Un Nuevo Comienzo
El Callejón Diagon era como un laberinto mágico de callejuelas adoquinadas y edificios encantados. Las fachadas de los edificios, talladas con majestuosos detalles y adornos mágicos, se alzaban imponentes hacia el cielo, creando un horizonte lleno de torres puntiagudas y cúpulas brillantes.
La luz del sol se filtraba a través de las ventanas de cristal mágico, proyectando destellos de colores brillantes en las aceras de piedra. El aire estaba impregnado con el aroma de pociones y hierbas mágicas, mezclado con el dulce olor de las golosinas de las tiendas de dulces.
A lo largo del callejón, tiendas y establecimientos de todos los tamaños y formas se alineaban en perfecta armonía. Desde la imponente presencia de la tienda de varitas de Ollivanders hasta la acogedora librería de Flourish y Blotts, cada establecimiento parecía tener su propia historia que contar.
Entre todo el bullicio me encontraba allí, sola, aunque algunos transeúntes parecían detenerse momentáneamente para admirar mi cabello oscuro, como si estuviera impregnado de un brillo especial que solo ellos podían ver.
Jamás había estado en aquel callejón...por Merlín ni siquiera había estado en Inglaterra antes...
En los últimos meses mi vida había dado un vuelco radical, había perdido a mis padres, había tenido que dejar mi hogar en Gourette, mi colegio Beuxbatons y me había trasladado aquí...Con una familia que me detesta y hubiese preferido que mi suerte fuese la misma que la de mis padres y que había hecho lo posible para que ni siquiera me quedase en su casa y empezando en 5 año en Hogwarts...Por favor es el único colegio que aun separaba a sus alumnos en casas...Sin darme cuenta me choqué con alguien, haciendo que todos mis libros cayeran al suelo...
—Disculpa, estaba distraída... — Levanté la mirada y me encontré con aquel chico pelirrojo de ojos verdes en el que noté una chispa de reconocimiento, como si hubiera detectado algo en mí que no podía explicar. Me pregunté qué había visto en mi mirada que lo hacía tan curioso, tan intrigado aunque en el fondo lo sabía perfectamente, era algo que no podía evitar.
—No te preocupes, el distraído suelo ser yo, estaba buscando a alguien y...creo que te he encontrado...¿Eres Syrelia Blackstone no? Soy Garreth Weasley, mi tía Matilda, la subdirectora de Hogwarts, me dijo que te buscase, que hasta que comiencen las clases te quedarás con mi familia en Ottery St. Catchpole, es un pequeño pueblito en Devon, ella no sale del castillo, asique te tocará convivir con mi padre George y mi hermana pequeña Amelia.
Aquel chico pelirrojo me resultaba desconcertante...¿Cómo era posible que supiera que era yo? Y ¿Cómo coño mi custodia había pasado de mi tutor legal a la subdirectora de Hogwarts y finalmente a la familia de aquel chico al que no conocía de nada y me decía que me fuese con él a un pueblo de...¿Devon? Sin entender nada respondí como pude mientras él me ayudaba con los libros.
—¡Uau! Eso fue mucha información de golpe... ¿Cómo supiste que era yo? Perdona si parezco brusca, es solo que... bueno, mi situación es un poco complicada— Comenté intentando ser lo más amable que podía.
—Mi tía me había descrito a una chica con cabello oscuro y ojos violetas, y al verte, me di cuenta de que podrías ser tú. Lamento mucho lo de tus padres. Yo también perdí a mi madre cuando mi hermana nació, así que entiendo algo de lo que estás pasando. ¿Vamos? Mi padre nos está esperando fuera del callejón— Ese chico era tan amable que solo pude sonreír y seguirle, total si resultaba que era un asesino despiadado, mi muerte no le importaría a nadie visto lo visto.
El señor Weasley era de lo más amable, ahora entendía por qué Garreth era tan simpático aunque en aquella simpatía había un atisbo de cómo llamarlo...picaresca, algo me decía que este chico pelirrojo era más que “el típico niño bueno”. Amelia era un amor de niña, también pelirroja contaba con tan sólo 5 añitos de edad...Me acogieron como si fuese de la familia y me reservaron una habitación para mí sola, aquella noche cenando con aquellos desconocidos fue la primera vez que me sentí como en casa desde hacía meses.
