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Mi dulce demonio (KookV)

Sinopsis

Taehyung, un ángel que ha perdido la memoria, y Jungkook, un demonio atormentado por su amor prohibido, están destinados a reencontrarse en el mundo humano. Cuando sus caminos se cruzan de nuevo, ambos sienten una conexión inexplicable que desafía la lógica y el destino. A pesar de las barreras y los secretos que los rodean, la fuerza de su amor es inquebrantable. ¿Podrán estos dos seres, tan diferentes en naturaleza pero unidos por el corazón, superar los desafíos que el destino les ha impuesto y finalmente encontrar la felicidad juntos? 🪽Fanfic KookV. 🪽 Género. Fantasía. 🪽Apto para mayores de 18 años. 🪽 Prohibido hacer copia o adaptación. Esta historia es de mi creación.

Genero:
Romance
Autor/a:
NicolThJk
Estado:
Completado
Capítulos:
5
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

Chapter 1🪽 Capítulo 01

🪽 Capitulo 01.

🪽El inicio.

—¿Cómo se atrevieron a estar juntos? ¡Son ángeles! —exclamó el arcángel mayor, sus ojos brillaban con una mezcla de incredulidad y furia.

—Me enamoré de él, y si eso es un pecado, entonces soy el ángel más pecador de todo el bendito paraíso —respondió con voz temblorosa, pero llena de convicción, mientras miraba a su amado con ternura.

—Serán castigados —sentenció el arcángel mayor, su voz resonando como un trueno.

—No pueden castigarnos por amarnos —replicó el ángel de ojos azules, abrazando más fuerte a su amado, sus alas temblando a causa de la emoción.

—Sí puedo. Ustedes eran conscientes de sus actos; sabían que estaban rompiendo las reglas celestiales —sentenció el arcángel mayor, su voz autoritaria resonando en el recinto sagrado.

—No, no lo castiguen a él. Todo es mi culpa, yo... yo inicié todo —suplicó el ángel de ojos negros, su voz quebrándose entre sollozos. Las lágrimas caían de sus mejillas como perlas, su dolor y desesperación palpable en cada palabra. Su rostro estaba pálido y su cuerpo temblaba visiblemente, evidenciando la carga de culpa que llevaba en su corazón.

—Ambos serán castigados —dijo con voz firme el arcángel mayor, su rostro destellando con una fría determinación—. Tú serás desterrado y sentenciado a demonio —señaló a uno de ellos, que se aferraba a su amado con todas sus fuerzas, sus ojos llenos de lágrimas—. Y tú perderás tu memoria y tu propósito de ángel guardián. Vagarás por los cielos sin encontrarle sentido a tu vida —agregó, mientras con un gesto de su mano, más arcángeles aparecían para separar a la pareja. Los ángeles lloraban y se negaban a ser separados, sus gritos llenos de desesperación resonaban en el aire celestial. Levantó su mano y las hermosas alas blancas de uno de los ángeles comenzaron a tornarse negras, un símbolo del castigo que estaba por recibir.

—No, no lo haga —gritó con todas sus fuerzas el ángel de ojos azules. El arcángel, con una expresión implacable, movió rápido su mano, y de sus dedos salió un rayo de luz. El rayo golpeó tan fuerte la frente del ángel que este cayó hacia atrás, desmayado, y comenzó a descender rápidamente entre las nubes, su cuerpo desplomándose hacia la tierra.

El ángel de ojos negros se soltó del agarre de los arcángeles y, sin pensarlo dos veces, saltó al vacío tras su amado. Sus alas batían con desesperación, su corazón latiendo desbocado mientras se precipitaba en picada. La velocidad del viento cortaba su rostro, pero no le importaba. Lo único que importaba era alcanzar a su amado.

Agitaba sus alas a gran velocidad hasta que, finalmente, llegó a él. Lo abrazó con fuerza, envolviéndolo entre sus alas protectoras. Susurró, llorando, con la voz quebrada por el dolor y la impotencia: —Te amo, mi hermoso ángel, perdóname por esto. —Mientras sus lágrimas caían sobre el rostro del pelinegro, sus alas se tornaron negras por completo, el símbolo de su caída y su transformación en demonio.

