Bloodlines: Fated Mates (Libro 6 de la serie The Regal Eclipse Pack)

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Sinopsis

Matt y Aria siempre han sido cercanos y la mayoría asume que están saliendo, a pesar de que no son mates. Después de pasar juntos cuatro años en la universidad, regresan a Regal Eclipse, listos para asumir los roles de Pack Liaisons. ¿Qué pasará cuando ambos encuentren a sus fated mates? ¿Elegirán a su Fated o se elegirán el uno al otro?

Genero:
Romance/Fantasy
Autor/a:
Autumn
Estado:
Completado
Capítulos:
61
Rating
5.0 65 reseñas
Clasificación por edades:
18+

Capítulo 1

—¡Matt! Estoy en tu puerta. ¿Me dejas entrar, por favor?

Matthew Asgrim inhaló profundamente y abrió los ojos, fastidiado. Estaba sumido en un sueño profundo. Soltó un gruñido. ¿Por qué vienes a estas horas? Debían de ser cerca de las once de la noche, o más tarde. Tenía un examen final por la mañana y se había pasado casi toda la noche estudiando. Hacía un par de días que no la veía.

—Jarrod terminó conmigo. Incluso a través del link mental, se notaba que lo decía llorando.

Matt puso los ojos en blanco, harto de ella y de Jarrod. Pero no se molestó en decirle lo que pensaba; ella ya lo sabía. Lo habían discutido mil veces. —Ya voy.

Se levantó de la cama sin molestarse en vestirse. No era como si ella no lo hubiera visto antes solo en calzoncillos, y a estas alturas, francamente, no le importaba. Estaba demasiado cansado. Caminó hacia la puerta y la abrió.

Aria entró de inmediato. Casi lo tira al suelo por la prisa que tenía de meterse en su cuarto. Estaba sollozando y las lágrimas corrían por su linda cara. Se las limpió y tomó aire con dificultad.

Matt cerró la puerta y se volvió hacia ella. Se quedó mirándola con los brazos cruzados sobre el pecho desnudo y una expresión de desaprobación. No es que pensara decirle nada. Ella ya sabía lo que él opinaba y no necesitaba escucharlo ahora, con el corazón recién roto.

—Ni empieces conmigo, Matt —dijo ella entre lágrimas, lanzándole una mirada de odio.

Él levantó una ceja, pero su mirada se ablandó. —No iba a decir nada. Ya sabes lo que pienso y no tiene caso repetirlo. —Acomodó la almohada contra la cabecera y se recostó. Sabía perfectamente lo que ella necesitaba y por qué había venido a buscarlo. —Ven aquí.

Ella se quitó los zapatos y se subió a su regazo. Se sentó a horcajadas, con las piernas a los lados de su cintura. Apoyó la cabeza en su hombro mientras él la rodeaba con los brazos, pegándola a su cuerpo y dejando que llorara.

—¿Por qué terminó contigo? —le preguntó Matt después de un rato. Ella se había calmado un poco, aunque seguía con la cara hundida en su cuello. Él sabía que su olor le resultaba familiar y le servía de consuelo.

—Porque no quería una relación a larga distancia —respondió ella con un suspiro.

Matt resopló. —¿Esa fue la excusa que te dio? —No se lo creía ni de broma. Estaba seguro de saber la verdadera razón. Le molestaba que Jarrod le hubiera salido con esa tontería. Si pudiera, iría a darle una paliza a ese humano por lastimarla y hacerla llorar.

—Fui una estúpida —murmuró ella, mientras otra lágrima le corría por la mejilla.

—No, solo te sentías sola —dijo él suspirando. Él también se sentía así.

—Sí —asintió ella.

—Necesito dormir un poco, Aria. A diferencia de ti, yo todavía tengo un examen mañana —le recordó, aflojando el abrazo. Esa era la única razón por la que seguían allí: para que él terminara ese último final.

—Lo sé. ¿Me puedo quedar? —Ella no se había movido y él suspiró para sus adentros. Ya se esperaba que se lo pidiera. Hacía lo mismo cada vez que terminaba con alguien.

—Sí, pero no vamos a dormir en esta posición. Anda a cambiarte. —No era la primera vez que pasaba la noche en su cama, aunque bien podría ser la última, ya que era su última noche antes de volver a casa.

Ella se bajó de su regazo y sacó una de sus camisetas de la maleta que ya estaba lista. Luego empezó a quitarse la ropa y la dejó tirada en una silla.

Matt la miró desnudarse. No era la primera vez que la veía en ropa interior, aunque nunca más que eso. Esa noche llevaba un thong de encaje negro. Se quedó viéndola mientras ella se agachaba para quitarse los jeans, y fue entonces cuando desvió la mirada. No necesitaba ver más. Puede que ella no fuera su mate, pero seguía siendo una mujer hermosa, y él era un hombre lobo sin pareja. No le convenía excitarse cuando ella estaba a punto de meterse en la cama con él. No esta noche.

