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A una fractura de ti

Sinopsis

¡AU mexicano tercermundista Bakudeku! _______________________ Izuku es un omega universitario, pero él vive a una hora y media de su facultad, así que en las mañanas atraviesa media ciudad en transporte público con tres horas de sueño para llegar a la universidad. Katsuki es un maldito alfa privilegiado que vive a quince minutos de su facultad, él llega en bicicleta todos los días y nunca se distrae en el camino. Hasta que un día olfateó el delicioso aroma de un pequeño omega. Cuando sus miradas se cruzan, ambos se dan cuenta de la hermosa conexión que hay entre ellos. Pero un conductor estresado y molesto con el tráfico tiene otros planes. _______________________ +La portada y el separador son míos (los hice yo) +Final feliz +Son dos capítulos y la queso +Omegaverse +Los personajes son de Horikoshi, yo sólo los hago homosexuales +Contenido sexual

Genero:
Romance/Humor
Autor/a:
Flopparina
Estado:
Completado
Capítulos:
2
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

Capítulo 1

El estado actual de Izuku era “Estoy cansado jefe”.

Después de pedir permiso en la universidad, se había ausentado para pasar su celo estos últimos cuatro días en su habitación. Al parecer sus estúpidos profesores nunca pasaron por un celo solos y nunca tuvieron su edad porque se negaron a darle días extra para presentar exámenes, tareas y proyectos. A eso le sumamos el hecho de que él vivía a una hora y media en transporte público de su facultad.

Estaba destrozado física y mentalmente y aun así ahí estaba a las seis y media de la mañana, subiendo al último microbús que tomaría para llegar a su destino.

Izuku estudiaba ingeniería química, su horario era terrible y tenía a la peor profesora en su primera clase a las 7 de la mañana. Muchas ganas de ir a ver a esa vieja pelona no tenía, pero no pensaba en tirar la toalla a pocas semanas de terminar el semestre.

Por las bocinas del microbús sonaba estruendosamente la canción “Entrega de mi amor” de los ángeles azules.

Izuku disfrutaba de escuchar y cantar esas canciones en las fiestas de su barrio, no tenía con quien bailar, lo que lo hacía sentir raro entre tantas parejas que se movían al compás de la canción.

“Estamos en lugar prohibido

En busca de experimentar

Donde se hace el pecado del amor

Y el tiempo nos hace esperar”

Tal vez se sentía así por su celo, sacudió la cabeza tratando de no pensar en eso.

De repente su teléfono vibró, sacó con rapidez y cuidado su aparato de su mochila, al estar en la ventana era fácil meterle un mochilazo o codazo al de a lado e iniciar una pelea, cosa que estaba evitando desde que vio cómo una señora le reclamó a un joven por dormirse sobre ella accidentalmente, eso había sido un escándalo.

Al sacar su teléfono con la pantalla más rota que su paz mental, vio que era un mensaje de su mamá deseándole un lindo y feliz día, además de algunos mensajes de sus amigos deseándole un buen viaje. Ellos sabían que su celo acababa de terminar y que la iba a pasar mal de su viaje de regreso.

Izuku dejó salir su olor mientras veía cómo su teléfono se desconectaba de la red gratis del gobierno. Haber recibido esos lindos mensajes le hacía feliz, sus ojos amenazaban con derramar una pequeña lágrima, saber que era querido y esperado por sus amigos, estaba un poco más sensible de lo normal.

Claramente las secuelas de su celo había se estaban haciendo presentes. Sonrió levemente al mismo tiempo que su olor se filtraba por la ventana abierta que sólo podía cerrar el chofer ya que tenía truco.

Sintió una mirada sobre su ser, la buscó discretamente al principio, queriendo pasar desapercibido ya que podría ser un ladrón que quisiera robar su teléfono recién estrellado con 50 pesos de recarga para el resto de la semana.

El semáforo se puso en alto y el chofer del microbús pisó el freno. Inmediatamente se puso nervioso, muy nervioso. Nunca lo habían asaltado pero siempre había una primera vez para todo.

“Estamos en lugar prohibido

En busca de experimentar”

Fue cuando su omega interno decidió intervenir en la búsqueda de aquella misteriosa mirada que lo atormentaba. Decidió que tenía que hacerle caso, después de su celo su omega no volvía a aparecer y si lo hacía debía de tener una buena razón.

Siguió lo que su más bajo instinto le decía y al voltear a la ventana lo vio.

“Donde se hace el pecado del amor

Y el tiempo nos hace esperar”

Un atractivo alfa de hermosos ojos rojos alargados e increíblemente fascinante pelo rubio estaba a pocos centímetros de distancia. Lo estaba viendo directamente desde su bicicleta donde lo único que los dividía era una ventana rayada en los costados. Su omega interno podría incluso jurar que estaba maravillado con él, su mirada lo decía todo.

“Te miro

Y me miras, mi amor

Te pregunto: “¿qué piensas?”

Y me dices: “en ti y en mí“”

Por otro lado, la parte racional de Izuku fue víctima del más grande de los sonrojos de toda su vida, esa mirada nadie se la había dedicado y vaya que estaba emocionado por eso. El alfa le ofreció una deleitable sonrisa landina que sólo hizo apenar más al omega.

Empezaron a hablar sin palabras, sus miradas y sonrisas bastaban para comunicarse en ese momento, ambos pares de ojos no podían dejar de admirarse mutuamente, como ver los ojos del contrario fuera lo único que necesitaran para vivir.

Cuando el semáforo cambió a verde, Katsuki siguió el microbús para poder impresionar al omega con unos geniales trucos en bicicleta que sus inútiles amigos le habían enseñado. Tal vez no eran tan inútiles, después de todo el pequeño peliverde no podía dejar de mirar cómo se movía con gran agilidad, soltando pequeñas risitas cuando hacía algo divertido o miradas de asombro cuando el alfa hacía algo difícil.

La letra de la cumbia que había puesto el chofer del microbús de repente empezó a retumbar el la cabeza del omega:

“Y me dices

He pensado mucho en ti

Te he soñado tanto aquí

Que no imaginé

Que iba a hacer así la entrega de mi amor

Hacia ti”

Rió con gracia y diversión, las trompetas que seguían en la canción se combinaba de una manera perfectamente rara con las acrobacias que hacía Katsuki.

Claro que Izuku quería una pareja, simplemente le daba mucha pena interactuar con los alfas que se acercaban a él. Ahora se había atrevido y no se sentía mal. Definitivamente estaba sintiendo que era un buen día.

Algo que, bueno, no duró mucho.

Un conductor amargado con su trabajo, su vida y sobre todo, con el tráfico de la ciudad, decidió que ya no iba a soportar más el ver a la bonita parejita que iban coqueteando descaradamente delante de él mientras luchaba por llegar temprano a su trabajo. La vida lo trataba como si estuviera pagando el peor de los pecados. Así que cuando el semáforo marcó el verde y vio que el alfa se puso su caso, arrancó antes de que alguien más lo hiciera, golpeando al alfa y huyendo en el proceso.

