Introducción
Las sombras se alargaban como serpientes en la oscuridad, y cada respiración de aquel hombre resonaba en su pecho como un tambor que late con gran rapidez. Con el rostro demacrado por el sudor, sus pasos eran ecos de una huida desesperada por aquel callejón vacío. Las calles desiertas, vacías por la hora.
Sus manos, temblorosas pero firmes, sujetaban el costado de su torso, donde la herida aún escurría una sangre espesa, haciendo el mayor esfuerzo de evitar empeorará al transcurso de su escape. Tras un inesperado tiro en su costilla, el dolor lo acechaba con un dolor inimaginable, pero en su mente no cabía más que la necesidad de avanzar lo más lejos posible. Sabía que atrás, no muy lejos, debido a su estado, la mafia enemiga lo buscaba, tras el choque entre ambos bandos. Y al ir detrás suyo, sería la perdición para su imperio.
Ya no importaban las razones, ni los pactos rotos, ni las promesas de un pasado que se desvanecía. Sus pies, cubiertos de barro y sangre, le dolían, pero el temor era un combustible que le daba fuerzas. La ciudad parecía haber cerrado sobre él, cada calle un laberinto del que no había salida. Pero en su pecho ardía un fuego inquebrantable, el instinto primitivo de supervivencia que lo empujaba hacia adelante, aun cuando el agotamiento lo consumía.
No era sólo un hombre herido, sino un hombre al borde del abismo, con la mirada fija en un horizonte invisible. La mafia, con su peso de poder y sombras, estaba cerca, demasiado cerca. Pero él también lo estaba. A su modo, con cada gota de sudor y sangre, se acercaba a la única verdad que podía salvarlo: escapar o morir, y ni siquiera él sabía si lo primero era posible.
Necesitaba encontrar un refugio, lo que fuera, un agujero en esa selva de concreto donde pudiera reagruparse. Sabía que el tiempo era uno de sus peores enemigos en ese momento. Al doblar una esquina, finalmente, aquel lugar estaba iluminado débilmente. Antes de continuar o siquiera acercarse, escuchó pasos rápidos detrás de él, entre jadeos y quejas debido al dolor en su torso, se escondió al costado de una pared, dejando que la oscuridad lo ocultara por completo, y los pasos pasaron de largo.
Suspiró, incorporándose para ir hacia la luz, pero se detuvo en seco. Un ruido quebró el silencio. Un leve crujido, como el sonido de una vieja madera cediendo bajo el peso de algo pesado. Los ojos del hombre se fijaron en la penumbra, su cuerpo tenso, listo para moverse en cualquier dirección. Pero no era la mafia para su suerte.
Una figura se materializó entre las sombras que se acercaba. Debido a otro paso, perdió el equilibrio, cayendo inconsciente al helado y duro suelo, perdiendo el conocimiento.
Narra In-ho
El tiempo se me había ido volando, normalmente estaba horas al día en las salas de estudio en la universidad, y en eso de las 2 a. m. regresaba a mi casa. Que milagrosamente para lo que estarían acostumbrados, era de un tamaño razonable, ya que tenía todas mis comodidades, era el único en vivir en ella, así que estaba bien.
Al salir del edificio de la Universidad, me cubrí con mi chaqueta, subiendo mis lentes con la yema de mi dedo índice, me cubrí y acomodé el resto de libros entre mis brazos, estuve un buen rato caminando entre las vacías y silenciosas calles, era de esperarse, ante el silencio, solo resonaban mis zapatos contra el suelo.
Estaba tan centrado en mis pensamientos, que al estar a pocos metros de mi hogar me detuve en seco, parpadeé un par de veces al divisar algo en el suelo tras un ruido sordo, de algo pesado caer. Al acercarme, evidentemente había algo tirado, echando unos pasos atrás, miré a mis lados, un poco aterrorizado.
Tragué saliva y me debatí a mí mismo si era correcto acercarme. Y al final lo hice, que ante aquello, finalmente divisé que era una persona. Lo correcto... sería quizás hablarle a la policía... o a emergencias, ya que claro, no es algo normal que alguien esté en el suelo... o quizás estaba muerto. Removí mi cabeza al pensar en eso, que instintivamente me incliné, acercándome lo suficiente para verificar que aún respiraba, y era así.
Suspiré aliviado, llevé mi mano a mi bolsillo, tecleando el número de emergencias, pero al acercarlo a mi oreja, escuchando a la operadora detrás de ma linea, colgué.
No sé por qué, moralmente tenía que, pero aún así quizás suene egoísta, esto no pasaba a diario, dejé caer mis cosas y mi mochila al suelo y me acerqué al cuerpo en el suelo, inclinándome para cargarlo, que al menos no estaba tan pesado como creí.
Al estar inconsciente, lo cargué en brazos, apenas percibiendo el líquido rojo que empapaba su camisa blanca de vestir. Ahora con más presión, me acerqué a la puerta de mi casa, abriéndola con torpeza, al aún tener a aquel desconocido en mis brazos, y entré, dispuesto a ayudarlo.
Mi instinto de alfa se despertó, y sentí el impulso de proteger y cuidar a este hombre, aun si era un completo desconcoido. Mi nariz captó su aroma, una mezcla de sudor y sangre, pero también algo más... algo que me hizo sentir una conexión instintiva con él, a simple vista parecía otro alfa, pero lo que sería su olor natural era ocupado por los otros fluidos.
Lo llevé a mi habitación, y lo coloqué sobre mi cama. Me apresuré a limpiar su herida y vendarla lo mejor que pude. Mientras trabajaba, no pude evitar preguntarme quién era este hombre, y qué lo había llevado a estar a metros puerta en ese momento.
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NOTE
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Primero que nada, buenas. Segundo, esto es mas una introduccion antes de seguir con la historia Y saber si quieren que la siga, porque aun ando en duda sin hacerla o no, porque la sigo desarrollando, pero en fin, espero les guste. ♡
Ahi nos vidrios, se la lavan.








