¡NO QUIERO SER TU ESPOSA!

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Sinopsis

En el Reino Demoniaco, casarse con el rey es un honor que todas anhelan. Todos... menos Crystal Alla. Para ella, no es un privilegio. Es una condena. ¿Y lo más irónico de todo? Solo lo entenderás cuando descubras la verdad. No plagios, ni copias. Disfruta la historia ❤️

Genero:
Romance
Autor/a:
CAMILA DÍAZ
Estado:
En proceso
Capítulos:
3
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

CAP 1: ELEGIDA

–No lo repetiré más, Crystal. ¡Irás a ese baile, quieras o no!– exigió el duque Alla.

–¡Pero ese a sido el sueño de Isha! ¿Por qué tengo que ser yo?– exclamó Crystal sin entender el por qué. –Ella es la mayor, es tu favorita, es la más dedicada, y ella quiere casarse con el rey... Yo no, y lo sabes.

El duque Alla estaba apunto de objetar, pero su primogénita lo interrumpió. –Ella tiene razón, papá ¿por qué me haces esto? ¿Por qué ella y no yo?

El duque suspiró. –Crystal, espera afuera.

Crystal, algo esperanzada de que su hermana pudiera hacer cambiar de opinión a su padre, obedeció, e impaciente, se apoyó en la puerta a la espera de ser llamada.

Minutos pasaban y su desespero aumentaba, tanto, que le crujía el estómago. –El estrés le daba hambre–.

–Crystal, entra– escuchó decir.

Obedeció, y al entrar nuevamente sintió un aire distinto al de hace un rato, pues su hermana que antes tenía una posición firme, ahora, tenía la cabeza agachada, como si tratara de esconder algo.

–Entonces...– masculló Crystal.

–Iras al baile, pero antes, tu madre te ayudará a escoger un vestido y una máscara donde la modista– informó el duque.

–¡Pero papá! ¡Isha, di algo!– gritó Crystal con desesperación.

–No, tu debes ir. Es lo mejor para la familia– musitó Isha, al fin levantando la cabeza.

Parecía contener sus lágrimas pero para Crystal era obvio.

Asustada, Crystal miró a sus padres en busca de respuestas. –¿Qué le dijeron? ¡¿Que le hicieron a mi hermana?!

El eco del impacto contra la mejilla de Crystal fue lo único que se escuchó durante unos segundos. Pero la causante, la Duquesa Alla —madre de Crystal— intervino:

—Ya no eres una niña, y lo sabes. Entendemos tu miedo, pero...

–¿Pero? No hay excusas, no hay razón para que le den la oportunidad al rey de tomarme como esposa, no quiero... Por favor.

Las súplicas de Crystal fueron con una daga ardiente, en el corazón de la familia Alla, pero para cumplir su propósito, tenían que tomar las medidas necesarias.

–Deja de llorar, y ve pídele a la mucama que te arregle el maquillaje, saldremos en veinte minutos– dijo la Duquesa.

Crystal, con la mirada perdida, obedeció.

《~💔~》

–Señorita, por favor, no llore mas– suplicó la mucama.

Crystal, desbordaba lagrimas por sus mejillas a pesar de la vergüenza que le daba mostrarse vulnerable a los demás.

Para desviar la atención decidio romper el silencio que había en su habitación. –Oye, Cleam. ¿Tu tienes un miedo? Algo de lo que quieres escapar si eso significa quitarte tu propia vida.

–Si, me da miedo quedarme en este lugar para siempre.

–¿Nuestra casa?

La mucama río. –No, estar con ustedes es bastante relajante, son la familia más calmada en la que he estado. Me refiero al inframundo, no quiero quedarme aquí para siempre. Eso sería...

–Un infierno– interrumpió Crystal entre risas.

La habitación se quedó nuevamente en silencio hasta que un suspiro salió de los labios de Cleam, demostrando el fin de su labor.

–¿Qué le parece? He, ¿señorita?– exclamó Cleam.

Crystal alzó la mirada al espejo frente a sí y, notó que sus ojos esmeralda, antes hinchados por el llanto, ahora lucían enrojecidos con un suave y claro tono verdoso.

–Me veo increíble, gracias Cleam– murmuró Crystal desanimada.

