las bestias de la isla

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Sinopsis

Aldric vuelve de la guerra atormentado por lo que vio e hizo. Al encontrarse con su familia sintió que había encontrado la paz, pero sus recuerdos no lo dejaron. Esa noche, algo atacó su aldea. Cuando amaneció, todo lo que amaba había desaparecido. Ahora, herido y destrozado, deberá enfrentar algo peor que cualquier campo de batalla. ¿Qué queda de un hombre cuando pierde todo lo que lo mantenía humano?

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Capítulo I - El Regreso

Aldric caminaba por el sendero de piedra que conocía desde niño, respirando profundamente el aroma a sal marina y flores silvestres que se mezclaba con el aire fresco del atardecer y llenaba sus pulmones. Cada paso sobre la tierra familiar lo alejaba de los campos de batalla, de los gritos que aún resonaban en sus pesadillas, de la sangre que manchaba sus recuerdos.

Sus botas desgastadas pisaban con cuidado, como si temiera despertar de un sueño. Había sobrevivido cuando tantos otros no lo hicieron.

*¿Me merezco estar aquí cuando tantos se quedaron en el campo de batalla?*

La pequeña casa apareció entre los árboles como una visión. Humo blanco salía de su chimenea, la luz dorada del atardecer se filtraba por las ventanas de madera, y en el aire flotaba el aroma que tanto recordaba. Su corazón empezó a latir descontroladamente al escuchar las risas de sus hijos jugando en el patio.

*¿Serán reales esas risas o mi mente me está jugando otra broma cruel?*

Al oír la voz de Arthur pronunciar «papá».con una alegría que solo tienen los niños, una sonrisa genuina se dibujó en su rostro curtido por primera vez en meses.

Su esposa Elena salió a recibirlo. Sus ojos verdes brillaban con lágrimas de alegría, y sus manos temblaron antes de tocar su cara, como si necesitara confirmar que era real.

-Pensé que no volverías -susurró con la voz quebrada, cada palabra cargada de meses de angustia.

-Ya terminó todo. No volveré a tomar una espada.

*¿Podré cumplir esa promesa? ¿Qué pasa si vuelven por nosotros?*

-Papá, regresaste, ven y juega con nosotros -dijo Arthur con alegría.

-Tu padre debe estar cansado, mejor vamos adentro.

Elena lo tomó de la mano con fuerza, como si temiera que fuera a desvanecerse.

-Vamos, pasa. Te extrañaba tanto - dijo Elena, con una sonrisa que deslumbraba.

*Gracias al cielo regreso*

Entraron a la casa con sus dos pequeños, Arthur y Luz. La calidez del hogar lo envolvió como un abrazo: el fuego crepitando en la chimenea, los juguetes de madera esparcidos por el suelo, las rosas que tanto le gustaban colgadas en las paredes.

-Justo estaba preparando la cena -dijo Elena, secándose las lágrimas-. Vamos, siéntate, debes tener hambre.

-No he comido tu deliciosa comida en estos siete largos meses. Este día lo anhelaba más que nada.

*En la guerra solo comía pan seco*

Cenaron en familia alrededor de la mesa de roble que había construido con sus propias manos años atrás. Los niños le contaban todo lo que había pasado en su ausencia con esa urgencia infantil de ser escuchados. Elena le tomaba la mano cada pocos segundos, sus dedos entrelazados con los suyos como si temiera que desapareciera.

*Ellos no saben lo que he hecho. No saben cuánta sangre hay en estas manos que ahora los abrazan.*

-Vamos, Arthur, Luz, lávense la cara y a acostarse -dijo Elena con esa autoridad maternal que a Aldric le parecía hermosa.

-Oye, papá -Arthur se detuvo-, el viejo Jack me enseñó a pescar y a recolectar sal. De la que recolecté traje un poco y comimos de esa.

-Mi pequeño sabe mucho -respondió Aldric, acercándose a él y revolviendo el cabello castaño de su hijo-. Si quieres, mañana me puedes enseñar. Ahora ve a descansar.

*Mis hijos ya crecieron y no estuve en esos momentos*.

-¡Papá! -interrumpió Luz, sus ojos brillando con emoción-. Mañana te enseño dónde están las mejores flores con los mejores aromas.

