ᐟᐟ ⟢ 𝔼𝕟𝕥𝕣𝕖 𝕝𝕚𝕟𝕖𝕒𝕤 🖋️ ˚. ᵎᵎ˖ por ♡ 𝓥𝒆𝒓𝒐 🩰  ၱ   ֖ en Inkitt
Personalizar legibilidad
Aa

ᐟᐟ ⟢ 𝔼𝕟𝕥𝕣𝕖 𝕝𝕚𝕟𝕖𝕒𝕤 🖋️ ˚. ᵎᵎ˖

Sinopsis

════════════════════════════════════ . ✦ .  ⁺   . ✦ .  ⁺   . ✦ .  ⁺   . ✦ .  ⁺   . ✦ .  ⁺   . ✦ .   ︶⊹︶︶୨୧︶︶⊹︶︶⊹︶︶୨୧︶︶⊹︶︶⊹︶︶୨୧︶︶⊹︶ 𝙼𝚒𝚗𝚑𝚘 𝚎𝚜 𝚞𝚗 𝚎𝚜𝚌𝚛𝚒𝚝𝚘𝚛 𝚏𝚛𝚞𝚜𝚝𝚛𝚊𝚍𝚘 𝚢 𝙹𝚒𝚜𝚞𝚗𝚐 𝚎𝚜 𝚜𝚞 𝚎𝚍𝚒𝚝𝚘𝚛, 𝚌𝚘𝚗𝚘𝚌𝚒𝚍𝚘 𝚙𝚘𝚛 𝚜𝚎𝚛 𝚞𝚗 𝚍𝚘𝚕𝚘𝚛 𝚍𝚎 𝚌𝚊𝚋𝚎𝚣𝚊 𝚌𝚘𝚗 𝚜𝚞 𝚋𝚛𝚞𝚝𝚊𝚕 𝚜𝚒𝚗𝚌𝚎𝚛𝚒𝚍𝚊𝚍. 𝙲𝚊𝚍𝚊 𝚌𝚘𝚛𝚛𝚎𝚌𝚌𝚒ó𝚗 𝚍𝚎 𝙹𝚒𝚜𝚞𝚗𝚐 𝚙𝚊𝚛𝚎𝚌𝚎 𝚞𝚗 𝚊𝚝𝚊𝚚𝚞𝚎 𝚙𝚎𝚛𝚜𝚘𝚗𝚊𝚕, 𝚙𝚎𝚛𝚘 𝙼𝚒𝚗𝚑𝚘 𝚎𝚖𝚙𝚒𝚎𝚣𝚊 𝚊 𝚗𝚘𝚝𝚊𝚛 𝚚𝚞𝚎 𝚎𝚗𝚝𝚛𝚎 𝚕𝚘𝚜 𝚌𝚘𝚖𝚎𝚗𝚝𝚊𝚛𝚒𝚘𝚜 𝚑𝚊𝚢 𝚖𝚎𝚗𝚜𝚊𝚓𝚎𝚜 𝚘𝚌𝚞𝚕𝚝𝚘𝚜… 𝚙𝚊𝚕𝚊𝚋𝚛𝚊𝚜 𝚚𝚞𝚎 𝚜𝚞𝚎𝚗𝚊𝚗 𝚍𝚎𝚖𝚊𝚜𝚒𝚊𝚍𝚘 𝚙𝚊𝚛𝚎𝚌𝚒𝚍𝚊𝚜 𝚊 𝚞𝚗 "𝚝𝚎 𝚚𝚞𝚒𝚎𝚛𝚘". ︵⊹︵︵୨୧︵︵⊹︵︵⊹︵︵୨୧︵︵⊹︵︵⊹︵︵୨୧︵︵⊹︵ . ✦ .  ⁺   . ✦ .  ⁺   . ✦ .  ⁺   . ✦ .  ⁺   . ✦ .  ⁺   . ✦ .   ════════════════════════════════════ HANKNOW / MINSUNG © sunshinekat_uwu 2025

