Un año en soledad

Sinopsis

Katsuki Bakugou, el rey de Yuuei vuelve a su hogar luego de un año fuera en una misión en el reino de Shiketsu. Anhela la compañía de su familia más que nada en el mundo, a su pequeño hijo Kazuhiko y a su omega, Izuku. Sin embargo muchas cosas pueden cambiar en un lapso de un año, y Katsuki lo comprenderá a la mala. Portada hecha por Marionetta ♥️. La imagen no me pertenece, créditos a su respectivo creador.

Genero:
Drama/Fantasy
Autor/a:
Kbesto
Estado:
En proceso
Capítulos:
14
Rating
5.0 1 reseña
Clasificación por edades:
18+

Capítulo 1

Las alas de Khaos se agitaron con aún más fuerza luego de la orden. Katsuki estaba jodidamente ansioso por llegar a su hogar. Casi podía respirar su aroma a los lejos, aquella fragancia de las flores inundó sus pulmones, al igual que ese olor a sulfuro y azufre tan característico de los dragones de su reino. Aquello lo hizo sonreír y le hizo cosquillear todo el cuerpo.

Era un hecho que por fin había llegado, porque definitivamente así era como olía Yuuei. Así olía su hogar.

Khaos aterrizó en la entrada del castillo, dejando un tornado de polvo y hojas a su alrededor. Los guardias reales los apuntaron con sus ballestas, sin embargo, en el momento en que reconocieron al hermoso dragón de escamas doradas, bajaron las armas e inclinaron sus cabezas.

Katsuki bajó de Khaos de un salto y le palmeó el costado en agradecimiento. Había sido un viaje largo. Su bestia se merecía un buen descanso. Llamó con la mano a uno de los guardias apostados en la entrada y le ordenó llenar el estómago de la bestia.

Él en cambio, se sacudió las botas, su capa roja ondeó con el viento al momento en que se encaminó al interior de su hogar. Apenas puso un pie dentro del castillo, unas pequeñas y aceleradas pisadas resonaron por los pisos de piedra pulida.

—¡Papá, llegaste!

Katsuki se agachó con una rodilla en el suelo y abrió los brazos, esperando la embestida de su cachorro.

—Regresé, enano.

Un pequeño de unos siete años edad se le abalanzó encima, acaparándolo.

—Regresaste, papá —El pequeño sollozó, desesperado por oler el aroma de su padre. Su cabeza hundida en la curva de su cuello, buscando llenarse de su esencia paternal.

Su alfa, el rey de Yuuei por fin había llegado.

Katsuki abrazó a su hijo con fuerza, liberando feromonas paternales para hacerle saber lo mucho que también lo había extrañado.

La posesividad explotó en su interior como una represa contenida. Su alfa gruñó con tanta fuerza debido al olor y la calidez de su mocoso.

—¿Estás llorando, enano?

El pequeño negó con fervor escondido en su cuello, pero Katsuki podía sentir los potentes sollozos y la humedad de las lágrimas en su piel. Katsuki no le insistió a su mocoso, lo conocía lo suficiente para saber que odiaba mostrarse vulnerable (igual que él), no quería torturarlo de ese modo. En vez de eso, Bakugou sonrió y acarició con ternura los mechones dorados de la cabeza de su hijo. El pequeño se acurrucó un poquito sobre su cuello. Bakugou rio e inhaló profundo la esencia de su hijo. Kazuhiko olía a madera de roble, olía a menta. Olía a hogar.

—¿Majestad?

Bakugou alzó la cabeza, una de las sirvientes del castillo lo miraba con ojos asombrados y un poco asustados. Se notaba agitada y traía una pequeña toalla entre las manos.

Bakugou la miró con recelo, el aroma de la muchacha omega, tenía un tinte nervioso que lo desconcertó. Estaba por preguntarle qué le pasaba, cuando sintió el apretón de su hijo sobre sus ropas.

—No quiero ir a bañarme, papá —susurró bajito el cachorro.

Bakugou parpadeó, observando mejor a su hijo. El pequeño estaba descalzo, solo una delgada camiseta de algodón cubría su torso. Bakugou dirigió sus ojos a la mujer, buscando respuestas.

—El príncipe estaba por tomar un baño, Majestad —dijo nerviosa la muchacha, agachando la mirada.

Bakugou quiso rodar los ojos por la actitud tan sumisa de la mujer, pero se contuvo. No era un secreto para nadie que los empleados lo consideraban como un alfa extremadamente intimidante. No era mentira, pero no se comería a la chica. ¿Qué le pasaba?

Había estado fuera de su hogar por poco más de un año, pero las cosas no cambiaban.

—Está bien, yo lo llevaré a los cuartos de baño, sígueme —le ordenó a la mujer. La muchacha tembló de pies a cabeza ante la orden, pero ¿qué podía hacer él? No podía evitar que su voz sonara así de intimidante y potente.

Se dirigieron a los cuartos de baño en silencio, solo se escuchaban sus pisadas y los pequeños gruñidos de descontento que soltaba Kazu.