-Claro, pequeña. Mañana me enseñarán todo, lo que quieran.

*Mañana... ¿Habrá un mañana normal para nosotros?*

Cuando los niños se fueron a dormir, Elena se acurrucó contra él en el banco recubierto con un tapiz, frente al fuego. El frío en sus espaldas se mezclaba con el silencio cómodo, lleno de todo lo que no necesitaba ser dicho.

*Siento frío, pero a la vez siento calor. Ella es... hermosa.*

-Te extrañamos cada día -murmuró ella con lágrimas en los ojos-. Cada noche miraba las estrellas, preguntándome si estaríamos viendo las mismas.

-No pasa nada. Ya estoy aquí y no volveré a separarme de ustedes -secándole las lágrimas en las mejillas a Elena.

*¿Cómo puedo prometerle algo así cuando el mundo se ha vuelto tan peligroso?*

-¿Y tu padre? No me digas que...

Elena se tapó la boca, incapaz de terminar la frase.

-Está bien. Estábamos todos juntos: mi padre, Cael, Brann y Finn, el hijo de Cael.

-Gracias al cielo. Están bien , Invitalo mañana a almorzar.

-Si, mañana lo invito.

*Yo no hubiera soportado esa perdida*

-¿Y cuándo entró Finn al ejército? -preguntó Elena, cambiando de tema.

-Se fue con nosotros a escondidas -Aldric suspiró, recordando-. Cuando lo encontramos, le suplicó a su padre que lo dejara luchar. Dijo que lo iba a pensar. Después Finn me buscó y me pidió que conversara con Cael. Le dije que le ayudaría solo porque siempre ha sido amable contigo. Cuando fui con Cael en la noche, solo le dije que su hijo quería estar con él, no en la guerra. Lo dejé solo y luego él aceptó.

*¿Será que le digo de lo que le prometí a Cael de proteger a su hijo? No, mejor no le digo.*

-No debiste meter a ese niño en la guerra, pero todos están bien. Gracias al cielo.

-Ni tan bien. Él vio los horrores, no ,no solo él... -se calló, sintiendo el familiar escalofrío-. Todos vimos los peores horrores.

*Ese chico no debería haber estado ahí. Ninguno de nosotros debería haber estado ahí.*

Elena lo abrazó fuerte, sintiendo el temblor que recorría su cuerpo.

-Ya no pienses en eso. Mejor vámonos a acostar.

*Ojalá esto no sea un sueño.*

Aldric colocó su espada y armadura desgastadas en el viejo baúl de roble. Cada pieza cayó con un sonido metálico que parecía final.

-Aquí dejo el pasado y comenzaré una nueva vida -susurró, cerrando la tapa con un clic definitivo.

Se acostaron juntos en la cama donde él había soñado estar durante los meses más oscuros de la misión. El colchón de lana con su frazada le generaba calidez. Elena respiraba pausadamente a su lado. Por primera vez en meses, Aldric sintió una paz profunda, envolvente como una manta cálida.

El sonido suave de la respiración de sus hijos en la habitación de al lado. El crepitar lejano del fuego que se extinguía. El viento suave, meciendo los árboles afuera.

*Quizás si pueda dejar todo atrás. Tal vez esto sea real y duradero. Quizás puedo ser solo un padre y esposo otra vez.*

Se quedó dormido, sintiendo que, finalmente, había encontrado la paz que tanto había buscado en los campos de batalla empapado de sangre.

---

Los gritos lo despertaron como cuchilladas en la noche.

*No. Esto es una pesadilla.*

Eran agudos, desesperados, desgarrando el silencio. Aldric saltó de la cama. Su cuerpo reaccionó antes que su mente: músculos tensos, sentidos, alerta, el latido de su corazón retumbaba en sus oídos.

*Los gritos de la guerra han vuelto a buscarme.*

Elena se incorporó, el cabello revuelto, los ojos muy abiertos.

-Quédate aquí. Ve tú con los niños -susurró.

Sus manos encontraron la espada en el baúl. El metal frío contra su palma se sintió algo familiar, engañoso.

*¿ En serio creí que podía dejar esto atrás?*

Abrió la puerta principal. La luna llena iluminaba el patio, creando sombras entre los árboles. Pero algo estaba terriblemente mal. El aire mismo se sentía espeso, cargado de una presencia de desesperación.

