Prólogo
Surgirá un monstruo, nacido de noche y cicatriz,
cubierto en carne mortal, pero mucho más oscuro.
Llevará un rostro tierno y a la vez sombrío,
y los reinos flaquearán ante la sombra en su interior.
Surgirá una doncella, con fuego en la mano,
ella atará a las tinieblas y les dará órdenes.
Con amor las templará, con voluntad las doblegará,
y el arma que despierte cortará hasta el final.
Marchará un soldado, con el duelo por escudo,
entre sangre y pesar, no tendrá piedad alguna.
Atacará a corona y linaje hasta matar al Diablo,
pero el acero que lo logre beberá de su dolor.
Vigilará una vidente, su silencio será una llama,
no dirá profecías, pero todo llevará su nombre.
Tejerá sin palabras y dará forma sin aliento,
y su mano decidirá entre la ruina y la muerte.
Así, monstruo y amante, elegido y enemigo,
quedarán atados al destino que las viejas piedras conocen.
Porque la hoja que salva es la misma que debe caer,
y el amor es la carga más pesada de todas.
Y se entonará el canto hasta que las estrellas se apaguen,
el final y el principio serán el mismo reflejo.