Estado:
Completado
Capítulos:
3
Rating
n/a
Clasificación por edades:
16+

ᐟᐟ ⟢ 𝕋𝕖 𝕖𝕤𝕔𝕣𝕚𝕓𝕠 𝕖𝕟𝕥𝕣𝕖 𝕝𝕚𝕟𝕖𝕒𝕤 🖋️ ˚. ᵎᵎ˖


Minho deslizó los dedos por el borde de las hojas impresas, observando las correcciones con el ceño fruncido. Cada línea tachada, cada anotación en los márgenes, cada comentario incisivo de Jisung parecía un puñetazo directo a su orgullo. No era la primera vez que lidiaba con él, pero sí la primera en la que sentía un nudo en la garganta al leer sus palabras.

—“Fuerza la emoción, pero no la vive. Hazlo respirar, hazlo latir”— leyó en voz baja, fijando la vista en la tinta roja.

Siempre había sido así. Jisung no endulzaba nada. Si algo era mediocre, lo decía sin rodeos. Si un diálogo sonaba falso, lo destruía sin piedad. Minho debía admitir que esa brutal sinceridad era parte de lo que lo mantenía escribiendo, buscando mejorar... pero últimamente, las críticas se sentían diferentes.

Volvió a leer la nota, y algo en su pecho se removió. No era solo una observación técnica. Había algo más ahí, algo casi personal, casi íntimo. Frunció los labios, molesto consigo mismo por siquiera pensarlo. Seguramente estaba leyendo de más.

Apartó las hojas con un suspiro y se dejó caer en el respaldo de su silla. Su relación con Jisung había sido tensa desde el primer día. Chocaban en casi todo: en ritmo de trabajo, en perspectivas narrativas, incluso en gustos literarios. Y, sin embargo, no podía negar que entre esos roces había una chispa extraña, una familiaridad incómoda que lo hacía estar siempre a la defensiva.

El sonido de una notificación sacudió el silencio de su apartamento. Miró el teléfono y, como lo esperaba, el mensaje era de Jisung:

Jisung:Espero que no estés planeando ignorar mis notas otra vez. Sabes que tengo razón.

Minho rodó los ojos, su dedo sobre el teclado dudando entre responder con sarcasmo o simplemente dejarlo en visto. Al final, escribió:

Minho:Eres insoportable.

Casi al instante, la respuesta llegó:

Jisung:Y tú sigues escribiendo como si tuviera que arrancarte cada emoción con pinzas. Pero tranquilo, algún día aprenderás.

Minho sintió la punzada de irritación mezclada con algo más cálido, algo que no quería identificar. Se pasó una mano por el cabello y tomó las hojas otra vez. Iba a demostrarle que podía hacerlo mejor.

Pero antes de continuar, releyó una última anotación:

—“Las palabras importan, pero lo que escondemos entre ellas importa más”— murmuró.

Minho tragó en seco. Por primera vez, no supo si Jisung hablaba de su historia... o de algo más.


Minho pasó los días siguientes atrapado en un círculo vicioso de frustración y obstinación. Cada vez que abría el archivo con las correcciones de Jisung, sus dientes se apretaban en una mezcla de rabia y resignación. Jisung no solo tachaba frases completas con su inconfundible estilo despiadado, sino que dejaba anotaciones que se sentían como puñaladas certeras.

“Este diálogo suena tan forzado que podría ser parte de una mala telenovela.” “Demasiada descripción innecesaria. No escribes un tratado de botánica, Minho.” “Intenta, solo intenta, que tu protagonista no suene como un niño emo en pleno berrinche.”

Minho siseó de molestia y se echó hacia atrás en su silla, pasándose las manos por el rostro. Jisung era imposible. Pero lo peor era que, entre todas sus críticas mordaces, había pequeños destellos que Minho no podía ignorar.