Llegaron a la tierra con un impacto sordo, levantando una nube de polvo. Detrás de ellos, los arcángeles descendieron con majestuosidad. Sin piedad, le quitaron a su amado de sus brazos, separándolo de su último refugio.

—Ahora eres un demonio —sentenció el arcángel, su voz resonando como un trueno—. No podrás volver a subir, y no lo volverás a ver. —Con esas palabras, desapareció entre las nubes, llevándose al ángel entre sus brazos, dejando al demonio solo en la tierra, con su corazón roto y su alma condenada.

🪽Cien años después.

¿Quién decide qué es bueno y qué es malo?

¿Por qué existen los amores prohibidos?

Estas eran las preguntas que se hacía el hermoso ángel de cabellos negros y ojos azules, mientras observaba la tierra desde los cielos. Su mirada, cargada de una profunda melancolía, seguía cada movimiento de los humanos y de los demonios que rondaban cerca de ellos. Le fascinaba observar a los humanos, sus vidas llenas de emociones y pasiones.

—¿Por qué te gusta observar a los humanos? —preguntó una voz suave detrás de él. Era un ángel de cabellos castaños y sonrisa amable que lo miraba con curiosidad.

—Tienen algo que nosotros no —respondió el ángel de cabellos negros, sin apartar la vista de la tierra, sus ojos brillando con una mezcla de envidia y anhelo.

—¿Y qué es eso? —insistió el ángel castaño, acercándose un poco más.

—Ellos pueden enamorarse, tienen el poder de amar —respondió el ángel de ojos azules, suspirando como si cargara una enorme nostalgia en su corazón. Su voz era un susurro lleno de tristeza, un eco de un amor perdido.

—Ahora entiendo por qué no te asignaron a un humano —dijo el ángel castaño, alejándose lentamente, dejándolo solo con sus pensamientos.

🪽Cincuenta años después.

El hermoso ángel de cabellos negros, sonrisa perfecta y ojos azules, había encontrado un nuevo pasatiempo: observar a un demonio de belleza cautivadora, cabellos azabache y ojos tan profundos como el abismo. Aquel demonio solía mirar cada noche el cielo con nostalgia, como si buscara algo o a alguien. Este gesto despertó la curiosidad del ángel. ¿Por qué lo hacía? Si era un demonio, ¿qué buscaba en el cielo?

El ángel notaba cómo, cada noche, el demonio se sentaba en la misma roca, elevando su mirada hacia las estrellas, sus ojos reflejando una tristeza infinita. La postura de su cuerpo, ligeramente encorvada, transmitía un anhelo profundo, un deseo insatisfecho que el ángel no podía comprender.

Además, le fascinaba ver cómo el demonio interactuaba con los humanos. Se deslizaba entre ellos con gracia, susurrándoles cosas al oído, siempre con una sonrisa enigmática. El ángel se preguntaba qué tanto les decía el demonio a los humanos. ¿Eran palabras de tentación? ¿De consuelo? ¿O simplemente mentiras para desviarlos del buen camino?

Una noche, su curiosidad por aquel demonio llegó a su punto más alto. El ángel se puso de pie en su nube, observó a su alrededor para asegurarse de que no había nadie cerca, y decidió bajar a la tierra por primera vez. Su corazón latía con fuerza mientras descendía, sus alas moviéndose con nerviosismo. Se ocultó detrás de una columna, tratando de calmar su respiración agitada, y prestó atención a lo que el demonio le decía al humano.

—Deberías estar con ella, tu novia no se va a enterar —le murmuró el demonio al humano, su voz era un susurro seductor cargado de malicia.

El ángel salió de su escondite, con el rostro encendido de furia, y se acercó desde el otro lado del humano. La luz celestial que emanaba de su ser contrastaba con la oscuridad que rodeaba al demonio.

—Si la amas, no deberías serle infiel —le susurró al humano, mirando al demonio con una sonrisa de satisfacción y desafío. Sus palabras resonaban con una verdad pura, como una melodía que buscaba restaurar la armonía.

