CAPÍTULO I: Desaparición
Nota: Este capítulo fue escrito hace casi un año atrás, por lo que el lenguaje y el estilo puede diferir de un capítulo a otro (debido a que estuve tomando clases de escritura y practicando para mejorar mis escritos)
Era una noche tranquila, el niño dormía, Jake trabajaba en la computadora y Anaís terminaba de lavar los platos, solo le faltaba secarlos y guardarlos. Se acercó Jake y le dió un beso en la cabeza, le gustaba demostrarle que la quería como.
—No te demores mucho
—dice algo cansado—
, ya es bastante tarde.
—No te preocupes, mí amor, ya casi termino...
—¿Ya has pensado en lo que te había propuesto?
—¿Lo del campamento? Seguro que a Jason le encantará, a mí me hubiera gustado ir con mis padres cuando eran niña, ¿has encontrado un buen lugar?
—Claro que sí, está cerca del lago, así que también podré llevarlo a pescar, ¿vas a decírselo tú o se lo digo yo?
—Podría comentárselo cuando lo lleve al preescolar mañana. Pero esto queda entre nosotros, ¿está bien? No quiero que nadie de la familia se entere, me refiero a tus hermanas y nuestros amigos.
—No te preocupes por eso, estoy seguro de que estarán entretenidos con alguna otra cosa.
A la mañana siguiente, todo comenzó bien. Cuando Anaís llevaba a Jason al preescolar, se pusieron a conversar de que era el último día de clases antes de que Jason comenzará la escuela primaria, y de las cosas geniales que él podría hacer con sus amigos en el verano.
—Oye
—dice ella mirando a su hijo por el retrovisor del auto—
, ¿qué opinas sobre ir de campamento mañana? Seríamos tú, yo y tu padre; por supuesto.
—¿Hablas de dormir al aire libre, encender una fogata, mirar las estrellas y todo eso?
—su voz denotaba clara alegría y sus palabras estaban colmadas de emoción.
—Y acamparemos cerca del lago, así que podrías aprender a pescar y nadar.
—Mamá, eres increíble, no puedo esperar a que llegue mañana, será el mejor verano de todos, los quiero mucho.
—Sonriendo—
Pero no quiero ninguna queja de tu maestra hoy, recuerda que por ser el último día no significa que debas aflojar el paso, ¿entendido?
—Sí mamá, te prometo que me portaré mejor que nunca.
El día transcurrió cómo cualquier otro. Los correos electrónicos no paraban de llegar y Jake parecía preocupado de ver a su esposa tan ocupada.
—¿Sucede algo?
—le dice Jake abrazándola—
No para de llegarte trabajo al correo.
—No te preocupes por eso, no es nada importante, lo puedo resolver otro día.
—Pero no te vas a llevar el trabajo al campamento, ¿verdad?
—Sólo si tú tampoco lo llevas
—sonriendo.
—Se ríe un poco—
De acuerdo, tenemos un trato.
Jake no era alguien que solía demostrar emociones hacia los demás, prácticamente era difícil verlo reír (o incluso sonreír) en público, pero con su esposa y su hijo parecía no existir esa barrera, sentía que podía permitirse esos lujos emotivos (como los llamaba ella).
Jason odiaba con todo su ser levantarse temprano, sus berrinches eran el acompañamiento que nadie pidió para el desayuno, pero esa mañana se levantó sin hacer un escándalo de eso. Cuando se le interrogó sobre el asunto; soltó algunas cosas como que estaba emocionado y que ya se sentía un niño grande, cosa de la edad decía su padre, mientras que su madre estaba algo preocupada por ver a su hijo volviéndose mayor con cada día que pasaba.
Al llegar al lago, Jason corrió de un lado a otro señalando todo lo que veía y tratando de demostrar que reconocía a todos los animales y plantas (a pesar de que ha llamado ratas a un par de ardillas que lo observaban desde un árbol). Para darle un descanso a Anaís, Jake se ofreció a acomodar todas las cosas con la ayuda de Jason (que por supuesto estaba más que dispuesto a ayudar a su padre, lo admiraba mucho y, como cualquier niño a esa edad, quería ser como él cuando sea grande).
El lago en el que se encontraban no era muy grande, pero estaba rodeado de bosque y maleza. Los turistas solían ir allí de vacaciones de verano, excepto los primeros días (quién sabe por qué). Puede que durante el verano sea algo complicado lidiar con los insectos y los molestos mosquitos, pero durante el invierno, que no es este el caso pero que viene bien mencionar porque es la época favorita de Jason, el lago se congela y es atractivo turístico para poder practicar patinaje sobre hielo.
En cuanto al bosque, era una reserva natural, no había muchos animales salvajes (lo que lo hacía perfecto para pasar unos días bajo las estrellas), pero aún así pasaba cada tanto un guardabosques a revisar que todo esté bien.
A la entrada del bosque se encontraba un cartel con la leyenda
“Cuidado. No alimente a los animales."
, seguido de una larga lista de cosas que no se deben hacer que se resumen en: no cazar, no dejar desechos en el bosque.
El lago no se encontraba muy lejos del camino, era algo que lo hacía poco estético porque del otro lado, teniendo en cuenta el lugar donde pusieron el campamento, se encontraba una tienda yendo por un sendero bien señalizado.
Como se habían olvidado de traer algunas cosas, Anaís se ofreció para ir a comprarlas. Jason, siendo el niño inquieto que es, fue acompañando a su madre mientras no paraba de hablar sobre lo genial que se lo estaba pasando.
Cuando Anaís entró a la tienda para hacer las compras, Jason pidió ir al baño él solito, a lo que ella no se opuso ya que tenía que comprar muchas cosas. Lo que Jason no vió por ir al baño es que un hombre, vestido con traje negro, se acercó a Anaís y, tras decirle unas palabras que ella no entendió, se la llevó fuera a la fuerza y la subió a un auto.
Después de unos minutos, Jason salió del baño y buscaba a su madre con la mirada, pero no la encontró por ningún lado. Pidió ayuda al empleado que se encontraba en el lugar pero él dijo que no vio nada.
Al ver que su esposa y su hijo estaban tardando en volver, se preocupó e inmediatamente fue a buscarlos, solo para encontrar a su hijo llorando en la tienda. Y mientras el niño salía exclamando, entre lágrimas y sollozos, “¡Mamá, se han llevado a mamá" con una cara que mostraba su desesperación y miedo, las personas alrededor buscaban la forma de ayudarlo. Jake no podía ceder a sus emociones, debía mantenerse fuerte mientras su hijo estuviera presente. Llamó a emergencias con su teléfono y, tras escuchar el “Buenas tardes, policía federal de..." No perdió el tiempo para explicarles la situación.
—Mí esposa ha desaparecido.








