Prólogo
Si hay algo que Alessia Sterling aprendió al crecer en el mundo de la NFL, es que el amor y la lealtad no se llevan bien con los vestuarios.
Dicen que aquí en el Sur el fútbol americano es una religión. Está lleno de rituales, adoración y hombres que creen que Dios usa auriculares los días de partido. Pero para ella, el fútbol era la familia. Eran cenas de domingo analizando estadísticas y cuentos antes de dormir repletos de pases desesperados. Tenía un padre cuyo mayor gesto de cariño era un asentimiento tras una victoria.
Ella solía pensar que aquello era pura magia.
Hasta que se enamoró de uno de ellos.
Hasta que aprendió lo que pasa cuando su corazón es solo otra cosa más que un jugador cree que puede tirar a la basura.
Los titulares lo llamaron «un escándalo», pero nunca contaron la verdad. No dijeron a qué sabe la humillación cuando se sirve ante todo el país. Lo rápido que la gente olvida tu nombre cuando no eres tú quien lleva las hombreras. Cómo el hombre que juró que eras su todo te cambió por una rubia de bote y un patrocinio de seis cifras.
Así que no, ya no sale con atletas.
Ella los arregla. Se encarga de sus reputaciones y esconde sus desastres bajo alfombras de miles de millones de dólares. Se larga antes de que las disculpas se conviertan en promesas. Mantiene sus tacones afilados, sus estándares altos y su corazón bajo llave, más protegido que una jugada antes del Super Bowl.
Y entonces apareció Jace Donovan.
El quarterback rebelde que ama las cámaras y los titulares. Un tipo con una sonrisa de pecado y el peligro tatuado en la cara.
Su cliente más reciente.
Su peor pesadilla.
Y, que Dios la ayude...
... su próximo error.