El demonio se quedó congelado, su mundo pareció desvanecerse. Sus ojos brillaron con una intensidad única, reflejando una mezcla de sorpresa y reconocimiento. Su corazón latió con fuerza, un sentimiento guardado en lo profundo de su ser, despertando dentro de él.

—¿Qué haces...? —logró preguntar, su voz temblorosa, mientras sus alas oscuras comenzaban a temblar. El ángel, ahora frente a él, irradiaba una luz tan brillante que casi dolía mirarlo.

El ángel inclinó ligeramente la cabeza, sus ojos azules fijos en los del demonio. El encuentro de sus miradas creó una conexión invisible, un puente entre dos almas que el destino había separado, pero que aún latían al unísono.

—Solo lo ayudo —respondió el ángel, su voz suave y llena de dulzura mientras lo miraba con una expresión serena. Sus ojos azules reflejaban una luz cálida, casi como si irradiaran una compasión innata.

El demonio le dio una sonrisa tierna y llena de nostalgia, un atisbo de reconocimiento en sus ojos oscuros. No podía creer lo que estaba sucediendo, sintiendo una oleada de emociones.

—¿Quieres ver que soy el mejor en mi trabajo? —lo desafió con una sonrisa traviesa, un destello de complicidad en sus ojos que parecía conectar con algo más profundo.

—¿Es una competencia? —preguntó el dulce ángel, mordiendo sus labios nervioso, su corazón latiendo con una mezcla de emoción y inquietud.

—Es una competencia —afirmó el demonio, acercándose al humano para hablarle. Su voz, baja y seductora, tenía un toque de arrogancia. —Es hermosa, no puedes perder esta oportunidad —murmuró, manteniendo su mirada fija en el ángel, como si quisiera transmitir un mensaje oculto.

El ángel también se acercó al otro oído del humano, sintiendo una mezcla de adrenalina y determinación.

—Pero tu novia es aún más hermosa, ¿vas a perderla por una aventura de una noche? —susurró con una suavidad y sinceridad que contrastaban con la intensidad de la situación.

El hombre sacudió la cabeza, intentando acallar esas voces internas que lo atormentaban.

—Debo irme, mi novia me espera —le dijo a la joven a su lado, con un tono que buscaba transmitir una decisión firme.

—¡Oh! Yo creí que nos iríamos juntos —reclamó la mujer, cruzándose de brazos con claro fastidio, su expresión cambiando de seducción a decepción.

El demonio aprovechó su oportunidad y volvió a hablarle, su voz envolvente como un susurro tentador.

—¿De verdad vas a dejar pasar esta oportunidad? Ella es perfecta para pasar una noche de pasión —le murmuró al oído, su tono cargado de seducción y promesas.

El ángel también volvió a hablarle sin dejar de observar al demonio, sus palabras llenas de convicción y ternura.

—Tu novia te espera en tu departamento, lista para una noche de amor —dijo, su voz cálida y persuasiva, cargada de un amor genuino.

El hombre miró a la mujer, luego bajo su mirada avergonzado por los que había pensado hacer minutos atrás, finalmente tomó una decisión clara.

—Mi novia me espera, lo siento si te confundí —le respondió, y se retiró, la mujer decidió irse hacia el otro lado molesta, dejando al demonio frente al ángel.

—Te gané —dijo el ángel con una gran sonrisa de satisfacción, su expresión resplandeciente con una luz casi etérea.

El demonio lo miró, sus ojos reflejando una mezcla de admiración y sentimientos ocultos.

—Admito que eres bueno en esto —dijo el demonio, acercándose un paso más al ángel, sus alas negras temblando ligeramente como si estuvieran cargadas de una energía que apenas comenzaba a liberar.

El ángel sonrió triunfante pero con una pizca de timidez.

—No puedo creer que un hermoso ángel me haya ganado —continuó el demonio, pasando su lengua por sus labios y mirando de abajo arriba al pelinegro con una mezcla de asombro y admiración—. Hace más de cien años que las personas caen ante mis tentaciones, y en una sola noche tú rompiste mi récord.