“A pesar de todo, hay algo en estas líneas que me gusta. Como si hubieras dejado algo de ti aquí.” “Cuando logras olvidarte de los excesos, hay frases que realmente tocan algo dentro. Casi me haces sentirlo, Minho.” “Este párrafo es bueno. Más que bueno. No lo estropees tratando de explicarlo demasiado.”

Esos comentarios eran raros, sutiles, perdidos entre todas las correcciones brutales. Pero Minho los veía. Y empezaban a hacer ruido en su cabeza.

Cuando finalmente se encontraron cara a cara en la oficina de Jisung, la tensión era palpable. Jisung estaba apoyado contra su escritorio, brazos cruzados y una ceja enarcada mientras Minho apretaba la carpeta con su manuscrito revisado.

—Espero que hayas llorado al menos un poco con mis notas. —Jisung sonrió de manera burlona.

Minho entornó los ojos y se dejó caer en la silla frente a él.

—Solo un par de veces. Nada que no pudiera superar.

Jisung soltó una risa baja y se inclinó un poco hacia él.

—Bien. Significa que sigues teniendo algo de dignidad. Pero dime, ¿de verdad planeabas matar a tu protagonista de esa manera tan patética? Porque honestamente, esperaba más de ti.

Minho chasqueó la lengua y lo fulminó con la mirada.

—No era patética. Era trágica.

Jisung ladeó la cabeza, observándolo con una sonrisa más relajada.

—Minho, trágico es que alguien lea esto y quiera arrancarse los ojos. Afortunadamente, tienes más talento que sentido común, así que con unos ajustes podría funcionar.

Minho exhaló con frustración, pero en el fondo, algo dentro de él se calentó con esas palabras. Porque, entre la burla y la brutal sinceridad, Jisung siempre encontró una forma de hacerle saber que creía en él. Y, por alguna razón, eso le importaba más de lo que debería.

🖋️🖋️🖋️

Minho suspiró al cerrar la pantalla de su laptop. La revisión de Jisung había sido brutal, como siempre, pero había algo en esos comentarios que no podía dejar de leer una y otra vez. Un eco de algo más entre las correcciones mordaces. Algo que hacía latir su corazón con una molestia inexplicable.

Decidió despejar su mente con un poco de aire fresco. Caminó hasta su cafetería habitual, aquella en la que el café era lo suficientemente fuerte como para despertarlo de su frustración creativa. No esperaba encontrarse con Jisung allí, pero por supuesto que el universo disfrutaba de su desgracia.

Jisung estaba en la barra, removiendo su café con la misma calma con la que despedazaba sus manuscritos. Vestía de manera más relajada que en la oficina: sudadera amplia, gorra y auriculares colgando de su cuello. Parecía fuera de su elemento, lejos de la postura afilada y crítica que solía adoptar.

—Vaya, si es mi escritor favorito —comentó Jisung con una sonrisa ladina cuando Minho se acercó. Su tono era ligero, pero la forma en que sus ojos se deslizaron por él fue distinta. Menos profesional. Más... personal.

Minho bufó, fingiendo desdén.

—Si soy tu favorito, me gustaría ver cómo tratas a los que detestas.

Jisung rio bajo, dándole un sorbo a su café antes de señalar el asiento libre junto a él.

—Si ya estás aquí, podrías sentarte. Prometo no corregir tu manera de beber café.

Minho rodó los ojos, pero se sentó de todos modos. Hablaban de cosas triviales: libros, autores en tendencia, el clima. Era fácil, más fácil de lo que Minho esperaba. Hasta que Jisung giró su taza sobre la mesa, dibujando figuras invisibles con su dedo sobre la superficie húmeda.

—No todo lo que escribes está mal, ¿sabes? —dijo de repente, con un tono casi... vacilante.

Minho lo miró con desconfianza.

—Eso es lo más cercano a un cumplido que te he escuchado decir.

Jisung se encogió de hombros, sin apartar la vista de la mesa.

—A veces me gusta lo que leo. A veces... siento que estás escribiendo cosas que no te atreves a decir en voz alta.

