𝙱𝚊𝚓𝚘 𝚕𝚊 𝚌𝚊𝚍𝚎𝚗𝚊 𝚍𝚎 𝚝𝚞𝚜 𝚋𝚎𝚜𝚘𝚜 [𝙹𝚞𝚗𝚑𝚊𝚘] por bibimbap en Inkitt
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𝙱𝚊𝚓𝚘 𝚕𝚊 𝚌𝚊𝚍𝚎𝚗𝚊 𝚍𝚎 𝚝𝚞𝚜 𝚋𝚎𝚜𝚘𝚜 [𝙹𝚞𝚗𝚑𝚊𝚘]

Sinopsis

Junhui y Minghao fueron mejores amigos desde niños, pero para Junhui, su amistad esconde una obsesión peligrosa. Cuando llegan a la universidad, Junhui se asegura de que nadie más se acerque a Minghao, sobre todo cuando el omega pasa por su primer celo. Mientras Minghao comienza a notar la creciente posesividad de Junhui, el alfa hará lo que sea para mantenerlo a su lado, sin importar las consecuencias. Es una historia que estoy escribiendo actualmente, por lo que las actualizaciones no serán tan seguidas, de todas formas, no tendrá más de 15 capítulos

Genero:
Fantasy/Romance
Autor/a:
bibimbap
Estado:
Completado
Capítulos:
13
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

Capítulo 1

Junhui tenía seis años la primera vez que vio a Minghao.

Era una tarde cualquiera, una de esas donde el sol caía lento y el viento sacudía las hojas secas en el parque. Había otros niños corriendo, jugando y gritando, pero Junhui no estaba interesado en ellos. Su mirada se fijó en un pequeño omega que estaba sentado bajo un árbol, con las piernas cruzadas y una expresión tranquila.

Minghao no jugaba con los demás. Parecía absorto en su propio mundo, con un libro entre las manos y los cabellos oscuros cayendo sobre su rostro delicado. Junhui pensó, en ese momento, que nunca había visto a alguien tan hermoso.

Se acercó sin pensarlo demasiado, con la determinación infantil de alguien que acababa de encontrar algo especial.

—Hola.

Minghao alzó la vista. Sus ojos eran grandes, profundos, oscuros como un océano sin fin. En ellos había algo enigmático, una calma inquietante que Junhui no comprendía, pero que lo atrapó al instante. Para él, aquel chico era el ser más hermoso que había visto, una visión tan etérea que sintió una necesidad imperiosa de quedárselo para sí.

—...Hola —respondió con voz suave.

—¿No quieres jugar con los demás? —preguntó Junhui, observando su libro con curiosidad.

El chico negó con la cabeza.

—No soy bueno hablando con otros. —Comentó Minghao con timidez, mirando hacia el suelo, sin atreverse a encontrar los ojos de Junhui. Su voz era suave, como si temiera que cualquier palabra pudiera romper el delicado momento.

Junhui lo miró, aún sin entender completamente la incomodidad del otro. Pero la sonrisa que surgió en el rostro de Minghao, aunque pequeña, fue sincera.

—Pero me gusta leer, mi mami dice que soy muy bueno en eso. —Dijo con una sonrisa que, aunque tímida, reflejaba su pasión por los libros. Los ojos de Minghao brillaban un poco al hablar de su pasatiempo favorito, como si los libros fueran la única forma en que realmente se sentía él mismo, sin las barreras de la timidez.

Junhui se quedó en silencio por un momento, observándolo. Había algo en la forma en que Minghao hablaba de la lectura que lo fascinaba, algo que lo hacía querer estar más cerca, aprender más de él. Aunque Minghao parecía callado y algo distante, había una profundidad en él que Junhui no podía dejar de notar.

Desde ese día, Junhui comenzó a seguirlo, casi sin darse cuenta de cómo había sucedido. Primero fue solo un par de encuentros fortuitos, luego se volvió casi un ritual. Junhui lo acompañaba a la biblioteca, se sentaba cerca mientras Minghao leía, disfrutando del simple hecho de estar juntos, en silencio, pero rodeados de palabras.

Minghao no lo vio como algo extraño al principio. Junhui era su amigo, el único con quien se sentía realmente cómodo. A veces, Junhui le hablaba sobre los libros que él había leído, pero nunca lo hacía con la misma pasión. Para Junhui, no se trataba tanto de los libros, sino de la compañía.