《~💔~》

Escuchar los constantes carruajes que salían y se iban, era mentalmente agotador para Latiffa Oni, pero cuando se trataba de su mejor amiga, todo ese ruido desaparecía.

–¡Crystal! Estas hermosa. ¿Qué haces aquí?– exclamó Latiffa, para lanzarse a la aludida.

A pesar de que la hija menor de los Alla estuviera de mal humor, la recibió con los brazos abiertos.

–Ya te lo contaré, pero... ¿no te sientes asfixiada?– preguntó Crystal, refiriéndose al bullicio que había en la tienda: mujeres admirando vestidos, tocando telas, chismoseando, entre otras cosas.

–¿Lo dudas? Es demasiada gente para mí gusto, si no fuera por mi mamá, me iría, pero ahora que te tengo aquí, todo se vuelve más soportable.

Crystal ladeó una sonrisa y acarició la cabeza de Latiffa quien masculló como agradecimiento.

–Bueno, ya mucho cariño, ¿qué te hizo venir aquí?– Latiffa la fulminó con la mirada, no era idiota.

Crystal dudó por unos segundos pero cedió al final. –Iré al baile.

Cómo si de una orden se tratara, Latiffa se quedó inmóvil ante la revelación.

–El baile... EL baile.

Crystal asintió con calma.

–¿El de máscaras?

Otro asentimiento.

–¿El baile de esta noche?

Crystal volvió a afirmar, esta vez un poco más incómoda.

–¿¡El del Rey!?

–¡Que sí!

Las mujeres que antes generaban el bullicio se giraron al escuchar una sola palabra: "Rey".

Una manada de mujeres se acercaron a las amigas, las cuales no sintieron más que opresión.

–Oigan, ¿ustedes irán al baile?– preguntó una joven.

–¿Que vestido se pondrán?– preguntó otra.

–¿Saben que familias irán?– interrogó alguien más.

–¡CRYSTAL!– gritó la duquesa, quien apenas entraba a la tienda gracias a la charla que tenía con las demás madres.

–Lo siento, pero me han llamado señoritas, talvez podamos hablar luego, adiós– Crystal tomó la mano de Latiffa para ayudarla con el escape.

Al por fin alejarse de el bullicio, Crystal, liberó un suspiro de alivio.

–¿Dónde...? Oh, hola Latiffa, hace mucho no te veía– saludó la duquesa sonriente.

–Hola duquesa, y si, tiene razón, mi madre y padre me han estado "entrenando" para el día del baile.

–¿Así que vienes por el vestido?

–No, de hecho, lo solicitamos desde hace mucho. Mi madre tomó la decisión de acompañarme, venimos a conseguirle un vestido a ella, pero... la perdí entre tanta gente.

–Entiendo, bueno, tenemos prisa, buscamos un vestido para Crystal–informó la duquesa, acercando a su hija a sí–. Ella también irá al baile.

Latiffa, algo incómoda por la actitud de la duquesa, se limitó a asentir.

Crystal, al darse cuenta de el comportamiento hostil que tenía su madre con Latiffa le susurró discretamente. –Latiffa no es nuestra enemiga, mamá.

–No podemos asegurarnos de eso. Ella también irá al baile– musitó la duquesa. –Mejor camina, hay que encontrarte un vestido adecuado.

Antes de que la duquesa pudiera arrastrar a Crystal al interior de la tienda, está última le hizo una seña a Latiffa buscando de su ayuda.

Tiempo después, ya con la modista, Crystal y Latiffa armaban un plan para que el vestido no le favoreciera en el baile.

No le importaba ser motivo de burla si eso significaba no llamar la atención del rey.

–Dile que te compré uno en algún tono oscuro, esos colores no van con tu piel morena– recomendó Latiffa.

–Bien, espera– Crystal se levantó de su asiento para interrumpir la charla de su madre, y aunque estaba nerviosa, lo disimuló bien –. Madre ¿no te parece que debemos comprarnos un vestido oscuro? No importa el color, se me vería bien en mi opinión.

La modista, algo entusiasmada, comentó. –¡Oh! Justamente nos llegaron unos vestidos en esos tonos, esperen, los trae...

–No, esos colores no le benefician a ella, y menos siendo más alta que una mujer normal. Parecería bruja, o peor– opinó la duquesa. –No creas que no me doy cuenta de tu intento de sabotearte, Crystal.

