Prólogo
Lagertha había despertado a sus dos hijas para llevarlas al mar a pescar, después de todo, debían estar preparadas y nunca era demasiado pronto o muy tarde para empezar a aprender. Cada una llevaba una lanza para atrapar los peces. Gyda se frustraba por no conseguir ninguno, mientras Eyra por poco conseguía que se quedaran en su lanza. La matriarca era quien siempre conseguía las mejores presas. Las hermanas iban de la mano, de vuelta a la granja donde Ragnar, su padre, y Bjorn su hermano mayor, entrenaban.
—¿Qué están haciendo?
—Voy a llevar a Bjorn a la Reunión, mañana.
—Aún es joven.
—Tiene doce años.
—Llévalo el siguiente año— se acercó Lagertha—. El año que viene va a estar bien.
—Va necesitar un moño de seda, Lagertha— luego se giró con su hijo—. Eres muy apuesto, pero con orejas raras.
—Me vas a abandonar— entró Eyra para jalar sus orejas y este le revolviera el cabello.
—Volveré.
—Tienes qué.
—Lo haré— dijo Bjorn.
A la mañana siguiente, Ragnar y Bjorn terminaban de afinar detalles, Lagertha abrazó a ambas hijas antes de darle un beso en la cabeza a cada una. Bjorn les dedicó una última mirada a las mujeres antes de seguir a su padre hacia Kattegat. Las tres mujeres de la familia tejían cuando unos hombres irrumpieron en la cabaña. Lagertha ordenó a Eyra llevarse a su hija al establo. No tardó más de diez minutos en ir a buscarlas, la menor estaba asustada, Eyra la abrazaba, pronto su madre se unió en ese abrazo, para transmitirles su calor de madre.
—¡Ven, Gyda! ¡Bjorn volvió! — jaló a su hermana y corrió hacia los recién llegados. Las niñas abrazaron a su hermano y Ragnar las abrazó antes de ir al encuentro de su esposa.
—Te dije que volvería— revolvió la melena de Eyra.
—Muéstrale tu brazalete— dijo la rubia de en medio.
—Es bello— a Gyda le brillaron los ojos.
—Mira, es el tío Rollo— dijo Bjorn.
—Hola, pequeños, ¿dónde están sus padres? — dijo al bajar del bote.
—Haciendo el amor— dijo Bjorn.
—Y díganme, niñas, ¿su madre ya les enseñó a usar un escudo?
—Sí sé cómo usar un escudo— se molestó Gyda.
—¿Cómo nos pregunta eso?
—Su madre era una famosa escudera— dijo Rollo.
—Es una famosa doncella— reiteró Ragnar.
—Luchamos en la misma batalla, contra los del Este— dijo Rollo—. Luchó como una valquiria.
—Vamos, niños, a la cama; dejen a los hombres— dijo Lagertha.
—Yo soy un hombre— espetó Bjorn—. Tengo un brazalete.
—Que se quede un rato— dijo Ragnar.
—A la cama— ordenó Lagertha—. Despídete.
—Buenas noches, hijos míos— dijo Ragnar.
—Buenas noches— se despidieron los pequeños.