—Syrelia...después de cenar saldré por el pueblo con unos amigos de Hogwarts, ¿Te gustaría venir?— Aquella invitación tenía algo más implícito, como si no fuese una simple salida, estaba agotada pero realmente necesitaba despejarme.
—¡Claro! Me vendrá bien, en cuanto termine de cenar me ducho y marcho contigo.
—Garreth...No te metas en líos...Espero que no me vuelvan a escribir desde Hangleton.
—¿Estás loco papá? ¿Por qué íbamos a querer ir a la casa de los Gaunt?.
Algo me decía que era justo al lugar al que íbamos a ir...Tras ducharme, decidí vestirme un con unos vaqueros ajustado, una camiseta verde de tirantes, unas zapatillas negras y una chaqueta negra, era curioso como en pleno verano en aquel lugar hacia frío.
—Vaya...estás muy guapa, Syr...¿Puedo llamarte Syr?— Garreth había pasado de la mirada inocente de la mañana a una mirada más intensa...Y eso me gustaba, había tenido un año de mierda y que me prestasen atención era algo que casi necesitaba.
—Bueno, Garreth y ¿Dónde vamos a ir?.
—A la casa de los Gaunt— Garreth comenzó a reírse mientras me guiñó un ojo y me ofreció su mano mientras cogía una bota extraña— Ominis Gaunt da una fiesta, realmente es un estirado arrogante pero le encanta joder a su familia dando estas fiestas, invitando a gente que su familia odia, como yo por ejemplo.
Antes de que pudiese contestar le di la mano, desaparecimos de Ottery St. Catchpole y aparecimos ante una grandiosa mansión. Dios jamás me acostumbraré a los trasladores, terminé con el estómago casi en la boca pero la verdad...Aquella mansión era absolutamente increíble.
Ubicada en las afueras del pueblo, la mansión se alzaba imponente entre vastos jardines y bosques frondosos, rodeada de una aura de intriga y misterio. Era pura opulencia y reflejaba el prestigio de la alta sociedad mágica. Sus torres altas, ventanales góticos y tejados puntiagudos creaban una silueta impresionante contra el cielo.
—Ese Ominis...¿Tiene dinero para aburrir no?.
—Su familia es descendiente de Salazar Shytherin, uno de los fundadores de Hogwarts, además la familia Gaunt es de las casas mas antiguas de Inglaterra, junto a los Peverell, los Zabini, los Black...
—¿Black? ¿Cómo el director de Hogwarts?— No pude evitar preguntar.
—Si, exactamente, mi familia también es antigua pero salvo los Peverell, los que te he mencionado suelen ser unos fanáticos que consideran que la magia sólo debería estar reservada para los sangre limpia, los que vienen de familias mágicas, como mi familia apoya a los magos y brujas nacidos de muggles nos consideran traidores a la sangre.
Mi expresión era de horror absoluto, pero Garreth simplemente sonrió y continuó.
—Por eso Ominis me invita, él odia a su familia, y siempre organiza una fiesta antes de volver al Hogwarts para que los elfos les cuenten a sus padres como hijos de muggles y traidores a la sangre hemos pisado su maravillosa y pedante casa.
—Pero...Entonces te utiliza y eso es horrible, es un manipulador.
—Si claro pero bueno ya es casi una tradición, habrá comida, buena bebida y lo pasaremos bien, por cierto...no comentes nada de los ojos de Ominis— Esto último me dejó algo desconcertada pero no lo tomé en cuenta.
Al entrar en aquella mansión quedé perpleja los salones y pasillos estaban decorados con muebles exquisitos y tapices ricamente tejidos. Chimeneas de mármol se alzaban en cada habitación, emanando una calidez acogedora. Grandes candelabros de cristal colgaban del techo, iluminando las estancias con una luz parpadeante y brillante.