Crystal, miró a su madre con algo de rabia y mordiendo su labio, regresó a Latiffa.

–Está atenta– musitó Crystal.

Latiffa suspiró al tener que pensar de nuevo, aunque era agotador, no iba a parar, era algo que había aprendido de Crystal, que a pesar que ser criticada siempre miraba a los demás con total frialdad.

Por unos segundos, la bombilla de su cerebro se encendió. –¿Y que tal si arruinamos el vestido en el baile?– exclamó Latiffa sonriente.

–¿Arruinarlo? Explícate.

–Podríamos elegir un vestido claro, facil de manchar, y como el baile habrá comida, podrías tirártela encima... "por accidente".

Crystal ladeó una sonrisa al ver que la idea era perfecta.

La duquesa no estaría en contra de un vestido claro y llamativo, además de que mancharlo con un licor de sangre sería simple, y aunque lo intentarán, la mancha no saldría con facilidad.

Crystal, confiada, se levantó de su puesto para nuevamente interferir, aunque su madre ya estaba lista.

–No quiero tus sugerencias– aclaró la duquesa.

–Esta es buena, que tal... Si uso una vestido blanco, algo simple pero elegante, lo suficiente como para llamar la atención del rey.

Aunque no lo demostrará físicamente, a Crystal le costó decir esa última frase. Le daba asco, el simple hecho de imaginarse en la misma habitación con el rey, hacia que su piel se erizará.

La duquesa observó a Crystal, buscando alguna forma de sabotaje a si misma, pero era perfecto, tanto así que la hizo dudar.

–Bien, por favor busca un vestido con esa descripción, y que sea de escote, si o si, debe tener escote– informó la duquesa.

Crystal se sintió apuñalada al escuchar la frase de su madre, porque, lamentablemente, sus pechos eran beneficiosos para el objetivo de esta.

Después de obtener el vestido, las chicas se despidieron entre risas ya que su plan salía a la perfección.

《~💔~》

Con el tiempo, sentir tu corazón latir con prisa era agotador, y Crystal, quien aparte de sentir un gran dolor en su pecho gracias a esto, sentía como todo su cuerpo se estremecía del miedo. Cada vez que veía la ventana, el castillo estaba mas cerca, y eso no le favorecía mucho. Su madre, que notaba su inseguridad no comentó, pues no importaba lo que digiera, su hija solo se sentiría herida.

–Hemos llegado– informó el cochero.

Las piernas de Crystal temblaron levemente pero aun así se levantó.

El camino a la entrada del palacio le pareció eterno, sin embargo, con la ayuda de su madre, ingresó.

El sonido de la música y los murmullos de la gente parecían competir por quien dominaba en la habitación, algo que a Crystal no le sentó muy bien.

–Mamá, ¿dónde esta las comida?– interrogó Crystal con urgencia.

–No comerás como una cerda tie...

–Mamá, donde.

La duquesa miró a su hija quien parecía estar apunto del colapso, y con lastima, señaló el lugar de lo aperitivos.

Crystal no perdió el tiempo y fue a por ellos, tomó de tres a cuatro y al mismo tiempo que los masticaba, la aguja en su cabeza parecía alejarse.

Una risa juguetona se escuchó y al Crystal reconocerla subió la mirada.

–Sabía que te encontraría aquí– sonrió Latiffa.

–Apenas llegue.

–Si, también lo supuse, pero... te vez pésima, pero para tu mala suerte soy la única que te observa, creo.

Casualmente un sirviente pasó por ahí con una bandeja repleta de copas de sangre y Latiffa, con cuidado tomó una, para cedérsela a Crystal quien la digirió en un trago.

–Ojala ese idiota me este viendo ahora– masculló Crystal.

Latiffa subió la mirada al rey, el cual se encontraba en la zona mas alta de la habitación, sentado, mirando desde arriba a todas y cada una de las personas. Guardias, impedían que las escaleras que permitían llegar a el, fueran fáciles de escalar.

–Wow, tal vez si tengas poderes mágicos Crystal– bromeó Latiffa.

–Sabes que eso no es posible, pero... ¿por que lo dices?– interrogó Crystal apoyando sus brazos en la mesa y mirando al piso.

