One shot: El Stand de los besos - Kookmin

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Sinopsis

Los estudiantes de último año de la preparatoria Bangtan High se preparan para realizar la mejor fiesta de graduación y entre sus eventos de recaudación de fondos surge la brillante idea de realizar una última actividad... "El stand de los besos".

Genero:
Lgbtq
Autor/a:
TinyMinnie
Estado:
Completado
Capítulos:
1
Rating
n/a
Clasificación por edades:
16+

💋 Ú N I C O 💋

El último mes de clases siempre traía consigo una mezcla rara entre nostalgia, estrés y hormonas desatadas.

En la preparatoria de Bangtan High, el ambiente era aún más caótico, ya que la generación de último año preparaba su gran fiesta de graduación y necesitaban dinero, mucho dinero.

Habían probado de todo.

Vendieron empanadas caseras que volaron como pan caliente, organizaron fiestas con DJs locales, e incluso un evento de música en vivo con bandas estudiantiles.

Pero el momento cumbre de toda esa locura fue el lavado de autos, idea brillante, y ligeramente perversa de Kim Jennie, la presidenta del consejo estudiantil.

Ese día, media prepa se reunió a mirar cómo el equipo de baloncesto se empapaba entre espuma y baldes. Y claro, el rey del show fue el capitán Jeon Jungkook.

Alto, tatuado, con una camiseta ajustada pegada al cuerpo y shorts que marcaban cada músculo, se veía como salido de un comercial de agua embotellada. Cada movimiento suyo provocaba suspiros, y las chicas, y algunas profesoras, prácticamente se peleaban para que lavara su auto primero.

Pero la verdadera estrella aquí había sido el secretario del consejo estudiantil.

Jimin... oh, Park Jimin.

El rubio había aparecido con unos shorts diminutos que realzaban su trasero grande y firme, combinados con un top blanco ceñido que dejaba al descubierto su cintura marcada y tonificada.

Aunque era un chico, su cuerpo era una obra de arte que eclipsaba a muchas chicas por ser poseedor de curvas perfectas, acompañadas de una piel suave y gracia felina que atraía miradas de hombres y mujeres por igual.

Jungkook había hervido de celos al ver cómo los tipos babeaban por él, pero no dijo ni mu. ¿Por qué? Porque ellos no eran nada.

Sin embargo, su corazón latía como loco cada vez que el rubio le sonreía aunque fuera por accidente.

Pero la pregunta del millón es...

¿Cuál y cómo era exactamente la relación entre Jeon Jungkook y Park Jimin?

Para empezar, eran compañeros del mismo grado,hasta ahí, todo normal, pero su relación... bueno, esta era simplemente un caos delicioso.

Jungkook se moría por el rubio desde hacía años. Le encantaba todo de él, empezando por su carita bonita, su eyesmile tierno, su cuerpo espectacular, esas manitos pequeñas que parecían de porcelana y, por supuesto, su carácter explosivo que podía hacer temblar a cualquiera. En resumen, Jimin era su perdición completa.

El problema era que, por más que Jungkook intentara acercarse, el rubio lo tenía fichado como un fuckboy empedernido, todo gracias a los mil rumores que circulaban por los pasillos, alimentados por su cara de chico malo y sus tatuajes.

Según Jimin, él era de esos tipos que coleccionan conquistas y rompen corazones como si fueran stickers.

Lo irónico, y trágicamente gracioso, era que aquellos rumores no tenían ni una sola prueba. Jungkook nunca había sido visto con nadie, ni de la mano, ni saliendo de un salón oscuro, ni nada. Pero Jimin, testarudo como él solo, se lo había creído de pies a cabeza.

Así, ambos quedaron atrapados en un ciclo eterno, donde Jungkook lo molestaba con bromas tontas en los pasillos, mientras Jimin lo ignoraba con una elegancia digna de premio o le lanzaba una frase afilada como cuchillo, y finalmente, ya en privado, se desahogaba con su mejor amigo Seokjin.

—No le daría bola jamás a tipos como él.