Era un mal día para Katsuki.

Sus profesores le habían dado permiso para faltar cinco días aunque su celo durara tres días, además de permisos para entregar tareas, proyectos y presentar exámenes unos días después de lo planeado, pero él no tenía pensado atrasarse en los temas ni perder su reconocimiento de “mejor alumno de la clase”.

Para esto debía de llegar temprano, algo que al parecer su estúpido reloj no entendía, el maldito no había sonado a la hora que debía sonar, había despertado media hora más tarde de lo normal y eso era un problema porque su madre ya había despertado.

Cuando se iba a la universidad trataba de evitar a su madre, siempre lo llenaba de múltiples bendiciones sin dejarlo irse, chanclazos por no desayunar bien, regaños por ponerse mal la ropa, no ir bien tapado a la escuela, no lavar su mochila, usar el mismo pantalón negro...

Se levantó de la cama para vestirse con uno de sus pantalones negros, no el de siempre. Tomó su mochila junto con su cartera que tenía el dinero que su papá le había dado el día anterior, podía desayunar algo que se encontrara en el camino y cepillarse los dientes en su decadente facultad de veterinaria.

Así es, él estudiaba veterinaria. Consideraba a la raza humana una plaga estúpida que sólo servía para fastidiarlo 24/7, pero a los animales no, nunca podría enojarse con ellos.

Pasó al baño rápidamente para peinarse y hacer sus necesidades. Asomó su cabeza para ver si no venía su madre, escuchó cómo algo se freía desde la cocina, ajustó las correas de su mochila y salió corriendo. Llegó a la planta baja de su casa, atravesó la sala, lejos de la cocina. Escuchó gritos de su mamá diciéndole quién sabe qué, azotó la puerta, tomó su confiable bicicleta y se fue.

Mientras iba de camino a la escuela se topó con unas cuantas viejas chismosas de su vecindad, muchas de ellas le habían ofrecido tener una cita con sus hijos e hijas. No era un secreto que Katsuki era un alfa soltero, inteligente y apuesto, aunque eso no le quitaba lo terco que podía llegar a ser. Aun así, las vecinas le llovían con propuestas.

Sin embargo ellas no sabían que Katsuki odiaba los olores de los demás. A decir verdad, hacía mucho que había podido percibir uno.

Cuando era un pequeño mocoso salió volando de una resbaladilla de mala calidad que estaba en un parque para niños mientras jugaba con otras sanguijuelas de su edad, su madre lo tuvo que llevar en coche a urgencias ya que la ambulancia no llegaba, se atoraron en el tráfico, su papá lo tuvo que llevar cargando y se sentaron en la sala de espera de farmacias similares por casi diez minutos en lo que el doctor examinaba unos casos de gripe. Al pasar ya no tenía lágrimas, seguía sangrando pero era más molestia que dolor lo que sentía.

Se había movido el tabique de la nariz, el doctor se la acomodó manualmente y sin anestesia mientras pataleaba al aire y hacía berrinche. Al terminar, le dio una paleta por ser un cachorro valiente y por su “buen comportamiento”. Pero cuando su madre llegó y dejó salir su olor para tranquilizarlo, sentir su aroma le dolió como el demonio.

Ni siquiera los mejores otorrinolaringólogos supieron explicar porqué, pero desde ese día todos los olores que producían las personas le dolían, no podía apreciar ese aroma omega que era tan encantador para los alfas y por supuesto no sabía usar el suyo.

La mayoría de los omegas mostraba su interés hacia él dejando salir su aroma pero él sólo sentía dolor. Por eso sus parejas no duraban mucho.

Esto también lo había hecho buscar compañía en los animales, ellos nunca lo habían lastimado con sus aromas y estaba dispuesto a seguir así por el resto de su vida.

Regresando al recorrido hacia la universidad, Katsuki había decidido tomar la ruta que no era tan corta ni tan larga, sólo era una ruta. En esta no había ciclovía así que debía de tener cuidado con los autos que pasaran a su lado.

Cuando le tocó el alto, se filtró entre algunos autos porque a la mierda los privilegiados con auto que contaminaban y se posicionó al lado de un microbús que se veía a leguas que le hacía falta una ida al mecánico.

Se quitó el casco un momento, ese semáforo normalmente tardaba en cambiar.

Fue entonces cuando, entre todo ese ruido y aromas de ciudad, sintió por primera vez un olor dulce que no parecía ser comida. Buscó de un lado al otro de dónde provenía, ese olor estaba despertando cosas raras en él y lo mejor sería apagarlo.

Así que al voltear un poco hacia arriba, en dirección al microbús, vio la cosa más hermosa que sus ojos habían visto. Era un omega, un precioso omega de ojos esmeralda y alborotado cabello verde con la sonrisa más bella que había visto.

Pero sobre todo su aroma, ese maldito aroma que no sabía describir, no le dolía, no sentía dolor alguno.

Se quedó viéndolo fijamente, olvidando por un momento donde estaba y su alfa interno empezó a sacudirse dentro suyo mientras el omega empezaba a buscar de una manera extraña algo con la vista.

Katsuki estaba feliz. Al diablo con la universidad y su desayuno, seguiría al omega a donde fuera.

De un momento a otro el lindo omega volteó hacia él y vio sus hermosos, grandes y brillantes ojos.

Mierda, podría morirse ahora, era el puto omega más endemoniadamente lindo y con el olor más jodidamente atractivo que había conocido, ahora sí que como diría la canción de la Adelita “Si me van a matar mañana, que me maten de una vez”

No sabe cuánto tiempo hicieron contacto visual pero de repente vio con su vista periferia cómo el semáforo cambiaba de color. Dejó el casco en la canasta de su bicicleta y empezó a coquetear con el omega haciendo acrobacias y mostrándole las habilidades que tenía como el gran alfa que su mamá crió a chanclazos.

El omega se veía feliz, le sonreía y reía con él. Ambos se estaban divirtiendo como nunca lo habían hecho, tenían una sensación abrasadora y cálida en el pecho y no podían parar de sonreír.

Pero eso de “no podían parar de sonreír” no duró mucho porque un coche golpeó a Katsuki cuando otro semáforo cambió de rojo a verde, haciendo que volara por los aires y cayera sobre su pierna derecha, un crack se escuchó en el ambiente silencioso que se generó después de que el motor del carro que había golpeado a Katsuki desapareciera gradualmente en la acera.

Muchos bajaron de sus automóviles para ayudar al chico, algunos otros alcanzaron a tomarle foto a las placas del carro y una pareja que iba en moto arrancó para ver si podían alcanzarlo.

Izuku estaba en shock, habían atropellado a alguien justo delante de él y aún peor, al alfa más atractivo que le había conocido.

El microbús dio un ligero tirón antes de arrancar totalmente, Izuku salió del trance cuando había avanzado una cuadra y sintió un pequeño vuelco en el corazón.

