I. Tiempo Para Nosotros
╰❥: Kim SeokJin.

La espera en el puerto comienza a sentirse insoportable. Los minutos se alargan como horas mientras observas el flujo constante de oficiales descendiendo del barco, cada uno con su equipaje, sonriendo al reencontrarse con los suyos. Seokjin probablemente está entre los capitanes supervisando el desembarque, lo que significa que saldrá al final. Pero conforme el tiempo avanza, su rostro sigue ausente, tu mirada recorre cada persona que pasa con la esperanza de encontrarlo.Nada.
Se supone que hoy es el día. Después de seis largos meses de separación, de noches de deseo y añoranza, el reencuentro está cerca... o eso pensabas. El nudo incómodo en tu pecho se intensifica, desvías la mirada hacia el cielo, respirando profundo para controlar el temblor en tus labios y parpadeas varias veces en un intento de espantar las lágrimas que amenazan con salir.
«Todo está bien, él está bien»Te repites, alentándote.
A tu alrededor, las familias se funden en abrazos, risas, el bullicio se llena de llantos de alegría. Y tú, con las manos fuertemente entrelazadas, sigues esperando inmóvil.Hasta que su suave voz se escucha a tus espaldas.
—Sooah...
Te giras sin pensarlo para encontrarte con él, impecable en su uniforme naval, con una sonrisa que fue tu único refugio durante su ausencia. Abres los labios, pero tus palabras se quedan atrapadas en la garganta, en su lugar, corres a sus brazos.
Él te recibe con la misma urgencia, envolviéndote en un fuerte abrazo. Siente el temblor de tu cuerpo antes de oír tus sollozos y apoya la mejilla en tu cabeza, dejando escapar un suspiro entrecortado.
—Me asusté... —susurras entre lágrimas—. N-no te veía y... pensé lo peor.
Besa suavemente tu sien antes de susurrarte al oído:
—Estoy bien... ya estoy aquí.
Te aferras más a él. Sus manos recorren tu espalda, calmando las pequeñas sacudidas que aún te dominan.
—Ya no llores —agrega con voz temblorosa, conteniendo sus propias lágrimas—. Me rompe el corazón verte así.
—Te extrañé tanto —confiesas, apenas en un susurro.
—Yo también —dice con dulzura, sacándote una sonrisa a pesar de todo—. Mucho más de lo que imaginas.
Se separa lo suficiente para tomar tu rostro entre sus manos, limpia tus lágrimas con el pulgar y luego te observa como si temiera que desaparecieras al soltarlo.
—Mírate... tan bonita como siempre.
Ríes como puedes, pasando tus dedos por su mejilla húmeda de igual manera.
—Y tú, igual de guapo... aunque un poco despeinado.
Acomodas su cabello revuelto. Él sonríe sin apartar sus ojos de ti y besa suavemente tus labios.
—¿Has estado bien? —preguntas con algo de preocupación.
—Dentro de lo que cabe, sí —responde sincero—. No sabes la falta que me has hecho, ha sido un poco difícil en ese aspecto. ¿Y tú?
—Me he mantenido ocupada, eso ayudó.
—Me alegra escuchar eso.
Sin borrar su sonrisa, comienza a recorrer cada facción de tu rostro, finalmente dando rienda suelta a la intensidad de su emoción. Cuando el viento alborota tu cabello, él aparta los mechones de tu rostro hasta quedar completamente enfocado en tus ojos.
Un calor inconfundible se apodera de tus mejillas.
—Veo que te has hecho un nuevo corte —menciona—. Te queda precioso.
Bajas la mirada, algo avergonzada.
—Gracias... También hice algunos cambios en la casa, pero eso lo verás cuando lleguemos.
—Sorpréndeme entonces.
El regreso a casa es silencioso y tranquilo. Seokjin parece cansado así que no conversan mucho, tu atención se centra más en la carretera por donde manejas y los semáforos. Al llegar, lo dejas tomarse su tiempo en adaptarse al ambiente, ducharse, relajarse, mientras tú piensas en qué preparar para la cena. Abres la nevera sin borrar la sonrisita en tus labios, sacas los ingredientes que utilizarás y comienzas cortando los vegetales.
Es reconfortante volver a compartir espacio con él, todo regresa a la normalidad de alguna forma u otra. La posibilidad de que no pase mucho para su próximo viaje te desanima en el fondo, pero evitas esos pensamientos para no arruinar tu buen humor.Viertes las verduras picadas en el satén, tan perdida en tu mundo que das un saltito al sentir unos brazos rodearte la cintura. Giras la cabeza, escuchándolo reír.
—¿Qué? —pregunta él, luego de varios segundos sin verte apartar la mirada.
—Estoy cocinando.
—¿Y eso qué? —murmura, dejando un beso detrás de tu oreja. Te remueves ligeramente ante el cosquilleo que provoca—. ¿No puedo abrazar a mi novia?
—Sí, pero... —callas cuando muerde suavemente tu cuello—. Cielo, no empieces.