Con el tiempo, Jun empezó a seguir a Minghao a todas partes: a la escuela, al parque, incluso a los cafés donde él se reunía con algunos otros compañeros. Al principio, Minghao lo encontraba gracioso, incluso un poco molesto en ocasiones, pero nunca pensó que Junhui lo hacía de forma intencional. Era solo su amigo.

—No necesitas a nadie más —le decía Junhui una y otra vez, con esa sonrisa que parecía contener tanto cariño como una preocupación inexplicable.

Minghao se reía y le daba una palmada en la espalda.

—Tú tampoco necesitas a nadie más, ¿verdad? —respondía, sin pensar mucho en el tono serio de Junhui.

Pero Junhui estaba hablando en serio.

🌑

A medida que Minghao y Junhui fueron creciendo, los cambios en su relación se hicieron cada vez más evidentes, aunque Minghao no estaba del todo seguro de qué estaba pasando. Al principio, todo parecía normal, como si nada hubiera cambiado entre ellos. Pero con el paso de los años, Minghao empezó a notar pequeñas alteraciones en el comportamiento de Junhui, como si un velo sutil se hubiera interpuesto entre la amistad que siempre habían tenido y algo más.

Era un comportamiento que Minghao trató de ignorar al principio, pensando que tal vez estaba exagerando, pero las señales se fueron acumulando. En la adolescencia, Junhui comenzó a mostrarse más posesivo, y no de la manera en que lo haría un amigo preocupado, sino de una forma más intensa, más territorial. No era solo que siempre estuviera cerca de Minghao, sino que había momentos en los que parecía seguirlo, casi acechando en segundo plano. Cuando alguien se acercaba demasiado, Junhui no hacía nada abiertamente, pero algo en su mirada, fría y calculadora, dejaba claro que no estaba cómodo. Si alguien trataba de entablar una conversación con Minghao, Junhui siempre aparecía de alguna forma, como si tuviera un sexto sentido para detectar la presencia de otras personas.

En ocasiones, la aparición de Junhui era tan sutil como una mirada intensa que caía sobre la nueva persona. Otras veces, no podía evitar una intervención directa.

—¿Por qué no vamos a estudiar juntos? —decía con una sonrisa que, a simple vista, parecía inocente, pero Minghao sentía que había algo más escondido entre las palabras. Era como si, en ese simple gesto, Junhui estuviera reclamando una porción exclusiva de su tiempo.

Al principio, Minghao pensó que Junhui simplemente quería pasar más tiempo con él. Después de todo, era su amigo más cercano, el compañero con el que había compartido tantas experiencias y risas. Junhui siempre había estado ahí, especialmente cuando más lo necesitaba, siempre dispuesto a ayudar, a protegerlo, a asegurar que todo estuviera bien en su vida. Tal vez, pensó Minghao, era solo preocupación de su parte.

Sin embargo, con el paso del tiempo, la naturaleza de esa “preocupación” comenzó a tornarse más evidente, y no de una forma positiva. Junhui ya no solo quería estar cerca para compartir momentos de amistad. Empezó a hacerlo de una manera posesiva, asegurándose de que Minghao no tuviera espacio para nadie más. Cuando Minghao intentó abrirse a nuevas amistades, las cosas comenzaban a ir mal sin razón aparente. Algunos nuevos conocidos simplemente se alejaban, otros perdían interés sin decir por qué. En algunos momentos, Minghao trató de entender qué estaba pasando, preguntándose si era él el problema, si había hecho algo mal. Pero nunca llegó a cuestionarlo en serio. Junhui siempre estaba allí para ofrecerle compañía, para recordarle que no necesitaba a nadie más, que lo único que importaba era su amistad.

Era como si Jun hubiera estado tejiendo una red invisible a su alrededor, enredándolo cada vez más en su dominio, sin que Minghao pudiera o supiera cómo escapar. A veces, Minghao se sentía atrapado en esa relación, pero al mismo tiempo, no podía dejar de sentir que, de alguna manera, Junhui estaba actuando por su bien. Quizá él nunca podría comprender del todo qué motivaba esas acciones, pero lo que sí sabía era que siempre había algo más, algo que Junhui jamás decía en voz alta, pero que se filtraba en cada uno de sus gestos. Y eso, sin duda, comenzaba a desconcertarlo.

El día en que salían los resultados de las pruebas de segundo género, el sol brillaba intensamente en lo alto del cielo. Minghao estaba nervioso, demasiados pensamientos cruzaban su mente. No quería ser omega, pero tampoco alfa. Lo único que le molestaba era la incertidumbre, y si hubiese sido un beta, quizás habría sido más fácil. Después de todo, los betas eran más “neutros”, no tenían las expectativas y la presión que los alfas y omegas enfrentaban constantemente.

