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Two Shots: Un Demonio Me Encontró [Kamado/HashibiraxTú] [KimetsuNoYaiba]

Sinopsis

En la actualidad, los demonios existen y algunos buscan más que aprovecharse de los humanos.

Estado:
Completado
Capítulos:
2
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

Tanjiro Kamado

Yo me encontraba lista y arreglada para salir, faltaban unos minutos para medianoche y me miré una última vez en el espejo. Salí de mi apartamento y lo dejé con llave, ví mi celular a la vez que me dirigía al ascensor con el fin de pedir un taxi. Iba a reunirme con mis dos amigas, íbamos a bailar en nuestra discoteca preferida y me sentía muy entusiasmada. Sonreí ampliamente, ya caminando afuera del edificio y tomé el auto que me habían designado. Acomodándome en el asiento trasero, suspiré hondo, finalmente podía ser feliz.

Mi pasión era el baile pero mis padres, ellos debían entrometerse y estropearlo todo. A sus ojos, bailar no era un verdadero empleo y tampoco tenía valor alguno, para ellos la danza no era más que un movimiento coordinado del cuerpo. Me presionaron para trabajar como Secretaria de Gerencia, algo que no me gustaba para nada. No obstante, justo en ese momento, mi única manera de sentirme viva y de desahogarme, era bailando en la discoteca con mis amigas.

En cosa de minutos llegué a reunirme con Hinata y Mirai, ellas se encontraban tan alegres como yo. Hicimos la fila al Melodia No Bar y en cuanto entramos, la noche se sentía normal pero me daba una vibra a que algo más estaba ocurriendo. Las mismas luces coloridas de siempre encima de la oscuridad y los focos fluorescentes, el ligero humo mezclado con el aire de los ventiladores y ese aroma habitual a incienso, todo permanecía como usualmente en una noche en ese lugar. Sin embargo, podía percibir el peso de una intensa mirada sobre mí, entre la gente.

Fuimos por unos tragos y luego a bailar, más aquél sentimiento de que alguien me miraba fijamente no me dejaba. Moví mi cuerpo al son de la música de todas formas y pese a que no importaba hacia dónde mirara, no era capaz de notar quién mantenía sus ojos sobre mí. Un par de horas pasaron, seguí bailando, riendo y hablando con mis amigas hasta que en un momento, decidimos ir al baño.

Perdí a mis amigas a la salida, y ya a esa hora, el Melodia No Bar se hallaba lleno. Me fastidié y me dispuse a ignorar por un instante ese sentimiento extraño, a fin de concentrarme y encontrar a mis amigas. Fui hacia la barra y encontré un asiento, tomando mi celular de mi bolso para luego dejarlo ahí. ¿Qué sentido tenía llamarlas con la música a ese volumen? En fin.

Me quedé observando entre la gente en la pista de baile y alrededor, y otra vez esa rara sensación ahí, aunque más intensa. Permanecí quieta, concentrándome completamente en detectar de dónde podía venir esa fuerte mirada. Entonces, una voz varonil a mi lado me sacó de mis pensamientos repentinamente.

—Tal parece que te dejaron sola —dijo, y mi mirada se atrajo al dueño de esa voz como un imán.

¡Esa era la intensa mirada que percibía en mí! ¡Esos eran los ojos que me habían estado observando! No dije nada por unos segundos, sentía como si el rojo carmesí de sus ojos le clavara un puñal a mi corazón. Yo jamás había visto un demonio, pero recordé… que había escuchado hablar a mamá sobre algunas características de… los demonios… “Mirada intensa y penetrante” era una de ellas así como… “belleza cautivante”. Mis ojos no podían parar de apreciar lo atractivo que era, su cabello rojo oscuro cayendo revuelto sobre sus hombros, sus aretes de hanafuda y esa peculiar marca rojiza en uno de los costados de su frente. Vestía una remera blanca ajustada, la que permitía divisar su pecho, hombros y brazos trabajados, junto a un par de jeans, también ajustados. Qué guapo y qué misterioso, parecía tener unos treinta años. No quise quedar como una tonta, así que me apresuré a contestar con actitud relajada y una pequeña sonrisa.