“Veo que te sueltas el pelo mirándote al espejo, mirándote a los ojos

Una mirada entregada a un tiempo sin tiempo, de un semblante hermoso”

Con toda la extrovertividad que no sabía que tenía, dio un salto de su lugar, golpeando con su mochila a la señora dormida que estaba a su lado, estorbando en el pasillo y pidió la parada gritando al chofer.

Ni siquiera necesitó que el transporte se detuviera completamente, sólo saltó y corrió de regreso a donde estaba el alfa.

“Y me dices

He pensado mucho en ti

Te he soñado tanto aquí

Que no imaginé

Que iba a hacer así la entrega de mi amor

Hacia ti”

Cuando parecía que el día de Katsuki se estaba recuperando, le pasa esto. Agradecía a la divinidad que estuviera allá arriba haberse puesto ponerse el casco, sino, otro gallo nos cantaría. Hace mucho tiempo que no lo se lo ponía, normalmente no le pasaba nada y cuando se lo ponía, lo atropellaban.

Y no es que le entusiasmara la idea de ponérselo ahora, ya que tenía la atención del omega y podía aplastar su pelo con el casco, arruinando su peinado.

Pero le había salvado el cráneo en esa caída. Después de haber caído sobre su pierna, se fue de espaldas y el casco impactó en el suelo.

Vio como unas personas lo empezaron a rodear, algunas estaban llamando a la policía o pedían una ambulancia, una señora algo mayor le preguntaba si había algún número al que podía marcar.

Los olores de pánico le impactaron en la cara, si de por sí ya le dolía como la mierda lo que sea que le hubiera pasado en la maldita pierna, ese impacto de feromonas hizo que sintiera una punzada dolorosa por todo el cuerpo.

Volteó su cabeza hacia donde estaba el microbús donde iba el omega, pero ya no estaba. Su alfa interno se alteró y entristeció. Tal vez era el destino el que lo quiso así, quería que encontrara a la única persona que era compatible con él para arrebatárselo de un jalón.

Definitivamente un día triste.

Pero antes de rendirse ante el dolor, olió ese bello aroma. Giró su cabeza y ahí estaba el omega, corriendo hacia él. Cuando se topó con el bulto de personas chismosas que había crecido un poco, empezó a pedir permiso a base de disculpas para llegar hasta el rubio atropellado.

—Disculpen. Permiso. Voy a pasar —Katsuki escuchaba la hermosa voz del omega, sólo podía pensar que le hacía justicia a su aroma y a esos grandes y hermosos ojos. —¿Me... eh... podrías decir qué sientes?

—Sí, me duele la pierna derecha

—Que te duela es bueno —Katsuki lo vio confundido —Di-digo... si no te doliera tal vez esto se-seria más grave.

Sin mostrar una pizca de duda, se hincó a su lado y tocó un poco su pierna, Katsuki soltó unas maldiciones en voz baja mientras arrugaba la nariz y tensaba la mandíbula.

Por otro lado, Izuku sacó un suéter extra que traía en la mochila junto con unas tijeras, suspiró. Empezó a cortar la prenda de manera estratégica para hacerle un torniquete en la pierna derecha. Cuando era más pequeño, hace dos o tres años, había ayudado en un intento de hospital de su localidad con el afán de recaudar algo de dinero durante vacaciones para ayudar a su madre a cubrir algunos gastos.

Lo habían capacitado una enfermera que estaba haciendo su servicio social y un doctor que se notaba a leguas que había visto al mar muerto cuando aún estaba vivo. Después de eso iba en las algunas tardes a ayudar con un sueldo mínimo y en vacaciones en la sección de primeros auxilios y cosas mínimas en urgencias.

Después de todo, los motociclistas locos y rebeldes no se iban a curar solos, menos en una zona tan abandonada que el propio actual jefe de su municipio olvidó comprar votos ahí.

El alfa estaba asombrado, como buen veterinario en proceso reconocía un buen torniquete donde lo veía. Aunque se empezaba a preguntar si no hubiera sido más útil decirle que tenía vendas en su mochila.

—Con esto servirá hasta que llegue la ambulancia

—Gracias, pequeño Deku

—¿Deku?

—Sí ¿No es eso lo que dice tu collar? —Izuku volteó a ver su plaquita, un regalo que le dio su padre con su nombre, fecha de nacimiento, tipo de sangre y números de contacto. Además de un pequeño apodo que le había puesto.

—¡Oh! Pues, así me decía mi padre, mi nombre es Izuku

—¡Joder, incluso tu nombre es lindo! —El peliverde se sonrojó y se escondió un poco en la sudadera que traía —Mi nombre es Katsuki

—Un placer conocerte, Katsuki. —Izuku se escondió un poco más antes de decir lo que estaba pensando —Creo que tu nombre y tú también son lindos.

Entonces fue el turno de Katsuki para sonrojarse.

Las otras personas del bulto veían con ternura la escena que transcurría frente a ellos, quienes los habían visto coquetear hace un momento le contaban a los demás lo que había pasado. Sí, definitivamente la parte chismosa de Latam en su máximo esplendor.

Katsuki seguía teniendo espasmos por los olores que se llegaban a colar además de ese dolor constante que tenía en su pierna, Izuku lo notó y decidió darle la mano para que la apretara en lo que llegaba la ambulancia mientras lo cubría con su olor de manera protectora.

Pasaron unos cuantos minutos más, ellos seguían platicando con preguntas básicas que haría cualquier tía tratando de sacarle plática a un pequeño sobrino demasiado ocupado jugando roblox.

La única diferencia es que ellos estaban nerviosos. Izuku nunca le había seguido la corriente a un alfa hasta este punto y con estas intenciones. Katsuki nunca se había sentido tan cómodo con la idea de conocer a un omega.

Y que esperaban a una ambulancia que estaba atrapada en un bucle infinito del cual no podía salir porque siempre le faltaba 5 minutos para llegar por más tiempo que pasara.

Contra todo pronóstico, la ambulancia había salido del bucle y logró llegar al lugar del accidente. Está de más decir que Izuku tendría un tache en el corazón de los profesores con los que tenía clase ese día y que los de Katsuki estarían felices por pensar que se tomó un día más de lo usual para que dejara pasar los efectos de su celo.

Izuku decidió subir con él a la ambulancia, así que tomó la mochila del alfa. A falta de un policía, una chica beta se comprometió a cuidar de la bicicleta del chico, ella vivía a una cuadra del lugar del accidente.

Antes de entrar en el transporte, las personas le pidieron su número para mantenerse en contacto por si decidían poner una demanda y necesitaban testigos. Además algo les decía que en un futuro ese par tendría una gran historia que contarle a sus cachorros.

Cuando iban camino al hospital, que no tenían idea a qué hospital iban, el paramédico revisó el torniquete que Izuku le había puesto a Katsuki, sólo le corrigió un poco la manera en la que debía de atarlo y revisó su cabeza, que gracias al casco, no tuvo ningún tipo de herida.

