You Change My World, OS Larry Stylinson

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Sinopsis

Louis es un chico que disfruta de su sexualidad sin compromisos; Harry está saliendo de una relación y no sabe como no involucrar sus sentimientos. Eso cambiará cuando se conozcan de una manera diferente y la vida les muestre que de alguna manera están conectados. OS corto, sin smut, Louis Top/ Harry Bottom.

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Conocerte lo cambió todo


—Sí... Sí... Así.

Besos profundos, caricias necesitadas y gemidos ahogados se escuchaban en algún cubículo del baño de hombres, en un bar cualquiera de Manchester.

—Eso estuvo increíble, gracias, nos vemos, —dijo, a modo de despedida, Louis, después de quitarse el condón y mientras se acomodaba la ropa.

Salió a lavarse las manos y luego desapareció.

Harry en cambio, se sentó unos minutos sobre la taza del baño, esperando que su agitado corazón bombardeara sangre con mayor tranquilidad. Eso había estado intenso, realmente intenso.

Hace un par de semanas había terminado una relación de un año que, pensaba,eraintensa. Estaba descubriendo que se había equivocado. Ni antes ni después de su relación con Darren había tenido sexo casual, pero esa noche se sentía en especial solo. Acostado en su cama intentaba masturbarse, pero la soledad lo aplastaba, y cerca de las once de la noche decidió salir a tomar algo y despejarse después de una semana caótica.

Trabajaba en una centro médico, era odontólogo, y al mismo tiempo estudiaba una especialidad, por lo que su tiempo era bastante reducido. El fin de semana lo dedicaba a Darren y a estudiar, y ahora le sobraba tiempo. La primera semana fue más difícil, ahora lentamente se hacía la idea de que su relación se había terminado. Se llevaban increíblemente bien, el sexo era más que bueno (o eso pensaba), pero todo se fue al carajo cuando en un acto que jamás vio venir, su novio en medio de una discusión estúpida, le pegó una cachetada. Darren se deshizo en disculpas, juró por lo más preciado que tenia, que era su madre, que jamás volvería a suceder, y Harry casi le cree, hasta que escuchó las palabras “tú tienes la culpa por no entender”. Y aunque fueron dichas en medio de una escondida dulzura, las alarmas en la cabeza de Harry ya estaban encendidas. Sacó todo lo que tenía en el departamento de Darren y simplemente se fue.

Agradecía que no vivían juntos, aunque Darren había insistido demasiado en hacerlo, Harry no se sentía preparado, sentía que llevaban demasiado poco tiempo, y que gran parte de su relación estaba basada y centrada en el sexo.

Cuando llegó esa noche al bar de la avenida Hilton, sus planes eran solo tomar una cerveza fría, y luego volver a estudiar un poco. No se imaginaba que frente a él en la barra, se encontraría con unos hermosos ojos azules que lo miraban con interés. Se puso nervioso, no sabía coquetear, menos buscar algo más con un extraño, aunque este extraño fuera de los hombres más atractivos que hubiera visto. Se dedicó a beber su cerveza y a mirar a su alrededor, tranquilamente, evitando a toda costa hacer contacto visual con el chico guapo que, podía sentir, lo miraba descaradamente.

Una vez que terminó su primera cerveza, pidió una segunda, porque estaba realmente deliciosa, fría a una temperatura perfecta y amarga en el punto justo. Llevaba el primer sorbo, cuando una voz a su lado lo hizo sobresaltar.

—¿Cómo estás?

—Hola, —saludó Harry, intentando que no se notara su nerviosismo. Quizás este chico solo quería su número de teléfono.

—¿Por qué tan solo?

—Solo vine por una cerveza, ¿tú?

—Buscando algo de acción, sí me entiendes...

—Lo hago, espero que tengas suerte.

—Eso depende de ti, —contestó, evitando sonreír. Le pareció muy dulce la respuesta que escuchó. —Me llamo Louis.

—Soy Harry, y no sé cómo podría ayudarte.

—Podrías acompañarme al baño... Pasar un buen rato.

—Creo que no, no es lo que busco. Termino mi cerveza y me voy, lo siento.