Aunque su corazón, ese traidor, siempre le latía un poco más rápido cada vez que Jungkook se le acercaba.

Pero bueno, volviendo al dilema de la graduación... a pesar que las actividades habían salido bien, aún no habían obtenido el dinero suficiente.

Kim Jennie necesitaba algo más grande, algo que recaudara rápido. Y entonces, inspirada por la famosa película de Netflix que todo el mundo comentaba, propuso la idea más escandalosa del año.

💋“El Stand de los Besos.“💋

—Solo será un juego inocente —dijo Jennie durante la reunión de alumnos de último año, intentando mantener la compostura mientras todos gritaban o se sonrojaban— Los besos serán en mejilla, frente, nariz, cuello... y sí, también en los labios, pero con tarifa especial.

El auditorio explotó. Algunos aplaudían emocionados, otros se indignaban, y un par de profesores fingieron no haber escuchado.

Jennie, imperturbable, siguió como si nada.

—Como en la película, los besos tendrán distintos precios según el lugar. Obviamente nada inapropiado claro está —dijo mirando a los profesores con su mejor sonrisa angelical. (No funcionó)

Jennie mostró una PPT con los precios y empezó a mencionarlos.

Frente:$3

Nariz:$4

Mejilla:$5

Cuello:$10

Boca:$20

El silencio que siguió estuvo lleno de emoción contenida y murmullos nerviosos. Jennie sonrió triunfal.

—Y para asegurar el éxito, pondremos a los chicos y chicas más atractivos...

De inmediato empezaron a sonar nombres.

Felix con sus pecas adorables, Seokjin y su belleza etérea, Lisa la diosa del baile, Cha Eunwoo el príncipe perfecto, y por supuesto, Jungkook.

El capitán del equipo de baloncesto levantó la mano, relajado, con esa sonrisa que derretía media preparatoria con profesoras incluidas.

—Mis besos no están a la venta —dijo con arrogancia, dirigiendo una mirada fugaz hacia Jimin.

Las chicas suspiraron.

El rubio, en cambio, rodó los ojos con tanta fuerza que casi vio su cerebro.

—No te preocupes, nadie los iba a comprar —soltó sin pensarlo.

Las risas estallaron en el auditorio y Jungkook lo fulminó con la mirada, Jimin era especialista en ridiculizarlo, pero aun así, más le gustaba. (re masoquista era)

Jennie solo sonrió con ese brillo travieso en los ojos.

—Perfecto, si Jungkook no participa, te pondremos a ti Jiminnie.

—¿¡Qué!? ¡Ni hablar! —protestaron ambos chicos poniéndose de pie.

Todos miraron raro a Jeon y este se sentó nuevamente en su lugar avergonzado por su arranque, Jimin no podía participar en ese estúpido stand, el rubio no lo sabía, pero era suyo y no podía andar por ahí repartiendo besos.

Por su parte, Jimin estaba tan indignado que ni siquiera notó el espectáculo que dio Jungkook al pararse a protestar junto a él.

—Lo siento, como secretario del consejo estudiantil, debes dar el ejemplo —canturreó Jennie con picardía.

Jimin apretó los dientes y se levantó de golpe.

—¡Esto es explotación laboral o académica o como sea que se diga!— se retiró furioso bajo los cuchicheos de sus compañeros y la mirada de Jungkook sobre el bastante orgulloso por hacer saber su descontento.

Al salir del auditorio, Jimin caminaba hecho una furia, seguido de cerca por Seokjin, que trataba de calmarlo antes de que pateara una papelera.

—¡No pienso besar a nadie, Seokjin! ¡A nadie! —gruñó Jimin, cruzando los brazos mientras su blusa rosa pastel se deslizaba por uno de sus hombros— ¡Esto es absurdo!

—Pero es por la fiesta, Jiminnie —intentó apaciguarlo, aunque él también sudaba frío al pensar que tendría que participar.

Jimin bufó y pateó el aire.

—¡Me da igual! No voy a dejar que me besuqueen como si fuera un premio de feria.