El ángel se sonrojó ante el halago, su piel adquiriendo un tono rosado suave mientras susurraba—: ¿Hermoso?

—Sí, eres el ángel más hermoso que he visto en toda mi vida —dijo el demonio, dando un paso hacia adelante con suavidad. —¿Qué haces aquí?

El ángel comenzó a sentirse nervioso, sus manos temblando ligeramente mientras hablaba.

—Yo... No debí entrometerme —murmuró, dando un paso atrás sin dejar de mirar los oscuros ojos del demonio, que brillaban como una galaxia estrellada.

—Tranquilo, no voy a hacerte daño —intentó calmarlo el demonio al notar la inquietud del ángel. —¿Cómo es tu nombre?

—¿No estás enojado porque te gané? —preguntó el ángel, confundido, con una expresión de sorpresa en su rostro. Creía que los demonios eran más temperamentales y no tan amables.

—No, no lo estoy —respondió el demonio con una sonrisa amigable, mostrando sus dientes de conejo—. Fue divertido tener algo de competencia.

—Soy... Taehyung —respondió el ángel con algo de duda, su voz temblando ligeramente.

"Mi amado Tae", pensó el demonio, sintiendo un nudo en la garganta mientras sus ojos se llenaban de lágrimas involuntarias.

El demonio intentó ocultar sus emociones y sonrió con más intensidad, el brillo en sus ojos revelando una mezcla de felicidad y dolor.

—Soy Jungkook —respondió, sintiendo su corazón latir con más fuerza. Extendió su mano para saludarlo, y cuando el ángel tomó su mano, lo atrajo hacia él con una suavidad inesperada.

En ese instante, el tiempo parecía detenerse solo para ellos dos; la respiración del ángel se volvió densa y su cuerpo comenzó a temblar bajo los brazos del demonio.

—Un gusto, hermoso ángel —le dijo Jungkook, apartando con delicadeza el cabello del ángel que caía en su rostro. —¿Quieres acompañarme?

El ángel tragó con dificultad, sintiendo un torbellino de emociones nuevas y desconcertantes en su interior. El demonio le resultaba extrañamente familiar, pero a la vez provocaba mil sensaciones nuevas en su cuerpo. Además, el hecho de estar rompiendo la regla de acercarse a los humanos lo hacía estar aún más nervioso.

—Debo volver —dijo el ángel entrecortado, intentando alejarse.

—Es más divertido tentar a los humanos si tú estás a mi lado —respondió el demonio, fingiendo tranquilidad mientras no soltaba al ángel. No quería volver a perderlo; en su mente, pasaban mil recuerdos dolorosos, sus sentimientos se agolpaban y deseaban desbordarse. La imagen de su último encuentro golpeaba con fuerza en su mente, una herida que nunca sanaba.

El ángel observó en silencio el rostro del demonio, sin notar la lucha interna que este enfrentaba. Aquel demonio no le transmitía miedo; al contrario, le transmitía una calidez y un sentimiento profundo que no lograba identificar.

—Solo será por esta noche —respondió tímido, deteniéndose en su intento de alejarse. Poco a poco, comenzaba a sentirse cálido entre los brazos del demonio, un calor reconfortante que contrastaba con la frialdad de la noche.

El demonio lo tomó de la mano con una suavidad inesperada y juntos caminaron por las oscuras calles de la ciudad, sus pasos resonando suavemente en el pavimento mojado.

—Allí —le indicó, señalando a un joven que observaba con duda un negocio cerrado, su rostro iluminado por los faroles de la calle.

—¿Va a robar? —preguntó el ángel, su curiosidad y preocupación evidentes en su tono.

—Eso intenta; está dudando de hacerlo —se puso de frente al ángel con una mirada de complicidad—. Si yo gano, mañana por la noche deberás volver. —le propuso, sus ojos destilando un desafío amistoso.

—¿Y si yo gano? —preguntó el ángel, algo desconfiado pero también divertido, sus labios curvándose en una sonrisa cautivadora.

