Chapter 1
Lo siento no puedo verte más.
Jungkook se talló el rostro después de teclear el mensaje, tomó un sorbo de café y se dijo así mismo que había sido lo mejor. Luego juntó los papeles que tenía que llevar a la oficina de su jefe, optando por dejar a un lado los remordimientos. Apenas había dormido un par de horas, seguro sufriría toda la semana los estragos de haberse dejado llevar por una noche de aventura. No era lo suyo, se había terminado y la punzada de dolor constante en la parte delantera de su cabeza, se lo recordaría todo el día.
–¿Cómo te fue anoche?–preguntó su jefe con una mirada divertida—¿Descargaste el estrés?—movió su mano en una seña obscena de masturbación.
–No vamos a hablar de eso ahora–sacudió la cabeza–no debí escucharlos, se terminó. Sufriré toda la semana por ello y creo que la cabeza podría explotarme en cualquier momento.
–¡Vamos hombre! Esas cosas pasan y al menos saliste de la rutina—rió Nam.
–No tengo tiempo para esto, Nam. Tengo responsabilidades y hablando de eso...aquí están las propuestas. Terminaré de programar todo en una semana si no hay interrupciones.
–Bien–asintió tomando las carpetas–si ellos aceptan esto será nuestra gran oportunidad. Rentaremos un lugar más grande, tendremos nuevos equipos y por supuesto tendrás un aumento de sueldo.
Jungkook resoplo una sonrisa–Sería estupendo, necesito una lavadora nueva.
–¡Anímate! Estoy seguro de que resolverás todo. Incluso podrás comprar un auto y tendrás más tiempo para ir y venir.
–Empecemos por terminar esto, no tenemos mucho tiempo.
–Bien, lo revisaré y te veré más tarde.
Jungkook volvió a su pequeño escritorio, entonces pudo ver la pantalla de su móvil encenderse con notificaciones constantes.
Mimi
¿Que demonios?
¿Qué clase de hijo de puta eres para intentar botarme así?
Ni siquiera fue tan bueno ¿sabes? Solo fue una noche y yo tampoco quería verte de nuevo de todas formas.
Solo estaba tratando de ser amable.
Tengo miles mejor que tu en mi agenda. ¡pedazo de imbécil!
Jungkook silenció la maldita cosa y lo puso boca abajo. Tenía mucho trabajo que hacer, estaba cansado como la mierda y su café ya estaba frío. Desbloqueó su computadora y comenzó a programar como un maldito robot. Sus dedos no se detenían, escribían sin parar como si estuviera en un trance. Si se detenía, los flashes de la noche anterior aparecían en su cabeza.
No lo negaba, había sido la mejor noche que había tenido desde hace mucho tiempo. Aún recordaba esa piel suave debajo de sus manos, los labios más carnosos y dulces que había besado en toda su puta vida, el sonido que salía de ellos mientras gemían deliciosamente pidiendo por más y la forma en que ese cuerpo delgado se amoldaba al suyo tan perfecto cuando lo penetraba.
¿Por qué demonios le había dado su número en primer lugar? Se dejó llevar por esa cara linda a la que solo un idiota le diría que no . Sobre todo después de dos rondas de buen sexo.
Era un pena. Hace un año definitivamente hubiera coqueteado por mensajes con ese hermoso ángel para concertar una nueva cita. Lo hubiera invitado a cenar, susurrado palabras sucias y luego se habría metido toda la noche entre sus piernas.
Un mensaje de error en la pantalla de la computadora, lo sacó de sus pensamientos. ¡Ese maldito cacharro de computadora! Maldijo en silencio. Definitivamente necesitaban comprar equipo nuevo si querían conseguir mas clientes y agilizar el trabajo.
Jungkook era el diseñador y programador de New Age publicidad, una pequeña empresa que había iniciado uno de sus mejores amigos, Kim Namjoon. El sueldo no era mucho pero tenía fe en el. Nam era un tipo inteligente, con una buena visión y con el talento para negociar. Solo le faltaba ese pequeño empujón. Hasta ahora solo sobrevivían con algunos pequeños clientes, pero esta vez, Nam tenía en la mira a uno grande. Si todo salía bien, New Age publicidad la rompería o al menos eso decía casi a diario.
Cuando terminó su turno agradeció en silencio por los pequeños favores, la cabeza seguía matándolo. Tomó el metro para volver a casa pensando en una cena sencilla y su cómoda cama. Por fortuna, en la tercera estación, se liberó un asiento. Tomó el asiento recargó su cabeza en la ventanilla y cerró los ojos, pero el teléfono en su bolsillo volvió a repiquetear.
Mimi
Ni siquiera has tenido la puta decencia de responder. Lo dicho, eres un grandísimo pendejo.
Jungkook se talló los ojos cansados y escribió una respuesta.
Ya te dije que lo siento. Fue una buena noche pero no puedo volver a verte. No sé qué más decirte, en verdad lo siento.
Mimi
¡Que te jodan, cara de verga!
