INTRODUCCIÓN
¡Solo debes escoger a una mujer para que tenga tu marca!
La exclamación de mi madre, resuena por todo el lugar. Estoy sentado en el tronco del árbol de Darca, una fruta exquisita de mi planeta. Puedo apreciar todo Oxiden en su majestuosidad. No necesito pensar en tener una pareja, solo quiero vivir tranquilamente mi vida como un oxidiano normal.
—Eres un príncipe, Dank. ¡Una élite de este planeta! —recalca mi madre desde abajo—. En estos momentos, estamos en guerra contra el planeta vecino. En cualquier momento, ellos….
—¿Es necesario marcar a un ser como un animal? No me siento seguro haciéndolo —digo con la mirada al basto cielo del atardecer—. Solo…
—Si estás pensando en ser un habitante normal de este planeta, ¡estás equivocado! Debes buscar compañera para marcarla, así poder, tener tu título de príncipe a lo grande.
—No lo haré. No necesito de ello.
—¡Lo necesitas! —vocifera mi madre. Suspiro y bajo la mirada, encontrándome con sus ojos violetas. Su cabello oscuro, lo tiene amarrado en una rosca, adornándolo unas perlas preciosas—. Tienes una edad adecuada para que tengas a tu pareja. Cuando la marques, tu título de príncipe….
—Madre, ¿algún día me preguntaste si me gusta ese título?
—¡Dank! ¡No te atrevas a decirlo! ¡Eres el menor de los príncipes de este planeta! —Su voz se torna con ira. Sonrío leve. No deseo tener esta plática con ella. Nunca lo entenderá—. No puedes venir a este sitio para sentirte inferior que los demás. Tú eres….
—Solo soy un oxidiano más. No me considero un príncipe.
—Dank…. No deseo tener esta conversación. —Respira profundo y sus ojos brillan enigmáticos—. Si no encuentras a tu compañera dentro de este tiempo, no me queda de otra que decir al sacerdote que te dé de una.
Me tenso.
La ceremonia de búsqueda, se la realiza cuando un oxidiano, no puede encontrar a su compañera. Les presentan muchas mujeres en una noche. Debe tener relaciones sexuales hasta el amanecer, así poder, encontrar a la que más tiene química en su cuerpo.
Algo muy asqueroso para mi gusto.
—No realizaré eso —concreto, bajando de la rama del árbol y aterrizando de pie. Unas hebras de cabello largo, caen por mi rostro—. Nadie me obligará hacer algo que no quiero, madre.
—¡Dank! No permitiré tu insolencia. Eres un príncipe, por lo tanto….. —Agranda los ojos, al apreciar como sujeto una cuchilla entre mis manos—. ¿Qué haces?
—Siempre he odiado este régimen de posiciones. De escalas sociales—pronuncio a medida que sujeto mi cabello largo—. Ya no más, madre. Si tengo que renunciar mi puesto de príncipe, lo haré.
—¡No lo hagas! Tú…. —Ante sus ojos, corto mi cabellera larga. Ella suelta unas lágrimas. Sabe muy bien que significa esto. El cabello de una élite, es importante. Eso nos hace tener el título superior.
En mi caso, ya no más.
Lancé mi cabello al suelo, mientras guardo la cuchilla a un lado de mi cintura. Nunca me gustó el título de élite. Mucho peor, convertirme en un peón de la realeza.
Soy yo. Siempre seré yo.
—Ya no soy más un príncipe, madre. Me iré de este planeta y seré yo mismo. No necesito de un título para ser feliz.
Con esas palabras, me retiro de ahí, dejando atrás a mi madre llorando.
Encontraré por mis medios a mi compañera, sin tener que apresurar nada o hacer cosas que luego me arrepienta. La encontraré para quererla, más no, para convertirla en un objeto.