En uno de los salones, una gran mesa de nogal presidía la habitación, estaba llena de comida y bebida, Garreth fue saludando a todos mientras me tenía cogida del brazo, todo el mundo nos miraba...Yo sabía que me había llevado para presumir y lo estaba disfrutando hasta que, al acercarme a la mesa los vi.
Dos chicos se encontraban sentados tras las mesas, como si fuesen los reyes de aquel lugar. Ambos eran bastante altos para su edad, uno de ellos tenía una mirada intensa y unos ojos color miel que eran casi hipnóticos, con el pelo castaño, algo más largo de lo normal y con unos mechones que caían de forma salvaje por su frente.
Dios estaba buenísimo, llevaba una camisa blanca y unos pantalones negros y su mandíbula marcada parecía esculpida por los dioses. El otro chico era ligeramente más alto, rubio, con el pelo más recortado, con un rostro pálido como el nácar, con un semblante serio pero atractivo, unas manos grandes y perfectas y sus ojos...Debía ser Ominis, ahora entendía por qué Garreth me dijo aquello, Ominis era ciego.
—Sallow, Gaunt ¿Qué tal el verano?— Garreth parecía cómodo con ellos, desconocía si eran de la misma casa.
—Vaya Weasley, que bien acompañado vienes, te preguntaría si es alguna de tus primas como los años anteriores pero viendo que no es pelirroja me dejas intrigado— El chico con los ojos color miel me sonreía de forma arrebatadora.
—Mi nombre es Syrelia Blackstone, me incorporo este año en el 5 curso en Hogwarts y...¿Tú eres?— No pude evitar mirarle de arriba hacia abajo mientras decía éstas palabras, una pequeña sonrisa se esbozó en mi cara.
—Disculpa a Sebastian, a veces es un poco intenso y le encanta meterse con Garreth y sus primas, es curioso...una incorporación en 5 curso...Estudiabas en casa o algo así? Soy Ominis por cierto.
—Encantada Ominis, y no, no estudiaba en casa, Beauxbatons ha sido mi hogar, al menos hasta ahora.
—Oh...Francia...—¿Ese puto ciego acaba de ponerme cara de asco?
—¿Tienes algún problema con Francia, Ominis?
—Querida...Es Francia quién tiene un problema con el resto del mundo y su exagerada opulencia.
—Oh por favor, habló el pijo estirado que vive en una mansión con un claro estilo francés...Aunque dudo mucho que lo hayas podido ver con esos ojitos lechosos.
Mierda ¿Soy gilipollas? Definitivamente si.
Tras pronunciar aquellas palabras el ambiente quedó en silencio sepulcral, la cara de Garreth era de absoluto pavor, la de Sebastian de curiosidad. El rostro de Ominis parecía inalterable, sin decir una palabra, se levantó y se acercó a mi, quedando tan cerca que casi podía sentir su respiración, apuntó con su varita hacia mí, todo el mundo lanzó un pequeño grito de sobresalto pero yo no me inmuté. Pasó su varita como si me escanease y tras hacerlo se acercó a mi oído y me susurró.
—Estoy deseando ver cómo te desenvuelves en Slytherin— La forma en que lo dijo provocó en mí un escalofrío pero no de terror precisamente.
Tras decirme aquello se giró y sonriendo a todo el mundo alzó su copa y promulgó.
—¡Bueno! Está claro que va a ser difícil meterse con la chica francesa, ahora continuemos con la fiesta y por favor pasarlo bien y terminad tan ciegos como yo!
El ambiente volvió a ser festivo Garreth me trajo una copa de hidromiel pero yo no podía dejar de mirar a aquellos dos...Después de aquel susurro, Ominis le dijo algo al oído a Sebastian que esbozó una pícara sonrisa al escucharlo. Intenté ignorarlos el resto de la noche y me centré en mi guapo acompañante pelirrojo, bebimos, jugamos, bailamos...Y cuando se hizo muy tarde nos marchamos de nuevo a mi hogar temporal, sorteando al señor Weasley que se había quedado dormido en el salón mientras nos esperaba conseguimos llegar a nuestras habitaciones, con curiosidad pregunté.