Y con eso, se fue directo a la cafetería a buscar lo más dulce y empalagoso que encontrara. Si iba a sufrir, al menos lo haría con un pastel de fresa en la mano.


💋


Mientras tanto, en la parte trasera del auditorio, Jungkook descargaba su frustración con Namjoon y Yoongi.

—No pienso dejar que nadie bese a Jimin o viceversa —gruñó.

—Ni yo a Seokjin —añadió Namjoon, no era novedad que el morena tuviera un crush con el lindo mejor amigo de Jimin.

Yoongi, cansado de escucharlos, bufó.

—Dios... ustedes son un caso perdido. Si tanto les molesta, hagan algo.

—¿Algo como qué? —preguntó Jungkook.

—No sé... amenacen a toda la preparatoria para que no se acerquen a sus stands— soltó sarcásticamente.

Namjoon y Jungkook se miraron unos segundos...No era una mala idea.

Yoongi vio sus rostros y golpeó su frente, había olvidado que con ese par de trogloditas el sarcasmo era demasiado avanzado.

— ¡Era broma tarados! No somos como esos bullys de las películas.

Trató de hacerles reflexionar pero ambos chicos ya estaban muy decididos y al pálido no le quedó más que acoplarse.


💋


El periódico mural de la preparatoria se llenó con el anuncio.

“¡Stand de los Besos! Con Felix, Seokjin, Eunwoo, Lisa, Jimin y más”

Acompañado de las mejores fotos de cada uno.

Desde ese día, Jungkook, Namjoon y Yoongi se convirtieron en sombras acechantes, auténticos guardaespaldas no contratados.

—Si los veo cerca del stand de Jimin, les parto la cara — murmuraba Jungkook en los pasillos a un grupo de chicos, con una sonrisa tan encantadora que hacía más aterrador el mensaje.

Namjoon, en su versión más poética, también hacía lo suyo.

—Atrévanse a pisar siquiera el stand de Seokjin y van a conocer el significado del arrepentimiento.

Mientras tanto, Yoongi optaba por un enfoque... más civilizado.

—Jimin y Seokjin tienen herpes en la boca, en serio, evita su stand bro, elige tu salud. —Y seguía su camino como si hubiera dado el mejor consejo médico.

La mayoría de alumnos asentía aterrorizada, especialmente porque los tres eran populares, fuertes y, peor aún, convincentes.

Por otro lado, Jimin y Seokjin no tenían ni idea del caos que sus “guardianes celosos” estaban causando.

El rubio pasaba los días quejándose, mientras su mejor amigo lo consolaba con paciencia y pastelitos de la cafetería.

—No quiero hacerlo, Jinnie... Es humillante —decía Jimin, dejando caer la cabeza sobre la mesa del almuerzo.

—Vamos, será divertido. Y quién sabe, tal vez alguien interesante nos bese...— A la mente de Seokjin se le vino la imagen de cierto moreno inteligente y torpe que le robaba el aliento cada vez que encestaba una canasta, pero era demasiado tímido para acercarse a felicitarlo.

—Sí, claro,alguien como Jeon Jungkook, qué horror —bufó Jimin.

Lo que no sabía era que Jungkook si estaba más que dispuesto a ser ese “alguien”.


💋


Llegó el día del evento.

El patio de la escuela estaba irreconocible. Decoraciónes por doquier, música en vivo, puestos de comida, juegos y una larga fila frente al cartel que decía “STAND DE LOS BESOS".

Jimin y Seokjin se habían preparado juntos en casa del rubio. Seokjin, siempre detallista, lo maquilló con la precisión de un artista colocándole sombra ahumada sutil, eyeliner impecable y un gloss rojo brillante que resaltaba sus labios carnosos.

—Vas a romper corazones Minnie —comentó con una sonrisa satisfecha.

Jimin solo suspiró resignado porque ya ni fuerzas tenía para refutarle.

