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Sinopsis

En los pasillos de la historia se susurra que cuando dos dragones cruzan miradas durante demasiado tiempo, el mundo termina ardiendo. No importa cu谩ntas coronas brillen sobre sus cabezas ni cu谩ntas plegarias eleven los mortales: el fuego siempre reclama su deuda. Visenya Velaryon creci贸 con el salitre en la piel y la tempestad en la mirada, tan leal a su sangre como letal a quien osara mancillarla. Aegon II Targaryen, por su parte, aprendi贸 demasiado pronto que el poder no se hereda sin mancharse de sombras. Ambos fueron criados para reinar, pero no para amar. Pronto, el juego cruel entre ellos dejar铆a de ser solo pullas y miradas cargadas de veneno. Pronto, el deseo, ese que nadie admit铆a, encender铆a un incendio imposible de contener. Y entonces, ya no habr铆a trono, ni corona, ni reino capaz de salvarlos de s铆 mismos. 漏Todos los derechos reservados

Genero:
Literary Fiction
Autor/a:
Dhavi
Estado:
hace un a帽o
Cap铆tulos:
1
Rating
n/a
Clasificaci贸n por edades:
18+

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Fragmento del C贸dice Disperso de la Danza del Drag贸n, por el maestre Altherion de Antigua (157 AC)

"De la princesa Visenya Velaryon, cuya existencia se quiso borrar de tapices, cantares y a煤n de las memorias de la corta, apenas quedan rescoldos. El rey Aegon II, tras la larga y cruenta Danza, dispuso que su nombre fuese proscrito: quem贸 cr贸nicas, silenci贸 testigos, y conden贸 a los bardos a la horca por componer versos que la mencionaran. No obstante, algunas pocas cartas veladas, diarios personales y testimonios de ancianos septones sobrevivieron al furor del rey usurpador.

De tales migajas compuse esta humilde semblanza, con la esperanza de que la historia no pierda para siempre el eco de aquella joven cuya vida fue fuego y sombra por igual."

鈥擬aestre Altherion

A脩O 129 AC - La corte ard铆a en rumores

Dicen que fue en el decimosegundo d铆a del d茅cimo mes del a帽o 129 despu茅s de la Conquista, cuando las paredes de la Fortaleza Roja parecieron respirar con un calor distinto. Algunos cronistas susurraron que aquel invierno fue especialmente cruel, y que sin embargo, dentro del sal贸n del trono, se alzaba una tensi贸n abrasadora que nada ten铆a que ver con el clima.

All铆, entre columnas de m谩rmol y tapices que narraban las glorias de Aegon el Conquistador, se vieron por 煤ltima vez juntos al rey Aegon II Targaryen y a la princesa Visenya Velaryon. El joven rey -ya ce帽ido con la corona de su madre, la difunta reina Alicent, tras la muerte del viejo Viserys- observaba con sus ojos p谩lidos, casi transl煤cidos, el porte de Visenya.

Ella se manten铆a erguida, con la barbilla alzada y los labios curvados en un gesto que algunos llamaron desd茅n, otros simple coraje. Vest铆a de negro y rojo, los colores de la casa Targaryen, pero su manto era azul marino, ornado con un sutil patr贸n de hipocampos, recuerdo inevitable de su linaje Velaryon. Su cabello casta帽o oscuro ca铆a en ondas sobre los hombros, y sus ojos, profundos y marrones, no rehu铆an el fulgor casi febril del rey.

Aquella vez no hubo gritos ni amenazas abiertas. Fue un di谩logo murmurante, cargado de veneno, que dej贸 a los sirvientes tensos y a los guardias de la puerta intercambiando miradas nerviosas. Solo despu茅s, en las cocinas y en los patios de entrenamiento, se atrevieron a repetir lo poco que escucharon:

"Eres tan orgullosa, Visenya... 驴de verdad crees que puedes alzarte contra m铆 sin pagar el precio?"

"Y tu tan necio, Aegon, 驴Que piensas que el miedo basta para doblegar corazones? Puedes tener el trono, pero no tendr谩s la lealtad que deseas. Ni la m铆a."

Tras ese encuentro, comenzaron a circular 贸rdenes para borrar su nombre de los registros, de los libros de linajes, de las canciones. Fue como si Aegon temiera que la sola menci贸n de Visenya pudiera encender brasas a煤n vivas bajo su trono reci茅n asegurado.

