Guardian S: El Lazo Y La Grieta por NeKyo en Inkitt
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GuardianS: El Lazo y La Grieta

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Sinopsis

Desde niño, Nyx ha vivido en un mundo guiado por fuerzas elementales que sostienen el equilibrio y la vida. Criado bajo el legado de una historia rota, su destino como futuro guardián lo llama a proteger aquello que aún resiste. Blaze, un alma torturada que nunca conoció el calor del amor y la aceptación, se siente irresistiblemente atraído por Nyx, y su posesión por él se convierte en una fuerza que amenaza con consumirlo todo. Mientras Nyx se enfrenta a su nueva vida como futuro Guardian, deberá navegar el laberinto de sus propios sentimientos y enfrentar la oscuridad que acecha en el corazón de Blaze. Pero hay algo que no saben. Algo que podría cambiar el curso de sus vidas para siempre. Un peligro mayor, un enemigo siniestro, se esconde en las sombras, esperando el momento perfecto para atacar.

Genero:
Lgbtq
Autor/a:
NeKyo
Estado:
En proceso
Capítulos:
4
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

Prologo

En un pasado remoto, antes de la existencia de nuestro mundo, dos grupos de seres con habilidades sobrenaturales coexistían en un universo en constante cambio. Aunque intentaban convivir, sus diferencias los llevaban a enfrentamientos continuos.

Un día, decidieron unirse y crear un nuevo mundo donde pudieran vivir en armonía, compartiendo sus dones. Así nació un planeta lleno de belleza y diversidad, con una gran estrella que iluminaba el día y un astro nocturno brillante. Algunos moldearon la tierra, crearon bosques, valles, ríos y océanos; otros controlaron el clima, y todos juntos generaron un campo de energía que protegía el planeta.

Con el tiempo, dos de estos seres propusieron crear vida. Usaron objetos divinos para formar criaturas a su imagen, dotándolas de parte de sus poderes.

Sin embargo, un nuevo desacuerdo entre los líderes provocó otro gran conflicto, que destruyó gran parte del mundo. Arrepentidos, reconstruyeron el planeta, esta vez protegiendo a sus criaturas, quienes empezaron a venerarlos como sus Guardianes.

Pero un día, los Guardianes desaparecieron sin dejar rastro. El planeta comenzó a deteriorarse, y aunque muchos entraron en pánico, un pequeño grupo se negó a rendirse. Usando las habilidades heredadas, mantuvieron con vida los elementos vitales del mundo.

Gracias a ellos, el planeta y sus seres sobrevivieron. Con el paso del tiempo, las nuevas generaciones nacieron con gran poder, y ser Guardián se convirtió en un honor, pero también en una gran responsabilidad.

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– ¡Vaya..! ¡Los guardianes eran increíbles! –exclamó emocionado, haciendo una pequeña pausa antes de preguntar– ¿Pero a dónde se fueron?

Aquella gata de bello pelaje calicó rió suavemente mientras arropaba a su pequeño, dedicándole una sonrisa cálida y acariciando con ternura su cabeza.

– Nadie lo sabe, cariño. Un día, simplemente… ¡puf! desaparecieron –dijo, haciendo figuras con las manos para entretener al niño.

– ¿Y crees que volverán algún día, mamá? –preguntó curioso.

– Mmm… quizás. Tal vez aparezcan en tus sueños –respondió, besándole con cariño la frente.

– Mamá… ¿yo podré ser guardián algún día? –preguntó con ilusión.

– Claro que sí… –dijo con dulzura, aunque su voz transmitía cierta preocupación, y dudó un poco antes de continuar– Eres un buen niño. Fuerte, valiente… y sé que algún día serás tan increíble como papá.

– ¿Podré ser igual de increíble que papá? –exclamó entusiasmado.

– Por supuesto, cariño… Serás tan fuerte y valiente como él –dijo suavemente.

– ¡Y serás incluso mejor! –exclamó una voz desde la puerta.

Ambos voltearon hacia la entrada. Un gato blanco con manchas negras se asomaba, cruzando el umbral con una sonrisa.