—Si tú ganas, te mostraré algo —respondió el demonio con una mirada traviesa, una chispa de misterio en sus ojos.

—¿Algo, como qué? —preguntó el ángel, entrecerrando sus ojos y inclinando su rostro con curiosidad.

—Si quieres saber qué es, debes ganarme —sonrió el demonio, guiñándole un ojo con picardía. Volvió a tomarlo de la mano, y ambos se colocaron uno a cada lado del hombre. —Sabes que es la única salida —le murmuró, su voz llena de urgencia.

—No es verdad, si robas este local solo irás preso —susurró el ángel, su tono lleno de preocupación.

—Mañana tu hijo no tendrá que comer si no entras y robas en este instante —volvió a susurrar el demonio, su mirada fija en el hombre con una mezcla de desafío y persuasión.

—Mañana será un mejor día; tal vez al fin consigas trabajo. No vale la pena ensuciarse las manos —le dijo el ángel, sin dejar de mirar los ojos negros del demonio, que parecían reflejar un mar de tormentas.

El azabache se relamió los labios, sus pensamientos conflictuados y su mirada volviendo a posarse en los ojos azules del ángel.

—Solo será esta vez —le murmuró al hombre, su voz cargada de desesperanza y una promesa incierta. —Tu hijo te lo agradecerá.

El ángel negó con la cabeza, su voz casi un susurro.

—Puedes morir y dejarás solo a tu hijo —murmuró suavemente, la preocupación evidente en sus palabras.

El hombre tragó con dificultad, lágrimas comenzando a rodar por sus mejillas mientras se pasaba la mano por el cabello, la angustia y el dolor visibles en cada gesto.

—Ve a casa con tu hijo, abrázalo fuerte y verás que mañana todo estará mejor —añadió el ángel, sus palabras llenas de una calma reconfortante.

El demonio le sonrió con ternura, su expresión suavizándose.

—Es mejor que regreses a casa — le murmuró al hombre, y el ángel sonrió de felicidad, sintiendo una mezcla de triunfo y alivio.

El hombre miró una última vez el local, con una expresión de resignación y esperanza, antes de alejarse con pasos pesados.

—Me ayudaste —dijo el pelinegro, sorprendido por la intervención.

—Solo lo hice por verte sonreír —respondió el demonio, tomándolo de la mano con ternura, su corazón latiendo con una mezcla de satisfacción y emoción.

—Pero podrían castigarte —dijo el ángel, nervioso, su voz temblando ligeramente ante la preocupación.

—Nadie me vio —respondió Jungkook con nostalgia, una tristeza sutil en sus palabras.

—No quiero que seas castigado por mi culpa; no vuelvas a hacerlo. Aparte, me gusta ganarte limpiamente —sonrió tímido, mordiendo su labio inferior con una mezcla de timidez y emoción.

"No me importa si me castigan, solo quiero que estés a mi lado," pensó Jungkook, su mente llena de un deseo profundo y un anhelo oculto.

—No van a castigarme —afirmó, con una confianza tranquila. Sabía que mientras no lo viesen, todo estaría bien.

—Bien, ¿ahora qué era lo que ibas a mostrarme? —preguntó el ángel, su curiosidad palpable.

—No dije que te lo mostraría esta noche —Jungkook sonrió con picardía—. Debes regresar mañana por la noche, entonces te lo mostraré.

—Eres un demonio tramposo —sonrió divertido, su tono lleno de buen humor—. La culpa es mía por no leer las letras pequeñas. —bromeó, con una risa suave. —De acuerdo, entonces regresaré mañana por la noche —prometió, ilusionado por lo que vendría.

Los primeros rayos del sol comenzaban a asomar en el horizonte, tiñendo el cielo de suaves tonos dorados. El demonio, con una sonrisa que reflejaba tanto dolor como ternura, acarició suavemente la mejilla del pelinegro.

—Hasta mañana, mi hermoso ángel —susurró, su voz cargada de una melancólica suavidad.

Taehyung, sonriendo tímidamente, apoyó su mano en la del demonio que aún descansaba en su rostro.

