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UN MENESTEROSO

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Sinopsis

Ersaí, es un hombre de buena familia, y de buenos principios, pero el día de la celebración del barrio, donde iban ayudar a los más necesitados, es tentado por uno de sus amigos, y ese error lo conduce por un camino que nunca creyó recorrer...

Genero:
Other
Autor/a:
Escritor84
Estado:
Completado
Capítulos:
71
Rating
n/a
Clasificación por edades:
16+

FIESTA DE HERMANDAD

Centro de la ciudad de Cali, y el auge del comercio y el movimiento de la gente es grande, en la hora del almuerzo, un hombre vestido de ropas viejas y rota, y con mucho cabello en su cabeza, y muchas barbas, se acerca a un local comercial, el cual venden ropa, y este hombre se pone en la puerta con intenciones de pedir comida. Cuando los dueños se exaltan, y tienen mucho temor, y lo echan, diciéndole muchas cosas ofensivas.

En seguida, este hombre va al siguiente local, y extiende su mano a varias personas que están dentro vendiendo electrodomésticos, y los dueños también se asustan, y tratan de sacar al hombre casi a patadas...

El hombre al ver la reacción de estas personas, se va para otro local, el local de al lado, pero la joven que atiende coge una escoba para darle, y este corre, para no dejarse pegar. Y se va al frente, y le dice a un hombre que está en las puertas de otro local:

— Señor, por favor.

— ¿Qué quieres hombre?

— Por favor, tengo hambre, será que usted tiene algo para darme.

De inmediato, el hombre coge un envase desechable donde hay sopa, y se lo da al hombre, diciéndole:

— Tome, pero córrase un poco para la calle, porque está oliendo un poco mal.

— Si, como usted diga.

El hombre se sienta más cerca de la calle, y comienza a tomarse la sopa, y llora al acordase de todo lo que ha vivido...

Quince años atrás. Barrio Pance, Cali-Colombia. Todos los vecinos preparan una gran reunión y celebración, por el tercer año que cumple una fundación para ayudar a los más necesitados.

Los cardona, una de las familias líderes y que más aportan para la fundación, también hacen sus preparativos, para la celebración del tercer año.

En ese instante, Ersaí y su hermana Inés, ayudan a su madre Consuelo, a cortar las hojas para los tamales, mientras Joaquín, el esposo de Consuelo y padre de Ersaí e Inés, están arreglando los pollos para los tamales...

Una vecina llega a tocar a la casa de los cardona, y Ersaí abre la puerta. Cuando la vecina le dice:

— Hola Ersaí.

— Hola señora Clara.

— ¿Tus padres están?

— Si, estamos todos haciendo los tamales.

— Ah, bueno. ¿Puedo entrar?

— Oh, sí.

Consuelo mira a Clara, y le dice desde lejos:

— Clara, entra.

En seguida, la vecina entra hasta la sala, y ve lo que están haciendo todos. Cuando Joaquín le pregunta a Clara:

— ¿Y ustedes como van con los arreglos que le tocan?

— Vamos bien. Tenemos bastante adelantado el arreglo de la calle.

Consuelo le dice a Clara:

— ¿Y los vecinos nuevos están ayudando?

— Si, ellos se están ocupando de pintar la fundación, junto con los González, y los Monserrat.

Ersaí se acuerda de la joven nueva que no le quiere prestar atención, y le expresa a sus padres:

— Papá, mamá, voy a salir a la calle un momento, ya vengo para ayudarles.

De inmediato, Inés descubre a su hermano, y les dice a sus padres:

— Él va solamente a buscar a esa joven nueva que llegó al barrio.

Ersaí se enoja con su hermana. Cuando Consuelo le dice a Ersaí:

— Necesitamos más manos aquí.

— Mamá, solo voy a ver una cosa.

Clara les dice a todos:

— Bueno, los dejo, voy a mirar en otra casa como van.

Consuelo y Joaquín despiden a Clara. Cuando Joaquín le expresa a Ersaí.

— Ersaí, no vas a salir todavía, tu madre tiene razón, necesitamos mucha ayuda aquí.

— Bueno, papá.

Ersaí se pone en la mesa, y sigue arreglando las hojas para los tamales, y le dice a Inés:

— Gracias, no, te tengo en cuenta.

— ¿Eso que es? ¿Una amenaza?

— Tómalo como quieras, pero; yo de tu, me prepararía con mis padres.

— No tienes nada que puedas decirles a ellos.

— ¿Eso crees?

— Si.

— Entonces, quien era la que estaba en la esquina hace cuatro noches, conversando con Frank.

Inés se pone nerviosa, y calla. Cuando Ersaí se sonríe al ver la cara de su hermana, y sigue diciendo:

— Por lo menos, mi padre se volvería loco, al saber que su única hija está en plan de romance con el pandillero del barrio y temido por todos, ah, y ni hablar de mi madre, yo creo que ella se desmallaría.