– ¡Papá! –exclamó el pequeño, casi saltando de la cama.

El gato más grande se acercó a la gata y, con un gesto cariñoso, la rodeó por la cintura, dándole un beso afectuoso en la mejilla. Ella ronroneó en respuesta, sonrojada.

– Pensé que tardarías más en llegar –dijo ella divertida, pegándose con cariño a su compañero, su vientre abultado notoriamente entre ambos.

– Por mis dos estrellas brillantes -o corrijo mis tres estrellitas… Estaré aquí tan rápido como la luz –dijo, juntando su nariz con la de la gata dando suaves toques a su vientre.

– ¡Papá, papá! Mamá me contaba sobre los guardianes –dijo el pequeño, emocionado, con una sonrisa iluminando su rostro.

– ¿Ah, sí? –rió un poco, acercándose al niño para volver a arroparlo– ¿Sabías que antes el Guardián de la Noche no solo traía la luna y las estrellas…? También traía dulces sueños a los más pequeños.

– ¡No sabía eso! ¡Mamá no me contó sobre eso! –protestó el niño.

La gata le lanzó al más alto una mirada de advertencia, claramente diciéndole con los ojos que arreglara lo que acababa de provocar.

– Bueno… tu mamá no podría saber eso, Shiny. Tendrías que estudiar la historia antigua muy a fondo –dijo, mirando al pequeño que parecía confuso pero fascinado.

– ¡Entonces estudiaré mucho! –dijo levantándose con energía.

– Eso tendrá que esperar, mi pequeña estrella. Ahora es hora de dormir –dijo, volviendo a acomodar al travieso niño.

– Pero no tengo sueño –respondió con grandes ojos, mirando a su padre.

– Mmm… supongo que tendré que cancelar esa visita a Terralys… –dijo con tono sarcástico.

– ¡Nooo! ¡Dormiré, dormiré! –exclamó el pequeño, arropándose de inmediato.

El gato rió suavemente, saliendo de la habitación junto a su compañera.

La gata juntó las manos, concentrando un punto de luz entre ellas que poco a poco comenzó a brillar, dividiéndose en pequeñas esferas que flotaron sobre el niño. Este entreabrió un ojo, simulando estar dormido, contemplando maravillado el cielo estrellado que se desplegaba sobre él. Con una sonrisa feliz, cerró los ojos dispuesto a dormir profundamente.

– Buenas noches, pequeña estrella… –susurró el más alto.

Ambos salieron rumbo a su habitación. Mientras la gata trataba de acomodarse paa no aplastar su vientre, notó la mirada ausente de su compañero. Tosió suavemente para llamar su atención, dando unas palmadas en el colchón para que se acercara.

Él obedeció de inmediato, tumbándose junto a ella. Rodeó su cintura, acomodando su rostro sobre su vientre ya redondeado, mientras ella acariciaba su cabeza, envolviéndolo en un abrazo cálido.

– Luces agotado… –murmuró ella, acariciándole con ternura– Lincoln, ¿hay algo que te preocupe? ¿Sucedió algo en Calonia?

El gato bajó las orejas, aferrándose con fuerza a su compañera. Ella, en respuesta, comenzó a emitir suaves feromonas con aroma a jazmín, calmando poco a poco la tensión de su compañero.

Este suspiró profundamente.

Entonces, separándose, se incorporó hasta quedar sentado. Su compañera lo imitó, manteniéndose cerca de él.

– Cariño, hay algo… que debo contarte –dijo finalmente, tomando las manos de la gata, quien se mostraba inquieta por el tono nervioso de su pareja.

– Puedes decirme lo que sea. Si puedo ayudarte de alguna manera… lo haré –respondió ella, llevando una mano a su mejilla con suavidad, tratando de calmar aquella mirada llena de preocupación.

*Mapa de Neryos*

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En una zona apartada de la ciudad de Calonia, una figura encapuchada avanzaba hacia una enorme mansión. La tenue luz nocturna no lograba ocultar el aire sombrío que la rodeaba. Sin dudar, subió los peldaños y tocó la puerta con firmeza. Al poco, esta se entreabrió, revelando a otra figura oscura con máscara. El visitante tragó saliva y entró, guiado hacia las profundidades de la mansión.