Jungkook sonrió, después de todo era un ángel con un carácter de mierda y una boca muy sucia.
Cuatro estaciones después, Jungkook bajó y caminó disfrutando el sonido de las hojas secas de otoño crujir debajo de sus pies.
Se sintió un poco mal por las palabras de aquel hermoso chico que se había agendado así mismo la noche anterior como Mimi. ¡Jesús! ¡Era un maldito sueño húmedo! recordó el momento en que lo vio esa noche con esos pantalones ajustados y la camisa oscura con trasparencias que contrastaban con su blanca piel. Todavía podía recordar el sonido de su melosa voz erizándole los vellos y haciendo que su polla se crispará.
Al menos se había tomado el tiempo de disfrutarlo, no pensaba desperdiciar una oportunidad como esa pareciendo un idiota desesperado y al parecer a ese ángel le había gustado porque no dudó en pedirle su número para repetir.
Aquella expresión de dormitorio fue lo más sexy que Jungkook había visto en su vida. Si no hubiese tenido que irse, seguro hubiera terminado enredado otra vez entre las sábanas para volver a follar a esa hermosa criatura.
Jungkook cortó sus pensamiento cuando empujó la puerta de su pequeño apartamento.
—¡Miren quien ha llegado!—la voz de Hoseok se alzó por el lugar.
—Ey, he vuelto—Jungkook inclinó su cuerpo hacia abajo esbozando una sonrisa y extendiendo los brazos. El cansancio quedó olvidado apenas vio aquella tierna sonrisa correr a paso torpes hacia él con ayuda de su pequeña andadera. Esos adorables ojos le recordaban que cada maldito día y sacrificio, valían la pena.
Saco el pequeño cuerpo de la andadera y aspiro ese dulce aroma a bebé—¿Cómo te sientes campeón?
—La fiebre se fue, todo está en orden. Puedes dejar de lamentarte. Es un bebé, se recuperan rápido—dijo Hoseok.
—Gracias por hacerte cargo—sonrió Jungkook.
—Te lo debía, fue como en parte mi culpa—sacudió una mano—ha dormido su siesta, le he dado el biberón de las 5 y su medicina. Te lo dejo a partir de aquí.
—Gracias.
—Pero antes—sonrió con picardía Hoseok—tienes que contarme cómo fue todo ayer.
—Tendrá que ser otro día, estoy hecho mierda. Todavía me duele la cabeza por no haber dormido lo suficiente.
—Al menos tuviste acción, no fue tan malo.
—Debí haber estado para Ijun—negó con pesar.
—¡Vamos Jungkook! No es para tanto, Taehyung siempre exagera. A todos los bebés les da fiebre, lo googleé pero no quiso escucharme.
—Le agradezco que me haya llamado de todas formas.
—El tío Hobi se va cariño—Hoseok apretó las mejillas del bebé—¡eres tan adorable!
El pequeño Ijun sonrió y agitó sus pequeñas manos mostrando un dientecito frontal.
—¿Qué es lo que vemos ahí?—Hoseok hizo pucheros—un hermoso diente, pareces un conejito como tu padre.
—Nos vemos luego—rió Jungkook—este pequeño tiene que tomar un baño antes de ir a la cama.
—Vendremos el fin de semana, tienes que contarnos cómo les ha ido.
—Está bien, le diré a Nam aunque tal vez quiera quedarse en casa. Ha estado trabajando horas extras para conseguir a ese cliente.
—Lo lograrán—Hoseok guiño un ojo.
Jungkook llevó a Ijun a la habitación, se deshizo de su ropa y lo llevó a la bañera para bebé.
Si, todo valía la pena. No tenía tiempo para encuentros sexuales, mucho menos para citas. Ya había intentado aquello una vez y el chico había huido disimuladamente ante la mención de su hijo.
Nadie quería cargar con un bebé de 10 meses y un papá soltero que apenas ganaba lo suficiente para mantenerse.
Ijun balbuceó mientras el agua tibia caía en su cabecita para aclarar el shampoo. Jungkook terminó con el baño y enrolló a su bebé para untarle un poco de crema. Le puso la pijama, luego tomó un gimbap de la nevera y lo mordisqueó mientras regresaban a la habitación.
—Vamos pequeño, papá está cansado.¿podrías ayudarme y dormirte temprano?
Apenas iban a dar las 7, pero Jungkook sentía como si ya fuera la media noche. Recostó a Ijun junto a él, le dio su sonaja favorita de conejo y encendió el televisor.
Ijun no se durmió fácilmente, tenía demasiada energía a pesar de que la noche anterior apenas había dormido debido a la fiebre.
Y aunque los ojos de Jungkook se cerraban, resistió el cansancio hasta que estuvo seguro que su pequeño bebé estaba finalmente dormido y podía llevarlo a su cuna.
contempló la lenta respiración del bebé, le gustaba mirarlo de esa forma. Estaba creciendo tan rápido y tenía que aprovechar cada día.
Diez minutos después apagó la luces y se fue a la cama.








