CAPÍTULO 01
REINO DE ELANDOR

Después de cinco años, Alexander volvería a ver a su madre. El último recuerdo que tenía de ella era el momento en que lo dejó en aquel maldito reino junto al nuevo esposo de su padre y los dos hijos de ese matrimonio, quienes tenían apenas cuatro años de edad. Esos niños, por desgracia, también eran herederos al trono, y si algo le ocurría a él, uno de ellos subiría al poder. Alexander no podía permitirse eso, porque solo él sería el rey de Azmirah. Así se lo había prometido a su madre antes de su partida al reino de Elandor.
Ahora, ella tenía otro hijo, y toda su atención y sus planes se centraban en ese mocoso defectuoso, la burla de todo Elandor, incluso del propio rey Cirrus. Un alfa de renombre, casado con una exreina alfa hermosa, que había tenido un hijo beta... hasta Alexander se sentiría humillado.
Su visita al nuevo reino donde su madre reinaba como consorte duraría apenas dos días, pero la ansiedad crecía a medida que el carruaje se acercaba.
El vehículo se detuvo y un golpe en la puerta interrumpió sus pensamientos.
—Príncipe —llamó su guardia—. Hemos llegado al reino de Elandor.
—Bien —respondió.
Le abrieron la puerta, y la imagen ante él le resultó casi irreal. A la entrada del castillo lo esperaba su padrastro, Cirrus de Elandor, con una sonrisa forzada. Su cabello rubio brillaba bajo la luz, digno de su linaje. A su lado, su madre lucía impecable, con un vestido elegante y el cabello negro recogido en un moño adornado con una rosa. Y junto a ellos, estaba él: la burla de los reyes de Elandor.
Alexander cruzó su mirada con la del pequeño. Los ojos del niño eran de un tono dorado con matices verde oliva, radiantes y únicos. El viento alborotaba su cabello dorado, heredado de su padre, y Alexander no pudo evitar sentirse cautivado.
Bajó del carruaje acompañado por el hombre de confianza de su padre. Al acercarse a la familia, notó que el niño se escondía detrás de su madre, provocando una suave risa en ella.
—Lucían, cariño, no te escondas —pidió su madre con ternura. El pequeño obedeció—. Lucían, él es tu hermano Alexander. Ambos son los herederos de dos grandes reinos.
—¿Él es hijo de papi y de ti? —preguntó Lucían, curioso.
Ella negó con una sonrisa.
—Sus majestades de Elandor y príncipe heredero —saludó Alexander, haciendo una reverencia.
—Alexander, qué bueno verte —dijo el rey Cirrus.
—Lo mismo digo, rey Cirrus —respondió el joven, dirigiéndose luego al niño—. Soy el primer hijo de mi madre con el rey Amir de Azmirah, y tú eres...
—Lucían Zayn de Elandor Nightbloom —completó el pequeño—. Su segundo hijo... y creo que tu hermano.
—Veo que comprendes rápido —dijo Alexander con una leve sonrisa.
Su madre intervino con entusiasmo.
—Ustedes dos se llevarán muy bien —comentó—. Ambos son herederos de reinos poderosos. Lucían, tu hermano te ayudará a prepararte para que, cuando llegue el momento, seas el rey de Elandor, y tengas un reinado digno junto a una buena omega.
—Sí... —respondió el pequeño con alegría—. Te ayudaré en todo lo que necesites. Hasta podré salvarte si estás en peligro, y en la elección de tu consorte, si es necesario. Porque para eso están los hermanos, ¿no?
—Sí —respondió Lucían sonriendo.
Alexander lo observó con una mirada sombría.
Lucían no tenía idea de lo que le esperaba. Alexander lo protegería de todos... menos de sí mismo.
Pequeño, este juego comenzaría pronto. Ojalá fuera lo bastante fuerte para lo que vendría después.
[...]