—Garreth, ¿tú en que casa estás?
—En ¡Griffindor! ¿Por qué lo quieres saber?
—Ominis me dijo al oído que estaba deseando ver cómo me desenvuelvo en Slytherin...
—La verdad es que te pega, se te ve ambiciosa, decidida y no tienes problemas para replicarle a los poderosos, hay quien dice que los Slytherin son magos tenebrosos pero no todos lo son, por cierto...No menciones donde hemos estado ¿Vale?
—Eso se da por descontado, Garreth, ¿Sabes? Llevo unos meses de mierda, y hoy has hecho que me olvidé de todo gracias, has sido un gran acompañante.
Tras decirle aquello me acerco a él con paso decidido, sintiendo el palpitar acelerado de su corazón resonando en mis oídos. Su mirada se encuentra con la mía, y en ese instante, siento una corriente eléctrica recorrer mi cuerpo y actúo, un reflejo aparece en los ojos de Garreth y ocurre.
Nuestros ojos se encuentran en un juego silencioso de complicidad, como si ambos supiéramos lo que está a punto de suceder. Mi respiración se vuelve más profunda, mis manos se vuelven ligeramente sudorosas, pero no retrocedo. Estoy decidida a seguir adelante.
Finalmente, llego lo suficientemente cerca como para sentir su aliento cálido sobre mi piel. Levanto mi mano con suavidad, acariciando su mejilla con ternura mientras me inclino hacia él. Puedo ver el brillo de sorpresa en sus ojos, pero también una chispa de anticipación.
Nuestros labios se encuentran en un suave roce, un momento efímero pero cargado de emoción y deseo. El mundo a nuestro alrededor desaparece, dejándonos solos en nuestra propia burbuja de intimidad y pasión.
El beso se prolonga, se intensifica, y me encuentro perdiéndome en el calor y la suavidad de sus labios. Es como si el tiempo se detuviera, como si este momento fuera eterno.
Cuando finalmente nos separamos, nuestras miradas se encuentran una vez más, un susurro de sonrisas juega en las comisuras de nuestros labios, y sin decirle nada más...Cierro la puerta de mi habitación, sabiendo que Garreth está al otro lado de la pared, sabiendo que probablemente no va a poder dormir en toda la noche.
¿Soy una mierda de persona? Es posible, pero en los últimos meses han asesinado a mis padres, creen que yo también estoy en peligro y me siento terriblemente sola...Pensaba que ya no era capaz de embrujar a los chicos...Pero supongo que va en la sangre...¿Qué pensarán cuando se enteren de que soy una semi Veela?
En el transcurso de la noche las pesadillas vuelven a mí, aquellos destellos plateados, la sensación de no poder respirar, el calor...Siento como si la vida se escapa de mi cuerpo cuando al fin despierto envuelta en sudor. Al abrir los ojos le encuentro junto a mi, Garreth mi caballero pelirrojo, casi me siento culpable de haberle embrujado hace unas horas, lo abrazo sin parar de llorar por las pesadillas.
—Tranquila, estoy aquí ha sido solo una pesadilla— Garreth me abraza más fuerte.
—Garreth...Lo de antes...
—Shh...Ni lo menciones, ahora vuelve a dormir.
—¿Te quedarías conmigo?
—Claro que si, hazme un hueco.
Estaba tan nerviosa por la pesadilla que ni siquiera me había percatado de que Garreth estaba en calzoncillos...¿Pero qué comen los chicos en Hogwarts? ¿Serán todos los estudiantes así? Su cuerpo era atlético, tenía los brazos fuertes y los abdominales ligeramente marcados, cuando se tumbó junto a mí, pude notar que su nerviosismo aumentaba, sobre todo cuando lo abracé y enredé mi pierna con la suya, yo llevaba unos shorts y una camiseta de tirantes de pijama.
Sé que si hubiera querido habría sido mío y no sólo por el embrujo de las Veelas. Pero en aquel instante necesitaba seguridad, necesitaba un amigo y Garreth no se merecía que le hicieran daño.