Aunque, eso no fue lo que realmente sucedio

A脩O 114 AC - El nacimiento de una estrella d铆scola

Visenya Velaryon naci贸 en el a帽o 114 AC, el primer reto帽o de la princesa Rhaenyra Targaryen y el caballero Laenor Velaryon. Algunos textos posteriores la llamar铆an La Llama Gris, por el peculiar contraste de su sangre: el ardor de los dragones por v铆a de su madre, mezclado con la templanza marina de los Velaryon.

Su llegada fue motivo de festejo en Driftmark y en Rocadrag贸n. El maestre Mellos escribi贸 en un pergamino casi ilegible:

"Ha nacido otra joya para el linaje del drag贸n. Tiene cabellos casta帽os oscuros, ojos profundos como la miel oscura, y llora con vigor. Su madre sonr铆e exhausta. Su padre brinda con vino del Rejo."

No obstante, pronto se alzaron las murmuraciones. Al igual que sus hermanos menores, Visenya mostraba rasgos m谩s propios de un Strong que de un Velaryon. Mas la princesa Rhaenyra se mostr贸 impasible ante tales habladur铆as. A menudo se paseaba por los jardines del castillo con su hija en brazos, como desafiando a todos a que pusieran en duda la legitimidad de su sangre.

Se dice que desde muy peque帽a, Visenya comprend铆a m谩s de lo que aparentaba. Era una ni帽a de mirada grave, que escuchaba con atenci贸n las conversaciones de los se帽ores y las discusiones acaloradas entre su madre y sus consejeros.

A diferencia de otras doncellas nobles, no se complac铆a en bordar cojines ni en el canto del sept贸n. Prefer铆a recorrer los pasillos de Desembarco del Rey, asomarse a las murallas para observar el mar rompiente, o seguir a su hermano Jacaerys cuando practicaba con espada de madera.

Un escudero de Lord Corlys Velaryon -cuyo joven hab铆a crecido junto a los pr铆ncipes- dej贸 escrita esta observaci贸n en un diario privado:

"Visenya no r铆e con facilidad, pero cuando lo hace, sus carcajadas son como truenos breves. Tiene un genio r谩pido y una lengua afilada, m谩s propia de un caballero que de una doncella. Sin embargo, protege a sus hermanos con una fiereza que da escalofr铆os. Vi c贸mo enfrent贸 a tres pajes que se burlaban de Lucerys, y bastaron sus ojos para hacerlos huir."

Los cantares posteriores la describen con una hermosura austera, casi salvaje. No pose铆a la delicada palidez de la hija de Alicent, ni los rizos de plata t铆picos de los Targaryen. Su piel era tersa pero dorada por el sol, y su cabello casta帽o ca铆a pesado y brillante, a veces atado en trenzas simples que le permit铆an moverse con soltura.

Ten铆a manos fuertes, marcadas por entrenar con daga y arco, algo que aprendi贸 a hurtadillas con sir Harwin Strong. No gustaba de joyas ostentosas; sol铆a llevar un sencillo brazalete de plata con la figura de un drag贸n marino, regalo de su abuelo Corlys.

Se gan贸 el apodo de "La Tempestad de Driftmark", no solo por su car谩cter, sino por la manera en que, incluso de ni帽a, pod铆a desarmar con palabras a se帽ores tres veces mayores.

Mucho se ha discutido sobre si Visenya tuvo o no un drag贸n propio. Algunas fuentes aseguran que nunca reclam贸 huevo ni cr铆a alguna, consider谩ndolo un gesto de discreta rebeld铆a contra un destino que otros quer铆an dictarle. Otros, en cambio, hablan de un drag贸n peque帽o, gris plateado, llamado Naelion, que habr铆a muerto prematuramente, dej谩ndola sin montura.

Sea cual fuere la verdad, lo cierto es que Visenya parec铆a llevar el fuego en su interior, sin necesitar bestia alguna para intimidar.Desde los diez a帽os, cuando las voces en la corte se tornaron m谩s agrias respecto a la sucesi贸n, Visenya mostr贸 una curiosa mezcla de inocencia rota y clarividencia amarga. No se dejaba engatusar por halagos ni tem铆a las miradas torvas.