–Porque... solo dos opciones, o te mira a ti como tal, o esta mirando tu trasero.

Crystal, quien anteriormente le daba la espalda al rey, se voltio con brusquedad para mirarlo, pero este, queriendo no ser atrapado, desvió su visión.

–Ya es momento, Latiffa– gruñó Crystal irritada.

Latiffa dejó escapar un leve chillido y con prisa, buscó alguna copa de sangre. Casualmente, visualizó a un sirviente algo lejos de ella pero caminó con paso rápido para alcanzarlo.

Para su mala suerte, estando apunto de tomar la copa, un caballero se le adelantó.

Latiffa jadeó por el esfuerzo que había hecho, correr con el vestido que tenía puesto era asfixiante, pero gracias a estos, llamó la atención del caballero.

–¿Está bien, señorita?– preguntó.

Latiffa asintió con prisa, pero al levantar la mirada fue hipnotizada por unos ojos café almendra.

–Oye, Lattifa, no te distraigas, tene...– una exclamación interrumpió a Crystal.

–¡Crystal!– exclamó el caballero, acercándose para abrazarla.

–Hola...– murmuró Crystal confundida, pues no recordaba el nombre del chico aunque tenía un leve presentimiento.

Después del abrazo, el oji almendra beso la mano de Latiffa, mientras observaba sus ojos zafiros, o eso pareció.

–Un gusto, Latiffa– murmuró está con frialdad.

–El gusto es mío. Se ven... divinas, pero es muy lamentable que la razón sea el rey ¿cierto?– bromeó el caballero.

Crystal buscó ayuda con la mirada y Latiffa de inmediato captó el mensaje.

Con algo de brusquedad, Latiffa acercó a Crystal a sí y fingió una sonrisa. –Si, aun que... la verdad estamos algo nerviosas. ¿Conoces un lugar en donde podamos estar tranquilas? Sin que nadie estorbe.

–Eh...–el chico miró a Latiffa; era notable su hostilidad hacia el–. Sí, las esquinas del palacio son las mas ignoradas por la gente, talvez... pueda ser un buen lugar.

–Muchas gracias ¡oh! Una ultima cosa, dame esto, no beberé de ella, lo prometo– Latiffa le arrebató la copa al joven, causando un breve susto en el.

Disimuladamente, derramó algo de licor en el vestido de Crystal, haciendo imposible que ella pudiera limpiarlo por si sola.

–Listo, adiós.

Latiffa arrastró a Crystal a el lugar recomendado pero al llegar un suspiro se escapo de entre sus labios.

–El era un idiota...– opinó Crystal.

–Un estúpido, maldito, imbécil, como...– antes de que Latiffa pudiera derrumbarse, las manos de Crystal se posicionaron en sus hombros.

–Respira lento, el ya no esta– abrazó Crystal a Latiffa.

–Lo se, pero... abrazarte para tocar tus pechos y besar mi mano para mirar los míos es... repugnante.

Después de unos segundos de silencio entre ellas, el corazón de Latiffa rebajó su velocidad. –Ve, continua el plan, yo estaré bien.

–¿Segura?

Latiffa asintió y la empujó en señal de que se fuera, a lo que Crystal obedeció, sin antes abrazar a su amiga.

《~💔~》

–No puede salir– exclamó el guardia.

–¿Eh? ¿Por que?– chilló Crystal indignada.

–La elección empezara pronto, además de que esa mancha no es motivo de huida.

Crystal suspiró y dio la vuelta para marchase, pero claro, no se le olvido maldecir. –Maldito.

Crystal, sin olvidar la recomendación del idiota y con esperanzas de que Latiffa siguiera ahí, camino a la esquina, para su suerte, varias personas observaban su mancha como si de una atracción se tratara, reían, bromeaban y se burlaban de ella como si hubiera hecho un chiste.

A diferencia de Crystal, una chica normal habría llorado de la vergüenza, pero ella solo pasaba entre la gente con desinterés. Sonreía, la razón de estar en el infierno era suficiente como para hacerla olvidarse de las burlas, pues para los jefes, todos en ese lugar eran basura, y ella no se excluía.

Al llegar al "escondite" si se le puede nombrar, no se encontró con Latiffa.