—Así parece. Es que no me apetece bailar con chicos esta noche —dije, y él me devolvió la sonrisa. Comencé a notar que su presencia era tan potente como su mirada, ese chico no era humano y no resistí la pregunta—: ¿Quién eres? No te había visto antes en esta discoteca.

—Ah, yo a ti, sí. Vienes todos los fines de semana, ¿no es así? —preguntó él, acentuando su sonrisa y acercándose a mí. No pude evitar mi sonrojo, pese a que si me fue posible esconder lo nerviosa que me puso su proximidad.

—Sí. Tú también vienes seguido, entonces —contesté, manteniendo mi mirada conectada a la suya.

—Vengo cada fin de semana desde que te ví.

Mi corazón palpitó veloz ante su confesión, el rojo imponente de sus ojos me hipnotizó y simplemente no podía dejar de contemplarlo. ¿Era real que un hombre como él había ido a ese lugar varias veces con el solo objetivo de verme?... Un hombre como él,... que entregaba esa impresión de… ser un demonio.

—¿Cuál es tu nombre? Disculpa, es que tu aura es como la de un… —traté de explicar, a lo que él me interrumpió deliberadamente.

—¿Un demonio? —indagó él y soltó una pequeña risa. Me vi sorprendida, mas no me dio miedo, pese a que los latidos de mi corazón de dispararon. Ya se venía hablando hace meses en los medios de comunicación y redes sociales de la existencia de tales seres. Esperé a que confirmara mi sospecha y agregó—: Qué observadora eres. Aunque yo te he observado más a ti, ¿sabes?

—¿En serio? –pregunté, un poco más nerviosa y él asintió. Mis mejillas ardieron—. Y cuéntame, ¿qué ves?

—Bueno, pues… veo que no eres completamente feliz. Hay algo que frena esa alegría en tus ojos —dijo el atractivo demonio, con expresión seria y serena. Miré al suelo, un poco triste. Recordé todo el conflicto con mis padres en torno a mi sueño de bailar y me pregunté cómo un demonio sería capaz de deducir tanto de mí con solo verme.

—Vamos, dime cómo te llamas —insistí interesada, al regresar mis ojos hacia él.

—Tanjiro. Lo siento si fui demasiado entrometido.

Sonreí ampliamente, al fin sabía su nombre.

—Yo me llamo T/N. Y no te preocupes, es que me sorprendiste porque es como si nadie…

—Como si nadie te prestara suficiente atención, ¿cierto? —dijo Tanjiro y nuevamente me impresionó.

Cuán cierto era, mis padres no me escuchaban en lo más mínimo y menos aún tomaban en cuenta mis pensamientos y sentimientos. Tal vez inconscientemente, buscaba a alguien que se preocupara por mí y por lo que tuviera que decir. Solo asentí y mantuvimos nuestras sonrisas.

—Me estás intrigando mucho,… Tanjiro —dije, el rojo penetrante de su mirada me llamaba a aproximarme más.

—¿Y eso es malo?

Reí un poco. No quería ser demasiado obvia al respecto de cuánto me atraía, pero ¡qué ganas de conocerlo más y de…!

—Mmm no lo sé —respondí. Las posibilidades en torno al enigmático demonio se arremolinaban en mi mente.

—¿Te puedo invitar un trago? —preguntó Tanjiro con voz ronca, su sonrisa se volvió seductora y no resistí aceptar.

En compañía del sabor suave del alcohol, no demoré en verme envuelta en una interesante conversación con él. No solo mis preocupaciones y problemas se fueron esfumando, sino que hasta me había olvidado de que mis amigas debían andar por ahí. Le compartí algunas cosas de mi vida personal y él me compartió cosas de la suya y la verdad, hablar con él fue algo revelador.