El paramédico saltó al asiento del copiloto dejando al omega y al alfa solos.

—Katsuki, ¿podrías pasarme el número de tu mamá? —Dijo Izuku mientras rebuscaba en la mochila del contrario para encontrar su celular.

—¿El de mi madre? ¿No quieres mejor el mío, lindo Deku?

—No, es decir, sí, bueno, so-sólo si quieres, claro que me gustaría ha-hablar contigo, pero si no quieres no, no quiero mo-molestarte con eso aunque me encantaría no ser una molestia para ti... e-e-espera ¿me... dijiste li-lindo?— Katsuki veía como Izuku se iba sonrojando cada vez más mientras seguía hablando, se veía como una fresita.

Katsuki movió su brazo para tocar la mejilla del omega y acariciarla con su mano. Izuku dejó de hablar por lo nervioso que se puso y soltó un poco de su aroma. El alfa se mostró gustoso al sentir su olor.

—Sé que ya quedó muy claro pero por favor dime que no tienes novio

—N-no p-pero e-el teléfono de t-tu madre —Izuku se volvió a esconder en su sudadera, ese alfa lo ponía demasiado nervioso.

—¡Ya dale el maldito número de tu mamá, estúpido alfa atropellado! ¿No ves que le va a dar algo?

A regañadientes, el rubio le dio la contraseña de su teléfono, le dijo que “vieja bruja” era el contacto de su madre y que respondía al nombre de Mitsuki. A Izuku le causó un poco de gracia pensando que era una exageración del alfa y con toda la confianza del mundo decidió marcar.

—Bue-

—¡Maldito mocoso de mierda! ¿Dónde chingados estás cara de pendejo? me dejaste con el pinche desayuno en la mesa y no te despediste de mí estúpido alfa malcriado

—¿S-señora Mitsuki?

—Tú no eres mi engendro ¿Quién eres?

—S-soy Izuku, mi nombre es Izuku y eh... Estoy con su hijo en una ambulancia.

Al llegar al hospital, pasaron a Katsuki a la zona de radiografías, Izuku iba a su lado y podía sentir las miradas celosas de otros omegas y betas que veían como Katsuki se apoyaba en él para poder caminar. Falta decir que Katsuki casi se desmaya al ver cómo los huesos de su pierna casi se partían y que sólo se habían mantenido unidos gracias al omega y sus torniquetes.

No era el día de Katsuki. Izuku se encargaba de llevar las mochilas de ambos y ser el soporte del contrario, que era más alto y pesado que el omega. Aun así, él soltaba su aroma para relajarlo, el olor que desprendía el peliverde lo estaba distrayendo del dolor. Sin embargo, su alfa interior le empezaba a reclamar por ser un inútil y no poder hacer más en esta situación.

El omega al que pensaba en cortejar estaba siendo usado de recargadera por él.

De verdad quería gustarle a Deku, no quería meter la pata o la media pata... o lo que le quede de pata.

—¡Conque ahí estás condenado escuincle pendejo!

—¡Espere, señora!

El par volteó a ver a la mujer rubia que iba caminando hacia ellos y que era perseguida por una bolita de personas en bata blanca. Inmediatamente Izuku pensó que el alfa guapo que estaba a su lado era una fotocopia de su madre.

—¡Niño tonto y estúpido, ahora mismo me explicas en qué chingados estabas pensando cuando te arrolló un puto auto!

—¡Maldita vieja bruja, no grites! ¿Qué no ves que estás en un pinche hospital?

Ambas copias andantes se empezaron a pelear delante del omega, el cual no sabía qué decir o qué hacer, como el bulto de practicantes que los venían persiguiendo, hasta que Mitsuki le soltó un sape a su hijo y los doctores trataron de establecer distancia entre ellos.

Una enfermera malhumorada de mala cara fue por el alfa para ponerle yeso. Con ayuda del omega se dirigió a la sala y dejaron atrás a una bola de pasantes con dos horas de sueño luchando contra una vieja orangutana malhumorada, o eso imaginó Katsuki.

Al terminar el proceso, los doctores y enfermeras casi que los echaron del lugar, le cobraron a Mitsuki en la entrada y los aventaron a la calle junto con dos muletas para el “mocoso lisiado” como lo había descrito la rubia.

—Así que tu eres Izuku, eres muy bonito, y tú un pobre diablo suertudo.

—No me llames así, hija del chamuco.

—¡Para empezar, a ti el diablo ya te chupó, no creas que no supe que anduviste de pendejo en el suelo! —Volteó a ver a Izuku —tranquilo cariño, Katsuki suele ser muchas veces así, espero que eso no te cause muchos problemas.

—¡Oye!

—Muchas gracias por acompañar a mi hijo, nunca me había contado de ti ¿Son novios o algo así?

Ambos se sonrojaron al mismo tiempo y empezaron a tartamudear mientras buscaban cómo responder a esa pregunta.

—¡Oh, ya entiendo! de seguro lo viste y te resbalaste con la baba que empezaste a soltar, maldita bestia —Mitsuki se burló de Katsuki y él le lanzó una mirada apenada.

—La verdad es que atropellaron a Katsuki por mi culpa, señora Mitsuki. Yo lo distraje mientras él iba en su bicicleta, no debí hacerlo, de verdad lo siento muchísimo.

—No digas tonterías, Deku. No fue tu culpa. Además, faltaste a tus clases por venir conmigo y ayudarme. Por cierto, eres bueno con los torniquetes.

—No es nada, Kacchan

—¿Kacchan?

—Sí, bueno, es que tú me dices Deku y yo quería llamarte por un apodo lindo también. Sólo si tú quieres, si no te gusta, está bien. —Antes de que el omega empezara a hablar y hablar y hablar, como lo había hecho con anterioridad, tapó su boca con su mano y le dijo:

—Escúchame, Deku. Ese apodo estúpido me encanta. Llámame así.

Un silencio tenso se formó entre ellos, se miraban a los ojos con la cara sonrojada.

—¡Wácala! No se vayan a besar delante de mí.

Después de las vergonzosas interacciones y de más burlas por parte de Mitsuki, le ofrecieron a Izuku llevarlo a su casa en coche. Por más que el omega se pudiera negar, esa idea le resultaba tentadora y evitaría la hora y media de transporte público, así que terminó aceptando.

Las maravillas de la ciudad hacen que en transporte público te hagas dos horas de camino y en transporte privado sean cuarenta y cinco minutos. Cuarenta y cinco minutos muy agradables. Mitsuki e Izuku habían acomodado a Katsuki en los asientos de atrás para que no se fuera a lastimar, un viaje muy cómodo si se lo preguntan.

Izuku fungió de copiloto, hablando de cosas de la escuela con los otros dos alfas que iban en el automóvil. Fueron cuarenta y cinco minutos en los cuales se divirtió con dos tercios de la familia Bakugou y no estuvo nada mal.