Camino cerca de la granja, de dónde provenían los gritos, cuando...

Una sombra se movió cerca del granero. No era humana. No era de nada que hubiera visto antes.

*Mi instinto me grita que esto no es normal.*

El granero estaba sumido en una oscuridad densa como brea. Aldric entró con la cautela que meses de guerra le habían enseñado. Cada paso calculado. Cada músculo listo para reaccionar. Sus botas crujían sobre la paja seca.

Un ruido. Una rata corriendo entre las vigas.

-Maldita rata -susurró, el corazón le golpeó tan fuerte que pensó que lo delataría.

*Estoy perdiendo los nervios. Un soldado no se asusta así.*

Mientras tanto, Elena se paró rápidamente de la cama, cuando el aire frío tocó su cuerpo. Ella encendió una lámpara que iluminó el interior de la habitación y su cara desesperada, abrió el baúl y sacó una daga pequeña pero filosa.

Pero Aldric, entonces, la vio.

La criatura se alzó desde las sombras del fondo del granero como una pesadilla hecha carne. Su piel era gris ceniza, estirada sobre músculos retorcidos.

Los ojos brillaban con un rojo enfermizo, y de su boca llena de colmillos desiguales goteaba una saliva espesa y maloliente. El olor que emanaba era peor que a carne podrida, mezclada con algo dulzón y nauseabundo.

<<< Él recordó cuando vio a un soldado moribundo botando sangre por la garganta. >>>

El silencio se volvió absoluto. Hasta su respiración se detuvo.

*¡Qué demonios es esa cosa!*

La bestia soltó un gruñido gutural que hizo vibrar las vigas de madera. El sonido se clavó en sus huesos.

*¿Qué es esta sensación... como en los peores? ¿Días?Una muerte inminente.*

Se abalanzó hacia él. Aldric rodó. Las garras pasaron rozando por su cara con un silbido cortante.

*¿Por qué estos recuerdos me vienen ahora? Los rostros de los muertos, los gritos...*

La bestia se dio la vuelta con una velocidad sorprendentemente alta para su tamaño. Aldric al intentar estar frente a la bestia, se paró en su pie, y cayó con un golpe seco.

-¡Mi pie!

*No, no, ¿por qué ahora? Por favor, no me atormenten en este momento.*

El crujido del hueso fue audible en el granero.

*No puedo mostrar debilidad. Elena y los niños me necesitan.*

-Ahh, ahhh -miró su pie brevemente, lo tenía morado como cuando él asfixiaba a sus enemigos.

Puso la punta de la espada en el suelo, colocando todo su esfuerzo para pararse. El aire frío de la noche le tranquilizó el dolor.

Al colocarse de pie, no alcanzó a mirar al frente cuando, con una velocidad que parecía una estrella fugaz, la garra de la bestia le atravesó el costado, saliendo sangre asía todas las direcciones.

Aldric sintió calor, pero no el tipo de calor que cuando su esposa lo acariciaba sintió otro.

<<< El color azul es bonito, no Aldric, porque le pertenece al cielo y al mar, pero es horrible el rojo oscuro porque trae muerte. >>>

El dolor fue intenso, pero familiar.

Con la fuerza que le quedaba, le cortó el dedo a la bestia cayendo él al piso como una pluma. con la garra dentro de él, su sangre se mezcló con la de la bestia, que era negra como la sombra de su espada.

La bestia abrió su boca, saliendo de él un sonido que mezclado con el olor era horrible.

-¡Ayy!, ¡Ahhh!

Aldric quedó casi inconsciente recordando

<<< Comandante, el color rojo es necesario porque también trae amor, no solo destrucción. >>>

Cubierto completo de su sangre, se arrastró así un montón de paja, su respiración entrecortada llenando el silencio.

La bestia se camufló en la oscuridad, pero el goteo de la sangre cayendo se oía como una campana.