Para devolver el favor, Jimin también ayudó a su mejor amigo con su maquillaje para finalizar aplicandole un poco de gloss rosa. Los labios de SeokJin eran bonitos, aunque no tan voluptuosos como los suyos.

—Tú también los vas a dejar babeando, Jinnie. Ojalá ese tal ”Bob, el destructor” que tanto te gusta se anime a pasar por tu stand —bromeó con una sonrisita traviesa.

Seokjin se sonrojó hasta las orejas.

—No le digas así, se llama Namjoon... y no es destructor, solo un poquito torpe —dijo juntando los dedos como si eso lo hiciera menos notorio.

Jimin bufó.

—Claro, “un poquito torpe”... — hizo comillas con los dedos — ¿Que no te recuerdo que casi hace explotar el laboratorio cuando se le cayó la botella de ácido? ¡Aún tengo pesadillas con ese día!

—¿Pesadillas? Si fuiste el primero en salir del aula porque Jeon te cargó en brazos antes de que el líquido tocara el piso —replicó Seokjin entre risas.

Jimin torció la boca.

Detestaba cuando sacaban ese tema, y detestaba más que sonara como si Jungkook hubiera sido su héroe.

—El día iba bien hasta que lo nombraste... ahora necesito vomitar —fingió levantarse, pero Seokjin lo sujetó por la muñeca, riendo.

—Yah, Minnie, no te hagas... Jeon es guapo, alto y todo tu tipo, además se nota a kilómetros que le gustas ¿Nunca me vas a decir por qué lo odias tanto?

Jimin se cruzó de brazos, rodando los ojos. No odiaba a Jeon, solo... no quería saber nada del tatuado fuckboy que tenía a media preparatoria suspirando, pues todo él gritaba peligro para un corazón frágil como el suyo, y se negaba a ser uno más en su lista de admiradores y conquistas.

Recordaba perfectamente la única vez que estuvieron tan cerca.

Él midiendo mentalmente cuánto más debía estirarse para alcanzarle los hombros, y Jungkook mirándolo desde arriba con una media sonrisa coqueta de "Estoy bueno y lo sé".

Arrogante, demasiado arrogante.

—A ver... no es que me caiga mal —empezó, tratando de sonar convincente— Solo creo que su ego no cabe ni en el salón. Y eso de que tiene fama de fuckboy... bueno, no me da buena espina. Si alguien no puede ser leal en una relación, menos como amigo, así que prefiero mantener mi distancia.

Seokjin lo escuchó con atención y luego sonrió con esa expresión suya que decía“no te creo ni una palabra, pero te dejo vivir tu mentira”.

—No sabía que Jeon era un fuckboy —replicó, encogiéndose de hombros— Nunca le he conocido pareja, mucho menos una infidelidad, ni nada raro, tal vez son solo rumores... Pero bueno, si no te agrada está bien Minnie, yo estoy de tu lado, jamás me juntaría con alguien que no te cae bien.

Lo abrazó por detrás y Jimin, aunque intentó mantener la compostura, terminó riendo y dejándose abrazar.

Quizá Seokjin tuviera razón sobre que solo eran rumores los que envolvían al tatuado... Pero había algo en Jungkook que lo descolocaba, y eso era justo lo que más le fastidiaba.


💋


Cuando llegaron a la feria, se quedaron boquiabiertos.

Había una multitud...Y no cualquier multitud.

El campus estaba lleno de gente de otras preparatorias, de otros distritos e incluso algunos adultos que claramente no sabían disimular sus intenciones.

Jungkook, Namjoon y Yoongi observaban desde lejos, horrorizados, pues su plan había funcionado demasiado bien, ya que los estudiantes de Bangtan High no se acercaban al stand de Jimin ni al de Seokjin... pero los visitantes externos sí.

—Genial —murmuró Jungkook— Ahora tenemos que controlar a medio país.

— ¡Trabajamos para nada!— gruñó Namjoon, arrastrando a Yoongi. — ¡Ayúdame con el stand de SeokJin! — Se lo llevó corriendo perdiéndose entre la multitud.

Jungkook los vio alejarse, suspiró y murmuró.