A medida que descendían, el visitante comenzaba a arrepentirse, pero ya era tarde. Conocía bien las consecuencias. Finalmente, llegaron a la planta más baja. El guía dio tres golpes a la puerta, y al recibir permiso, ambos entraron.

–señor…esta persona desea hablar con usted.. – habló mientras hacía una pequeña reverencia.

Sobre un escritorio un conejo de gran tamaño se hallaba abriendo sobres observando detenidamente su contenido, aquella habitación no era muy grande, la luz era baja pero aun así podía divisarse el pelaje gris con blanco del conejo y el aire lleno de feromonas se sentía pesado para ambos sujetos que pronto parecían intimidados.

– Marcus… necesito un favor…– habló rompiendo el silencio y con esto la concentración del conejo que lentamente fijó su mirada en él haciendo que sintiera un leve hormigueo.

– Jamás pensé que volverías arrastrándote nuevamente hacia mi…no diría que es una agradable sorpresa volver a verte…– dijo levantándose del escritorio, hizo una señal a su lacayo, este los dejó solos.

– lose..pero!.. tenía que venir a verte! esto nos concierne a ambos.. –hablo mirando fijamente a su contrario.

–¡Hmph..! –replicó fastidiado, comenzando a liberar feromonas haciendo presente su enojo.

–Detén eso!!. Marcus… no estoy aquí para jugar a intimidarnos. Te guste o no, esto te importa tanto como a mí –dijo el otro, sin ceder ni un paso, tratando de cubrir sus fosas nasales con su antebrazo.

Marcus lo observó con frialdad, los ojos entrecerrados como dos cuchillas.

–Estás jugando con fuego, y lo sabes. ¿Qué se supone que debo escuchar antes de decidir arrancarte la lengua?

–Información –dijo con voz baja, pero firme–. Y no es solo un rumor o cualquier cosa que no se sepa de ti, es algo más... Alguien que sabe demasiado...de ti y no está muy lejos de saber sobre tus tratos, de nuestro trato..!

El silencio se espesó mucho más que las feromonas.

–Eso no es posible –murmuró Marcus, aunque ya podía sentir como la semilla de la duda era violentamente plantada.

–Lo sería si fuera un externo, pero no lo es. Lo alimentan desde dentro, Marcus. Alguien de los tuyos. Un traidor en tu nido.

Los ojos del conejo brillaron un segundo con algo más peligroso que furia: cálculo. Dio un paso al frente.

–¿Tienes idea de quién es?

– escuché que era un zorro..

–Tengo muchos zorros se más específico- dijo con firmeza y poca paciencia.

–Solo sé que tiene el pelaje oscuro..!. ¡Pero tengo trazas, movimientos, contactos!. Alguien filtra tus decisiones, tus rutas, tus planes. Lo compartieron conmigo es asi como lo supe..

Marcus ladeó la cabeza, sus orejas tensas como antenas afiladas.

–Y a cambio de esta información..¿quieres?

–Protección....y un favor, solo eso.

Marcus entrecerró los ojos, las orejas rígidas y los dedos tamborileando con impaciencia sobre el respaldo de su silla.

–Protección… y un favor –repitió en voz baja, como si saboreara la palabra favor con desconfianza–. Sé que ese “solo eso” suele costar más de lo que aparenta. Así que dilo de una vez... ¿qué clase de favor?

El otro alfa bajó la voz, apenas un murmullo.

–Hay… un obstáculo en mi camino.

Marcus alzó una ceja, inquisitivo.

–Un niño –añadió el visitante, sin rodeos pero sin dramatismo, como si soltarlo rápido hiciera menos turbia la petición–. Va a ocupar un lugar importante… uno que debería pertenecer a alguien más.

Marcus no dijo nada, aunque su mirada se volvió más fija, más aguda.

–Mi hijo, Marcus –continuó el otro, con una mezcla extraña de orgullo y rencor--. He estado preparando ese rol para mi hijo desde antes de que naciera. Y ahora, por culpa de este mocoso todos mis planes pueden venirse abajo.!