*¿Voy a morir aquí? ¿Pagaré por toda la gente que he matado? ¿Es esto mi castigo?*

*No, esas voces otra vez. Los gritos de los enemigos muertos que me persiguen.*

El olor a putrefacción y a sangre no era tan grande como el de desesperación

En cambio, en la casa, Elena tarareaba una canción a los niños con una voz desesperada mientras peinaba el cabello de Luz con su daga en la otra mano, y cada vez alzaba más alta su voz para que sus hijos no escucharan los gritos del exterior.

-Azul es el cielo, el cielo es como tu corazón, lo tengo, mi amor...

Mientras tanto, Aldric estaba desesperado.

*¿Dónde está? No puedo morir hoy. Elena, los niños... no pueden quedar solos.*

Un destello de ojos rojos a su izquierda. Aldric botó un montón de paja con desesperación.

*No quiero morir, no debo morir*

<<< Aldric recuerda que la muerte es inminente.>>>

Nublo la visión de la bestia haciendo tiempo, se arrastró hasta la viga del granero, pudiéndose poner de pie una vez más.

La bestia se abalanzó con furia cortando el aire a su paso.

Aldric se agachó cuando la bestia lanzó el golpe.

colapsó la viga y la puerta del granero, y un sonido uniforme, como una sinfonía caótica, surgió.

Él y la bestia quedaron expuestos a la luz de la luna.

Aldric esquivó por milímetros el golpe. Él se preparó para contraatacar, la espada se le hizo más ligera, lanzando con furia como en la guerra, cuando su espada encontró carne.

La mano de la bestia cayó con un golpe seco y un silencio, pero este silencio se le hizo familiar.

<<< El joven Aldric, empuñando su espada con sus manos que temblaban por su inexperiencia, la presión del aire lo dejaba casi sin respiración, el sonido se le hizo muy agitado y el cuerpo de su primera víctima derramando sangre por la garganta >>>

*Ahí está. El instinto asesino que creí haber dejado atrás.*

El aullido de dolor fue ensordecedor, rebotando en las paredes de madera. La bestia retrocedió, pero Aldric no se detuvo.

La bestia se volvió a poner de pie cuando se abalanzó de nuevo, él se agachó cuando la bestia empezó a lanzar golpes desesperados, está dejo un espacio que Aldric aprovecho hundiendo la espada en el corazón de la bestia apagando su vida como el fuego con el agua, el cuerpo de la bestia callo encima de Aldric.

Sangre espesa y maloliente le empapó la cara y el pecho.

<<< Aldric en el piso cubierto de sangre, al lado de muchos cadáveres. >>>

*Pero esto se siente bien. Matar se siente natural. ¿Qué clase de monstruo soy?*

Empujó la bestia con las manos cuando un dolor le hizo recordar que tenía una herida muy profunda.

Con esfuerzo se logró pararse del suelo. Se acercó a la bestia, y un silencio se implantó solo roto por la espada, saliendo de la carne de la bestia.

<<< -Aldric, ni con una espada se rompe la voluntad de un guerrero.

- Pero hay personas que ruegan por su vida y su voluntad se quiebra.

-esas personas no son guerreros, te lo digo como tu comandante. >>>

*Una bestia, muere, todos morimos.¿qué caso tiene vivir?, no todos tenemos algo por qué vivir y eso es lo que nos diferencia de las bestias*

-¡Qué estoy pensando! ¡Elena y los niños me esperan!

Salió del granero intentando correr, cojeando, jadeando. Pero cayó al piso, su cansancio le podía

Quedó inconsciente

<<< - Brindemos con esta botella de vino que encontré por la comandante -dijo Aldric -no solo por qué es la única mujer, sino por qué es una gran amiga.

-cállate, Aldric no me hagas pasar pena- dijo la comandante Verónica-, ya estás borracho. >>>

Aldric se despertó, se quedó mirando al cielo, pensando en lo que había soñado. cuando recapacitó con el sonido de rugidos, se paró del piso y empezó a caminar cojeando , El aire fresco golpeó su cara ensangrentada.

Elena, por su parte, estaba empuñando la daga, protegiendo a sus, hijos de las bestias, llamando la atención.

-¡Oye, por aquí, vengan, por aquí!!

*¿Dónde estarás, querido?, Te necesito, por favor ven*

Salieron lágrimas de sus ojos azules como el cielo

Aldric soltó un grito que resonó en el silencio

-¡Elena! ¡Niños! ¡Arthur! ¡Luz!