—Traidores...

Fue en esa gloriosa soledad que ideó su jugada maestra.

El pelinegro tenía unos exitosos padres cirujanos que mensualmente colocaban en su cartera, sin que él lo pidiera, altas sumas de dinero en efectivo para compensar su falta de tiempo como padres de familia.

Jungkook, que ni siquiera era de gastar, tenía meses acumulando esos billetes... hasta hoy.

Al ver la cajita del stand con el cartelito “Pague aquí”, supo que por fin ese dinero tendría un propósito digno.

Caminó hacia el stand de Jimin y lo vio llegar.

Bueno...decir que se veía hermoso era quedarse corto.

El rubio llevaba una blusa blanca que caía de un hombro, dejando a la vista su piel tersa y unos pantalones negros de cuerina que parecían hechos a medida. Su cabello brillaba bajo el sol y su sonrisa (aunque ahora fuera una mueca de fastidio) podía hacer que hasta el aire se detuviera.

El puesto estaba lleno.

Una fila de desconocidos, claramente externos a la escuela, esperaban impacientes lo cual hizo que Jungkook apriete los puños antes de actuar como el troglodita que Yoongi siempre le decía que era.

Colocándose un pin de “organizador” que había robado de la mesa de Jennie, se abrió paso entre la multitud.

—Permiso, paso urgente —dijo con voz firme logrando que nadie quiera protestar, además, su cara no era precisamente negociable.

Jimin lo vio acercarse y arqueó una ceja.

—Jeon, vete. Para ti no es este evento.

—Claro que sí —replicó Jungkook sonriendo— Soy estudiante como los demás.

—Ni pagando tendrás mis besos —Jimin cruzó los brazos, desafiante.

Jungkook sonrió más, esa sonrisa suya que mezclaba picardía y mala idea.

Con arrogancia, sacó un fajo de quinientos dólares en billetes de veinte perfectamente doblados.

—Entonces tendré que quejarme con el consejo estudiantil —dijo Jungkook teatralmente— Aceptaste las reglas, y eso incluye besar a todos los que formen esta larga fila — Miro atrás con desagrado, todos eran tipos bien parecidos, pero el estaba mejor, eso era obvio.

Jimin lo miró con el ceño fruncido, listo para estamparle el cartel en la cabeza, cuando la voz alegre de Jennie los interrumpió.

—¡Jungkook! ¡Qué bueno verte apoyando el evento! —exclamó encantada— ¡Jimin, primer cliente y ya quinientos dólares! Eres una máquina de recaudar.

Jennie se alejó feliz, sin notar la tensión mortal entre ambos.

Jimin apretó los dientes y murmuró entre ellos, sin apartar la mirada del pelinegro.

—Maldito seas, Jeon Jungkook.

Jungkook solo sonrió, inclinado hacia él.

—Encantado.

Jimin no quería besar a Jungkook.

No porque no le gustara, al contrario, el pelinegro tatuado y musculoso le parecía demasiado atractivo, y ese era precisamente el problema.

Jungkook tenía fama defuckboy.

Nunca lo había visto en acción, pero los rumores volaban por los pasillos, y Jimin, aunque siempre proyectaba confianza, tenía un corazón tierno que solo buscaba ser querido de verdad y sabía que Jungkook no era el tipo de persona que él necesitaba, ya que lo había sorprendido mirándole el trasero demasiadas veces como para hacerse ilusiones.

Claramente, el interés del chico era carnal, no sentimental.

O al menos, eso creía nuestro rubio de confianza, quien... Si tan solo hubiera prestado un poquito más de atención, habría notado varias cosas.

Primero, que Jungkook se quedaba embobado cada vez que él hacía pucheros frente a los profesores para conseguir prórrogas en los trabajos. Segundo, que lo observaba en la biblioteca mientras estudiaba, fascinado con la forma en que fruncía el ceño cuando no entendía algo.Y tercero... sí, Jungkook amaba su cuerpo, sería un crimen no hacerlo, pero lo que realmente lo tenía obsesionado era su carácter endemoniado.

