La Joya Escarlata

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Sinopsis

Aida descubrirá por las malas que la estabilidad a veces es lo más inestable; que se puede romper tan fácil como arrancar una hoja de un árbol. La noche cubrirá su luz con una manta roja dejando una marca para siempre en su ser, dando lugar al nacimiento de la primera joya mágica. Esto traerá una travesía futura en la que puede —o no— tener una redención para liberar su alma de toda culpa y conseguir la paz junto a su familia.

Genero:
Drama/Fantasy
Autor/a:
JesusLopez
Estado:
En proceso
Capítulos:
3
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

Prólogo.

El gran país de Crowntown, dividido en 2 mitades: una mitad próspera, con abundantes comercios y un nivel de criminalidad bajo o intermedio. Y su contraparte: una mitad con un nivel de abundancia alta, pero mal administrada, con corrupción y pueblos al mando de grupos criminales. Se podía notar el gran contraste entre ambas partes del país; no cualquier persona se atrevía a cruzar de un lado al otro. Sin embargo, había alguien que sí: un viajero conocido como Farid "El errante", llamado así por aparecer en diferentes pueblos prácticamente limpio, a pesar de la abundancia de ladrones y bandidos. Muchos pensaban que era alguna especie de ser místico o mágico que podía teletransportarse.


Un día, mientras Farid se encontraba en uno de sus viajes, escuchó sobre un pueblo llamado "Huntertown". Le llamó mucho la atención, así que se dirigió hacia allí.

Al llegar hizo lo propio de él: entrar a un bar, pues sabía que era un lugar oportuno para conseguir información de otros lugares.


La taberna olía a madera vieja, vino derramado y humo de tabaco barato. Afuera, la lluvia azotaba los ventanales, pero dentro las risas y el bullicio llenaban cada rincón. Los viajeros, soldados y mercaderes se reunían alrededor de una mesa donde jugaban cartas y compartían historias que se desvanecían tan rápido como la espuma de la cerveza en sus jarras.


Entre bromas y tragos de cerveza, Farid les contó más sobre él:

—Así es, soy un viajero. He estado en diferentes pueblos en todo Crowntown.

—¿Y cómo sigues vivo? Allá afuera hay bandidos y otros peligros, pero tú te ves intacto —dijo un mercader con incredulidad en su rostro.

—Gracias a la información. Tal como aquí, ustedes me contaron sobre Huntertown; ahora sé cómo moverme y tratar a las personas, además de sus costumbres, tradiciones y sus rutas de alrededor. Eso pasa en cada lugar al que voy.

—Buen punto, Farid —dijo el mercader, más convencido.


La convivencia no cesaba: la cerveza seguía llenando los tarros de los presentes, las cartas y dados seguían dando resultados a quienes sabían usarlos, y las historias hacían su aparición para volver más ameno el lugar.


—Te toca, Farid. Dinos la historia más increíble que sepas

—dijo un participante de la mesa de dados.

—Está bien. ¿Alguno ha escuchado hablar sobre el bosque de Neil?

—No, ni idea —dijeron confundidos.

—Dicen que allí existió un pueblo... Pero ese maldito cuervo se lo comió. ¡Ja, ja, ja! —exclamó mientras bebía el tarro entero de un trago.

—¿De qué hablas? Cuenta bien la historia, Farid.

—Neil solía ser un hermoso pueblo; abundante, con un gran clima y unos maravillosos árboles enormes, de al menos 50 metros de alto.

—¿Y... un cuervo voló y tumbó un árbol que destruyó al pueblo? —dijo el cantinero, provocando las incontrolables risas de los presentes.

—Ja, ja, ja. Técnicamente así fue —respondió Farid, dejando a todos más confundidos.


Las risas seguían resonando en la taberna, el cantinero seguía lavando vasos y preparando tragos. Aunque poco a poco fueron apagándose para enfocar su atención en Farid.


—Ustedes pueden seguir riendo, pero el pueblo de Neil realmente existió. Se cree que, si te adentras lo suficiente, te encontrarás con los restos del pueblo, aunque realmente no ha habido nadie que salga vivo de allí —dijo Farid, con los brazos entrelazados y una seriedad que cayó a más de uno al instante.

—Pero ¿cómo aseguras que existe el pueblo de Neil si nadie ha sido testigo de ello?

—Sé que hasta la fecha es solo una leyenda, pero creo firmemente que es real y algún día se probará —dijo Farid, firmemente.

—No seas ridículo, Farid. Si nadie ha salido vivo de allí dentro, ¿por qué alguien más quisiera entrar? Es absurdo

—dijo el cantinero, algo molesto, como si se hubieran burlado de él.