Pero Louis no estaba dispuesto a recibir una negativa. —¿Qué puedes perder? Si no gusta simplemente lo olvidas, pero te aseguro que podemos pasarla muy bien.

En ese preciso momento, Harry vio entrar a Darren de la mano de un tipo mucho mayor, y ya fuera por rabia o por simple estupidez, decidió que se merecía un poco de diversión.

—¿En el baño, entonces? —Preguntó decidido.

—Perfecto.

Caminaron como cualquier persona al baño, que tenía algunos cubículos ocupados, pero no les importó. Entraron al que estaba más al fondo, y apenas se cerró la puerta, Louis besó a Harry con tanto ímpetu que casi rompe su labio. Lo siguiente fue frotarse con ganas, ya estaban acalorados y excitados, todo parecía perfecto y natural entre ellos. Rápidamente bajaron sus pantalones, tocándose por encima de la ropa interior, mientras no dejaban de besarse, y la saliva se deslizaba suave por las comisuras de sus labios. Pronto la necesidad creció y al mismo tiempo deslizaron sus bóxers hacia sus rodillas y más abajo. Louis dejó los labios de Harry y mirándolo como jamás miró a otro hombre, lo giró. Buscó rápido en sus bolsillos un condón y sin demora se lo colocó. Llenó de saliva sus dedos y lo preparó, increíblemente, con mucho cuidado, pasando a acariciar todo a su paso.

Harry con su rostro pegado en la fría pared, mordía su mano para no gemir desesperado. Las cosas se habían salido de control, no esperaba llegar a donde estaban tan rápido, pero no se arrepentía. Necesitaba ya sentir a su atractivo acompañante.

Louis apenas supo que Harry estaba listo, y lo supo por el temblor en su cuerpo, comenzó a penetrarlo, mientras besaba su cuello y mordía su nuca, y sus manos lo tocaban por todos lados. Fueron unos minutos, quizás tres, quizás cinco o siete, ninguno podría asegurarlo porque perdieron la noción del tiempo y del espacio, de las formas y el sonido, de los sentidos y la realidad.

—Sí... Sí... Así... —susurraba Harry, lo más despacio que podía.

Pero todo tiene su final, y ese maravilloso momento acabó, también con ellos. La despedida no fue como lo hubiesen querido, pero tampoco podía ser de otra manera y lo entendían, aunque dejaron un pedacito de ellos en ese baño del bar.

Harry estaba gratamente sorprendido. Nunca se sintió así con Darren, ni con otro de sus novios. Todo siempre era mucho más regular, más normal si se quiere, más tradicional. No sabía cuánto le gustaba esa posición hasta ese momento, imaginaba las demás que nunca pudo probar y se estremecía.

Louis por su lado, salió rápido del baño y del bar. Las cosas no debían salir así, y se iba a arrepentir, estaba seguro. Lo que había hecho en ese lugar, era algo común para él, algo de casi cada fin de semana. Le gustaba el sexo, mucho, y más aún, el sexo rápido y sin compromisos, sin juegos, sin caricias, sin explicaciones ni reclamos. ¿Por qué estaba arrepentido? Porque por primera vez y como jamás esperó que pasara, le había gustado Harry. Le gustó en todos los sentidos, absolutamente en todos. Se enamoró de sus ojos verdes, de sus labios suaves, de su cuerpo que reaccionó a él, de sus ahogados gemidos, de su primera negativa a acompañarlo, de su voz, de su manera de beber esa cerveza, y sobre todo, de lo que lo hizo sentir; porque Harry le despertó algo que no conocía, algo nuevo y diferente, algo especial, algo que evocaba pasión y ternura a la vez, algo cursi y real, algo que era más de lo que podía soportar. Por eso escapó, en vez de haberlo conocido mejor, de quizás haber repetido otro día, era mejor escapar.

Una vez que Harry se recompuso, salió y lavó sus manos y su cara. Tenía pequeñas marcas en su cuello, y eso lo hizo sonreír. Volvió a la barra por su cerveza, con tan mala suerte que en el lugar donde estaba Louis antes, ahora estaba su ex, mirándolo.

No hizo caso, y se bebió hasta la última gota, sonriendo. Estaba feliz sin saber muy bien por qué. No se dio cuenta del momento en el que Darren llegó a su lado.