El silencio volvió a hacerse presente, el aire pesado. Marcus no preguntó más; dejó que hablara.

–El padre de ese niño… está detrás de esto. Fue él quien compartió información conmigo sobre ti. Sospecho..que ha estado viendo al zorro por las noches, me ha pedido cubrirlo en ciertas ocasiones...

Marcus apoyó el mentón sobre los dedos entrelazados, sin dejar de observar.

–Solo has lo que ya sabes hacer... y yo me encargaré de averiguar quien es el traidor que husmea en tu casa...

Marcus tardó un largo momento en responder.

–¿cuándo? –preguntó finalmente, con una voz neutra, casi indiferente.

–Mañana por la tarde saldrán de Terralys rumbo hacia Vytalia –dijo el otro, sin vacilar– Cuando estén a las afueras del pueblo....

Marcus se levantó, sin mirar al contrario.

–Bien... si averiguas algo más házmelo saber de inmediato, ya sabes donde encontrarme..

El otro asintió una sola vez, y se retiró sin decir más.

Marcus volvió a quedar solo, pero la habitación ya no olía solo a enojo… sino a frustración y cierta inquietud, tenía que saber quien era el traidor y rápido, no podía dejar que siguiera husmeando en sus asuntos.

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El atardecer podía verse a través del Arco de la Tela mientras la carretilla avanzaba lentamente. Muy pronto, la luz dorada daría paso a la oscuridad de la noche. Habían transcurrido un par de horas desde que Lincoln y su hijo habían dejado atrás el hogar de aquel curandero a las afueras de Terralys, y ya se encontraban de regreso a su hogar, donde su esposa los esperaba.

Shiny dormía profundamente a un lado, envuelto en unas telas que Lincoln había traído por pedido de su madre. Al otro lado, el padre permanecía en silencio, absorto en sus pensamientos. Conocía bien los riesgos que implicaba su trabajo, y entre ellos, el más difícil de sobrellevar era la amenaza constante al bienestar de su familia.

Mientras el vaivén de la carretilla lo sumía lentamente en el sueño, fragmentos de recuerdos vinieron a su mente: la propuesta que, tiempo atrás, le había hecho un zorro. Aunque la oferta prometía información valiosa, Lincoln no podía aceptar un trato que implicara poner en juego a alguien de su familia. Ese era un límite que no pensaba cruzar.

Recordó con claridad aquella conversación con el curandero, ocurrida no hacía tanto tiempo, nuevamente esa presión familiar en el pecho.

–Debo decir que me sorprende el nivel de habilidad de su pequeño, señor Lincoln –había dicho el curandero, con el ceño fruncido–. Aunque también es… algo preocupante.

Ambos hablaban en voz baja, apartados del pequeño que, ajeno a todo, jugaba alegremente con una pelotita de trapo. La mordía y pateaba con sus pequeñas garras como un gatito curioso, dejando escapar suaves gruñiditos de diversión.

–¿Es muy malo? –preguntó Lincoln, sin dejar de observar a su hijo.

–Bueno… no sabría decirle –respondió el curandero, hojeando unos papeles con sus anotaciones–. Shiny aún es joven, pero ya nació con un nivel inusualmente alto de habilidad. Si esa fuerza sigue desarrollándose al ritmo actual, podría volverse inmensa… incluso podría superarlo a usted algún día.

–¿Eso es lo que le preocupa?

El doctor hizo una pausa, y luego bajó la mirada con un gesto más grave.

–Solo una parte de eso… Usted sabe que no es la primera vez que nace un niño con gran potencial. Generaciones atrás, aquellos seleccionados para ayudar en nuestro mundo simplemente… desaparecieron. O se hallaron sus restos. –La tensión en su voz era palpable–. Pero a diferencia de Shiny, todos ellos pertenecían a clases sociales mucho más bajas que la suya o la mía… aunque eso, como sabrá, no garantiza nada.