—Hasta mañana, mi dulce demonio —respondió, su voz entrecortada por la tristeza que nublaba sus corazones. Con un pesar compartido y el eco de sus palabras aún resonando en el aire, ambos regresaron lentamente a sus respectivos lugares de origen, llevando consigo el peso de una nueva separación inevitable.

🪽Ciento sesenta años atrás.

Kim Taehyung y Jeon Jungkook eran dos hermosos ángeles guardianes. Aunque no se conocían personalmente y pocas veces se habían visto a la distancia, todo cambió cuando sus humanos designados se encontraron por primera vez. La conexión entre los ángeles fue inmediata, como si un lazo invisible los uniera desde siempre.

La personalidad dulce e inocente de Taehyung cautivó a Jungkook desde el primer momento. Sus sonrisas tímidas, su risa suave y melodiosa, y la manera en que sus ojos brillaban con una pureza celestial lo tenían completamente fascinado. Por otro lado, la personalidad tierna y atenta de Jungkook hizo que Taehyung se sintiera seguro y querido. La mirada cálida y protectora del azabache, su voz suave y reconfortante, y sus gestos de cariño llenaron el corazón de Taehyung de un amor profundo e irrevocable.

Mientras sus humanos designados se enamoraban, sus ángeles guardianes también lo hacían, reflejando sus sentimientos en cada gesto y mirada compartida. El amor entre Jungkook y Taehyung creció a un ritmo vertiginoso, como un torrente imparable.

—Creo que se ven muy lindos juntos —comentó Taehyung, mirando a los humanos mientras estaba sentado al lado de Jungkook, tomándolo de las manos y apoyando su cabeza en el hombro ajeno. Sentía el latido constante y fuerte del corazón de Jungkook a través de su piel, un ritmo que armonizaba con el suyo propio.

—Tú te ves muy lindo, mi hermoso ángel —susurró Jungkook, acariciando el rostro de Taehyung con una ternura, su pulgar trazando suavemente la línea de su mejilla.

—Kook... —susurró Taehyung, su timidez reflejada en el leve rubor que coloreaba sus mejillas mientras bajaba la mirada. Jamás habían pasado de tiernas caricias; estaba prohibido para los ángeles enamorarse.

La pareja de humanos se levantó y se dirigió a su habitación, sus manos entrelazadas y sus risas resonando suavemente en el aire.

—Deberíamos acompañarlos —susurró aún sonrojado el pelinegro, sintiendo el calor que emanaba del cuerpo de Jungkook a través de sus dedos entrelazados.

Ambos se pusieron de pie, pero Jungkook no se movió. Tomó firme la mano de Taehyung, quien lo miró con una mezcla de confusión y anticipación.

—Tae... yo... —pasó su mano por la cintura ajena, acercándolo más a él—. Deseo besarte, mi amor —susurró con voz temblorosa, sus ojos reflejando una mezcla de anhelo y miedo.

Taehyung anhelaba besar a Jungkook de la misma forma, pero el miedo a ser descubiertos siempre los había detenido. Ambos eran conscientes del riesgo que corrían si no cumplían las reglas.

—¿Y si nos descubren? —preguntó ansioso, su corazón latiendo desbocado en su pecho.

—No dejaré que te lastimen. Yo me echaré toda la culpa —afirmó el azabache con determinación, sus ojos fijos en los de Taehyung, llenos de amor.

—Tengo miedo a que nos separen —confesó Taehyung, sus ojos azules llenos de lágrimas que amenazaban con caer.

—No lograrán separarnos. Nuestro amor es más fuerte —dijo Jungkook, abriendo sus grandes alas blancas y rodeando a su amado con ellas, creando una esfera de protección y amor.

—Te amo, mi dulce ángel—susurró mirándolo a los ojos, sus palabras cargadas de emoción.

—Yo a ti, mi hermoso ángel —respondió Jungkook, acercándose despacio hasta rozar los gruesos y dulces labios del pelinegro. Ambos comenzaron a brillar con una intensidad deslumbrante. La lengua de Jungkook exploraba cada rincón de la boca de Taehyung, quien se dejó llevar por la pasión, sus manos acariciando con ansia el cuello y la nuca del azabache.

