Prólogo
-Consigues esa entrevista... o estás despedida.
Esa fue la primera frase que escuchó aquel día de boca de su jefe, quien, sin un atisbo de paciencia, cuestionaba cómo aún no lograba concretar una entrevista con un empresario y emprendedor tan reconocido.
-Ya le mencioné que lo intenté, pero apenas llegué a las oficinas, me informaron que no aceptan reporteros ni periodistas -suspiró, visiblemente agotada-. No hay mucho más que pueda hacer.
Su jefe la observó con desaprobación, como si no creyera una sola palabra.
Desde niña soñaba con ser periodista. No una cualquiera, sino una que llegara a lo más alto, entrevistando a las figuras más influyentes del mundo. Pero ahora ese sueño se le escapaba de las manos. Lo que una vez fue su mayor anhelo se había convertido en su mayor temor. Y todo por un hombre que parecía estar rodeado de muros imposibles de cruzar.
-Un mes -dijo él con tono grave-. Si no consigues esa entrevista, estás fuera.
-De acuerdo. Conseguiré la entrevista.
-Muy bien -respondió, dándose la vuelta y alejándose sin añadir nada más.
Ella volvió a su escritorio, se dejó caer en la silla y encendió su computadora. Tecleó el nombre de aquel empresario por enésima vez. Pero lo mismo de siempre: artículos vagos, menciones breves, fotografías antiguas. Nada que realmente hablara de él. Era como si cada huella hubiese sido borrada con cuidado, como si él mismo se encargara de mantenerse en las sombras.
Aun así, su influencia era indiscutible. Un hombre que movía los hilos del poder sin aparecer en público, sin conceder entrevistas, sin dejar que nadie lo conociera realmente.
-No voy a rendirme -susurró para sí, decidida.
Porque si algo tenía claro, era que algunas historias no se abrían con llaves... se rompían con paciencia.
Por otra parte, se encontraba un joven -vestido con un impecable traje hecho a la medida- de poco más de 27 años. Sentado en su oficina, rodeado de ventanales que ofrecían una vista panorámica de la ciudad, repasaba por enésima vez la agenda del día mientras su rostro dejaba entrever un leve gesto de fastidio. Estaba visiblemente cansado de las continuas peticiones de todo tipo de revistas, todas rogando por lo mismo: que él, uno de los empresarios más influyentes y enigmáticos del momento, accediera a dar una entrevista. Aunque fuera breve, aunque no revelara gran cosa... cualquier palabra suya parecía tener un peso especial. Pero aun así, él siempre se negaba.
-Pero señor, al menos respóndanos algunas preguntas -suplicaba una voz al otro lado de la línea telefónica-. Solo denos una oportunidad. Una cita de cinco minutos.
Él respiró hondo, conteniendo el impulso de cortar de inmediato. Su tono, no obstante, se mantuvo firme y distante.
-Ya le dije que no. No insista más -y, sin esperar otra réplica, colgó la llamada. De inmediato, presionó el botón del intercomunicador-. Samantha, ya te dije que no quería llamadas de reporteros. De ninguna clase. ¿Qué parte no fue clara?
-Lo siento, señor -respondió su asistente con voz temblorosa al otro lado del auricular-. Es que el joven sonaba tan desesperado que me dio pena colgarle como si nada.
El empresario cerró los ojos un instante y se frotó la sien con los dedos. A veces se preguntaba si valía la pena. Desde muy joven se propuso ser alguien grande, alguien digno de respeto. Lo logró. Su nombre figuraba en los rankings internacionales, su firma movía inversiones millonarias, y sin embargo... no podía evitar sentir cierta incomodidad cuando los medios intentaban arrancarle detalles de su vida personal, como si por ser exitoso debiera exponerlo todo.
-Que no se vuelva a repetir, por favor, Samantha -dijo al fin, más tranquilo pero sin perder firmeza. Al escuchar una afirmación sumisa de su asistente, colgó.
Se recostó brevemente en el respaldo de su silla, contemplando el techo por unos segundos antes de volver al escritorio. Los papeles frente a él seguían allí: balances financieros, propuestas de alianzas, contratos por firmar... cada hoja era un recordatorio de todo lo que había construido, pero también de la carga que conllevaba.
Suspiró.
-Se nota que hoy será un día agotador -murmuró para sí mismo, antes de tomar la pluma y sumergirse, una vez más, en las cifras que controlaban su imperio.
Ambos eran tan diferentes. Él deseaba alcanzar el poder, pero mantener su vida personal intacta. Ella solo anhelaba entrevistar a las personas, no por fama ni reconocimiento, sino porque ese era su sueño desde niña. Y, sin embargo, compartían un mismo anhelo: cumplir sus sueños con tranquilidad y en paz.
Pero también sabían -muy en el fondo- que la vida da muchas vueltas, y que si no estaban preparados para lo inesperado, podrían terminar cayendo... sin oportunidad de levantarse.
¿Logrará la reportera obtener la tan codiciada entrevista?
¿Conseguirá el empresario resistir los persistentes e inagotables intentos de la joven por acercarse a su historia?
Holis muchachos o muchachas, ¿cómo están? ¿Cómo han pasado? ¿Qué tal su vida?
Solo venía a decirles que esta es la primera historia que escribo y que está basada en la historia de un amigo (o sea, no es famoso, pero sí es un emprendedor).
Espero que disfruten de esta historia tanto como yo disfruto escribirla. Las publicaciones de nuevos capítulos serán los domingos.Tomen agüita y se me cuidan.Chau.