—Estás más grande, pero sigues siendo un escurridizo —Bakugou le susurró a su cachorro. El pequeño refunfuñó.

—No sé por qué me bañan si voy a volver a ensuciarme.

Bakugou soltó una carcajada. Eso tenía algo de sentido.

El castillo era enorme y los pasillos eternos. Mientras se desplazaban por las diferentes estancias, los sirvientes detenían sus trabajos y se inclinaban en respeto a su rey recién llegado. Los ojos de Bakugou se movían por todos los rincones. Era seguro que todos ya estaban enterados de su retorno al castillo. Sin embargo, la persona que más ansiaba ver no se encontraba por ningún lado.

Bakugou odiaba sentirse blando frente a sus súbditos, pero... joder. Tenía que preguntar.

—¿Dónde está Izuku? —preguntó por lo bajo. Por el tono de su voz, la sirvienta supo al instante que la pregunta iba dirigida a ella.

—No lo sé, señor.

Bakugou no miró a la mujer, pero su aroma debió delatar su descontento ante esa respuesta.

¿Cómo no iban a saber dónde estaba el maldito rey consorte de Yuuei? Era ridículo.

—¿Quieres saber dónde está mamá?

Bakugou bajó la mirada hacia su hijo entre sus brazos. El pequeño lo miraba con sus afilados ojos rojos repletos de curiosidad.

—Uhm —respondió.

—Él está entrenando —soltó el cachorro, como si fuera lo más obvio del mundo.

—¿Ah si? ¿Y dónde? 

Kazu lo miró con su pequeño ceño fruncido. Y mierda, Bakugou podía decir que su mocoso era igualito a él.

—En el jardín, papá. ¿Dónde más? —respondió, como si fuera bien sabido.

Bakugou asintió.

Cuando Kazu hablaba del jardín se refería al bosque que rodeaba el castillo. Un jardín jodidamente enorme si le preguntaban.

Después de dejar a un desnudo y malhumorado Kazu en los cuartos de baño. Bakugou ni siquiera se molestó en cambiarse de ropa, salió del castillo en dirección al bosque.

Había una vibra extraña que rodeaba el castillo, Bakugou podía percibirlo. Los empleados siempre le habían guardado profundo respeto, claro, debían hacerlo debido a su estatus, sin embargo, ahora se sentía diferente. Todos se ponían como fantasmas apenas lo veían. Era como si estuvieran cagados de miedo al contemplarlo, por alguna razón que claramente él no tenía puta idea.

En eso pensaba cuando caminaba por el bosque. Deku podría explicarle qué mierda estaba pasando. Y a todo esto, ¿por qué Deku estaba entrenando de nuevo? Se suponía que después del nacimiento de Kazu lo había dejado, concentrado plenamente en el cuidado del cachorro.

Sea como sea, eso no debía ser importante, Deku siempre había sido un trabajador por naturaleza, jamás se mantenía quieto y siempre buscaba maneras de mantenerse en forma.

Bakugou decidió dejar de pensar en eso por el momento, para ser sincero, no le molestaba, solo le pareció curioso. Está vez se concentró en buscar el aroma de Izuku por el bosque con el fin de encontrarlo. El aroma de su omega olía a menta fresca y seductora. Bakugou se permitió sonreír para sí mismo. Se relamió los labios, estaba seguro que ninguno de los dos dormiría por la noche.

—Kirishima, ¿puedes quitarte de encima, por favor?

Bakugou sintió como su pulso se elevó hasta el cielo en cuestión de microsegundos. El estómago dandole un vuelco. Había una imagen frente a sus ojos que se apreciaba más nítida que el agua, sin embargo, algo en su cerebro se negaba a admitirla. Su lobo se agitó con fuerza en su interior, iracundo y desesperado.

Bakugou sintió la necesidad de incendiar el maldito bosque con sus propias manos.

—¿Qué mierda está pasando aquí, la puta madre? —gruñó por lo bajo, de forma escalofriante. Su gruñido ha de haber salido tan potente, porque los dos pares de ojos de aquellos que estaban en el suelo entrelazados, se alzaron para encontrarse con los suyos.

Bakugou sentía que se le partiría la mandíbula en dos de tan fuerte que la estaba apretando, su sangre hervía. Kirishima Eijiro, su guardia real, el hombre de mayor confianza dentro de sus filas, y su maldito mejor amigo, estaba encima de su omega de la manera más inapropiada posible. ¿Qué carajo? Incluso su asqueroso aroma terroso se dispersaba en el aire repleto de excitación contenida.

Ambos hombres se pusieron de pie de inmediato, Kirishima claramente avergonzado e Izuku. Izuku lo miraba al rostro como si fuera una especie de bicho raro.

¿Qué mierda estaba pasando?

Su adorado omega, el que habría corrido a su encuentro después de más de un año sin verse, lo miraba a los ojos como si fuera un insecto indeseado.

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Kbesto🍀