Era ella quien advert铆a a su madre sobre la servidumbre de lengua demasiado suelta o quien preguntaba, sin tapujos, por qu茅 Alicent siempre los recib铆a con sonrisas tan tensas.

Cuando cumpli贸 trece, un sept贸n afirm贸 que "ya pose铆a la mirada de quien conoce m谩s pecados de los que ha cometido". Y quiz谩 era cierto.

Pero yendo al futuro de la joven princesa, algunos testimonios se atreven a decir que el odio mutuo entre Visenya y el joven Aegon II Targaryen no fue siempre tan claro.

Durante los festines en la Fortaleza Roja, siendo ambos adolescentes, se lanzaban pullas que al o铆do incauto pod铆an parecer solo travesuras juveniles. Pero bastaba ver c贸mo brillaban sus ojos -los de 茅l claros como el acero p谩lido, los de ella oscuros y c谩lidos como tierra h煤meda- para advertir una tensi贸n distinta.

"Parece que los Siete jugaron con sus corazones, d谩ndoles razones de sobra para detestarse... y quiz谩s otras tantas para buscarse en la penumbra," escribi贸 el maestre Theomund, aunque ese fragmento fue tachado en la copia que sobrevivi贸 en la Ciudadela.

El resto son sombras. Algunos afirman que tras la muerte de Lucerys, Visenya enloqueci贸 de pena y jur贸 venganza sin reparos. Otros dicen que intent贸 pactar con Aegon, en secreto, por el bien de Joffrey y de los peque帽os Aegon y Viserys.

Lo 煤nico cierto es que su nombre desapareci贸 de documentos oficiales, sus retratos fueron arrancados de los muros, y ni siquiera los bardos se atrevieron a susurrar baladas donde figurara su figura recia, su voz firme, su sombra larga.

A veces pienso -pues incluso los maestres somos dados a so帽ar- que Visenya Velaryon fue la 煤ltima llama de un linaje que se extingui贸 no solo por guerras, sino por silencios impuestos. Un fuego que el propio Aegon II, en su miedo, decidi贸 sofocar para siempre.

"Quiz谩 en cien a帽os m谩s alguien desentierre pergaminos que hablen de ella sin temor.

Hasta entonces, he cumplido con consignar lo que pude encontrar, por fr谩gil y fragmentario que sea, pues la historia merece recordar incluso aquello que los reyes desean enterrar, pero sobretodo, los enamorados."

鈥擬aestre Altherion

130 D.C., en alg煤n lugar de la Fortaleza Roja

La mano de Aegon temblaba contra su cuello, no por miedo, sino por la rabia de no poder controlarla. Visenya sonre铆a, los labios manchados de sangre, ret谩ndolo a que la estrangulara si tan valiente era. Entre ambos, el aire se sent铆a tan cargado de odio y deseo que habr铆a podido incendiarse con solo una palabra equivocada.

Dicen que cuando dos dragones se miran demasiado tiempo a los ojos, terminan devor谩ndose el uno al otro. Aegon y Visenya eran demasiado orgullosos, demasiado j贸venes, demasiado parecidos. Y el fuego que empez贸 como un juego pronto consumir铆a algo m谩s que su carne.

No fue el trono o las ri帽as entre sus familias lo que los destruy贸. Fueron ellos mismos.

鈥斅縋or qu茅 sigues busc谩ndome si tanto me desprecias?鈥攓Susurr贸 Visenya, con una sonrisa indolente mientras su pulgar limpiaba la gota de sangre que brotaba de su propio labio.

鈥擯orque no he encontrado otra forma de callarte, ni de sacarte de mi maldita cabeza.鈥擡spet贸 Aegon, tan cerca de su rostro que compart铆an el mismo aliento.

鈥斅縔 si alg煤n d铆a decides hacerlo? 驴Callarme para siempre?

鈥擡ntonces tendr茅 que matarte, o follarte hasta que dejes de hablar.

Visenya arque贸 una ceja, divertida, aunque sus ojos ard铆an con la misma fiereza que los suyos.

鈥擫o gracioso, Aegon, es que creo que ninguno de los dos sabr铆a detenerse. Ni siquiera si lo intentara.