—Exacto, además no has mencionado nada de un cuervo. ¿A qué te referías con que el cuervo se comió a Neil? —mencionó uno de los mercaderes presentes.

—“El cuervo” era un bandido, uno de los mejores de todos los tiempos. Ustedes no lo conocen porque rara vez se mostraba en un atraco; la mayoría de las veces solo planeaba y enviaba a otros a hacer su trabajo. Parecía un grupo de bandidos sin jefe —dijo Farid mientras encendía su cigarrillo.

—Entonces... ¿ese famoso "cuervo" destruyó Neil?

—No exactamente. Él, en un principio, solo quiso adueñarse del lugar, pero no destruirlo; fue la misma gente del pueblo quien lo asesinó.

—Bueno, eso es obvio. Nosotros en este pueblo haríamos lo mismo si alguien nos invade —dijo el cantinero, con gran confianza y orgullo.

—El problema es que Neil tenía algo, algo que cambiaba a la gente. De hecho, muchos de sus habitantes eran criminales retirados que, por razones desconocidas, al llegar a Neil cambiaron por completo. Casi como si fuera magia —dijo Farid, sorprendiendo a los oyentes—. Pero, cuando el cuervo llegó fue lo contrario: él no cambió, el pueblo sí. Como si la propia oscuridad del bandido hubiese arropado a los residentes de Neil. Esto provocó una cacería contra él y los súbditos que invadieron el pueblo.

—Entonces, si los habitantes del pueblo pudieron derrotar al cuervo y sus súbditos, ¿por qué Neil desapareció? —mencionó el cantinero.

—Después de abandonar el cadáver del cuervo postrado en uno de los árboles del bosque, la maldad hizo presa en Neil: la gente empezó a matarse entre sí. Violaciones y saqueos se volvieron frecuentes, hasta que poco a poco Neil fue volviéndose un pueblo fantasma. Y con el tiempo, los árboles se expandieron hasta abarcar un gran territorio que escondió totalmente los restos de Neil entre los enormes troncos y hojas. Pocas personas lograron escapar y hacerse una vida fuera.


Las caras de los oyentes de la taberna se mostraban sorprendidas y maravilladas; la historia era fascinante y misteriosa. Incluso muchos se plantearon ir a explorar.


—Se cree que, al ser un pueblo muy próspero en su apogeo, aún se podrían encontrar varios tesoros y artículos de valor histórico, entre otras cosas. Además, se cree que posee una flora y fauna que quizá desconozcamos.


El silencio se hizo presente, al igual que la atención de aquellos que escuchaban, sorprendidos y fascinados. La gente aplaudió a Farid por la gran historia contada; incluso muchos se ofrecieron a invitarle más tragos con tal de escuchar más de sus historias.


—Lo siento, muchachos, tengo que irme. Mi siguiente destino me espera. Fue un gusto compartir con ustedes —dijo Farid, muy satisfecho y agradecido con todos.

—Oye, Farid, al menos podrías decir algunas palabras de despedida, algún consejo o frase célebre que hayas escuchado en una de tus travesías —dijo el cantinero, mientras le obsequiaba un vino de alta calidad.

—Está bien, diré una frase que un extraordinario genio dijo una vez: "Amor, vida, muerte, fortuna y libertad; aquel que tenga esto en su poder gobernará todo" —exclamó Farid con orgullo —. Aunque, en mi opinión, si no controlas bien estos aspectos te pueden jugar en contra.


Todos en la taberna quedaron fascinados tras escuchar la gran frase. Al finalizar, todos se despidieron de Farid, agradeciéndole y deseándole suerte en su viaje.


Farid salió de la taberna, dirigiéndose a la salida de Huntertown. Al llegar casi a la salida, un tipo ya ebrio se topó con Farid, el cual le regaló el vino que le obsequió el cantinero.


El tipo ebrio tomó el vino en sus manos mientras tambaleaba por el efecto del alcohol:

—Muchas gra... ¿señor? —dijo confundido al notar que ya no había nadie cerca—. ¿Lo habré imaginado? ¿De dónde saqué esto? ¿A quién se lo robé?... Bueno, da igual, disfrutaré este vino.


A lo lejos de Huntertown, Farid observó una última vez aquel pueblo, sonriendo misteriosamente mientras se alejaba poco a poco. El viento hacía bailar su largo cabello y, entre el susurrar de las ramas de los árboles, rió una vez más:


—Espero que alguien, algún día, visite Neil... Ya ha pasado mucho tiempo. Tengo un gran presentimiento; quizá las joyas puedan nacer esta vez. Solo queda esperar un poco más —dijo Farid, mientras su silueta se desvanecía en el camino.