—Hola... —Saludó con algo de timidez.

—Ah, hola.

—¿Cómo estás?

—Excelente, ¿tú?

—Te extraño.

—Qué pena por ti, deberías buscar a alguien como... Mmm, como él, —dijo mostrando al tipo con el que había entrado su ex al bar. —Se veían muy bien.

—¿Estás celoso? —dijo Darren, sonriendo.

—No, para nada, te lo digo super en serio. Créeme que jamás volvería contigo ni te buscaría, no después de esta noche.

—¿Pasó algo esta noche? —Preguntó ahora muy serio.

—Algo muy bueno, pero que no me interesa compartir contigo. Que estés muy bien, debo irme, ¡adiós!

Harry salió casi flotando del lugar, directo a su pequeño departamento. En vez de estudiar, se durmió apenas puso la cabeza en la almohada.

Despertó de excelente humor, y se preparó un buen desayuno. Después se dedicó tiempo, como nunca lo había hecho. Acostado en su cama, se tocó. Se tocó por todas partes, despacio, descubriendo sus partes más sensibles y disfrutándose. Se masturbó pensando en Louis y se sorprendió de la intensidad de su orgasmo. Aunque no lo volviera a ver jamás, le iba a estar siempre agradecido de enseñarle cómo debería sentirse el sexo.

El resto del día se dedicó a estudiar, era sábado, podía relajarse un poco más. Esa noche, decidió volver a salir. ¿Tenía la secreta esperanza de ver de nuevo a Louis? Sí, pero si no se encontraban estaba bien. Era muy consciente que lo que para él había sido más que increíble, para Louis pudo ser solo un polvo más.

Se bañó y se puso unos jeans sueltos, una sudadera azul y un poco de perfume. Era todo lo que necesitaba, se sentía demasiado bien. Pasadas las diez de la noche salió rumbo al mismo bar de la noche anterior. Se sentó en el mismo lugar y pidió una cerveza.

Estaba empezando la segunda, cuando vio a Louis. Sus miradas se encontraron por unos segundos y brillaron. Sin embargo, Louis no se acercó, y Harry lo vio seguir al baño con un bonito chico de mirada triste.

¿Le molestó? Para nada, simplemente envidiaba al hombre de turno, quería volver a sentir a Louis en su interior, o en realidad, en cualquier parte de su cuerpo. Se dedicó a beber otra cerveza y luego se fue.

Louis, por su lado, se había emocionado al ver a Harry y estuvo a punto de ir corriendo a hablar con él, pero las reflexiones que había tenido durante la madrugada anterior, lo hicieron desechar la idea. No pudo dormir, sus manos revivían una y otra vez la forma del cuerpo de Harry, sin cesar escuchaba sus gemidos. Harry era lo que siempre buscó, y eso le aterraba hasta el hastío, porque no estaba en sus planes, porque enamorarse era el camino natural si llegaba a conocerlo en profundidad, y no quería, simplemente no quería. Le gustaba su vida llena de trabajo, era abogado y su despacho estaba en medio de la representación de un caso muy importante y se daba sus licencias de “portarse mal” el fin de semana. Sin embargo, nada lo había preparado para el huracán que había sido ese chico de hermosos verdes.

Cuando esa noche fue al bar, lo hizo casi con desesperación. Necesitaba sexo con cualquiera, alguien que le borrara las cicatrices que le dejó Harry, las marcas abiertas en su piel y en su boca. Y había tenido suerte, rápidamente conectó con un chico y sin perder tiempo se fueron al baño. Pasar al lado de Harry fue una tortura, aunque ellos ni siquiera se conocieran, era como faltarle el respeto y sentir eso era una ridiculez, se repetía sin cesar.

Pero, como una burla del destino, su encuentro sexual fue... bastante mediocre y muy lejos de lo que esperaba. Su acompañante actuaba como si estuviera cansado, sin ganas, aunque intentaba gemir a Louis le pareció vacío. Ni siquiera pudo terminar, se disculpó y se fue. Esperaba encontrar a Harry en la barra, y quizás conversar un poco, tal vez conocerse.