Se encontraba en su habitación, mirando su celular mientras esperaba que llegara la notificación. El tiempo parecía haberse detenido cuando finalmente escuchó el sonido del mensaje entrante. Su corazón latió más rápido. La notificación era de Junhui, como había acordado. Ambos se habían prometido ver los resultados juntos, y el pensamiento de compartir ese momento con él le daba algo de consuelo. Sin pensarlo demasiado, Minghao se levantó y se dirigió rápidamente hacia la casa de Junhui.

El aire fresco de la tarde le acariciaba la cara mientras caminaba hacia el apartamento de su amigo. Había una mezcla de ansiedad y expectativa en su interior. Al llegar, Junhui lo recibió con una sonrisa, pero Minghao notó que algo en su mirada estaba ligeramente fuera de lugar. Quizás también estaba nervioso.

—Entonces, ¿listo para descubrir qué eres? —preguntó Junhui con tono ligero, pero Minghao percibió el atisbo de seriedad que había debajo de sus palabras.

Minghao asintió con una sonrisa tensa, y ambos se sentaron frente al computador. Junhui abrió la página del portal oficial, y los dos esperaron a que cargara la página de los resultados. Minghao no pudo evitar morderse el labio mientras veía cómo el cursor se movía lentamente en la pantalla.

Finalmente, la página se abrió y el resultado apareció en letras grandes y claras: Omega. Un peso se instaló en el pecho de Minghao, una sensación de decepción que no sabía si podía explicar. Había esperado algo diferente, o quizás simplemente esperaba no ser nada. Ver esa palabra ahí, tan definitiva, lo hizo sentirse más pequeño de lo que había anticipado.

Jun miró la pantalla y luego a Minghao, su rostro mostrando una ligera preocupación. Él, al contrario de Minghao, había hecho su prueba mucho antes y, al ver los resultados, se dio cuenta de que era un alfa. No le sorprendió, siempre había sentido esa energía dominante en él, pero vio cómo su amigo no parecía tan aliviado como él pensó que estaría.

Minghao apartó la mirada de la pantalla, sintiendo una punzada en su pecho. No dijo nada al principio, simplemente quedó en silencio, procesando el resultado que le había dado la prueba. El hecho de ser omega lo hacía sentir vulnerable de una manera que no había anticipado. No quería ser considerado débil, no quería las expectativas que vinieran con ser un omega.

Junhui, viéndolo tan callado, se acercó a él y puso una mano sobre su hombro, con un gesto de apoyo.

—Oye, no te preocupes por eso —dijo Junhui con suavidad, sus palabras eran firmes pero llenas de calidez—. Ser omega no te hace menos, Minghao. Yo soy un alfa, y eso no cambia nada entre nosotros. La categoría no te define, y no tiene nada que ver con lo que realmente eres.

Minghao levantó la vista lentamente, encontrándose con los ojos de Junhui. La sinceridad en su mirada le hizo sentir algo de alivio, aunque la duda seguía rondando en su mente. ¿Por qué le importaba tanto? ¿Acaso le daba miedo que el hecho de ser omega lo cambiara a él, a su relación con Junhui? Era algo que no lograba comprender completamente, pero la incomodidad seguía ahí, palpitante.

Junhui sonrió, esa sonrisa que siempre lo tranquilizaba. Sabía que Minghao estaba tratando de digerir todo lo que acababa de descubrir sobre sí mismo, pero tenía algo más que decirle.

—Minghao —continuó Junhui, su tono suave pero seguro—. No importa que seas omega. Para mí, tú eres... tú. No es la marca lo que define quién eres. No es tu rango, ni tu tipo de género. Es tu corazón, lo que eres cuando estás conmigo, y eso es todo lo que necesito saber. Yo te aprecio por lo que eres, no por lo que la sociedad dice que deberías ser.

Minghao bajó la mirada, una mezcla de emociones invadiéndolo. Junhui había sido tan constante en su vida, siempre había estado allí para él, pero ahora que todo parecía tan definido por un simple test, se sentía extraño. Sin embargo, las palabras de Junhui lo reconfortaron de alguna manera.

—Gracias —murmuró Minghao, sin saber si su agradecimiento era por las palabras o por el simple hecho de que Junhui siempre sabía cómo calmarlo.

Junhui se inclinó hacia él, poniéndose más serio, como si quisiera asegurarse de que Minghao entendiera algo muy importante.

