Prólogo
Me llamo Adrián Jesús Lascuráin O’Brien. Nací en República Dominicana, aunque apenas conservo recuerdos de mi vida allí, porque me mudé a España siendo muy pequeño.
Mi padre, Jesús Lascuráin, era un hombre arrogante y ambicioso, dueño de una multinacional.
Mi madre era Adriana O’Brien una de las actrices mejores pagadas de Hollywood.
A pesar de que me tuvieron muy jóvenes y su adicción al trabajo, crecí rodeado de lujos: ropa de marca, juguetes, una habitación enorme, un futbolín e incluso una cama elástica. Tenía todo lo que un niño podría desear... excepto lo único que realmente anhelaba: pasar tiempo con ellos.
Fueron los sirvientes quienes me criaron, quienes se ocuparon de mí la mayor parte del tiempo.
Tampoco fui al colegio como un niño normal; mi educación tuvo lugar en casa, con
los mejores profesores. Los pocos amigos que tuve solo estaban allí porque sus padres compartían negocios con los míos.
No puedo decir que mi infancia fuera un infierno, pero tampoco fue la soñada.
Tuve varias relaciones, pero ninguna funcionó. Hasta que, después de la tormenta, llegó la calma.
Conocí al amor de mi vida: una chica bajita, rubia, de ojos azules, que venía de una familia de clase media. Me casé con ella, tuvimos hijos y, por fin, conseguí lo que siempre había querido, lejos de la fama y del dinero.
Pero ser adulto no es fácil. Cuando eres niño, no te das cuenta de lo que significa. Y aunque mi vida con ella me hizo feliz, también tuve que enfrentarme a los problemas de la adultez y a los desafíos de ser padre.
Nuestra historia no acaba ahí. Porque si terminara ahí, no habría historia que contar.
Y ha llegado el momento de conocerla.