Al llegar a la zona departamental donde Izuku vivía, Mitsuki fingió tener una llamada muy importante del trabajo la cual era mega importante que contestara, dejando nuevamente al par solos.

—Deku, muchas gracias por hoy. Sé que fue una forma rara de conocernos, pero de verdad me interesas y... ¡chingada madre, estoy nervioso!

—A mí también me interesas, Kacchan. E-entonces ¿m-me darías tu n-número de t-teléfono? —Un teléfono voló hasta donde estaba sentado el peliverde, lo tomó y volteó a ver a Katsuki.

—Ya sabes la contraseña, regístrate en el mío y anótame en el tuyo.

Izuku soltó su aroma feliz por la situación. Normalmente le daría pena la simple idea de hablarle a un alfa pero esto lo emocionaba.

De repente su teléfono empezó a sonar ¡Era Inko, su madre! ¿Ahora cómo le iba a decir a su mamá que no había ido a la escuela, que había visto un accidente delante de él y que ya casi consigue un alfa?

Obviamente no le iba a colgar ni ignorar, sólo no sabía cómo decírselo.

—¿Bueno?

—¡Izuku, Dios mío, me tenías con el grito en el cielo! ¿Dónde estás, estás bien? ¡Dime que estás bien!

—Tranquila, mamá, estoy bien. De hecho estoy llegando a la casa

—Zuzu, cariño, ¿fue suficiente tiempo con mi hijo o les doy más? —Mitsuki abrió la puerta casi casi que gritando, parecía que quería que toda la zona de departamentos se enterara. Y por supuesto que Inko escuchó.

—Izuku ¿qué estoy escuchando?

—Yo... uh... ¿traigo visitas?

—¿Qué? ¿visitas? Izuku Midoriya, ¿ahora qué hiciste? No, no me digas. No te vayas a mover, Izu. Voy para allá.

Y su madre colgó el teléfono.

Al principio, Inko estaba fastidiada. Vio cómo su pequeño cachorro indefenso subía a un zángano e inútil alfa por las escaleras que al parecer se había lastimado una de sus piernas.

Luego, cuando vio bien la cara del inservible pedazo de alfa y a la adulta que venía atrás de ellos, cambió por completo su actitud.

—¡Mitsuki! ¿En serio eres tú?

—¡Inko! Dios mío, te ves genial. Debí sospechar que el omega que mi mini demonio vio es demasiado parecido a ti

Ellas se adelantaron e Izuku y Katsuki subieron las escaleras para llegar al departamento del omega, el cual era un poco pequeño para la situación. Consistía de un piso con una cocina-comedor-sala, un baño completo y tres recámaras, una más grande que las otras. Sí, un poco pequeña.

Resultó que sus madres habían sido amigas en la secundaria, donde Mitsuki había sentido atracción por Inko. La peliverde no le correspondió porque estaba enamorada de un beta que luego se convirtió en el padre de Izuku.

Hace años que no se habían visto y ahora estaban tomando una taza de té mientras sus hijos estaban sonrojados en el sillón, uno con el pie sobre una mesa, tratando de hablar después de darse cuenta del gran paso que habían dado en sus ideas de tener una relación.

Al final, Izuku empezó a mostrar cansancio por no haber dormido bien los días anteriores y salir de su celo. Poco a poco se recargó en el hombro del contrario y soltó feromonas de comodidad directamente en la nariz de Katsuki.

—¿Kacchan?

—Dime, Deku

—Creo que estoy un poco cansado, ¿podría dormirme sobre tu hombro un poco?

—Sí, puedes hacerlo —Katsuki empezó a acariciarle el pelo con la mano que tenía disponible.

—¿Kacchan?

—Te sigo escuchando, Deku

—¿Puedo ir a verte mañana, como por la tarde? —Izuku se mostraba cada vez más cansado —Es sábado y no tenemos clases

—Bien, ven a mi casa. Te mandaré mi dirección mañana en la mañana.

—¿Kacchan?

—¿Sí, Deku?

—¿Puedes darme un beso de buenas noches?

—Ah...

—En la frente, Kacchan

Katsuki soltó una risita —Claro, Deku. Descansa.

El alfa besó la frente del omega.

Para ser sinceros él también estaba cansado pero su jefa estaba muy cómoda con Inko.

Unas horas después, Mitsuki se despidió de Inko. La omega peliverde les mostró el elevador recién instalado, que con suerte duraría un mes con los usos innecesarios de los vecinos.

Al llegar al auto y acomodar a Katsuki, Mitsuki volvió a hablar:

—Katsuki, no arruines esto

—¿Qué?

—Izuku es bonito, amable, tiene una buena madre, estudia una buena carrera, es dedicado...

—Tiene un aroma bien pinche delicioso

—Sí, tiene un aroma... ¿Aroma? ¿Tú lo-?

—Iba en la bicicleta esta mañana cuando de repente percibí su aroma, luego hice que me hiciera caso y un maldito idiota de mierda me atropelló. No sé porqué su olor no me lastimó.

—¿Sabes? Cuando yo conocí a tu padre me sentí igual a ti, no entendía qué le pasaba, un omega estaba siguiéndome el paso y no se dejaba. Él es increíble.

—¡Wácala! no digas esas cosas delante de mí, jefa —Katsuki hizo una mueca, no importaba qué tanto creciera, siempre sería raro ver a su madre hablar de esa manera de su padre.

Mitsuki resopló—Tal vez tú no veas de esa manera a tu padre pero creo que sí ves de esa manera a Izuku —Suspiró y tomó aire —lo más importante es que se quedó contigo a pesar de todo el desbarate que se hiciste hoy y luego te usó de almohada hace unos minutos.

Katsuki soltó una risita —No conozco casi nada a Deku pero sé que él es espléndido y el hecho de que pueda sentir su olor sin que me lastime, creo que es una señal que debo de perseguir.

—Creo que perseguir es muy limitante en este momento, escuincle.

—¡Ya no te voy a contar nada, tsk, estúpida bruja!

Mitsuki se rió sonoramente al mismo tiempo que encendía el coche. Katsuki sabía que así era su madre, sólo resopló y se acomodó con ayuda de la almohada que su madre le había traído.

La rubia estaba algo emocionada, muchas cosas habían pasado ese día. Por fin Katsuki se veía feliz con un omega, el cual es hijo de Inko.

Pero antes debía asegurarse de dos cosas, tomó su teléfono y lo lanzó a Katsuki.

—¿Qué te pasa, bruja?

—Cállate y llama a tu padre, niño, para que le cuentes lo qué pasó. Vamos a asegurarnos que ese hijo de puta que te hizo eso se pudrirá en la cárcel. —Katsuki contestó con un gruñido —Otra cosa, engendro

—¿Qué?

—¿Sabes a qué hora entra Izuku?