—No me importa que seas omega. Si alguna vez te sientes menos, o piensas que te falta algo, recuerda que para mí no hay nada que te haga incompleto. Yo estaré aquí, siempre.

Minghao lo miró con los ojos brillantes, agradecido, pero algo en su pecho aún sentía un vacío, algo que no sabía cómo llenar. Junhui, al ver la expresión de Minghao, agregó una última palabra, como una promesa.

—Y no vas a estar solo. Nunca lo estarás, Minghao.

🌑

Con el paso de los años, la influencia de Junhui sobre Minghao se fue volviendo más evidente y, a la vez, más sutil, como una sombra que se alargaba sin que Minghao lograra verla completamente. Cuando llegaron a la universidad, Minghao ya tenía en mente qué carrera quería seguir, pero Junhui, como si el destino hubiera jugado a su favor, “casualmente” eligió la misma. Minghao no lo pensó demasiado en ese momento. Después de todo, siempre habían compartido tantas cosas, ¿por qué no iban a compartir también su futuro académico?

Sin embargo, la verdadera sorpresa llegó poco después, cuando Minghao mencionó que quería mudarse cerca de la universidad para no perder tanto tiempo en el transporte. Junhui, con una sonrisa aparentemente despreocupada, le informó que ya había encontrado un departamento en la misma zona, sin siquiera preguntarle a Minghao si era lo que quería. No hizo preguntas, no ofreció opciones. El lugar ya estaba elegido.

—¿Por qué no mudarnos juntos? —le sugirió Junhui con total naturalidad un día, como si fuera la opción más lógica del mundo. Para Minghao, no era extraño. Después de todo, Junhui siempre había estado a su lado, compartiendo todo lo que tenía. Había sido su compañero durante años, su confidente. ¿Qué problema habría en seguir compartiendo espacio?

Minghao no pensó que hubiera algo de raro en eso. Junhui era su amigo más cercano, la persona con la que siempre podía contar, así que la idea de mudarse juntos le pareció algo natural, incluso inevitable. No cuestionó si realmente quería hacerlo o si estaba siendo presionado de alguna forma. En su mente, Junhui nunca había hecho nada para hacerle sentir incómodo; al contrario, siempre había estado ahí para él, para ayudarlo a mantenerse a flote. Y sin embargo, a medida que avanzaban los días, una sensación extraña comenzó a formarse en el pecho de Minghao. Una sensación de incomodidad que no lograba comprender por completo, algo que le decía que no todo estaba bien, pero que no sabía cómo identificar.

El tiempo pasó, y Junhui continuó en su papel de amigo perfecto, siempre dispuesto, siempre atento. No era el tipo de persona que hablaba mucho sobre sus sentimientos, y Minghao nunca sospechó que había algo más detrás de sus acciones. Junhui nunca le confesó lo que realmente sentía, ni mucho menos las emociones que lo motivaban a hacer todo lo que hacía por él. Y Minghao, inmerso en su vida universitaria y en su propio mundo, jamás se dio cuenta de que la relación entre ellos ya había dejado de ser solo amistad hacía mucho tiempo. Junhui, con su presencia constante, había ido desplazando cualquier otro vínculo o relación que pudiera formarse alrededor de Minghao. Pero Minghao nunca lo notó. Junhui estaba ahí, era todo lo que necesitaba, y eso era lo único que importaba.

Al final, Minghao nunca llegó a entender que Junhui no iba a dejarlo ir. No cuando había encontrado algo tan perfecto, tan suyo. Minghao era suyo, y eso era todo lo que Jun necesitaba saber. Cada gesto de Jun, cada palabra, cada acto de cuidado, tenía un propósito claro: mantener a Hao a su lado, asegurarse de que nunca se alejara, de que nunca fuera suficiente con lo que ya tenía. No era solo amistad lo que los mantenía juntos. Para Junhui, Minghao era suyo, y nada ni nadie podría cambiar eso.

Minghao, sin embargo, nunca sospechó la profundidad de los sentimientos de Junhui. Para él, Jun siempre fue solo su amigo, alguien en quien podía confiar, pero nada más. No sabía que detrás de su amabilidad y de sus atenciones, Junhui estaba tejiendo un plan, uno en el que el alfa nunca le daría la oportunidad de elegir a otro. Mientras Minghao seguía viviendo su vida, sin darse cuenta de lo que realmente estaba pasando, Junhui permanecía al acecho, asegurándose de que nadie más tuviera la oportunidad de acercarse demasiado, de robarle algo que, en su mente, ya le pertenecía por completo.

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