— ¿Serias capaz de decir eso?

— Si vuelves a meterte en mis asuntos, claro que sí.

— ¿Y no te importa lo que pase con mi mamá y con mi papá?

— Claro que si me importa, por eso no he dicho nada, pero te recomiendo que dejes de hablar con ese hombre, porque le vas a dar un disgusto a mis padres muy duro.

Consuelo mira a sus hijos, y les dice:

— ¿Qué tanto hablan ustedes dos? Sigan trabajando, que estamos atrasados...

Media hora después, Ersaí sale de la casa e intenta ir a donde están pintando, pero se encuentra con uno de sus amigos, el cual le dice:

— Te ves con una cara de cansancio.

— Hola Samir. Pues, si, todo esto es para ayudarles a las personas que no tienen nada.

— Si, claro, yo ayudé a barrer la fundación.

— Yo voy para allá.

— Ya me imagino a que vas.

— Si, te imaginas bien, voy a ver a la joven nueva del barrio.

Samir pone su mano derecha en el hombro izquierdo de Ersaí, y le dice:

— Esa mujer es realmente muy bonita, ¿crees que puedes conquistarla?

— Si, aunque se ha mostrado muy difícil, pero yo creo que sí.

— Si yo no tuviera novia...

— ¿Si no tuvieras novia qué? Ojo que yo la vi primero.

— Estoy jugando Ersaí, pero, de todas formas, da te prisa en conquistarla, porque hay muchos en el barrio que pueden quitártela.

— El que no perdonaba a ninguna era Adolfo, pero este se fue a España.

— Pero no te confíes.

— Acepto tu recomendación, así que me voy para allá.

— Bueno, que te vaya bien.

De inmediato, Ersaí se va corriendo para la fundación...

Un poco agitado por la corrida, Ersaí mira a todos los que están terminando de pintar la fundación, y ve a la joven que le gusta, y dice:

— Esta vez voy a saber su nombre.

Ersaí se acerca a la mamá de la joven, diciéndole:

— Buenas tardes señora.

— Buenas tardes joven.

— Venga le ayudo con esa brocha.

— Oh, que amable.

La señora le entrega la brocha a Ersaí, diciéndole:

— Gracias, ya estaba bastante agotada.

— De nada, somos vecinos, yo estoy para ayudar.

— Que buen muchacho eres. ¿Cómo te llamas?

— Ersaí, ¿y usted?

— Maleja.

— ¿Y su hija?

— Oh, ya veo por dónde va la cosa.

— Eh, es que...

— ¿Estas interesado en mi hija?

Ersaí le vuelve a dar un poco de pena. Cuando Maleja se sonríe, y le dice:

— Ella se llama Mónica.

— Ah, qué bonito nombre.

— Presta esa brocha para acá, y ve, y conversa con ella, quizás tú le llames la atención.

— Créame, que eso he hecho todos estos días, pero ella no quiere ni verme.

— Mi hija es un poco complicada para tener amigos, pero es una buena niña, y no lo digo porque soy su mamá, es que es así.

— Tengo su aprobación, para acortejarla.

— Desde que legamos a este barrio, hace dos meses y unos días, tú eres uno de los jóvenes que me han caído bien.

— Gracias señora, usted también me cae muy bien, más su hija.

Maleja se sonríe bastante haciendo que Mónica desde lejos los vea y arrugue la cara. Cuando Maleja deja de sonreírse, y le dice a Ersaí:

— No pierdas tiempo y ve ayudar a Mónica.

— Gracias señora.

— De nada.

De inmediato, Ersaí se acerca a Mónica, y mientras se acerca a ella, saluda a varios vecinos que ya terminaron su parte de pintar, y llega donde esta Mónica. Cuando otro Joven quiere ayudar a ella, pero esta le dice que no le pidió ayuda, y que se fuera.

Ersaí se sorprende al escuchar, de cómo Mónica echó al otro joven. Cuando coge fuerzas y le expresa a Mónica:

— Hola, ¿necesitas que te ayude con eso?

— No, ¿acaso no escuchaste lo que le dije a ese otro?

— Algo así.

— Entonces, tú también déjame sola, yo puedo sola con esto.

En seguida, Mónica sin querer tropieza su propio envase de pintura, y se mancha su calzado derecho. Cuando Ersaí le dice:

— Mónica, creo que si necesitas ayuda.

Mónica mira a su madre desde lejos, y luego mira a Ersaí, y le dice:

— Mi madre no debió de decirte mi nombre.

— No tiene nada de malo.

Ersaí se agacha, y limpia con un pañuelo la pintura de agua del calzado de Mónica, y le expresa:

— Por si no lo sabes todavía, mi nombre es Ersaí...

Capítulos
1. FIESTA DE HERMANDAD
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