Injusticias

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Sinopsis

Cuento por Juan Fernando Mestizo Bustos «Probablemente, no estoy seguro, pero en esta vida con ejemplos como esos, se demuestra que la verdad no existe, es un mundo falaz. No hay nada cierto, solo hay cosas inciertas… »

Estado:
Completado
Capítulos:
9
Rating
n/a
Clasificación por edades:
16+

Capítulo 1


—¡Baja a desayunar!

—Ya voy hija, dame un segundo que esta maldita corbata no me ajusta —Le dije con el afán de comer el desayuno cálidamente.

Mientras Juana se despedía abrí el periódico para ver qué nuevo ocurría, de qué me querían informar unos tristes empleados, agobiados por las entregas y por ser de las primeras personas del país en enterarse de un asesinato, del resultado de un partido de la NBA o la NFL, de un nuevo proceso contra el gobernador de Florida, de una protesta en contra del racismo, o incluso, de una violación. Pasé a las verdaderas secciones interesantes, economía, cultura y la sección policial.

Sin embargo, el único titular que me llamo la atención me hizo llorar, me quebró.

Sorprendentemente esa noticia fue más benéfica para mí que para cualquier otra persona, pero según el tiempo pasaba, esa satisfacción y emoción disminuía.

Los días eran singulares, no encontraba un objetivo, ni en el trabajo ni en el sitio en línea de citas, donde te conocí. La verdad que había momentos en que me preguntaba si valía la pena vivir. Pero bueno, eso no importa, lo importante en esta cita, es que me conozcas.

—Entonces esa es tu vida resumida, ¿eh?

—Básicamente.

—No te voy a mentir, es muy frenética y esporádica, pero veo que eres un buen hombre. Además de estas ‘crisis existenciales’, ¿qué obstáculos has tenido en tu vida.

—Oye, pero esto parece una terapia, no una cita.

—Jajaja, disculpa, disculpa, en verdad me dejaste interesado —dijo con ojos expectantes y sonrisa pícara.

—Bueno, pues otro obstáculo fue mi orientación sexual sin duda, el descubrirla y entenderla.

Al terminar la cita, y despedirme de Santiago, me devolví a la casa. Estuve solo, Juana se fue de viaje a Tokio, un trabajo poco común para sus gustos y manías, pero ella quería ahorrar un poco de dinero. La noche fue tan solitaria como para cualquier otra persona como yo, un viudo. Claro que superé la muerte de Teresa, pero no siento que me acompañe, tal vez me detestaba, no creo que su alma o espíritu prefiera acercarse a un hombre tan miserable como yo.

Por un lado, reflexiono lo siguiente: si bien es cierto que mi trabajo ya no es agobiante y, además, gano más plata, el dinero no da felicidad como dicen por ahí. Por otro lado, la muerte es una verdad dolorosa, en cierta manera, es egoísta, el no tener a esa persona al lado es lo que duele... el no poder haberlo salvado es lo que duele. ¿Cómo habrá reaccionado toda su familia? No lo sé. Espero descubrirlo en el cielo, si es que claro, puedo ver el pasado desde allí, o como tal si existe este destino final.