—¿Me estás diciendo que faltaste un día y te conseguiste a un alfa guapo, que atropellaron y luego conociste a su mamá en el hospital y luego él conoció a tu mamá y sus mamás se conocieron, pero cuando andabas medio dormido le dijiste que querías ir a su casa y luego te dio un beso en la frente?

—S-sí. Ta-tal vez fue por e-el sueño lo último...

Cuando Izuku despertó en el sillón de su sala, vio que un mensaje de Kacchan había llegado ¡Era su dirección!

Tomó sus toallas y entró corriendo al único baño que había en su casa para bañarse con su shampoo 5 en 1, que en realidad sólo servía como Shampoo. El problema llegó al querer vestirse, genuinamente no tenía una idea de qué ponerse, siempre se ponía un pantalón y una playera de manga larga cualquiera.

Pensó un poco y le marcó a su mejor amiga y vecina, Ochako Uraraka, quien le pidió una larga y detallada explicación de lo que había pasado.

—Izuku, Izuku, Izuku... ¿Cómo te metes en este tipo de situaciones?

—Perdóname, Ochako

—Nada de perdones. Llegaré a tu casa en dos minutos. Así que me abres la puerta, cariño.

Y le volvieron a colgar.

Y efectivamente, ahí estaba Ochako entrando a su casa dos minutos después que colgara. Izuku se sintió humillado al ser usado como una muñeca de esas que les cambias la ropa a tu gusto.

Al final se decidieron por un pantalón de mezclilla y una playera verde oscura que contrastaba con la playera de manga larga con rayas negras y blancas que llevaba abajo de la verde.

Su madre ya se había ido a trabajar, solo le escribió para avisarle que iría a ver a Katsuki y que Ochako lo acompañaría.

Ellos se habían conocido un Sábado que Izuku fue a la universidad para recoger sus calificaciones, él estudiaba la universidad en modalidad presencial, iba de lunes a viernes de 7 a 1. Por otro lado, Ochako estudiaba la misma carrera que Izuku pero en modalidad abierta, sólo iba los sábados de 9 a 1 y lo demás lo estudiaba con clases en línea o con videos.

Al parecer, Izuku había decidido dificultarse la vida.

Katsuki vivía camino a la universidad, así que cuando llegó el momento, él la abandonó en una parte del camino para que fuera a ver al “padre de sus futuros cachorros” según las palabras de Ochako.

Siguió las indicaciones que había anotado en una hoja de papel para no gastarse sus datos y llegó a una casa muy bonita. Con señoras fisgonas a su alrededor, pero muy bonita.

De fondo se oía la canción de Selena “Bidi bidi bom bom”, al parecer estaban haciendo limpieza de casa con Selena de fondo.

Tocó la puerta y segundos después Mitsuki la abrió desconcertada, sin embargo al ver de quien se trataba se emocionó de sobremanera y lo hizo pasar al cuarto de Katsuki.

“Cada vez

Cada vez que lo veo pasar

Mi corazón se enloquece

Y me empieza a palpitar”

Izuku iba subiendo las escaleras mientras veía las fotos familiares y alguno que otro cuadro de la primera comunión de Katsuki o la boda de sus padres.

Encontrar su habitación fue muy sencillo, era la única puerta abierta.

—¿Kacchan?

—¿Deku? Hola, empezaba a pensar que no vendrías

“Cada vez

Cada vez que lo oigo hablar (cada vez, cada vez)

Me tiemblan hasta las piernas (las piernas)

Y el corazón igual (bidi bidi bom bom)”

—S-sí vine. Hola, Kacchan

“Y se emociona (y se emociona)

Ya no razona

No lo puedo controlar (bidi bidi bom bom)”

—No te quedes ahí afuera, pasa, siéntate donde gustes.

Izuku entró a su habitación, para su sorpresa no olía a nada. Él creería que, bueno, olería a él.

Aunque ahora que lo pensaba el día anterior tampoco pudo distinguir un aroma, pero sabía que Kacchan era alfa, no sabía si era prudente preguntar.

De pronto sintió que una familiar mano tapaba su boca una vez más.

“Y se emociona (y se emociona)

Ya no razona

Y me empieza a cantar (cantar)”

El sonrojado omega le mandó una mirada curiosa.

—Deku, empezaste a murmurar muy rápido ¿estás bien?

—Ah sí, pe-pensamientos

—Ajá ¿Qué piensas?

—Eh... ayer yo... bueno, tú... ¿tú tienes un... aroma?

Silencio

—S-si no q-quieres contarme e-e-está bien

—Quiero contarte. Izuku, de verdad quiero contarte pero ahora no creo que sea el momento. Por favor no lo tomes a mal.

—No, claro que no. Todos tenemos cosas que no hablamos abiertamente.

El alfa vio como el omega apretó el final de las mangas de la playera de rayas que traía. Y hablando de lo que vestía, no estaba nada mal.

Empezaron a hablar de ellos nuevamente, querían conocerse mejor.

De repente Mitsuki entró a la habitación con un poco de caldo para el alfa y una rica jícama rallada con limón y sal para Izuku. El rubio se quejó, era la segunda vez en el día que comía esa estupidez de caldo de pollo.

Pero muy dentro de él sabía que era una buena alimentación para el estado en el que se encontraba, cosa que le molestaba.

Aunque dejó de quejarse cuando el omega se ofreció a darle el caldo con una cuchara.

Después de un rato, llegó Masaru, el padre omega de Kacchan. Contrario a muchos omegas, él era más alto que Mitsuki, una alfa, pero más bajo que Katsuki.

A decir verdad, nunca había visto un omega tan alto.

—¿Entonces tú eres Izuku? —el omega peliverde asintió con la cabeza —¡Mucho gusto! Soy Masaru Bakugou, el padre de Katsuki.

—El gusto es mío, mi nombre es Izuku Midoriya, señor Bakugou.

—Por favor sólo dime Masaru, señor me hace sentir raro.

—Sí, Señor Masaru. D-digo, perdón Masaru.

Parecía que alrededor de ambos omegas había un aura resplandeciente como el de la virgen de Guadalupe que dejaba ciegos y enamorados a los dos alfas que estaban en la habitación.

Después de un poco de interacción, empezaron a hablar de asuntos importantes

—Izuku, sabemos que estabas ahí cuando atropellaron a nuestro hijo, quisiéramos saber si recuerdas la placa del auto que lo hizo.

—E-es que... yo, eh... realmente, bueno yo... estaba concentrado en... en otra cosa...

Katsuki se sorprendió un poco, Izuki bajó la mirada, Mitsuki rió divertida a carcajadas y Masaru rió bajito por la ternura que le daban. Todo esto mientras los más jóvenes se sonrojaban.

—Pe-pero puede que conozca a alguien que sepa

Izuku abrió su aplicación de notas donde había escrito todos los contactos de las personas que estuvieron con ellos y empezaron a marcar a cada uno por medio del teléfono de Mitsuki.