Su voz se perdió en la noche.

*Por favor, que estén bien. Por favor.*

Mientras tanto, Arthur protege a su hermana.

-No dejaré que lastimen a mi hermana-dijo Arthur con la voz temblorosa

La bestia con un golpe dejó al pequeño Arthur en el suelo, casi junto al cuerpo de Elena.

Silencio absoluto. Ni un murmullo. Ni un movimiento.

Aldric estaba abriendo la puerta trasera.

Cuando.

Lo que vio le destrozó el alma.

Elena ya estaba tirada en el suelo. Su vestido blanco empapado de rojo. Arthur estaba a unos metros. Su pequeño cuerpo inmóvil. Luz...

-¡No!

La voz se le quebró.

-¡No!

El mundo se detuvo.

-¡Elena! ¡Arthur! ¡Luz!

Sus rodillas golpearon el suelo con un sonido seco.

*¿Por qué a ellos? ¿Por qué no a mí? Ellos no hicieron nada malo, yo sí, yo sí...*

*¡No, no, no! ¡Malditos, malditos!*

Las voces llegaron como una avalancha: gritos de enemigos, súplicas que había ignorado, rostros que se desvanecían mientras sus ojos se apagaban.

-¡Hu, Hu, Hu! ¿¡por qué no me matan a mi!? ¡Mátenme a mí! -gritó Aldric casi llorando.

Más bestias emergieron de la oscuridad. Tres, cuatro. Sus ojos rojos brillaban con hambre. Sus gruñidos llenaron el aire nocturno.

-Mátenme también -sollozó-. ¿Por qué a ellos y no a mí?

*Debería haber sido yo. Siempre debería haber sido yo.*

Las bestias lo rodearon, ya sabían que no tenía nada, y quería morir.

Aldric mira a las bestias con una cara demacrada.

Una bestia lo alzó con sus garras y lo estrelló contra la pared llena de tapices, haciéndole una herida en el hombro, en una pierna y remarcando la herida profunda que tenía con sus tres garras.

La pared quedó llena de sangre, la cual Aldric botaba por sus heridas y por la boca.

Las bestias lo botaron al suelo con brusquedad. con su mano se apoyó en el piso y su mirada se clavó así lo que quedaba de sus hijos y de Elena.

*Este dolor... este dolor no se compara con nada. Había visto horrores, pero no era yo el que los sufría.*

.

El aire empezó a pesar como la muerte misma. Las hojas afuera se revoloteaban, la bestia sacó un sonido bestial que resonó en la casa, se abalanzó sobre Aldric con una velocidad que los ojos demacrados y llenos de sangre de Aldric no lograban ver.

Pero cuando estaba a punto de impactar en su corazón, la bestia cayó al piso. Aldric movió su cabeza cubierta de sangre, así la bestia tenía entrada un hacha en la cabeza.

-Cubran a Aldric y ten cuidado, Finn- corrió asía.

Aldric-descuida, ya llegamos, estás a salvo

Era Cael, Brann, Gareth y Finn. Lo habían estado buscando.

-Amigo, ¿qué te pasó? ¿Y los niños...? -dijo Cael mirando los cuerpos en el piso-... Lo siento, amigo.

Las bestias se abalanzaron sobre Brann el cual esquivó sus garras con una elegancia y un carisma pero enojado.

-No le perdonaré lo que han hecho con Aldric.

Gareth con fuerza sorprendente para ser un viejo, le pegó con su espada a la bestia.

-¡Cael, busca a mi nuera y a los niños! -gritó Gareth mientras esquivaba golpes letales.

*Los niños dónde están, necesito ir los a buscar*

-Lo siento, Gareth. Ellos están... -dijo Cael con una voz casi destrozada.

*Maldición ¿Cómo no llegué antes?*

-¿Qué? ¿Cómo que están muertos? ¡No! ¡Malditas bestias, las voy a matar! -rugió Gareth con furia y lágrimas, es su piel arrugada por la edad.

-¡malditas, malditas perras, bestias, malditas!!

Gareth lloró de furia, pegando golpes con la espada a la bestia cuando la derivo, soltó su espada y le partió la cabeza con las dos manos a la bestia, ensuciando las mantas en las paredes de sangre negra, sus manos llenas de sangre.