Crystal suspiró, estaba agotada, pues ver que su plan no había salido a la perfección era una molestia, pero se convencía que con la mala educación y errores que había cometido, el rey no la elegiría.

Cuando creyó tener unos instantes para si misma una risa irritante que conocía a la perfección le hizo despertar de su burbuja.

–Dios, Crystal, ¿que crees que haces?– río Aury.

Crystal cerró sus puños y decidió ignorar la provocación, simplemente quería descansar.

–¿Enserió crees que ocultándote dejaras de ser el objetivo de las burlas?– exclamó Aury.

Crystal ladeó una sonrisa ante el comentario. –Ojala esto sea suficiente... ¿Crees que el rey, me elegirá?

Aury confundida, abrió su abanico. –Pues claro que no, estas... desaliñada, manchada, en resumen, para nada lista.

–¿Y tu si estas lista?– sonrió Crystal.

–Claro que si, aun que dudo que lo admitas, tu orgullo es una de tus estúpidas...

–Fortalezas, así que, sabiendo que ganare esta pelea te dejare ir, ahórrate tus palabras para gemirle a el rey como la perra que eres.

Aury, quien antes se vio imponente, ahora, apretaba su abanico en busca de las palabras para repeler la ofensa.

–Maldita idio...

–¡Crystal!– gritó la duquesa con desesperación.

Por impulso, la cabeza de Crystal giró en la dirección del grito, y algo dudosa, decidió buscar a su dueña.

–Carajo...– susurró para si misma.

Al la duquesa ver la mancha en el vestido de Crystal un jadeo ahogado se le escapó.

–¿¡Que demonios hiciste?!– exclamó la duquesa desesperada.

–Mamá, te lo dije– musitó Crystal. – No quiero casarme con el rey.

–Crystal. ¿No puedes dejar tu comportamiento infantil?

–¿Infantil? Tengo razones para no querer casarme y menos con el rey, tu las conoces.

–¡Es una suposición!

–Que tiene grandes posibilidades de ser cierta.

–¡Pued...!

Las trompetas que indicaban el momento de la elección interrumpieron a la duquesa y aunque avergonzada, jaló a su hija a la fila horizontal que se formó frente al rey.

Una cantidad sorprendente de mujeres estrictamente vírgenes, soñaban por ser concubinas del rey, y aún que algunas eran más mayores que el promedio, podrían tener oportunidad.

El rey, quien miraba a todas las mujeres con cierto desinterés ya tenía a las 20 concubinas mentalizadas.

–Tanta carne barata para solo conseguir una de lujo, creo que tienes mala suerte, rey– río el demonio.

–No creas que provocándome te cederé el control, no las nombraras, Demond– susurró el rey.

–Bueno, lo intente– dijo para retirarse.

Cuando todas las mujeres estuvieron frente a el rey, un caballero las nombró. Con cada llamado, Crystal se sentía mejor, ver como los cupos se llenaban era un respiro de alivio.

Cuando sobraban cinco puestos el nombre de dos conocidas fueron llamados.

–Decimosexta concubina, Latiffa Oni– vociferó el guardia. –Decimoséptima concubina, Aury Cay.

Latiffa, quien estaba a la derecha de Crystal, saltó al escuchar su nombre, ser una de las concubinas era una de sus cosas por hacer antes de morir, y aunque sabía que no conseguiría llegar hacer reina, le alegraba.

–Felicidades– le susurró Crystal sonriente.

Sobraba un último cupo pero en ves del guardia seguir llamando, cerró el pergamino con los nombres y se posicionó al costado del rey. –Escuchar al rey, el hará el ultimo llamado.

–Agradezco la participación de todos los presentes, esta temporada no me pudieron hacer dudar mas... pero, esta última concubina, fue la primera en ser elegida, así que, espero no me hagas arrepentirme, Crystal Alla– declaró el rey.

Crystal, quien antes se encontraba confiada, se paralizo al escuchar su nombre, su mano tembló y su cuerpo no tardo en hacer lo mismo.

–Latiffa... por favor, dime que escuche mal– suplicó Crystal.

–Lo siento, si te nombró– susurró.

Crystal mordió su labio y cerró su puño de impotencia, para proseguir a subir la cabeza y mirar al rey.

–Maldito...

《~💔~》

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