Lincoln había comprendido bien. Sabía exactamente a qué se refería, y ese temor –el de perder a su hijo en manos de algún poder oscuro o interés mayor– lo había acompañado desde el día en que Shiny nació. Pero no permitiría que nada ni nadie tocara a su familia. No sin enfrentar primero su furia.

–Bueno… mi otra preocupación –continuó el doctor tras un breve silencio– es respecto al subgénero de Shiny. No estoy del todo seguro, pero es posible que haya heredado el mismo gen que su madre. Eso podría influir en su vida de formas impredecibles. Aunque… hay medicación que podría ayudarlo a controlarlo.

–Muchas Gracias, señor.. –Lincoln interrumpió suavemente la conversación al notar la hora–. Shiny, ¡es hora de irnos!

–Le deseo lo mejor, señor Lincoln. Cuídese.

Lincoln solo asintió, tomando en brazos a su hijo, que se acurrucó de inmediato contra su pecho. Había salido de aquel lugar con muchas preguntas, pero también con una certeza inamovible: haría lo que fuera necesario para proteger a su hijo.

Lincoln despertó de golpe, sobresaltado por una tos violenta que provenía del carrero. El hombre había detenido la habilidad que impulsaba la carreta, y su cuerpo se sacudía como si algo lo sofocara desde dentro.

–¿Se encuentra bien? –preguntó Lincoln mientras se asomaba hacia él, con el ceño fruncido.

El carrero asintió débilmente, aún tosiendo con fuerza, sin lograr articular palabra. Lincoln, preocupado, se preparaba para bajar de la carreta… pero en cuanto se movió, un olor fuerte, químico y extraño golpeó su olfato como una pared invisible. En ese instante, a pocos metros, divisó una luz encendiéndose entre los árboles.

Sus pupilas se dilataron, entendiendo al instante lo que estaba ocurriendo.

Se giró de inmediato hacia su hijo, dormido entre las mantas, con la intención de tomarlo y escapar, pero fue demasiado tarde. Un estruendo ensordecedor sacudió el bosque. Una explosión.

Todo se volvió un destello blanco.

Lincoln sintió cómo su cuerpo era lanzado por los aires, la presión rompiendo el aliento en su pecho. Luego, el golpe. Brutal. En la nuca y la espalda. Su cuerpo cayó pesadamente al pie de un árbol, quedando tendido entre ramas y hojas.

–Shi... ny... –murmuró con voz rota, incorporándose con esfuerzo. La sangre le zumbaba en las sienes, el mundo le giraba.

Las llamas devoraban la carreta.

El fuego crepitaba, lanzando chispas al aire, y en medio de ese infierno, figuras enmascaradas emergieron de entre la humareda, rodeándolo poco a poco. Lincoln jadeó, con el cuerpo herido y los sentidos nublados, pero su instinto gritaba una sola palabra: Shiny.

A pocos metros, bajo los escombros de la carreta, su pequeño gemía en un llanto ahogado. Con gran esfuerzo, Shiny logró salir de entre los restos de las ruedas traseras. Estaba cubierto de ceniza, con los ojos brillantes por el miedo.

–¡Papá...! –llamó entre sollozos, sin obtener respuesta.

Una figura enmascarada se aproximó a él, envuelta en una capa oscura. Se detuvo unos pasos, rebuscó entre sus ropas y extendió la mano.

–Hey, pequeño... –dijo con una voz suave, casi cantarina–. No tengas miedo. No quiero hacerte daño. Solo quiero ayudarte.

Shiny retrocedió arrastrándose por el suelo, con el pelaje completamente erizado. Todo a su alrededor ardía. La calidez del fuego no era nada comparada con el temor que ese extraño le provocaba. La voz no lo tranquilizaba… lo aterraba aún más.

–N-no quiero... –balbuceó, temblando.

–Vamos, solo debes masticar unas cuantas. –El desconocido le ofreció unas bayas oscuras en la palma–. Te harán sentir mejor…

El sujeto avanzó, decidido, alzando su mano para obligarlo a comerlas. Shiny, aterrado, reaccionó por puro instinto. Sintió una chispa encenderse dentro de él, una corriente interna. Alzó su pequeña mano, gritando:

–¡No te me acerques!