Y Harry no estaba.

Se fue a su departamento a intentar dormir.

El día domingo lo encontró con mucho qué hacer. Tenía mucha ropa que lavar, sin contar lo que tenía que ir a buscar a la lavandería que eran sus trajes y corbatas, además se dedicó a revisar papeles y leer sobre el caso que estaban llevando. Harry no estaba mucho mejor. Le gustaba cocinar para la semana, porque no tenía tiempo y se dedicó a preparar algunos trabajos que le tocaba presentar en la universidad, y leyó mucho, después.

La semana pasó de esa manera, los dos muy ocupados pero sonriendo al pensar en el otro. La imagen de sus cuerpos juntos era un aliciente para pasar los días con mejor actitud y una que otra sonrisa a solas.

El día lunes, Harry se quedó unos minutos más en la consulta, buscando algunos modelos en yeso. Los demás ya se habían ido, y cuando se disponía a salir, sonó el teléfono. Miró la hora, iban a ser las nueve de la noche, demasiado tarde, pero contestó.

—Centro Médico, buenas noches.

—Tengo una urgencia dental, —intentó decir alguien al otro lado del teléfono. Se notaba que le costaba mucho hablar.

—Lo siento, ya estamos cerrando. Puedo agendarle una hora para mañana en la mañana.

—Por favor, estoy muriendo de dolor.

Harry dudó. Sabía por su propia experiencia lo horrible de un dolor de muelas. —Está bien, lo espero. ¿En cuánto tiempo llegaría?

—Estoy a dos cuadras.

—Bien. intente caminar despacio, no se esfuerce.

—Gracias.

Harry suspiró mientras colgaba. Fue al box de atención y preparó los implementos para atender a su paciente. Sacó el instrumental de la máquina de esterilización y acomodó el sillón. Estaba mirando por la ventana hacia el bonito parque que tenía al frente, cuando sonó el timbre.

Fue a abrir y casi cae desmayado cuando reconoció a Louis, con su mejilla muy inflamada y los ojos hinchados.

—Louis, sigue. ¿Qué te pasó?

—¿Harry? ¿Qué haces aquí?

—Soy dentista.

—Ayúdame, por favor... —Sus ojos estaban llenándose de lágrimas mientras su mano no se despegaba de su cara.

—Sígueme, por aquí.

Un corto pasillo los separaba del box. Louis dejó su maletín en una silla y se sentó en el gran sillón.

Harry sacó un par de guantes nuevos y se los colocó. Luego buscó una mascarilla y se sentó, ajustando la luz.

—Me duele mucho.

—Claro que sí, debes tener una gran infección. ¿Tomaste algo para el dolor?

—Nada.

—Bien, abre la boca lo que más puedas. Sí, tu encía está demasiado inflamada y roja. Hay unas caries importantes que llegaron a la raíz, por eso tanto dolor. Te voy a poner anestesia para empezar a trabajar. Va a doler un poco, pero después te sentirás mejor.

Harry tomó la jeringa y la pequeña botellita con anestesia, y la preparó. Luego pinchó en tres lugares diferentes en la boca de Louis. Después de eso, se dedicó a masajear su mejilla con profundo cuidado y preocupación.

Louis suspiró, lentamente la anestesia hacía efecto, quitando su dolor.

—Esto se siente muy bien, —intentó decir.

—No hables, solo relájate. Vamos a esperar unos minutos, ¿está bien?

Louis asintió, sonriendo. ¿Siempre sería tan dulce, Harry? A pesar del dolor, y de haber aguantado toda la tarde, se sentía protegido y cuidado. Pronto ya estaba la mitad de su boca completamente dormida.

Harry, por precaución, tocó la pieza dental con el pequeño espejo y Louis no reclamó. Tomó con una pinza una tórula de algodón y la colocó entre la encía y la mejilla. Luego le puso una sonda para absorber la saliva y finalmente, tomó la turbina y le colocó una fresa pequeña. Prendió el motor y comenzó a pasar lento y despacio sobre la pieza dental, hasta llegar a las caries y poder limpiar. Había una infección importante, que fue tratada y eliminada. Harry colocó unos polvos antibióticos, y una tapadura temporal.