Le encantaba cómo Jimin defendía causas justas, cómo enfrentaba sin miedo a los abusadores que molestaban a los alumnos menores, cómo hablaba con pasión incluso cuando se enojaba.

Jeon Jungkook estaba perdido por ese rubio cabezota y hoy pensaba demostrárselo.

Si no lo conseguía, juraba que dejaría de llamarse Jeon Jungkook y se cambiaría el nombre a Pancho.

El tatuado sonrió satisfecho cuando Jimin resopló resignado.

—¿Comenzamos, Jiminnie?

Recuperándose, el rubio lo jaló del cuello de la camisa.

— Si te pasas te cortó el pene Jeon, no tengo el mejor humor.

Jungkook asintió sonriendo.

—Eso lo sé y me encanta— Jimin se sonrojó furiosamente pero suspiró tratando de disimular.

—Dime dónde quieres el primer beso.

—En la frente —dijo Jungkook sin dudar.

Eso lo descolocó.

Jimin pensaba que iría directo a la boca o al cuello, pero bueno... mejor.

Se inclinó, apoyó una mano en su hombro y dejó un beso suave en su frente.

El pelinegro cerró los ojos... Jimin olía a vainilla y bebé “Estoy perdido”, pensó.

—Listo, ahora lárgate —dijo Jimin alejándose.

—Ni lo sueñes, me quedan 496 dólares y quiero uno en la mejilla.

Jimin rodó los ojos, pero accedió.

Esta vez, sus labios se quedaron un segundo más de lo necesario. Jungkook sonrió, sería una larga mañana.


💋


Pasó así toda la mañana.

Besos en la nariz, en la mejilla y en la frente otra vez... Jimin ya había perdido la cuenta y el maldito de Jungkook no se movía del lugar.

Pagaba, sonreía y volvía a pedir otro beso, una y otra vez.

Poco a poco, los demás en la fila desistieron, convencidos de que el pelinegro no pensaba dejar el puesto libre nunca.

Cuando solo quedaron ellos, Jimin empezó a moverse incómodo, cambiando el peso de un pie a otro.

—¿Cansado? —preguntó Jungkook divertido.

—¿Y tú qué crees? —refunfuñó el rubio.

El pelinegro soltó una risita y, sin previo aviso, lo tomó de la cintura y lo sentó sobre sus piernas.

Jimin se quedó helado.

—¡¿Qué haces, idiota?! —exclamó, intentando levantarse.

—Te ves agotado —respondió Jungkook con calma— Si quieres, me levanto y te dejo el banco, pero no pienso verte seguir balanceándote de lado a lado.

Los ojos grandes y sinceros del pelinegro lo desarmaron.

El rubio se sonrojó, pero no se movió.

—Bueno... ya que —murmuró.

Jungkook sonrió triunfante.

—Entonces quiero el siguiente beso en el cuello.

Jimin bufó con una mezcla de fastidio y nervios.

—Sabía que ibas a aprovecharte de esto.

Se inclinó despacio, dejó un beso en la piel cálida de su cuello y respiró su masculino aroma.

Jungkook se tensó, su respiración se volvió irregular y el rubio sonrió notándolo.

—¿Qué pasa, Jeon? ¿Nervioso? —burló Jimin con voz baja.

—No sabes lo que me haces Jiminnie —susurró casi sin aire.

Por primera vez, Jimin sintió algo diferente, como una ligera ternura hacía Jeon que no esperaba.

—¿Dónde quieres el siguiente beso? —preguntó para espabilarse.

—Pues... lamentablemente ya agoté los quinientos dólares —dijo Jungkook, fingiendo pesar.

Jimin frunció el ceño sin saber por qué eso lo decepcionaba un poco

— Pero tengo una propuesta.

Ahí estaba el Jungkook de siempre.

—Habla —contestó, impaciente.