-¿Cómo que...? ¿Elena está muerta? -dijo Finn

<<< Finn recordó. Gracias por ayudarme a traer la madera, dijo Elena con una sonrisa. No importa, yo haría lo que fuera por ayudarte, dijo Finn susurrando. Sí, hay, algo más en lo que te pueda ayudar, no ya hiciste mucho, dijo Elena tomándole la mano. >>>

*No le puede confesar que la quería, que la amaba y ahora nunca lo haré*

Finn dejó caer su espada al piso con toda la esperanza de ver a Elena otra vez.

Brann empujó a Finn para desviar el golpe de la bestia.

-Muchacho, yo me encargo.

-¿Estás bien, Finn? ¿Te pasó algo?, gracias, Brann- dijo Cael

Brann con dos bestias en frente de él, se agachó cortándole la pierna de la bestia. La bestia gritó de dolor, pero Brann la empujó y la dejó caer, cortando la de los pies a la cabeza, saliendo disparada sangre por todos lados.

Su rostro estaba lleno de furia. La otra bestia se abalanzó sobre él estaba preparado y, dando una vuelta con la espada, le cortó la cabeza.

El cuerpo de la bestia cayó sin vida al suelo. Cubierto de sangre, sacudió su espada y la limpió con un movimiento impecable.

*Esto es para los niños, mis queridos amigos

Pequeños.*

.

<<< Recuerdo cuando me dijeron:

-Oye, Brann, mi padre dice que talas madera más que el viejo Jack -dice Arthur.

-Es tu padre exagerando, pero si quieres te puedo enseñar y a ti luz te creó una pieza para que juegues.

-Si yo quiero una pieza para jugar, que sea un cachorro o no mejor un pez- dijo luz con sus ojos brillando. >>>

*Esa pieza duró en sus manos hasta su último momento*

Mirando a luz que tenía entre las manos un poni de madera.

*A ti, pequeño Arthur, eras como un hijo para mí, me decías que te enseñará cosas*

Mirando a Arthur en el suelo, soltó lágrimas.

No salió ninguna palabra de su boca, pero el silencio hablaba más.

*Este no es momento para hablar, deben estar demacrados.*

-Amigo, en verdad lo siento. No llegué a tiempo -dijo Cael, triste-. Pero vamos.

*No puedo dejar a mis niños aquí tirados, ni a Elena.*

-Vamos, ayúdenme a levantar a Aldric hacia la vieja carreta. -dijo Cael.

Brann se acercó y ayudó a alzar a Aldric de los brazos

El peso no era lo que lo mantenía en silencio, era otra cosa. Mientras Cael lo alzaba de los pies. Aldric tenía la mirada perdida, mirando al cielo oscuro como su pasado.

Gareth se paró del suelo, vio los cuerpos. Su rostro se descompuso por completo.

-Toha dohpistia costiaroa -murmuró Gareth con ira en un idioma desconocido.

Finn quedó paralizado, mirando a Elena.

*Yo te quise, pero ahora no tengo nada, para recordarte*

-Yo... yo debería haber estado aquí. Debería haber... -dijo Finn con voz temblorosa.

Gareth salió de la casa mirando al cielo, perdido. No tenía heridas visibles, pero el dolor lo consumía.

Acomodó a Aldric en la carreta.

-Esto no es tu culpa, hijo mío, aquí solo hay un culpable y ese soy yo, no llegue a tiempo- dijo Gareth casi llorando, mirando así, hijo.

Finn miró que nadie lo estuviera mirando y se agachó donde estaba Elena, tomándole la mano y dándole un beso en los labios y cerrándole los ojos. Él llora y deja caer sus lágrimas sobre las mejillas de Elena.

Cogió la pequeña daga que Elena tenía entre las manos, la apretó con fuerza contra su pecho y la guardó como el tesoro que Elena había sido para él.

*Esto es lo que queda de ti, pero lo guardaré con todas mis fuerzas, ya que no te pude proteger*

Se levantó del piso, pero las piernas le pesaban; el dolor era demasiado.

Finn sale de la casa y mira a la luna.

-Es hora de irnos -señala así más abajo de la luna al vasto campo.