—Terminé, pero necesito que me escuches. Evita comer por ese lado, y cuando te laves los dientes, hazlo despacio. Te voy a dejar una receta para que compres unos antinflamatorios y un antibiótico. Como a esta hora ya está todo cerrado, te voy a regalar unas muestras. Tienes que volver en tres días para cambiar la tapadura por una resina, ¿me entendiste?

Louis lo miraba como un tonto.

—Háblame más... —Pidió con la lengua traposa, se veía muy tierno.

Harry sonrió y Louis cayó enamorado. —¿Puedes venir en tres días? ¿Te agendo una cita?

—No puedo venir en horario normal.

—Acá también atienden los sábados.

—Quiero que me atiendas tú...

—Puedo esperarte ese día, para atenderte a esta hora. Es importante que vengas para cambiar la tapadura, porque la que te dejé es temporal y muy fácil de romper. No estés comiendo cosas duras, ¿sí?

—Eres tan lindo...

—Ponte serio, Louis.

—¿Quieres ir por una cerveza?

—Vas a empezar a tomar antibióticos y no se pueden mezclar con alcohol, lo sabes, ¿verdad?

—Qué aburrido...

—Pero te acepto un café.

—¿El sábado? ¿Te puedo pasar a buscar?

—Me encantaría...

Los dos sonrieron.

—Tengo que cobrarte y darte tu boleta, vamos a la recepción.

—Te sigo.

Antes de salir, Harry dejó el instrumental utilizado en el área sucia, y se quitó la mascarilla y los guantes. Ordenó y caminaron.

—Este es el total de la urgencia.

—Está bien, la verdad no me importa. Nada pagaría lo que hiciste por mí.

Harry volvió a sonreír. —Acá está tu boleta, y voy a dejar escrito que vino un paciente de urgencia. —Tomó una pequeña libreta y anotó algunas cosas, y dejó con un clip, guardado el baucher de pago.

—Ahora sí podemos irnos.

Salieron del centro médico, y esperaban un taxi para irse cada uno a su departamento, ya que vivían en sectores opuestos.

—Una vez más, muchas gracias Harry...

—No hay de qué, en serio. Toma, —dijo pasándole una bonita tarjeta de presentación. —Si tienes alguna molestia que no ceda con los medicamentos, llámame.

Louis miró la tarjeta como si le hubiesen entregado un tesoro.

Harry hizo parar el primer taxi, y aunque Louis no quería, lo empujó dentro para que se fuera primero a descansar.

Temprano en la mañana, Louis le envió a Harry un mensaje.

“Pude dormir muy bien, y aunque hoy desperté con algo de dolor, el antibiótico me hizo sentir mejor. Gracias de nuevo ♥”

Y Harry era el más feliz.

“Espero que te sigas sintiendo así de bien, cuídate mucho, ¿sí? ♥“.

No hubo más mensajes durante el día, debido a lo ocupado que estaban, pero en la noche, Harry se atrevió a dar un pequeño primer paso.

“Espero que hayas podido trabajar sin molestias :)“.

Louis estaba encantado.

“Sigo trabajando, pero sin dolor, gracias por preocuparte tanto ♥“.

Harry sonreía como un tonto mientras leía.

“Descansa, buenas noches ♥“.

Y aunque Louis se demoró un poco en contestar, lo hizo deseando que Harry pudiera escucharlo de sus labios.

“Ten lindos sueños, descansa”.

El miércoles y la mañana del jueves pasaron en la misma forma, con pequeños mensajes. Al llegar la noche, Harry se sentía nervioso de volver a ver a Louis, aunque no era en las circunstancias que había imaginado alguna vez, era mucho mejor. Había descubierto a un chico sencillo, amable y extremadamente dulce que lo hacía imaginar un futuro juntos. Y estaba consciente de que era muy pronto, pero lo sentía en su pecho. La gran pregunta era, ¿estaría Louis pensando lo mismo?

Pasadas las nueve de la noche, se escuchó el timbre en el centro médico, y Harry fue a abrir con su corazón latiendo fuerte. No se imaginó ver un ramo de flores frente a sus narices, y luego el hermoso rostro de Louis asomarse por uno de los lados.