Matt se acomodó boca arriba y levantó las cobijas para que ella se acostara. Aria se acomodó a su lado y se acurrucó contra él mientras él la abrazaba. Así era como a ella le gustaba dormir, aferrada a él como si fuera su amante. —¿Qué voy a hacer contigo? —le susurró en el cabello cuando ambos estuvieron cómodos.

—Consolarme —susurró ella contra su pecho.

Él soltó una risita. —Y recoger tus pedazos.

—Sí —dijo ella con seriedad.

—¿Tuviste sexo con él? —No es que fuera asunto suyo, pero ella se lo diría; siempre lo hacía. Tenía el presentimiento de que por eso Jarrod la había dejado. Todos los tipos con los que salía parecían tener solo una cosa en la cabeza: el sexo con la hermosa loba que ahora mismo estaba entre sus brazos.

—No, no quise. Pero él quería, me lo pedía todo el tiempo. —Suspiró, apoyando la mano en los abdominales desnudos de Matt—. Te tenía celos.

Matt resopló, sin sorprenderse lo más mínimo. —Todos tus novios me han tenido celos. —Y cómo no. Él era a quien ella acudía cuando estaba herida, en cuya cama dormía y a cuyo cuerpo se aferraba. Podía casi asegurar que era el único hombre con el que había compartido cama. Eso pondría celoso a cualquiera.

Ella no respondió y Matt cerró los ojos. No podía culparlos por los celos. Aria y él siempre habían sido muy cercanos, pero ella no era su mate y nunca consideraría tener una relación con ella. Jamás la tocaría de esa manera. Aquellos tipos habían tenido más intimidad con ella de la que él jamás tendría.

Sin embargo, era hermosa. Una pequeña parte de él se había sentido decepcionada al saber que no era para él, pero eso lo había superado hacía años. Ahora la veía más como una hermana, siempre buscándolo cada vez que terminaba su último romance. No sabía cuántas noches había pasado ella en su cama, llorando a mares por un tipo u otro. Hacía tiempo que había dejado de darle sermones.

Aun así, ella nunca había tenido sexo con ninguno de sus novios. Sinceramente, eso le sorprendía, considerando lo mucho que se entregaba en sus relaciones. Esos hombres estaban dejando a una mujer increíble solo porque no quería abrir las piernas para ellos. Pero no importaba. Quien fuera su mate sería un tipo afortunado, porque Aria Remington le dedicaría su alma y su corazón. Pero si alguna vez la lastimaba... aunque no era probable.

Ella se acurrucó más contra su cuello y él se dio cuenta de que ya estaba profundamente dormida. Qué cosas. Él era el que tenía que madrugar y ella ya estaba frita, pegada a él como un perezoso. Supuso que él era su árbol; su único punto fijo durante todo el tiempo que estuvieron en la universidad. El único hombre que no la dejó por negarse a tener sexo. Para Matt, los humanos eran desesperantes. Y sabía que lo más probable era que Aria terminara emparejada con uno, pues parecía ser la costumbre en la familia Remington. Todos se emparejaban con humanos, todos excepto Noelle.

Probablemente podría tener sexo con Aria si quisiera, y lo sabía muy bien. Pero no lo haría; no le quitaría eso. Hasta donde él sabía, ella seguía siendo virgen.

A veces había notado cómo lo miraba y el deseo en sus ojos. Acostarse con Aria sería una idea pésima. Ambos se arrepentirían; quizá no de inmediato, pero sí en algún momento.

De verdad no entendía por qué ella se hacía pasar por lo mismo una y otra vez. Tenía un mate en algún lugar, un hombre que siempre le sería fiel y la trataría como la princesa que era. Se rompe el corazón porque no sabe hacer nada a medias. Siempre se lanza de cabeza y luego sufre las consecuencias.

Matt no se había molestado en salir con nadie en toda la carrera. No le veía el sentido. Quizá cambiaría de opinión más adelante si no encontraba a su mate pronto, pero por ahora prefería no hacerlo. Aunque no era virgen. De vez en cuando buscaba a alguna mujer para satisfacer sus necesidades, pero no muy seguido y nunca se comprometía. Ellas lo intentaban, cautivadas por su cabello rubio, sus ojos azules y su cuerpo musculoso. Matt estaba en excelente forma, pero no le interesaba tener novia. Ninguna era su mate y no veía la razón para intentarlo.

No tenía ganas de empezar una relación con alguien que no fuera su pareja destinada. Sabía que a su lobo, Caspian, no le gustaría. Ni siquiera le agradaban las mujeres con las que Matt se acostaba de vez en cuando.

Matt abrazó a Aria con más fuerza y aspiró su aroma mientras ella dormía acurrucada contra él. Ella también era un consuelo para él, y pronto se quedó profundamente dormido.