Yo había pasado mi vida casi completa tratando de complacer a mis padres y a los demás para encajar. Siempre buscando aprobación y validación, trabajando donde no quería para llenar expectativas que no son mías. Me sentía atrapada en una vida que en el fondo no me pertenecía, la cual estaba reprimiendo mi deseo de seguir mi pasión. Y Tanjiro, ¡Dios! En la vida pensé que un demonio podría mostrarse empático con una mujer como yo. Entendía mi infelicidad, tal vez por esa lucha que él me explicaba que había llevado hasta ese momento, haciendo lo posible por coexistir con nosotros, los humanos. Se veía cansado de estar solo y aislado a causa de su condición, parecía como si incluso buscara ser aceptado. ¿Podía ser que teníamos más en común de lo que yo podía imaginarme? Lo cierto era, que sentía una inexplicable conexión que no me alejaba para nada. Al contrario…

Luego de un par de bebidas, nos desviamos a otros temas más triviales y él me invitó a bailar. Dije inmediatamente que sí y me tomó de la mano para llevarme a la pista, su piel se sentía cálida. Me puse nerviosa, la fiesta estaba en su punto más alto y había mucha gente. Tanjiro eligió un lugar y obligadamente, quedamos bastante cerca el uno del otro. Y no sabía si pensar “qué rico” o “qué miedo”. Mi cuerpo a un par de centímetros del suyo y en un principio, no pude mirarlo a la cara. Simplemente comencé a bailar como él lo hizo, mas su mirada se percibía mucho más pesada sobre mí. Su perfume se notaba más y de reojo veía que bailaba muy bien. ¡Ay, Dios! Sin mentir, ya estaba empezando a pedirle ayuda de veras…

Quería verlo de frente, sabía que algo estaba apunto de pasar y repentinamente, una de las manos de Tanjiro se posó sobre la mía para llevarla a su pecho. Mis ojos no resistieron conectar con los suyos, a la vez que me daba cuenta de que no tenía palpitar. Él me miraba serio y sexy, como llamándome y su otra mano me agarró de la cintura con el fin de acercarme más a él. Mi respiración se aceleró tanto como los latidos de mi corazón, nuestras ropas ya se rozaban y su mano libre me tomó del mentón. En un segundo cerré los ojos, la música y el ruido de la fiesta se apagó en cuanto su boca me besó. Qué rico y qué sensual, sus labios y su lengua… Me aproximé más y entrelacé mis dedos en su cabello, apretando mi cuerpo contra él y profundizando el beso. Él se atrevió a estrujar una de mis nalgas y resistí un jadeo, pues… uy, no sabía si era mi imaginación, pero “eso” se notaba grande y… yo ya estaba comenzando a mojarme…

Tanjiro cortó el beso, con el fin de llevar su boca a mi oído.

—¿Vienes conmigo a mi apartamento? —murmuró, sensual.

Lo siento, no iba a decir que no y sonreí mordiéndome el labio inferior.

—Sí —susurré en su oído, coqueta.

Él volvió a tomarme de la mano y me arrastró entre la gente hacia fuera del Melodia No Bar.

Tomamos un taxi y camino hacia el apartamento de Tanjiro, nos besamos suave y profundamente. Luego, él me hizo un gesto para guardar silencio mientras sonreía travieso y se sentaba en paz. Yo le sonreí coqueta y miré por la ventana, hasta que sentí la mano del demonio a mi lado desabrochando mis pantalones. Mis ojos miraron sus dedos alcanzando mi tanga para deslizarse por debajo y yo abrí más mis piernas, facilitándole el acceso a mi vagina mojada. Volví a mirarlo, conectando con su intensa mirada rojiza, y me mordí el labio inferior otra vez, callando el placer que me provocaba sentir sus dedos tocando la humedad de mis plieques y lo hinchado que estaba mi clítoris. Él me miraba deseoso de arriba abajo con una sonrisa maliciosa, sus ojos parecieron brillar más rojos y sus colmillos crecieron un poco, afilados.

Nuevamente, él se me acercó con el fin de susurrar en mi oído.

—Ssshh no hagas ruido. El conductor te puede escuchar —dijo, con voz ronca, mientras sus dedos tocaban mi clítoris en círculos.