— Propongo pagar 100 dólares extra, pero solo quiero un beso más... solo uno... en la boca — El rubio lo miró con los ojos muy abiertos, mientras Jungkook sonrió apenas — Pero no quiero un simple rose de labios, quiero un beso bien y después te dejaré en paz ¿Que dices?

El desafío estaba lanzado y Jimin lo tomó personal.

Sacó de su bolsillo un brillo de labios sabor a fresa y empezó a aplicárselo con calma sin apartar la mirada de Jungkook, quien con la acción, supo que había aceptado su propuesta.

Se dedicó, por los segundos que Jimin tardó, a mirar sus lindos labios rojos y babear en secreto ¿Sabrían mejor de lo que se veían?

Cuando el rubio terminó, se acomodó en sus piernas y se acercó a su rostro dejándolo bastante impresionado.

—Puedes tomarme de la cintura —susurró— Si es el último, hagámoslo bien.

Y claro que Jungkook obedeció.

Sus labios se encontraron y el mundo pareció detenerse.

El beso comenzó suave, como una caricia tímida de adolescentes primerizos, pero pronto se volvió más profundo cuando la lengua de Jimin exploró su cavidad. Jungkook lo sostuvo con fuerza, deslizando sus manos por su cintura y cadera, mientras Jimin entrelazaba los dedos en su cabello.

El sonido húmedo del beso se mezclaba con las risas lejanas y la música de la feria.

Quince minutos después de un beso interminable sin ánimos de querer parar... la bocina de Jennie los separó.

— Muchas gracias a todos los asistentes a la feria y a los que participaron especialmente en el stand de los besos, gracias a ustedes ... ¡TENDREMOS LA MEJOR GRADUACIÓN DEL MUNDO! — exclamó eufórica — Soy Kim Jennie, presidenta del consejo estudiantil y hemos culminado el evento por hoy, NUEVAMENTE GRACIAS.

Ambos se quedaron quietos, respirando agitadamente, mientras el resto comenzaba a dispersarse.

Jimin seguía sentado en el regazo de Jungkook, tratando de fingir que no acababan de comerse la boca.Y como odiaba el silencio incómodo, habló primero.

—Eh... gracias por participar —dijo con una sonrisa nerviosa.

—Gracias a ti, Jiminnie —contestó Jungkook con una sinceridad que lo desarmó.

Por un momento, Jimin lo miró sin decir nada. No parecía el típico chico que solo quería diversión, había algo más en su mirada... que se sentía tan real que lo desarmaba.

Entonces escuchó una voz familiar.

—¡JIMINNIE NO SABES LO QUE ME PASÓ!—gritó Seokjin que venía corriendo, y se quedó congelado al verlos.

Su mejor amigo, el que temprano le dijo que Jeon Jungkook le daba mala espina y que no lo quería ni de amigo ni conocido, ahora estaba en su regazo, con el mismísimo pelinegro aferrado a su cintura como si fuera de su propiedad... ¡Que estúpidamente contradictorio!

Jimin se levantó de inmediato, demasiado para el gusto de Jungkook quien hubiera preferido quedarse así por el resto del día.

— Jinnie eh... te veo en el estacionamiento, aún tengo que llevar el dinero de mi stand a Jennie ¿si?

SeokJin vio la cara de súplica en Jimin y asintió aún confundido, después su mejor amigo le tendría que dar muchas explicaciones.

Cuando Seokjin se fue, Jimin respiró aliviado y giró para recoger la caja con el dinero intentando calmarse.

¿Por qué sentía que lo habían atrapado robando?

Escuchó que Jungkook se ponía también de pie, así que decidió enfrentarlo para cobrarle y luego largarse a llorar con SeokJin porque lamentablemente había caído... si, le había gustado el beso, oficialmente era uno más de los que suspiraba por Jeon Jungkook, y aunque no le daría el placer de notarlo, él lo sabía, y eso era suficiente para sentirse como el peor de los tontos.

—Son seiscientos dólares —le extendió la caja evitando mirarlo para no terminar de morirse ahí mismo.

Jungkook dejó el dinero, y con suavidad, le giró el mentón, demás está decir que el rubio casi se hace pis de los nervios.