A lo lejos, cientos de ojos rojos brillaban entre los árboles como estrellas malévolas.

-No, no podemos irnos, Elena, los niños... yo mataré a las bestias -dijo Gareth, con su voz decidida

-No nos podemos arriesgar tanto, lo siento, pero nos vamos, sube -dijo Cael destrozado, pero él no quería arriesgar tanto, así, hijo.

-Pero los niños y Elena - dijo Gareth como suplicando.

-Tú mismo lo sabes, Gareth, no puedes sobrevivir a tantas bestias. Hasta ahora lo máximo que nosotros hemos encontrado son 5, no quiero perder a nadie más, no lo soportaría, por favor -dice Cael

Gareth asiente resignado, sube la parte trasera de la careta con Finn y Cael mientras Brann arrea el caballo.

El olor a muerte llenó el aire como una niebla espesa. Gritos resonaban por toda la aldea, mezclándose con rugidos inhumanos.

Brann arreó al caballo que empuja a la careta fuera del camino principal, hacia una aldea cerca del mar.

*¡Pobre Aldric, Gareth, todos deben estar sufriendo y yo sin poder hacer nada!*

Brann afirma sus uñas en sus piernas, mostrando su frustración de no poder hacer nada, sacándose sangre de las piernas.

*La guerra nunca terminó. Solo cambió de forma.*

La carreta avanzó a toda velocidad mientras la aldea ardía a sus espaldas. Aldric miró atrás una vez, viendo su mundo convertirse en cenizas y humo negro contra el cielo estrellado.

Aldric intenta hablar, pero sus intentos son en vano; su cuerpo no le responde.

*Necesito volver. No puedo dejarlos así.*

*Pero están muertos. Como todo lo que amo.*

-Lo siento, amigo, de verdad lo siento, no llegue a tiempo -dijo Cael.

*Maldita sea, maldita sea, no pude proteger a nadie *

<<< Cael recuerda la noche que le hizo prometer a Aldric que protegería a su hijo.

-Oye, Cael, te pido un favor -dijo Aldric con una voz firme pero que transmitía paz

-¿Qué pasa?

- Prométeme que cuando lo necesiten ayudarás a mi familia.

-Aldric, amigo, tú sabes que yo daría mi vida por todos ustedes.

-Ya lo sé, ya lo sé, solo era verificando.

Volvieron al lado de la fogata con Brann, Gareth, Finn y todos los soldados que habían sobrevivido la primera semana.

-Oye, Brann cuéntanos un chiste-dijo Cael

-bueno, bueno, que tienen en parecido el sol de las estrellas.

-¿No sé, qué?-dijo un soldado.

-Que no solo salen cuando no está la otra.

-qué chiste tan malo-dijo Gareth riendo.

El chiste no era lo que lo hacían reír, sino el carisma que tenía Brann en los momentos difíciles. >>>

Entraron al bosque espeso. La noche los tragó como una boca hambrienta.

Finn cogiendo la pequeña daga con fuerza y una mirada perdida en el pasado, el aire frío era su único consuelo, él estaba acompañado pero a la vez solo.

Él amaba a Elena en secreto sin poderle confesar lo que sentía.

Solo se oía el galope desesperado del caballo y el crujir de las ruedas sobre las piedras del sendero.

Aldric no era el único que había perdido toda esa noche, pero tenía algo que otros no, la vida.

*¿Para qué? ¿Qué sentido tiene seguir cuando todo lo que amo muere por mi culpa?*

La carreta siguió adelante, llevándolo hacia un futuro que ya no quería vivir. Aldric, los sonidos de la noche le recordaban las risas de sus hijos cuando llegó.

*En mis recuerdos se mezclan mis recuerdos y no los puedo soportar*

<<< risas de los niños al llegar, sangre saliendo de cuerpos sin vida, hambre de sangre, sonidos de gritos.

Bestia cayendo, la espada saliendo de la carne. >>>

Mientras la carreta se perdía en la oscuridad, Aldric sintió que la guerra había regresado con él... y que esta vez no habría dónde huir.

*Una parte de mí quería dejarme arrancar el corazón. Otra parte, oscura y rabiosa, quería arrancarles la vida a todas esas bestias con mis dientes si era necesario.*

--- Fin del capítulo ---