—Pero si no estoy haciendo nada —finge inocencia, acomodando el tirante caído de tu hombro y dando un último beso en este—. ¿En qué piensas, hm?
—En nada. Solo... estoy cocinando y tú me estás distrayendo.
Seokjin responde con un beso en tu mejilla, sonriendo juguetón.
—Te tengo una sorpresa —dice de repente.
—¿En serio? —preguntas, dejando el cubierto a un lado, llena de curiosidad—. ¿Qué es?
—Lo descubrirás más tarde, está en la habitación.
Te guiña un ojo antes de agarrar un sartén y ayudarte con la comida. Es malvado al dejarte con la intriga, pues esta no desaparece solo hasta después de la cena, cuando llega el momento de descubrir qué trama.
En la habitación, colocas un mechón de cabello detrás de tu oreja y tomas asiento sobre la cama, donde hay una caja de tamaño mediano envuelta en papel brillante. Lo miras algo incrédula, tanto misterio te resulta sospechoso.
—No me mires así, no es como si estuviera por hacerte una broma de mal gusto —intenta defenderse—. Solo estoy siendo romántico.
Entrecierras los ojos, analizando el regalo antes deshacerte de la envoltura con cuidado. Tus ojos se agrandan conforme descubres lo que es.
—No puede ser... tú...
Un diorama. No es una pieza cualquiera que puedas conseguir en una tienda o por internet, en la imagen se ve un modelo descatalogado desde hace años. Cuando agotó no se hicieron más... y nunca se harían.
—¿Cómo lo conseguiste?
Seokjin te observa con una sonrisa satisfecha, sabe que ha acertado con su pequeño regalo.
—Un buen mago nunca revela sus secretos —es lo único que responde.
Te acercas, abalanzándote sobre él para abrazándolo con fuerza.
—Me encanta —dices con una gran sonrisa—. Gracias.... Gracias.
—Me alegra que te guste —besa tu mejilla—. Pero... ahí no acaban los regalos.
Frunces el ceño, confundida. No hay ninguna otra caja que señale lo contrario.
—¿Hay más?
—He planeado un día especial para mañana.
Tus ojos se iluminan al instante.
—¿De verdad?
—Sí, así que recuerda ponerte muy bonita.
Te detienes a pensarlo un momento, queriendo jugar con la situación.
—Eso va a depender del lugar al que vamos. ¿Radiante o sexy?
Seokjin te observa divertido y alza las cejas.
—Cómo tú quieras, mi amor. Me va a encantar igual.
—¿Y... si voy sexy? —sugieres, bajando la voz.
El silencio se hace presente por unos segundos donde él entorna los ojos sin dejar de mirarte. Apenas contiene su sonrisa.
—¿A dónde crees que vamos a ir? —pregunta finalmente.
—Solo preguntaba —respondes con fingida inocencia, desviando la mirada.
—Vístete como te sientas cómoda, ¿Hm? —se inclina hacia ti, sonriendo cómplice a centímetros de tu rostro—. A mí me va a gustar... con o sin ropa.
—¡Yah! —lo reprendes al instante, empujándolo ligeramente mientras él suelta una carcajada.
—¡Tú empezaste!
⭑
Día siguiente — 6:10 PM
El día va siendo uno de los mejores en definitiva. Desde el momento en que despertaste, Seokjin te sorprendió con el desayuno en la cama, entre bromas y sonrisas disfrutaron el gesto que tan a menudo se echaba de menos. Después, visitaron el acuario, se entretuvieron con la variedad de criaturas marinas gran parte de la mañana. Pero lo mejor de todo fue la tarde en la playa.
Almorzaron, hubo un poco de vino, otro poco de comida, entrelazados en anécdotas que hicieron olvidar la amarga distancia que existió. Se sentían como dos adolescentes descubriéndose de nuevo.
—Mi hermoso vestido está arruinado, es tu culpa —te quejas, mirando con pesar las pequeñas manchas que ahora adornan la prenda.
—No fue mi culpa, tú tropezaste solita.
—Tú me estabas distrayendo —replicas, cruzando los brazos ante la encantadora sonrisa que él muestra—. Ahora ya no me veo radiante.
—Pero si siempre lo estás, mi amor —manda un beso en tu dirección—. El azul te queda de maravilla.
Sientes el leve rubor en tus mejillas, blanqueas la mirada y la apartas al ser incapaz de sostener la suya. Han regresado al restaurante después de una pequeña caminata por la arena donde jugaron entre un sinfín de caricias espontáneas, producto de ello se habían ensuciado un poco.
Seokjin por un momento deja de mirarte, su actitud cambia sutilmente y se muestra pensativo.
—¿Qué pasa? —preguntas al verlo evitar tu mirada de repente.
—Siempre leyéndome tan bien —sonríe algo nervioso—. Quiero... decir algo importante.
Lo ves tomar aire y dejas que todo lo demás desaparezca, el bullicio del restaurante, la gente alrededor. Te concentras por completo en él.