A la mañana siguiente actuamos como si no hubiese pasado nada, aún nos quedaban un par de días hasta que me recogieran para ir al castillo. Lo cierto es que se esforzó por que me sintiera como en casa, desgnomizamos el jardín y fue una de las experiencias mas divertidas que había vivido, también hicimos algunas carreras de escobas aunque intuía que siempre me dejaba ganar...
Aquellos días fueron un pequeño oasis después del calvario que había vivido, cuando fin llegó el día de despedirse, el bueno de Garreth no entendía por qué no podía ir con el en tren al colegio. Los días que nos quedaban en aquella casita de campo casi me hicieron olvidar lo que había vivido y sin darme cuenta llegó el carruaje con el profesor Fig.
—Bueno, nos veremos en Hogwarts, ojalá el sombrero te elija para Griffindor...—Joder Garreth, no me hagas esto más difícil, eres tan bueno...
—Eso lo sabremos en unas horas...Esto... Garreth, antes de irme quería decirte algo...Eres un chico muy bueno y te has portado genial conmigo...pero...No te convengo, suelo tomar malas decisiones y no quiero hacerte daño pero si que quiero que seamos amigos— La cara de Garreth era tranquila como si ya lo supiera.
—No te preocupes Syrelia, sé que eres...mi tía me lo contó para...prevenirme, sé que piensas que me has manipulado pero en realidad quién te llevó a la mansión para presumir fui yo, lo has pasado muy mal y es normal, además seas de la casa que seas siempre me tendrás como amigo y descuida, tu secreto está a salvo conmigo aunque si me gustaría decirte que...Bueno no te habría hecho falta hechizarme— Garreth me abrazó después de aquellas palabras, joder realmente era un amor.
Subí al carruaje pensando que sería un trayecto aburrido y corto, cuando todo pasó, un puto dragón nos atacó, intentando defenderme se me rompió la varita que acababa de comprar, definitivamente, alguien quiere matarme y todo por la magia antigua.
Pensé que todo esto había quedado atrás en Francia pero veo que no va a ser así, después de nuestro “Movidito” viaje el profesor Fig me pidió que no le contase a nadie lo que habíamos vivido para seguir investigando y alertar al Ministerio. Cuando llegamos a Hogwarts nos recibió él. Phineas Nigellus Black, el director de Hogwarts.
—¡Fig! La ceremonia ya ha terminado— Apenas me dirigió una mirada que fue de absoluto desprecio.
—Señor Black, hemos tenido... complicaciones.
—¿Complicaciones?
—¡Nos han atacado Duendes Phineas!
Por un momento su cara se tensó, parecía hasta preocupado, pero en un segundo volvió a su semblante serio.
—No tengo tiempo para rumores y estoy perdiendo la poca paciencia que me quedaba, señorita, venga conmigo, su ceremonia de selección tendrá lugar ahora mismo.
Seguí a Black a través de las mesas del gran comedor, fue incómodo ver cómo todos los alumnos se giraban para mirarme, por una vez la atención no me agradaba...cuando me senté en aquel taburete y la profesora Weasley puso aquel sombrero raído sobre mi cabeza me sentí nerviosa.
—Ah...que sorpresa una...
—No te andes por las ramas sombrero— El director no dejó que el sombrero terminase su frase y éste malhumorado simplemente se limitó a decir “Slytherin”.
Automáticamente todos los de la mesa de mi nueva casa comenzaron a aplaudir y a vitorear, mi ropa cambió con los colores y el escudo de mi nueva casa, antes de sentarme con mis nuevos compañeros lancé una mirada a la mesa de Griffindor y le vi, Garreth realmente esperaba que me eligieran en su casa pero me saludaba con alegría.
Busqué con la mirada a los chicos de la fiesta entre los de mi casa y los encontré a tan sólo 5 asientos de distancia, Sebastian cruzó su mirada con la mía y me sonrió, Ominis, había desaparecido y cuando me giré a buscarlo estaba tras de mí, se agachó y tal y como hizo en la fiesta me susurró al oído.
—Bienvenida a Slytherin querida...Ya sabía yo que eras perfecta para nuestra casa.