Después de una hora de marcar y escribir nombres de testigos y disponibilidad de horario en la libreta de tareas de Katsuki, su cuarto parecía estar tapizado con hojas cuadriculadas, donde sus padres e Izuku estaban en el centro de todo este desastre. Algunos les habían mandado fotos y videos para que fueran mandados al abogado.

—Sí, muchas gracias... Sí, le avisaremos cualquier cosa que pase, no se preocupe y nuevamente, muchas gracias.

Acababan de colgar el teléfono a la última persona que les había dado información.

—Bien, iré a pedir unas pizzas y más caldo de pollo para el demonio que está en la habitación.

—Cariño, no le digas así a nuestro hijo.

—¡Ja! ¡Toma eso, bruja!

—Katsuki, no trates mal a tu madre

—Tsk

—¡Ya lo oíste niño, no me trates mal!

Masaru negó con la cabeza y salió de la habitación para hacer una llamada a su amigo abogado, le pasaría los datos para que pudieran proceder con el caso.

—Tienes una familia...

—Rara como la mierda, sí

—No. La palabra es bonita, tu familia es bonita.

—Yo diría que es un poco fastidiosa.

El omega suspiró —Al menos los ves todos los días.

Katsuki se dió cuenta de lo que dijo —Deku, yo-

—No, está bien. A algunos nos tocó vivir así —A Izuku se le empezaron a salir las lágrimas. El alfa extendió sus brazos en su dirección, Deku dudó un poco pero al final se acomodó a su lado mientras Katsuki lo abrazó.

Podría sonar raro pero él se sentía muy cómodo con su Kacchan. Se conocían hace menos de un día pero se sentía protegido con él, como si fueran familia.

—Deku, podríamos decir que no te conozco, pero lo que he visto de ti es un omega jodidamente increíble que sabe un chingo y por lo que me dices, que no se rinde ante cualquier maldito obstáculo que se te atraviese — pensó.

El omega soltó más lágrimas que mojaban la camisa de Katsuki, el cual le estaba acariciando el cabello. En algún momento escucharon unas pisadas exageradas fuera de la habitación.

—Ya está el caldo de pollo de Katsuki —Dijo Masaru sin asomarse dentro de la recámara.

—Maldita sea —soltó Katsuki, provocando una risita por parte de Izuku ante lo que había dicho.

Luego de una agradable comida entre ellos cuatro donde Mitsuki se burlaba de su hijo y al final Izuku le dio una pequeña rebanada de pizza, el omega se despidió dándole un beso en la mejilla a Katsuki y huyó a su casa.

Izuku había disfrutado mucho ese día y esperaba que vinieran muchos más.

El Lunes en la mañana Izuku salió de su casa rezando por no presenciar nada raro, se había estado escribiendo con Katsuki el domingo entero, incluso había olvidado comer por estar hablándole.

Al llegar a la parada de camiones, donde empezaría su travesía, vio a Mitsuki parada fuera de su automóvil.

—¿Mitsuki? Buenos días

—Hola, corazón. Buenos días igual. Mi chamaco me dijo que entras temprano y él va a presentar una serie de exámenes esta semana para que sus profesores lo exenten por su pierna. Vamos a pasar por tu facultad en el camino, ¿subes?

El omega no podía creer lo que estaba escuchando, ¿lo decía en serio?

—Y antes de que lo preguntes, lo que digo es muy en serio.

Bueno, al parecer sí es en serio.

El omega subió al auto, esta vez no fue de copiloto, la rubia lo mandó a los asientos de atrás con el alfa.

Fue un viaje divertido. Alfa y omega iban cuchicheando para que no los escuchara Mitsuki. De vez en cuando Katsuki le hablaba de lo que veía en su carrera y ese día en específico necesitaba contarle a Izuku los órganos de algunos animales medianos, la rama de la veterinaria que había decidido estudiar.

A pesar de estar hablando de tripas, procedimientos quirúrjicos y órganos, Izuku no podía parar de admirar a Katsuki, siempre se veía apasionado cuando hablaba de lo que le gustaba. Y estaba algo familiarizado con el tema por sus trabajos en la sala de urgencias, asco ya no le podía dar.

—Ten un lindo día, Deku ¡Enséñale a todos lo chingón que eres!

Después de exámenes y clases, Katsuki lo invitó a una práctica en la facultad de veterinaria, donde conoció a un cordero con el que congenió muy bien y a un pequeño chihuahua con el que Katsuki parecía discutir todo el día, el cual parecía ser una versión suya en perro.

Y eso lo decía literal, estaba internado en la facultad de veterinaria porque tenía la misma pata rota que Kacchan. Una foto de ese encuentro, donde Katsuki le gruñía al chihuahua había sido el fondo de pantalla del omega desde ese entonces.

Con el pasar de los días ambos habían conocido a los amigos del otro. Al principio toda la bolita de amigos del alfa se la pasaban cantando como se pasaban chicles por la boca, luego Izuku se acostumbró y formó una bonita amistad con cada uno de los amigos del alfa.

En especial con un omega llamado Denki, la pareja del mejor amigo de Katsuki.

De hecho, ellos eran quienes lo habían alentado a mandarle su dirección al omega cuando dudaba de verse raro al hacerlo.

Por otra parte, Katsuki había entablado una amistad rara con Ochako donde se hablaban pasivo-agresivamente y se llevaba bien con Shoto.

En cuanto a la demanda, el abogado les había dicho que el conductor amargado ya estaba detenido por exceso de velocidad en una avenida muy importante. En ese momento corrieron a la alcaldía para meter la demanda, pasaron unas semanas donde se pusieron de acuerdo con testigos para que asistieran al juicio.

El veredicto final fue una multa y una indemnización que cubría todos los gastos médicos del afectado, dejando libre a la amenaza andante.

Decidieron dejarlo así y no pedir una revisión de su caso, al menos había pagado y con el sistema de justicia realmente no se podía pedir mucho.

Pasaron las semanas donde Izuku iba a ver a Katsuki regresando de la escuela, saliendo de vez en cuando e Izuku oliendo la envidia de otros omegas cuando paseaban por alguna de sus facultades.

A veces Izuku le mandaba frases de químicos por whatsapp como “Juguemos a que yo te oxido y tú me reduces” se las llegaba a decir en persona. De vez en cuando Katsuki le contestaba algo como “Me sacudes más que una mitocondria”, dejando sin palabras al omega ya saben, cosas de científicos enamorados.

Todo bien, sólo había un problema...

—Wey, ¿y el anillo pa’ cuando?

—¿Qué? ¡No digas mamadas, Kirishima!

—¿Pero qué tiene de malo, Bakubro? Izubro y tú ya se conocen desde hace dos meses, incluso mis jefes ya se enteraron que están ligando.

—No es tan sencillo como lo piensas

—¿Por qué?

—¿Y si realmente no soy una buena pareja para él? Desde que lo conocí yo soy el que se ha estado recargando en él. Sí, mi madre nos trae de vez en cuando pero siempre está cuidándome.