—Hola, —saludó demasiado tímidamente.

—Hola, ¿y esto?

—Mi manera de agradecerte...

—Pero si ya lo hiciste.

—Entonces lo hago de nuevo, —sonrió. —No sé hacer esto, pero espero que te gusten.

—Son preciosas, me encantan las dalias... —dijo tomando el ramo con las dos manos. —Pasa hasta el box, por favor. ¿Cómo te has sentido?

—Como si nunca me hubiese dolido, tienes muy buena mano...

Harry sonrió. —Gracias.

—Es en serio. Una vez fui a un dentista que me dejó con más dolor del que tenía.

—Es raro que hayas tenido esas caries cuando tus dientes están muy bien cuidados. Tienes una sonrisa hermosa...

—No tanto como la tuya...

La carcajada de Harry fue maravillosa en los oídos de Louis.

—Vamos, siéntate, déjame revisarte. —Louis se acomodó en el sillón y abrió su boca, mientras Harry se preparaba. —Esto se ve muy bien. Ya no hay inflamación y lo rojo desapareció. Puedes cerrar la boca por mientras preparo la resina.

Harry tomó el pequeño tubo del color correspondiente, y puso un poco en una tableta de vidrio, luego lo mezcló con una espátula.

—Te ves lindo tan concentrado.

—Abre la boca, esto va a ser rápido, —dijo Harry evitando volver a sonreír, pero Louis se lo ponía muy difícil.

Colocó un poco de resina en la pieza, y le dio forma con otra espátula. Luego tomó una lámpara de fotocurado para endurecer la resina. Repitió el proceso hasta terminar. Tomó un trozo de papel y limpió la boca de Louis.

—¿Ya?

—Sí, mira.

Harry le alcanzó un pequeño espejito y Louis no pudo notar cuál era la restauración. Era un trabajo perfecto.

—Es increíble, eres excelente...

—Me alegra que estés conforme. Pero ahora tienes que pagar. ¿Vamos a la recepción?

—No, siempre he querido hacer algo en este sillón.

—¿A qué te refieres? —Preguntó Harry divertido.

—Quiero subir y bajar, dime dónde está el botón.

—No es un botón, es un pedal. Déjame hacerlo por ti.

—¡Gracias!

Harry se dedicó a subir y bajar en todas las direcciones, para alegría de Louis, que parecía disfrutar igual que un niño.

La última posición que dejó, era con el sillón completamente acostado.

—¿Quieres divertirte de otra manera?

Louis tragó con dificultad y su corazón parecía querer salir por su boca. —Siempre si es contigo...

Harry en un movimiento atrevido, se sentó sobre Louis, con una pierna a cada lado. A esa altura del sillón, los pies de Harry tocaban el suelo. Comenzó a moverse y a frotarse, mientras Louis tenía las manos en sus muslos, sin poder creer lo que estaba pasando.

Todo lo que podía ver era a Harry moviéndose lentamente, frotando así sus miembros cada vez más duros.

—¿Te gusta? —Preguntó Harry.

—¿Cómo puedes moverte así? —Susurró Louis.

—¿Cómo puedes provocarme así?

—Quiero besarte...

Harry se movió hacia adelante, y luego de mirar a Louis con toda intensidad, lo besó. Fue un beso en todo el sentido de la palabra, estaba lleno de ganas, de deseo, de extrañarse y de un posible estar juntos. Sus lenguas no peleaban por el control, simplemente se disfrutaban, se acariciaban, no querían separarse jamás, querían tener el derecho de buscarse en cualquier momento.

—Debemos parar, —murmuró Harry levantándose.

—¿Qué? ¿Por qué?

—No podemos hacerlo aquí, es un lugar que debe ser lo más estéril posible.

—Tienes razón, —dijo Louis intentando recomponerse.

En los dos, las erecciones eran notorias.

—Lo lamento, en serio... Te extrañaba, —confesó, Harry.

Fue el turno de Louis de sonreír. —También te extrañaba... Mucho...

Volvieron a besarse, ahora de pie frente a la ventana.

—Vamos a la recepción, pero déjame limpiar este desastre.