REINO DE AZMIRAH
—Alexander, deberías empezar a pensar en alguna omega de la lista que te dio tu padre —insistió Owen.
Alexander lo miró con fastidio.
Claro, pensó, como si esas omegas fueran joyas que se eligen por adorno.
—Ya te dije que ninguna me interesa. Estoy bien con mi amante —respondió cortante.
—Sabes que ella nunca será más que eso —replicó Owen—. Solo sirve para calmar tus celos.
Alexander lo fulminó con la mirada.
—Owen, será mejor que calles.
El consejero guardó silencio al instante. Era la persona en quien más confiaba, conocía todos sus planes respecto a Lucían, por eso comprendía su preocupación. Quería que Alexander escogiera una pareja de un buen reino para asegurar el futuro de Azmirah.
Pero Alexander desvió la conversación y se concentró en las noticias provenientes de Elandor. Lucían cumpliría diecinueve años pronto... lo que significaba que también debía buscar consorte. Aunque él mismo se negaba a hacerlo.
—Alexander, ¿has pensado en recomendar a...? —intentó preguntar Owen.
La puerta se abrió de golpe. La mano derecha del rey Amir entró con el rostro pálido y los ojos llenos de angustia. Alexander lo entendió todo sin necesidad de escuchar más.
Su reinado acababa de comenzar.
—Su alteza —dijo el hombre, inclinándose—. El rey Amir de Azmirah, su padre... ha fallecido.
Alexander sintió un nudo en la garganta.
—Mi padre... —susurró, sin poder pronunciar más palabras.
John se arrodilló ante él con solemnidad.
—Mi príncipe, ahora el trono es suyo. Yo, John McCain, juro lealtad al nuevo rey Alexander Khalid de Azmirah Nightbloom. No habrá otro rey que no sea usted, nombrado por el gran rey Amir.
—Gracias, John —respondió Alexander, con una mezcla de tristeza y firmeza—. Por eso mi padre siempre confió en ti. Levántate.
Owen lo imitó.
—Mi rey —dijo, arrodillándose también—, juro fidelidad y lealtad al único heredero legítimo de Azmirah.
—Levántense ambos —ordenó Alexander—. Ahora debemos lidiar con el rey consorte viudo. Ese simple omega no me quitará lo que me pertenece.
Ya era rey, y ahora debía eliminar cualquier amenaza, incluso al viudo de su padre. No permitiría que nadie, ni siquiera él, se interpusiera en su poder.
[...]
REINO DE ELANDOR

LUCÍAN
—Tienes que empezar a buscar una pareja para ti —exigió el rey Cirrus.
Lucían suspiró con cansancio. Otra vez lo mismo.
—Padre, yo no quiero... —intentó responder.
—No me interesa —lo interrumpió con frialdad—. Ni siquiera te has presentado como alfa u omega. Es una vergüenza para mí y para tu madre, que provenimos de linajes poderosos. Y tú, un simple beta. —Su voz goteaba desprecio—. Haremos que tu evolución sea forzosa. No me importa el precio.
Un escalofrío recorrió la espalda de Lucían.
—¿A qué te refieres? —preguntó con temor.
—Mandaré a preparar unas pastillas para tu evolución a alfa. Tienes que serlo si pretendes gobernar Elandor. Si resultas ser omega, no me sirves para el trono.
Lucían apretó los labios, conteniendo las lágrimas y la rabia.
—O, si lo prefieres, puedes casarte con tu primo Edrick —añadió el rey con indiferencia.
—¿Otro incesto en la familia? —preguntó Lucían, con amargura.
—Con eso el linaje permanece intacto —respondió el rey sin dudar.
—No puedo resistirme a tus órdenes, majestad —replicó Lucían con una sonrisa tensa—, ya que mi hermano Alexander me preparó durante doce años para que, el día que tú mueras, yo sea el futuro rey de Elandor.
—Eres un... —empezó a decir Cirrus.
—Con su permiso, majestad —interrumpió Lucían, levantándose—. Me retiro. Que tenga una buena noche... y espero que no se atore con algún pedazo de carne.
Salió del lugar, dejando tras de sí la mirada llena de furia de su padre.
Porque sabía que mañana se desquitaria con él prohibiendolo que vaya a su pequeño jardín de Jazmines, hasta otras cosas más.
Lucían andando con una gran molestia y resentimiento hacia su padre por lo que había sucedido en la cena, aún no creía que su padre lo podía casar con su primo para que siga el linaje, que para la mala suerte de este si se podía concretizar si su evolución fallará. Con miles de pensamientos en la cabeza seguía avanzado por los pasillos del gran castillo con destino a su cuarto. Sin embargo, fue interceptado por una gran mano que lo jalo de su cintura a una habitación.
—Qué demoni- —exaltó furioso, siendo callado por una mano en su boca.
—Shhh.
Al verlo, Lucían se quedó en silencio porque el dueño de aquella mano era su amante. Lo miro con esos ojos llenos de amor y ternura.
—Mi general... —pronunció mirando a su amado.— Ya volviste —dijo con una alegría inmensa.
—Te dije que no me iba a demorar —recordó. — Deje a Emma con los niños para venir a verte.
Lucían sintió una opresión dolorosa en el pecho, ya sabía que está relación que tenía con el General Miller era algo fugaz. No serio porque él estaba casado con una hermosa omega y con 2 hijos maravillosos.
—Ya veo—dijo triste.
El general llevó su mano al mentón del Beta para levantarlo y lo vea la cara.
—Eso no significa que no eres menos importante.
—Miller...
—Extrañe tenerte a mi lado, y en mi cama también.

Síganme en:
Instagram: catmayari_
Tiktok: maiarybook_









Verdaderamente interesante👌🏻