Minho sintió su garganta apretarse. Algo en la forma en que Jisung lo dijo, en cómo sus dedos seguían trazando líneas en la mesa, lo hizo contener la respiración.

—No digas estupideces —murmuró, llevándose la taza a los labios para evitar que su expresión lo delatara.

Jisung no respondió de inmediato. Solo sonrió de lado y bebió un poco más de su café, como si supiera algo que Minho aún no estaba dispuesto a aceptar.

El silencio se estiró entre ellos, cargado de una tensión incómoda pero electrizante. Minho notó que Jisung lo observaba de reojo, con una intensidad que le crispó los nervios.

—Y tú —dijo finalmente, con voz baja—, ¿te atreverías a escribir algo que no podrías decirme a la cara?

Minho bajó la taza y la dejó sobre la mesa con más fuerza de la necesaria. Su mirada se cruzó con la de Jisung, desafiante, pero también vulnerable.

—No necesito escribir nada que no pueda decir —mintió con descaro.

Jisung arqueó una ceja, como si no creyera ni una palabra.

—Entonces quizás deberías dejar de esconderte entre líneas.

Aquello fue una puñalada directa al centro. Minho desvió la mirada, tensando los labios, sintiéndose expuesto, analizado... comprendido de una forma que no había pedido.

—Tienes demasiadas opiniones para ser solo un editor.

—Y tú tienes demasiados miedos para ser un buen mentiroso —respondió Jisung sin perder la suavidad en la voz, pero con un filo latente.

Otra pausa. Esta vez más corta. Jisung dejó el dinero del café sobre la barra y se levantó, ajustándose la gorra.

—Nos vemos en la próxima entrega —dijo, como si todo lo anterior no hubiera sucedido.

Pero antes de irse, le lanzó una mirada por encima del hombro. Una de esas que decía más de lo que cualquier línea podía revelar.

Minho se quedó en su asiento, con el café ya frío, y el corazón peligrosamente caliente.


Minho cerró la puerta de su apartamento con un suspiro. La charla con Jisung había terminado horas atrás, pero el eco de sus palabras seguía golpeando en su cabeza como si acabaran de ser dichas. Se quitó la chaqueta, dejó las llaves en el bol del recibidor y, casi sin pensarlo, fue directo a su laptop.

Abrió el archivo con las correcciones de su manuscrito, ese que había prometido no volver a mirar hasta la semana siguiente. Pero sus dedos ya estaban moviéndose con autonomía, como si su cuerpo supiera que necesitaba algo. No sabía el qué exactamente... pero lo necesitaba.

La pantalla se iluminó, mostrando el infame color rojo de los comentarios de Jisung. Iban desde lo ácido hasta lo irónicamente condescendiente, pero esta vez no buscaba las críticas. Buscaba los resquicios.

“Este diálogo tiene fuerza. Casi parece que tú mismo lo dijeras con el corazón en la mano. No finjas que no lo sientes.”

Minho frunció el ceño. Ya había leído eso antes, pero no lo había asimilado como lo hacía ahora. Lo volvió a leer. Dos veces. Tres. Y la punzada en el pecho que le provocó fue diferente. No era enojo. No era orgullo. Era... vulnerabilidad.

Siguió bajando. Otro comentario, entre líneas marcadas con tachaduras y signos de puntuación:

“Aquí intentas ocultar algo. El lector no es tonto, y yo tampoco. Di lo que realmente quieres decir. Te saldrá más natural.”

“¿Qué demonios...?“, murmuró, echándose hacia atrás en la silla. Había algo demasiado personal en esas correcciones. Algo que iba más allá del texto. Como si Jisung lo conociera más de lo que él se permitía creer.

Y entonces lo vio. Uno corto, casi escondido al final de un párrafo:

“Si dijeras lo que piensas, podrías terminar escribiéndome directamente.”