—¡Ahora tú no empieces con tus pendejadas, bro! ¿En serio crees que él seguiría a tu lado y te mandaría todos esos mensajes si pensara que no eres una buena pareja? Claro que te quiere, se quieren y se nota. No tengas miedo a hacerlo o alguien se va a comer tu comida.

Desde ese día Katsuki pensaba y pensaba una y otra vez cómo hacer la mejor puta declaración de toda la vida.

Izuku había exentado todos sus exámenes para no irse a finales dándoles mucho tiempo juntos, a excepción de cuando hacía sus prácticas en el intento de hospital en el que había vuelto a trabajar. Podría ser una buena oportunidad pero se acercaba el cumpleaños del omega.

Inko le había dicho que iban a cerrar unas calles e iban a traer unos inflables, mole con pollo, chicharrón en salsa verde, tinga de res y al DJ del edificio, invitando a todos los vecinos y a la familia. Además le contaba lo feliz que le hacía saber que Izuku iba a tener con quién bailar... aunque fuera poco y con mucho cuidado.

Un gran contraste a su cumpleaños, ya que corrió a sus amigos de su casa y luego su vieja lo jaló de las greñas para que comiera el pingüino con velas que le habían comprado los idiotas que se habían autodenominado sus amigos.

Unos días antes se encontraba sentado en el sillón de su casa viendo memes, ya tenía la costumbre de revisar la página de Facebook con la que se había entretenido durante su reposo obligatorio (que había evadido un poco).

Muchos de esos memes se los mandaba a su Deku en las mañanas para motivarlo un poco o por el simple hecho de mostrarle algo.

Estuvo deslizando hasta que vio algo que le había llamado la atención.

De repente su tío microbusero volvió a su mente con una idea.

La música del autonombrado DJ del edificio sonaba a través de bocinas de dudosa procedencia.

Denki, Kirishima y Shoto estaban parados al lado de la mesa del mole comiendo todo lo que pudieran mientras veían cómo Ochako y Mina robaban los dulces de la mesa de dulces.

Tenya y Tsuyu, otros dos amigos del omega, veían como todo esto pasaba en frente de ellos. No les generaba asco, simplemente no podían creer cómo se estaban descontrolando y aún no llevaban ni una hora ahí.

Deku estaba un poco desmotivado, su padre no iba a poder venir a su cumpleaños otra vez y su Kacchan lo había estado evitando un poco los últimos días.

Por su parte, Katsuki estaba nervioso, su mamá le había ayudado con todo y estaba segura que todo iba a salir bien. Inko había participado pero poquito, le emocionaba lo que estaba por pasarle a su cachorro pero su lado maternal siempre iba a estar ahí.

Los doctores le habían dicho que gracias a su genética de alfa, ya le era posible apoyarse en su pierna y por eso todo iba a salir bien.

Si sentía algo era la ansiedad que le había provocado toda esta situación.

Acabó la cumbia rebajada que estaban escuchando. Sintió como el corazón se le salía cuando esa canción empezó a sonar junto con su señal para acercarse a Deku:

“Askis, ja, ja, ja”

Buscó a Izuku con la mirada, estaba sentado junto con sus compañeros de urgencias hablando, viendo de reojo como muchas parejas corrían al centro de la pista improvisada con unas tablas de madera que se encontraron en un terreno baldío.

Pero desde ese día él ya no sería un espectador, así que cuando estuvo frente a él, lo llevó rápido pero cuidadosamente fuera de la fiesta.

“Tú eres mi amor

A quien yo quiero

Ilusión y luz

Amor sincero”

—Pero Kacchan, la fiesta es por allá

—¿No te gustaría ver lo que hay por allá, Deku?

“Solo pienso en ti

Verme en tus ojos

Solo pienso en ti

En mirar tu rostro”

Adelante de él había un microbús y la bicicleta destrozada de Katsuki estacionada a su lado.

Volteó a ver a Katsuki y él le estaba extendiendo la mano mientras le sonreía ¡Lo estaba invitando a bailar! Su aroma se hizo presente, haciendo que Katsuki lo aspirara sonoramente.

Izuku estalló por dentro con miles de emociones, sólo pudo extender la mano mientras temblaba y se sonrojaba de sobremanera.

“Te daré una rosa, la más bella

La más hermosa de las flores

La más graciosa, flor más bella

De mi jardín”

Katsuki no sabía bailar, pero Mitsuki le había ayudado a aprender lo básico. Recordando que no debía de lastimarse su pierna, estableciendo límites en los pasos cuando ensayaban.

“Te daré el sol, el mar, la luna

Y hasta una estrella, una sonrisa

Chiquilla linda

Yo te daré”

Alfa y omega se miraban a los ojos mientras bailaban. Katsuki se sentía como en un sueño, sentía el aroma del omega a su alrededor.

“Tú eres mi amor

A quien yo quiero

Ilusión y luz

Amor sincero”

Podía no ser un tango o un danzón lo que se escuchaba pero lo que sentían no se podía expresar con un tipo de música, con moverse a un ritmo agradable, para ellos era más que suficiente e Izuku se sentía encantado con cada detalle.

“Solo pienso en ti

Verme en tus ojos

Solo pienso en ti

En mirar tu rostro”

No había nadie más, sólo ellos dos admirándose.

Cada vez se iban acercando más y más, de repente todo había pasado a segundo plano. Podían sentir la respiración del otro justo en sus labios.

—Deku ¿Te gustaría ser mi novio?

—Sí

Y entonces, sus labios se juntaron.

“Te daré una rosa, la más bella

La más hermosa de las flores

La más graciosa, flor más bella

De mi jardín”

Ninguno sabía qué hacía, era el primer beso de ambos, fue torpe, tonto, lleno de tropiezos y raro.

Pero fue perfecto para ellos.

“Te daré el sol, el mar, la luna

Y hasta una estrella, una sonrisa

Chiquilla lindaYo te daré”

Y después de ese le siguió otro beso y otro. Cada uno más torpe y perfecto que el anterior.

“Te daré una rosa, la más bella

La más hermosa de las flores

La más graciosa, flor más bella

De mi jardín”

Se abrazaron y se mecieron ante el ritmo de la canción.

—Iremos a clases de baile cuando me cure, ¿oíste?

—Claro, Kacchan... Kacchan, gracias por haberte fracturado.

—No, Deku. Gracias por dejarme estar a una fractura de ti.

—Cuando quieras aquí estaré para hacerte más torniquetes.

Siguieron bailando como sus cuerpos podían, disfrutando, riendo. Ambos eran unos inexpertos en todo lo que hacían, pero lo hacían juntos y este sólo era el comienzo. Un comienzo un poco tonto, pero perfecto para ellos.

“Te daré el sol, el mar, la luna

Y hasta una estrella, una sonrisa

Chiquilla linda

Yo te daré”

Capítulos
1. Capítulo 1
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