos con las preguntas. El día de su desaparición, ¿qué llevaba puesta su esposa?
—Llevaba una falda negra por encima de las rodillas, una camisa de seda morada, un abrigo largo negro y unas zapatillas negras. Yo le regalé ese conjunto el día anterior —formó una leve sonrisa al recordar que había sido un regalo. Me dolía ver a las personas recordar momentos con sus seres queridos, aquellos que les arrebataron de maneras injustas. Por eso amaba mi trabajo, porque éramos su última esperanza para encontrar consuelo.
—Días antes de su desaparición, ¿la notó extraña, con miedo, nerviosa o con alguna conducta inusual? —Lo miré a los ojos y él guardó silencio. En su mirada, podía ver que intentaba recordar alguna señal extraña. Después de unos minutos, me respondió:
—Una semana antes, mientras regresaba a casa, me llamó diciendo que una camioneta blanca la había estado siguiendo por la autopista. La tranquilicé diciéndole que era una carretera muy concurrida, pero ella insistió en que esa camioneta era peculiar, ya que cuando la dejó pasar, notó que no tenía placas.
Levanté una ceja y me incliné un poco hacia adelante. Al menos teníamos algo. —¿Podría decirme en qué autopista fue? —pregunté. Él asintió y pidió una hoja de papel. Al anotarla y leerla, me di cuenta de que era la carretera que llevaba a la estación de autobuses de Yeosu.
—¿Su esposa iba a salir a algún lado? —pregunté.
El hombre negó con la cabeza. —¿Por qué lo dice, agente?
—Esta autopista, específicamente en este kilómetro, se dirige a la estación de autobuses de Yeosu.
Él arqueó una ceja, mostrando cierta confusión. Se quedó callado unos minutos antes de agregar algo más.
—Claro, sí. Iba a recoger a su mamá a la estación de buses, ya que venía de visita. Pero solo se quedó unos tres días. Un día después de la visita de su madre, ella… desapareció.
Me quedé en silencio unos segundos antes de hacer la última pregunta.
—Aparte de este incidente con la camioneta, ¿ella había tenido amenazas, peleas o algo parecido?
Negó con la cabeza. —No que yo esté informado. No me contaba lo malo que le pasaba en su trabajo por más que yo le insistiera, pero sí estaba triste esa semana. A pesar de la visita de su madre, ella se encontraba un poco decaída.
Tomé mis notas y finalicé con las preguntas.
—Gracias por venir y hacer el esfuerzo de contestarme las preguntas. Sé que no es fácil —coloqué nuevamente mi mano en su hombro en señal de apoyo.
—¿Puedo verla? —preguntó, su voz entrecortada.
—Aún no, pero está en buenas manos —contestó Joo, dando una leve palmadita en la espalda en señal de apoyo.
El hombre asintió y nos dio las gracias.
—Lo mantendremos informado —afirmé mientras asentía levemente.
Me dirigí al laboratorio de autopsia para obtener más información sobre la víctima.
—Hola, Hyun —me saludó la forense.
—Hola, ¿tienes algo?
—Sí, recibió un total de 12 apuñaladas entre pecho y abdomen. Quien lo hizo fue con mucho coraje, parece personal. La causa fue desangramiento. Por la herida, puedo concluir que fue un cuchillo de ancla.
—¿De ancla? ¿Como el que usarían los pescadores?
Ella asintió mientras me mostraba las heridas detalladamente.
—Sí, pero es un cuchillo habitual, y más en una ciudad costera como esta.
—Sí, pero al menos ya tenemos algo. Gracias, Kim —le di una pequeña palmadita en el hombro, a lo que ella respondió con una sonrisa.
Pensando en qué otro paso íbamos a dar, recordé lo de la llamada de Ishii. Me froté los ojos con la yema de los dedos.
—Maldita sea —susurré, dando un pequeño golpe en mi escritorio.
—¿Hyun?
Levanté la mirada. Era Haneul. Le hice un gesto para que pasara a mi oficina.
—Sé que estamos trabajando, pero me preocupas. Te noté extraño cuando regresaste del restaurante. ¿Algo no va bien?
Suspiré con pesadez. Es cierto que, aparte de mi compañera, es mi mejor amiga.
—Toma asiento —señalé la silla, a lo que ella asintió y tomó asiento.
—Definitivamente me preocupas. Estás más serio de lo normal —dejó unos documentos sobre el escritorio.
—Ishii se enojó conmigo, otra vez —quité la mirada de la suya.
—¿En serio? ¿Ahora cuál es su estúpido pretexto para enojarse contigo? —rodó los ojos con molestia.
—Pues, me llamó mientras iba en camino al restaurante. Me preguntó si podía ir a verlo. Yo le contesté que estaba trabajando, pero que en cuanto pudiera lo visitaría. Solo me colgó.
—Hyun… sé que ya te lo he dicho, pero esa relación ya se volvió demasiado insana. Siempre se enoja, siempre está drogado. No debes soportar los abusos emocionales por sus tonterías —colocó su mano sobre la mía.
Suspiré con cansancio. —Lo sé, Hani, pero no puedo dejarlo solo así, y menos en ese estado. Yo… yo lo amo.
—Eso no es amor. Tú lo quieres, pero él no te quiere a ti y lo sabes —susurró, tomándome de ambas manos—. Escucha, eso no es sano ni es bueno para ti. Tú no lo amas… amas la versión que era de él, aquella que se perdió hace mucho tiempo…
Me quedé en silencio. Sus palabras me habían llegado a lo más profundo de mi corazón. Una parte de mí no quería aceptarlo, pero la otra parte sabía que Haneul tenía razón.
Quité mis manos de las suyas. —No es momento de hablar de la vida personal. Tenemos un caso que resolver, así que olvida el tema por hoy.
—De acuerdo, lo dejaré por hoy, pero no te lo voy a dejar pasar como sabes hacerlo —me miró a los ojos. Yo asentí a regañadientes.
—¿Qué encontraste? —me extendió el portafolio.
—Investigué si la carretera en donde había transitado antes de su secuestro tenía cámaras. Como es autopista, no las tiene, pero sí hay una tienda al final de la autopista que graba hacia esta. Puede que haya captado algo.
Abrí el portafolio y comencé a observar las fotografías. Efectivamente, en una de estas se podía ver una camioneta blanca saliendo poco después de que saliera la camioneta de la señorita Park.
—Gracias, Hani. Iremos a la autopista a ver si encontramos algo —asintió mientras se colocaba de pie.
Nos dirigimos hacia la camioneta para ir rumbo a la autopista a buscar más evidencias que nos llevaran al asesino. Mientras íbamos en camino, mi teléfono volvió a sonar. Iba a tomarlo cuando Haneul fue más rápida y lo tomó primero.
—Enfócate en el volante, yo contesto —colocó el teléfono en su oreja—. Hyun está conduciendo, no puede contestar por ahora, así que te esperas a que se desocupe —colgó abruptamente.
—¿Quién era? —pregunté sin dejar de ver al frente.
—El estúpido de tu novio —me tendió el teléfono.
—¿Por qué no me lo pasaste?
—Debes estar atento mientras conduces. Además, debe entender que estás trabajando. De todas maneras, irás a verlo, ¿no? —contraatacó Haneul mientras cruzaba sus brazos.
Seguí conduciendo sin agregar nada más. Sabía que estaba molesta, pero sí, tenía razón. Debo prestar atención mientras conduzco para evitar algún accidente.
Después de unos minutos, llegamos al final de la carretera. Nos estacionamos enfrente de la tienda y Haneul se ofreció a entrar para hacer las preguntas. Yo asentí y me quedé en el auto a esperarla.