Minho sintió cómo se le erizaba la piel. Su primera reacción fue pensar que estaba interpretando demasiado. Que era el insomnio. Que era la frustración. Pero la forma en la que su corazón latía decía otra cosa.

“Maldito seas, Jisung...“, murmuró, cerrando la laptop de golpe, con un rostro que ardía de calor.

Y aun así, no podía borrar esa última línea de su mente.

🖋️🖋️🖋️

Esa noche, Minho no podía dormir.

La habitación estaba en silencio, pero su cabeza era un caos. La escena en la cafetería, las palabras de Jisung, sus dedos dibujando líneas invisibles en la mesa... todo volvía como un eco suave y molesto. Lo peor era que no sabía si le irritaba o le gustaba.

Resignado, tomó el celular para distraerse, pero en la pantalla brillaba una nueva notificación.

Jisung [01:23 a. m.]

“Estuve releyendo tu capítulo. No sé si fui demasiado duro.”“Aunque supongo que ya estás acostumbrado.”

Minho parpadeó, frunciendo el ceño.

Jisung [01:24 a. m.]

“Solo quería decir que hay partes que... me gustaron más de lo que admití. Me cuesta ser claro fuera de las correcciones.”“Pero cuando escribes así, se nota que no estás fingiendo. Y eso... eso me toca más de lo que debería.”

Minho se quedó inmóvil, sintiendo el corazón dar un salto traicionero. Apretó el celular entre las manos, sin saber qué contestar. No lo hizo. Solo bloqueó la pantalla, se hundió entre las sábanas y cerró los ojos con fuerza.

Pero durmió con una pequeña sonrisa torcida en los labios.


A la mañana siguiente, Minho decidió pasar por la editorial. Iba a dejar el manuscrito corregido en recepción, pero después del mensaje... quería ver a Jisung. O tal vez solo necesitaba comprobar si todo eso había sido real.

El pasillo hasta el despacho se le hizo eterno. Tocó suavemente con los nudillos y empujó la puerta entreabierta. Jisung estaba de espaldas, con los auriculares colgando del cuello, revisando un montón de hojas. Llevaba la camisa remangada y una expresión concentrada que, por alguna razón, a Minho le pareció demasiado atractiva para ser legal.

Jisung levantó la mirada al escucharlo. Sus labios se curvaron en una sonrisa.

—Vaya. ¿Viniste a devolverme el manuscrito o a devolverme el insomnio?

Minho le lanzó una mirada cargada, pero sus mejillas traicionaron la neutralidad con un leve color.

—Solo vine a decirte que no eres tan sutil como crees —murmuró, dejando el sobre encima del escritorio.

Jisung alzó una ceja, divertido.

—¿No? ¿Y qué crees que estaba haciendo?

Minho lo sostuvo con la mirada, la mandíbula tensa.

—Escribiéndome algo que no puedes decirme de frente.

Jisung guardó silencio por un segundo, como si lo estuviera decidiendo todo en ese momento. Luego dio un paso hacia él, lento, cuidadoso, hasta quedar cerca. Demasiado cerca.

—Tal vez estaba esperando que tú lo leyeras primero... para atreverme a decirlo después.

La electricidad flotaba en el aire, sutil pero punzante. Minho sintió que todo se le subía al pecho, pero no se movió.

—Entonces será mejor que sigas escribiendo —susurró—. Hasta que lo entienda todo.

Jisung sonrió, suave, con un brillo extraño en los ojos. No dijo nada más. Solo tomó el sobre, lo sostuvo con ambas manos como si fuera más importante de lo que parecía, y lo guardó en el cajón con una lentitud innecesaria.

Minho se fue sin mirar atrás. Pero esa sonrisa... se le quedó pegada por el resto del día.

🖋️🖋️🖋️

Minho se encerró en su apartamento apenas cayó la noche. No encendió la tele, no puso música. Solo dejó el manuscrito de vuelta sobre la mesa, tal como lo había recibido esa misma mañana en la editorial.