Rápidamente, Harry limpió y ordenó. Luego tomó una toalla de papel y espació un líquido en el sillón, dejándolo reluciente.

—Me gustas Harry... Mucho...

—Me gustas también, demasiado...

Se acercaron hasta abrazarse. Era su primer abrazo y se sintió especial, diferente a cualquier otro que hayan recibido, mucho más verdadero, uno que los invitaba a tener esa intimidad que nada tiene que ver con el roce de los cuerpos, sino que hablaba de entregarse en toda su fragilidad, en sus momentos de dolor y caos.

No querían separarse, podrían haberse quedado para siempre solo sintiendo la forma y la calidez del otro entre sus brazos. Harry fue el primero en separarse.

—¿Pasa algo? —Preguntó Louis.

—Me encantaría quedarme así contigo, pero sabes que no podemos...

—Sí, lo sé. Dime cuánto te debo.

—Acá, esta es tu boleta.

—Deberías cobrar más, tu trabajo de verdad es excelente.

—Los precios los pone el centro médico, yo no tengo voz ni voto, solo trabajo.

—Mmm, ¿y has pensado en colocar tu propia consulta?

—Claro que sí, pero cuando termine mi especialización.

—Dios, necesito pasar tiempo contigo y conocerte más... No puedo esperar al sábado por el café, y que hablemos por horas...

—Deberíamos tomar un café en tu departamento... ¿Qué dices?

—Que conocerte ha cambiado mi mundo.

Y Louis lo besó.

Unos minutos después, estaban esperando nuevamente un taxi, pero ahora fue Harry el primero en irse.

—Avísame cuando llegues, —pidió dejando un beso en los labios de Louis, que sonreía cada vez más.

Media hora después, estaban los dos en sus respectivos departamentos.

“Llegué hace diez minutos”—explicó Harry.

“Yo hace cinco, ¿ya vas a dormir?”—Preguntó Louis.

“No, primero voy a tomar un té caliente y luego a la cama, ¿tú?”

“Voy a comer algo y a dormir, fue un día muy largo”

“Entonces te dejo descansar... Estoy muy ansioso por volver a verte...”

“No tanto como yo... Te dejo un beso, buenas noches”

Se sentía cada uno como un adolescente que está recién conociendo el amor y siente esas cosquillas en su estómago, sonriendo a solas, repasando sin cesar cada detalle y cada segundo desde que se conocieron.

El día viernes no tuvieron tiempo de nada, ni siquiera de un mensaje. Sin embargo, cerca de la medianoche, Louis se atrevió a pesar de la hora.

“Sé que es tarde, y lamento no haber tenido un tiempo para conversar. Solo quería que me enviaras tu dirección para pasar por ti mañana... ¿A mediodía está bien?”

Harry, que estaba estudiando para un examen que tendría el día lunes, sintió la notificación en su teléfono y algo lo hizo sonreír. Leyó esas líneas, completamente ilusionado.

“A esa hora está perfecto... Te espero”

En el mensaje siguiente le envió su dirección.

El sábado los encontró nerviosos. Parecía que fueran a conocer a alguien por primera vez, no sabían qué ropa ponerse, y en sus mentes creaban escenarios de todo tipo.

Louis se levantó a las diez, le costó hacerlo porque se había desvelado revisando la carpeta de uno de los casos que le habían asignado. Después de eso desayunó, luego ordenó, limpió y finalmente se bañó. A las once y media salió de su departamento.

Harry en cambio, se había despertado a las ocho. Desayunó en su cama, luego estudió dos horas y finalmente se dio una larga ducha. Eligió su mejor ropa interior, y sus jeans más favorecedores. Se perfumó sutilmente y mientras esperaba siguió estudiando.

A las doce con cinco minutos, Louis tocaba el timbre en el departamento de Harry.

—Hola... —Saludó, con un nuevo ramo de dalias, esta vez el doble de grande.

—¡Me encantan! Están demasiado lindas, pasa. Voy a ponerlas en agua.

—Es muy bonito tu departamento.

—Gracias, es pequeño, pero me queda bien. ¿Cómo estás?

—Ahora muy bien. ¿Es normal haberte extrañado tanto? —Susurró, acercándose hasta abrazarlo.