Una luz emergió de su mano, disparada con fuerza. El impacto dio de lleno en el rostro del sujeto, perforando su máscara y alcanzando su ojo izquierdo. El grito que siguió fue desgarrador.

–¡Aaaagh! ¡Maldito bastardo!

El enmascarado cayó al suelo, sujetándose el rostro, retorciéndose y maldiciendo entre dientes. Shiny, aterrado, se acurrucó en sí mismo, cubriéndose con los brazos.

Podía olerlo.

Ese olor denso, solo perceptible para alfas y omegas… y estaba cargado de rabia y odio.

–¡Debiste aceptar las malditas bayas, mocoso! –rugió la figura, levantándose con furia–. ¡Así al menos no tendría que mancharme las manos!

El sujeto avanzó con pasos pesados, su mano derecha envuelta en un manto de espinas oscuras, alzándola sobre el niño indefenso.

Pero antes de que pudiera tocarlo, una ráfaga de luz lo arrolló de costado, sacándolo violentamente del camino.

Cuando el brillo se disipó, Shiny pudo ver con claridad. Allí estaba su padre, de pie, jadeando. Su pelaje claro estaba cubierto de sangre, su aura temblaba por el desgaste, y una hemorragia le manchaba el costado de la cabeza.

–Shiny... cúbrete los ojos –ordenó con firmeza.

El pequeño obedeció al instante, abrazándose a sí mismo, temblando.

Lincoln no pensaba permitir que pusieran un solo dedo más sobre su hijo. Sabía que era un grupo numeroso, probablemente pensaron que con la explosión bastaría para acabar con él. Se equivocaron.

Él era un Guardián.

Mientras los atacantes se acercaban, Lincoln alzó la mirada y comenzó a caminar hacia ellos. A medida que avanzaba, su aura crecía, iluminando el claro, su energía zumbando como una advertencia.

En un abrir y cerrar de ojos, se lanzó hacia el primero. Un destello cegador cubrió el área, y aprovechando su ventaja, noqueó al primero con un golpe preciso, luego al segundo. El tercero esquivó a tiempo, y un cuarto se abalanzó sobre él. Lincoln giró, atrapando al atacante con su brazo y usándolo como escudo contra el siguiente golpe.

Tres más se acercaron al mismo tiempo. Lincoln adoptó una postura defensiva, respirando con dificultad. Escuchó un sonido tras de sí, algo torpe, y cuando se giró, ya era tarde: uno de los enmascarados lo golpeó brutalmente con un trozo de madera, justo donde más le dolía.

El golpe lo dejó tambaleante.

Su vista se nubló. Todo giraba. El dolor era insoportable, pero no podía caer. No todavía. Miró a su alrededor… su hijo aún lo necesitaba.

Y entonces tomó una decisión.

Una última técnica.

Esperó. Dejó que se acercaran. Más cerca… más…

Y cuando sintió que estaban sobre él, liberó todo lo que le quedaba. Su aura se expandió de golpe, una luz blanca estalló como un rayo descendiendo del cielo. El impacto sacudió el suelo y arrojó a todos los atacantes al aire, envolviéndolos en un destello cegador.

Uno a uno, cayeron inconscientes, con vapor saliendo de sus cuerpos maltrechos.

Lincoln cayó de rodillas.

Sus manos temblaban, su respiración era errática. Intentó levantarse. Una vez. Dos. Su cuerpo no respondía. Solo pensaba en una cosa: Shiny….

Dio un paso, luego otro. Pero entonces, un dolor agudo lo atravesó por completo. Su cuerpo cedió, terminando por caer al suelo mientras todo a su alrededor se tornaba oscuro...

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El crujir de la madera resonaba suavemente en la oficina de Marcus, apenas interrumpida por la luz tenue de una lámpara colgante. La atmósfera era densa, como si la misma oscuridad respirara con él. Las sombras de los estantes repletos de documentos y artefactos antiguos se alargaban con cada movimiento del fuego y una figura enmascarada ingresaba con paso contenido. Se inclinó levemente antes de hablar:

–Mi señor… el ataque al guardián… falló.