—Jimin, yo...

— Jeon, ya debo entregar el dinero, Jennie fue muy clara en que quería que contáramos el dinero recaudado juntos como consejo estudiantil, lo que quieras decir tendrá que ser después.

Claro que no iba a ser después, Jimin lo iba a evitar como a la peste.

El rubio intentó irse, pero Jungkook le cerró el paso.

No podía permitir que se fuera sin decirle honestamente lo que sentía después de probar sus besos, literalmente, el pelinegro sentía su corazón al borde de explotar por la felicidad de al fín besar al rubio, aunque pagó un dineral por ello... pero sabía que a Jimin le gustó sino no hubiera accedido.

Esta era su oportunidad, era ahora o nunca.

— Jimin solo escúchame un segundo, por favor... — el rubio se quedó parado en silencio y Jungkook tomó eso como un “habla idiota” — Quiero que sepas que no solo me planté aquí toda la mañana por molestar, yo...— se tomó un tiempo para pensar sus palabras, pero al final solo fue honesto — ...lo hice porque me gustas, mucho.

El rubio lo miró, incrédulo.Jungkook siguió.

—Sé lo que dicen de mí, y también sé que no te agrado por ello, pero no soy ese tipo del que todos hablan. Solo... déjame demostrarlo. Podemos empezar por una cita, no tienes que hacer nada, solo dejarme pasar por ti y verte lindo como siempre o si quieres ni te arregles... —rió nervioso— Igual te ves bien siempre. Yo solo...

No pudo terminar, pues Jimin, antes de que siguiera divagando, se paró en puntitas, le enredó los brazos al cuello y lo besó con la misma intensidad que hace un momento.

Jungkook se quedó en shock por un segundo, pero ni tonto ni perezoso, se puso pilas y se rindió ante los labios de Park Jimin tomando su cintura delicadamente.

Cuando se separaron, el rubio le sonrió.

—Interpreta eso Jeon... porque esa es mi respuesta a tu propuesta.

Y antes de que pudiera decir algo, Jimin corrió con la caja en brazos y el corazón latiendo como loco.

Jungkook se quedó en el stand, sonriendo como idiota, con los labios aún calientes y la cabeza llena de mini Jimin’s sonriéndole.

— Gracias estupido Stand de los besos.


💋


Cuando llegó al gimnasio, Yoongi y Namjoon lo esperaban mientras encestaban un par de canastas.

—Hermano, tienes gloss hasta en las cejas —se burló Yoongi al verlo entrar.

Y era cierto, Jimin usaba un gloss rojo, debía tener hasta los labios brillantes.

Sin importarle, se unió a ellos en su juego improvisado .

Namjoon suspiró y le dió un pase.

—No conseguí besar a SeokJin, pero dejé 300 dólares en su caja porque se puso triste de que nadie se acercara a su stand ya que le espanté a todos. Creo que fue lo correcto...

Jungkook sonrió, dándole una palmada en el hombro.

—Hiciste bien bro... Igual puedes invitarlo después a la graduación.

Namjoon asintió con una sonrisa medio nerviosa.

—¿Y tú? —preguntó Yoongi, girando la pelota entre los dedos.

Jungkook respiró hondo.

—Yo... gasté seiscientos dólares en besos de Park.

Sus amigos casi se atragantan con el aire, mientras él driblaba la pelota con aire tranquilo hasta la canasta.

—Y al final, cuando me confesé... solo me besó nuevamente y me dijo que interpretara su respuesta —encestó con una elegancia casi insultante antes de regresar hacia ellos.

Yoongi arqueó una ceja.

—¿Y cuál fue tu interpretación?

Jungkook sonrió, con el brillo del gloss de Jimin todavía reflejando la luz del gimnasio.

—Qué está tan loco por mí como yo por él.

Los tres rieron, y por primera vez en mucho tiempo, Jungkook se permitió disfrutar de su propio ego desbordado.

Porque esta vez, tenía motivos de sobra.