No estaba listo para enfrentarlo... pero tampoco podía dejarlo cerrado.

Con una exhalación larga, se sentó y comenzó a pasar las páginas. Al principio, todo parecía igual: tachones, notas al margen, sarcasmo destilado con precisión quirúrgica. Lo conocía demasiado bien. Pero entonces, algo cambió.

En la esquina de una página, entre una crítica sobre el ritmo de una escena y una sugerencia gramatical, Jisung había escrito:

“Deberías dejar que tu protagonista respire. Está tan contenido que no puede ver que alguien lo está mirando con hambre.”

Minho frunció el ceño. Eso no era una sugerencia editorial. Era una confesión disfrazada de metáfora.

Siguió leyendo. Otra página. Otra nota.

“Esto duele, pero es honesto. Me gusta cuando te atreves a escribir con el pecho abierto.”

Y en el siguiente capítulo, justo después de una escena cargada de deseo reprimido, una frase destacada:

“No sé si lo haces a propósito, pero cuando escribes esto... pareces estar hablándole a alguien. ¿A quién le estás gritando en silencio, Minho?”

Su corazón empezó a latir más fuerte. Esas palabras no venían del editor. No eran parte del trabajo. Eran algo más.

—Estás loco —susurró, pero sus labios se curvaron sin permiso.

Siguió pasando páginas, buscando más, como quien revisa una carta de amor cifrada.

Y al final del manuscrito, sin firma, sin nota formal, solo una frase garabateada en la última hoja:

“Hay partes de ti que solo veo cuando te dejas escribir sin miedo. Y esas partes... me hacen quedarme.”

Minho apoyó la espalda contra la silla, con la cabeza ligeramente echada hacia atrás, mirando el techo. Sentía las emociones agitadas en su pecho como olas violentas contra un dique que ya empezaba a ceder.

No sabía qué hacer con eso. No sabía cómo se suponía que debía reaccionar. Pero lo único que tenía claro era que quería seguir escribiendo. Para él. Con él.

Y, tal vez, eventualmente... sobre él.


¡Cuéntale a ♡ 𝓥𝒆𝒓𝒐 🩰  ၱ   ֖ lo que piensas sobre este capítulo!
Me encanta

0

Me encanta

Divertido

0

Divertido

Picante

0

Picante

Suspense

0

Suspense

Emotivo

0

Emotivo

Profundo

0

Profundo

Alentador

0

Alentador

Impactante

0

Impactante

Bien escrito

0

Bien escrito

Trama absorbente

0

Trama absorbente

Buenos personajes

0

Buenos personajes

Diálogos potentes

0

Diálogos potentes

Otras recomendaciones

Merry Christmas - Adventskalender 2025

Aelyn Raven: Wieder eine tolle Geschichte. Leider bin ich erst jetzt dazu gekommen sie zu lesen, aber das tut der Geschichte keinen Abbruch *g* ich freue mich schon auf den nächsten Adventskalender

Leer ahora
Die Wölfe von Welby

maryketteler: Ich bin von diesem Roman sehr angetan. Es handelt sich um eine wunderschöne Geschichte, die durch ein tolles Happy End abgeschlossen wird.

Leer ahora
A Blessing in Disguise

Roxann: This was an amazing book. The characters and plot were amazing and you are an awesome writer. Every book I have read by you is just amazing. I thank you and on to the next ❤️

Leer ahora
Fated to My Ex- Best Friend

Kota2015: A really good read. This is my first time on this web site. Glad I found it!

Leer ahora
Mystic Wolf

Akthea: Fantastica

Leer ahora
Ruthless Lord

Ock: romance captivante. Hâte de lire la suite

Leer ahora
La louve enchaînée

lamia housni: Ce n’est pas un histoire d’amour Plutôt intrigue

Leer ahora
Fashion victime du PDG

aude: L'intrigue aurait pu durer un peu plus . Qu’on ne découvre pas rapidement le pot au rose

Leer ahora