—No sé si es normal, pero me gusta porque me siento igual.

Después de un par de besos intensos, decidieron que era tiempo de ir al departamento de Louis. Una vez que llegaron, se sentaron en la cocina a conversar.

—Entonces, Harry... Cuéntame de ti, —pidió Louis.

—A grandes rasgos, puedo contarte que vivo solo hace tres años. Vivía con mi mamá, pero ella conoció a alguien y se fue a vivir a Escocia. Hablamos una vez por semana. Trabajo en el centro médico por las tardes, por las mañanas estudio una especialización en cirugía e implantes dentales. Terminé hace poco una relación de un año, y no sé qué más decir... —sonrió.

—¿Por qué se terminó tu relación?

—Me pegó.

—¿Qué?

—Eso... Me pegó y tuve la suficiente claridad para entender que después de la primera vez, venían muchas más.

—No puedo creerlo... Lamento mucho que pasaras por eso, nadie debería tener que sufrir por algo así. ¿estabas muy enamorado?

—Lo quería mucho, pero después de la cachetada mis sentimientos comenzaron a desvanecerse.

—Lo del baño ese día, ¿fue una especie de venganza? Me parece que no es algo que haces con frecuencia...

—Nunca lo había hecho... Pero no hubo nada de venganza, simplemente me gustaste mucho, aunque te confieso que mi idea era un par de besos locos y quizás algunas manoseadas, —rio. —Lo que pasó me sorprendió completamente.

—¿Te gustó? ¿No fui muy brusco?

—En muchos aspectos, abriste mis ojos. Siempre pensé que tenía una buena vida sexual, y me hiciste ver que estaba equivocado. Fuiste intenso, tierno y preocupado al mismo tiempo... Gracias por eso, ha sido el mejor sexo que he tenido, a pesar de las circunstancias... No sé si fue igual para ti, creo que lo tuyo es más... ¿sexo sin compromiso?

—Sí, el sexo sin compromiso era lo mío. Era lo que buscaba cada fin de semana, por una sencilla razón. Mi trabajo me consume casi todo mi tiempo, es algo que amo y pensar en tener una relación estable, me asustaba, porque pensé que podía ser demasiado y quizás muy asfixiante...

—Puedo entenderlo, ¿en qué trabajas?

—Soy abogado. Trabajo en un despacho que atiende casos de familia, como violencia y custodias. Es un trabajo muy absorbente. Tengo hora de entrada, pero no de salida. Hay fines de semanas en que también debo trabajar, no cualquiera puede entenderlo de verdad. Por eso lo mejor era sexo rápido, ¿te molesta eso?

—Claro que no. Es tu manera de lidiar con el estrés y es completamente válido.

—Sí, pero quiero que entiendas algo, y no sé si estoy siendo muy apresurado o no, pero yo hablo en pasado. No quiero ni necesito más sexo en un baño de un bar con un desconocido... Ese día, el siguiente del que estuvimos juntos y nos vimos, estaba desesperado por estar con alguien que me hiciera olvidarte, porque desde que te vi te grabaste a fuego en mí...

Harry se sonrojó violentamente. —Supongo que no resultó como esperabas.

—No, para nada... Fue peor, porque entendí que ya no había vuelta atrás, aunque jamás imaginé que estaríamos así, conversando en mi departamento mientras tomamos un café...

—Tampoco yo, y quiero ser muy claro... Me gustaría que nos conociéramos, que aprendamos más del otro... Y quizás te parezca tonto lo que te voy a decir, pero de mi parte quiero que sepas que no hay ni habrá alguien más mientras estemos conociéndonos...

—Ser exclusivos, ¿es eso?

—Sí, eso...

—No podría ser de otra manera, no soporto la idea de verte con alguien más y creo que es el paso natural...

Harry se levantó y caminó hacia Louis, que lo miraba como un tonto, haciendo temblar sus piernas.

—¿Te parece seguir conversando después? Podríamos hacer una pausa para conocernos mejor de otras maneras también... —murmuró suave y lento en el oído de Louis.

—Creo que es la mejor idea del mundo... Ven...

Lo tomó de la mano y se lo llevó a su habitación.




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