Se alejó para quedar en su lugar, yo sentía que iba a acabar en cualquier momento. Tanjiro movió su boca como murmurando: ”Buena chica”. Yo cerré mis ojos conteniendo mis gemidos y bajé el rostro, escondiendo mi expresión de total deleite. El orgasmo estaba apunto de llegar a mí y me tapé la boca en cuanto golpeó mi alma y mi cuerpo.

—Ya llegamos —la voz del conductor del taxi me hizo poner los pies en la tierra en cuanto mi clímax terminó y él quitó su mano de mi entrepierna con cuidado. Lo miré y pagó el taxi para luego abrir la puerta y bajar, ayudándome a salir del auto también.

Entramos al condominio, estaba ubicado en un barrio acomodado y se veía que eran apartamentos costosos, de siete pisos cada uno. Subimos al tercer piso en el ascensor de uno de los edificios y nos apresuramos al C-33. Él abrió la puerta con una tarjeta rápidamente y al fin estuvimos encerrados. Me di la vuelta hacia él y él se abalanzó sobre mí, besándome apasionadamente. Mi lengua fue al encuentro de la suya mientras respondía a su beso, entrelazando mis dedos en su cabello. Percibí las manos grandes y masculinas de Tanjiro tomándome de la cintura con el fin de pegarme contra él. Sus músculos me envolvieron y pude sentir su gran erección al chocar conmigo. Me hizo girar y me empujó hasta que mi espalda tocó la puerta. Detuvo el beso y sus ojos rojos volvieron a penetrar los míos con un brillo aún más acentuado, miré sus labios entreabiertos y sus colmillos crecieron afilados como cuchillos. Me asusté y al mismo tiempo, mi excitación pareció aumentar.

—Tanjiro,… tus colmillos… —Le susurré, coqueta y mis ojos regresaron a hacer contacto con su mirada.

—No te preocupes, déjalo en mis manos —murmuró él, lamiéndolos y brindándome una sensación de seguridad.

Llevó sus manos a mi ropa y me ayudó a quitarla, los dos jadeábamos deseosos. Entonces, quedé en lencería frente a él, quien me miró como si tuviera hambre de mí. Uuuff, cada vez me mojaba más.

—Hermosa… Pero déjate eso… Luego te lo quitaré todo —gruñó sexy, y hechó un vistazo a mi escote. Bajó los tirantes de mi brasier y se inclinó para chupar mis pezones ya duros cuidadosamente a la vez que se quitaba toda la ropa. Gemí, acariciando su cabello y manteniendo su rostro en mis senos, viendo su cuerpo desnudo y su impresionante erección. Volvió a besarme apasionadamente y me tomó otra vez de la cintura para arrastrarme a una de las paredes del recibidor. Entonces, me volteó y presionó su cuerpo contra el mío. Su verga muy dura bajo su pantalón.— En el taxi ya estabas mojada,… T/N…

Apoyé mis manos en la pared y mirándolo hacia atrás de reojo, lo ayudé a entrar en mí con mi mano. Tanjiro hizo mi tanga a un lado y se posicionó en mi entrada, arremetiendo hasta llenarme completamente, qué delicioso se sentía.

—Dios… —gemí de nuevo y comenzó a mover sus caderas lentamente, entrando y saliendo húmedo de mí.

—Ah, qué suave —murmuró Tanjiro en mi oído con voz ronca entre gemidos, a la vez que afirmaba mi tanga y acariciaba mis nalgas.

—Tanjiro… Qué grande y qué dura la tienes…

—¿Sí? ¿Te gusta eso? —dijo y tomó mi cabello, jalándolo con fuerza. Me embistió más rápido, mi coño lo recibía hasta el último centímetro y nuestros gemidos se mezclaron así como nuestros cuerpos.

Su erección tocaba el fondo de mi útero y de mi alma, y pronto pude darme cuenta de que mi éxtasis comenzaba a nacer en mi vagina. El volumen de mis gemidos subió mientras escuchaba los gruñidos de Tanjiro en mi oído, cuando me corrí sobre su gran erección. Sus brazos rodearon mi cintura con fuerza, a la vez que las últimas olas de placer me recorrían. Respiré rápido al recuperar mi aliento y él me besó en la mejilla, saliendo suavemente de mí. Me hizo voltear otra vez, tomándome de la mano.