—¿Recuerdas el día en que nos conocimos? —asientes, y él continúa—. Es un día muy significativo para mí, fue el comienzo de lo que ahora somos. Desde entonces... hasta hoy, ha sido un viaje que no me arrepiento de haber tomado.
Puedes ver cómo sus manos se tensan ligeramente y sus dedos juegan con la copa de vino que aún sostiene.
—Contaba los meses, los días. “Siete meses y medio”, “Un año, tres meses...” No sé en qué momento perdí la cuenta, solo sé que contigo el tiempo pasó demasiado rápido.
Lo observas en silencio, sintiendo cómo el corazón se te acelera sin permiso.
—Falta poco para completar siete años juntos... y creo que ya es momento para dar el siguiente paso. Bueno, tal vez no solo uno...
Tomas una bocanada de aire, sin poder creer lo que estás escuchando. Él busca algo en su abrigo, un nudo se forma en tu estómago mientras lo hace, entonces una pequeña cajita de terciopelo aparece en sus manos. Su mirada se suaviza, y con una pequeña sonrisa, se arrodilla ante ti.
—Han Sooah... ¿te casarías conmigo?
El tiempo se hace eterno, solo quedan sus ojos mirándote con ternura y la cajita que, de alguna forma, te cuesta procesar. Te cubres la boca, sintiendo el ardor en tu pecho incrementar junto al nudo en la garganta que te impide articular palabra.
No lo esperaste, no así, mucho menos hoy. Las lágrimas comienzan a caer sin que puedas hacer nada para detenerlas.
—¿Tanto así te asusta casarte conmigo? —bromea él, tratando de suavizar el momento con una sonrisa que apenas puede mantener.
Niegas torpemente.
—N-No... Solo... me agarraste desprevenida —logras decir entre lágrimas, la emoción envolviéndote por completo.
Él toma tu mano y besa el dorso con suavidad.
—Tranquila, cariño —susurra con calma—. No importa cuándo, sea cual sea tu respuesta, estará bien.
Tú niegas rápidamente, otra vez.
—Sí quiero —respondes finalmente—. Claro que quiero.
El suspiro que deja escapar es un alivio profundo, casi una liberación. Despacio, se incorpora y te coloca el anillo en el dedo delicadamente.
—Es hermoso —dices, observando la joya con una sonrisa que no puedes contener.
—No más que tú —responde con una suave sonrisa. Sus manos toman tu cintura, aferrándose a ti mientras te rodea en un reconfortante abrazo.
—Te amo —susurras con la voz algo temblorosa.
—Y yo a ti —susurra de vuelta, acariciando tu cabello—. Gracias por quedarte a mi lado.
El silencio reina por un momento, ambos disfrutan de la vista a través del ventanal con el sonido de las olas de fondo y el cálido ambiente del lugar. Después, ya más tranquilos, le preguntas:
—¿Y cuál es el otro paso que mencionaste?
Seokjin ríe y rasca la parte trasera de su cuello, nervioso otra vez.
—Esa es más decisión tuya que mía... —toma tu mano, sus ojos puestos en el reluciente anillo con ligera nostalgia—. Me haría muy feliz formar una familia contigo.
Tu primera reacción es abrir los ojos de par en par y quedarte en silencio. No es que te desagrade la idea, pero la inmensidad de la propuesta de toma por sorpresa. La vida que llevan, las despedidas, los viajes... ¿cómo encajaría un bebé en todo eso?
—Es un gran paso —respondes con una media sonrisa—. Aún tenemos una boda que planear.
—Lo sé —asiente tranquilo—. No tiene que ser ahora, solo... quería compartirlo contigo.
Acomodas la cabeza en su hombro, sintiendo cómo se relajan tus músculos lentamente al escucharlo.
—Podemos tomarlo con calma —susurras—. Un paso a la vez, cielo.
—Lo que tú digas —responde con una sonrisa cómplice.
Se separa un poco y de pronto abre mucho los ojos.
—Oh, casi lo olvido —dice en tono juguetón—. Me he librado de viajes hasta nuevo aviso, también me dieron unos meses de licencia por mi buen desempeño.
Tu respiración se detiene un segundo y tus ojos vuelven a abrirse desmesuradamente.
—¿Hablas en serio?
—Sí. Vamos a tener tiempo para nosotros, no tienes que preocuparte.
Un nudo se forma en tu garganta de solo imaginarlo. Por fin tendrían una temporada sin despedidas ni maletas junto a la puerta, tu corazón ya no dolería por tenerlo lejos cada año, ni tampoco estaría la eterna angustia de no saber si le ocurrió algo. Serían un nosotros sin interrupciones.
—Gracias por todo esto —murmuras con ojos cristalinos—. De verdad.
—Yo también te agradezco —responde, sin borrar su sonrisa—. Por quedarte y ser siempre tú, a pesar de todo.
Entrelazas tus dedos con los suyos, el sonido del mar continúa llegando amortiguado desde la distancia y por primera vez no duele escucharlo. Esta vez no se lo iría a llevar.
—Vanyunie