–El guardián logró resistir. Noqueó a toda la unidad. Y el niño… sobrevivió. Logró herir a uno de los nuestros… es más fuerte de lo que anticipamos.Fue herido, sí, pero está vivo. El carrero que iba con ellos logró escapar y pedir ayuda antes de que los remataran…

Un leve temblor recorrió los hombros del mensajero al sentir que el aire a su alrededor se volvía más espeso.

Marcus apretó los dientes, su puño temblando sobre el apoyabrazos. Luego habló, con la voz cargada de veneno:

–¿Y la otra orden?

El enmascarado dudó un segundo antes de responder:

–Tampoco fue posible, mi señor. El objetivo… escapó. No estaba solo con sus padres como anticipamos. Una mujer los acompañaba creemos que era algun familiar. Logró sacarlo con ella, huyeron...hacia Aurohaven.

–¿Aurohaven? –Marcus se levantó con lentitud, su sombra creciendo detrás de él–. ¿Y dejaron que cruzaran la frontera?

–Está bien protegida, mi señor. Ya no tenemos influencia en esa ciudad… Las barreras están activas. No podemos entrar sin que nos detecten.

El silencio volvió, pero esta vez fue más pesado, casi sofocante.

–Malditos inútiles... –escupió Marcus con rabia contenida.

De un golpe tiró todo lo que había sobre su escritorio. Papeles, pergaminos, frascos. Todo cayó al suelo con un estruendo que hizo estremecer al enmascarado. Marcus comenzó a caminar de un lado a otro como una bestia enjaulada.

Las feromonas liberadas por su creciente ira, impregnaron la sala como una neblina pesada. El aire se volvió sofocante, cargado de rabia y autoridad.

El lacayo sintió cómo su cuerpo se tensaba, su piel se erizaba sin control y un instinto antiguo de sumisión le empujaba a bajar aún más la cabeza.

–No pudieron con un guardián herido –escupió Marcus con la voz grave, contenida como un trueno a punto de estallar–. ¿Y tampoco con un niño? ¿¡Un maldito niño!?

El enmascarado cayó de rodillas sin pensarlo, respirando con dificultad.

–¡Fallaron en todo! ¡Tenían una sola tarea! Y ahora los dos están vivos… protegidos… y más peligrosos que nunca.

Marcus avanzó, cada paso suyo retumbaba con una presión invisible. Las feromonas se intensificaban con su ira. El lacayo comenzó a jadear como si no tuviera suficiente aire.

–¿Sabes lo que esto significa? –gruñó Marcus, inclinándose apenas sobre él–. Significa que desperdicié recursos, tiempo y poder... ¡para nada!

El lacayo temblaba, apenas capaz de sostenerse.

–Lo... lo lamento, mi señor… no previmos que–

–¡Silencio! –tronó Marcus, alzando la voz por primera vez.

Un estallido de aura oscura lo rodeó brevemente, y el enmascarado cayó al suelo como si hubiera recibido una descarga. Se quedó ahí, jadeando, su cuerpo completamente sumido en la sumisión.

Marcus cerró los ojos un momento, conteniéndose. Luego giró hacia el escritorio, ignorando al enmascarado en el suelo.

–Fuera de mi vista… antes de que decida abrir tu cuello para pagar al menos una parte de esta humillación.

El lacayo se arrastró fuera de la habitación, cerrando la puerta tras de sí con torpes manos temblorosas.

Cuando la puerta se cerró, Marcus soltó un suspiro furioso. El fracaso lo quemaba por dentro, pero sabía que no podía permitirse perder el control más tiempo. Caminó hasta su escritorio y, con un manotazo, arrojó los papeles viejos al suelo.

Acto seguido, comenzó a revisar un nuevo conjunto de documentos, esta vez más delicados, marcados con sellos personales.

Sus ojos se entornaron mientras repasaba nombres, perfiles, linajes.

–Necesito un heredero… y lo necesito ya –murmuró.

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(Puedes encontrar ilustraciones del capítulo en Wattpad o Inkitt con el mismo nombre de la Novela o Usuario)

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