Fuimos al sofá y él se sentó, permitiéndome ver su verga dura todavía latente.

—Quítate la lencería y siéntate encima de mí, cariño —dijo con voz ronca, lamiendo sus colmillos otra vez, sus ojos rojos llenos de deseo por mí. Heché otro vistazo a su masculinidad y negué con la cabeza, arrodillándome entre sus piernas. Tenía que chupar eso y lo tomé con una mano, empezando a masturbarlo con el fin de lamer su punta. Un gruñido se escapó de sus labios—. Uuuff sí…

Tomó mi cabello y cerré los ojos al tiempo que lo metía en mi boca completamente, y comencé a escuchar sus gemidos varoniles. Me jaló del pelo mientras yo se lo chupaba, era tan grande que apenas cabía en mi boca. Estuve disfrutando de lo suave y caliente que era hasta que resolví parar.

Miré a Tanjiro, el deseo apoderándose de mí al tiempo que su intensa mirada rojiza se posaba sobre mí y lamió sus colmillos nuevamente. Me apresuré a sentarme sobre sus caderas, abriendo mis piernas para él. Lo ayudé a entrar en mí frotando su gran erección y él me sostenía de las caderas, guiándome para sentarme en él completamente. Gemí y lo hice gruñir, su verga llegaba hasta el último lugar de mi interior y de mi corazón. Cruzamos una mirada de deseo y conexión, como si nuestras almas estuvieran tocándose también.

—Oh, sí —murmuré, moviendo mis caderas lenta y sensualmente.

—T/N —dijo él, deseoso y me besó. Respondí a su beso, tomando su rostro y él susurró sobre mis labios—. Te mueves muy rico… Ve más rápido...

Llevé mi espalda un poco hacia atrás y aumenté la velocidad del vaivén de mis caderas, haciéndonos gemir juntos. El demonio debajo de mí me tomó de la cintura y miró mis senos rebotar, tomando uno de ellos para chupar mi pezón. Dios mío, ese debía ser el cielo… y parecía haber escondido sus colmillos porque no los sentía. Puse mis manos en sus hombros, afirmándome con fuerza mientras me sentaba más fuerte sobre Tanjiro. Entre gemidos, él volvió a mirarme aún con su cara entre mis tetas y ahí estaba otra vez… ese lazo que parecía unirnos dentro de todo ese placer inevitablemente.

—Eres hermoso —dije en voz baja, acariciando su rostro. Él sonrió seductor.

—Tú eres lo más hermoso que he visto —respondió él, con voz ronca.

En un par de segundos, me dejé ir en el orgasmo a la vez que podía sentirlo a él corriéndose dentro de mi vagina, llenándola por completo. Gritamos de placer, temblando y besándonos apasionadamente. Entonces, su boca húmeda se deslizó con besos hacia mi cuello, cuando repentinamente, sentí sus colmillos hincando fuerte. Un pequeño dolor golpeó mi alma, mas el placer que causó en mí esa sensación junto a su boca succionando mi sangre fue más grande y gemí suavemente, era casi como sentir que iba a tener otro orgasmo.

—Aaahh… Tanjiro… —murmuré, placenteramente.

—¿Estás bien? —dijo él, sus labios aún sobre mi cuello. Lo lamió gentil, dándole besos húmedos. Suspiré hondo, recuperando mi aliento.

—Sí… Solo que pensé que si me morderías, me dolería mucho —dije y él levantó su rostro hacia mí. Nuestras miradas mezclándose otra vez. Sonrió, sus colmillos habían vuelto a la normalidad.

—Ahora tus ojos brillan más… de felicidad —susurró.

Reí un poco y el demonio debajo de mí acarició mi rostro. Volví a suspirar, y ya no había nada que hacer. Desde ese momento, yo le pertenecía a Tanjiro.

Capítulos
1. Tanjiro Kamado
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