Jungkook lo tomó fuerte de la cintura y movió sus alas. Ambos se elevaron lentamente, suspendidos en el aire como en un sueño. Taehyung sonrió en los labios del azabache con sus ojos aún cerrados, su corazón latiendo al unísono con el de su amado. Se aferró a sus hombros mientras seguían disfrutando de su primer beso, un beso que sellaba su amor eterno.

El azabache volvió a agitar sus alas y ambos comenzaron a ascender sin despegar sus labios, mientras danzaban entre las nubes. El cielo se tornaba su refugio, un lugar donde podían ser libres. Subieron más alto, alejándose de todos, hasta que finalmente estuvieron lo suficientemente alto para estar solos, lejos de cualquier mirada.

Jungkook recostó con suavidad a Taehyung en una esponjosa nube, donde la suavidad de la misma contrastaba con la pasión que sentían. Por primera vez, sus cuerpos y almas se unieron en un acto de amor puro y sincero. Sus brillos resplandecían con una intensidad única, iluminando el firmamento con su amor prohibido.

Sus alas eran lo único que cubrían sus cuerpos, creando una esfera solo para ellos, un capullo de intimidad y seguridad. Durante diez años se amaron con una intensidad única, encontrando en cada encuentro una nueva forma de expresar su amor eterno. Sus almas se entrelazaban cada vez más, volviéndose una sola.

Sin embargo, su felicidad comenzó a desmoronarse cuando sus humanos se separaron. Sus encuentros se hicieron más difíciles y peligrosos. Una noche, el ángel guardián de la nueva pareja de la humana designada de Taehyung decidió seguirlo, sospechando de sus constantes escapadas. Al descubrir la verdad, vio con asombro el amor prohibido entre los dos ángeles y, horrorizado, informó de inmediato a los arcángeles mayores.

🪽

A pesar de que a Taehyung le habían borrado sus recuerdos con Jungkook y su vida como ángel guardián, sentía un vacío inexplicable, una sensación de que algo o, mejor dicho, alguien le hacía falta. Cada día era una lucha contra esa ausencia invisible, y cada noche sus sueños estaban llenos de sombras y destellos de luz que no podía comprender.

Una noche, mientras Taehyung observaba la tierra desde su lugar en el cielo, descubrió a un hermoso demonio de ojos negros y sonrisa cautivadora. Su corazón dio un salto de alegría, como si intentara indicarle que ese demonio era algo más que una simple curiosidad pasajera. Había algo en aquellos ojos oscuros y en esa sonrisa que despertaba en él una extraña sensación de familiaridad y anhelo.

Para Jungkook, todo fue más difícil. Sus recuerdos aún permanecían intactos, grabados en su alma como cicatrices indelebles. Cada noche elevaba sus ojos al cielo, intentando al menos ver por un segundo a su amado ángel. El paso de ser un ángel guardián a convertirse en un demonio que tentaba a las personas a hacer cosas malas era una carga pesada de llevar. Para él, todo aquel castigo era injusto; amar no debería ser castigado. Por el contrario, todos deberían ser libres de amar a quien quisieran sin temor a las consecuencias.

Pero todo cambió aquella noche en que su amado ángel apareció delante de él, tan hermoso y radiante como siempre. En ese momento, Jungkook sintió ganas de llorar y abrazarlo, de derramar lágrimas de alivio y alegría. Sin embargo, sabía que Taehyung no lo recordaba, y cualquier acto imprudente podría alejarlo para siempre. Entonces, decidió crear un juego, una estrategia para mantenerlo cerca el mayor tiempo posible. A pesar del dolor y la incertidumbre, la esperanza de estar nuevamente junto a Taehyung le dio la fuerza para seguir adelante.

🪽

A la siguiente noche, Jungkook se movía ansioso de un lugar a otro, elevando su mirada al cielo repetidamente, esperando ver a su hermoso ángel descender. Su corazón latía con fuerza, y cada segundo de espera se sentía como una eternidad. La ansiedad y la anticipación se mezclaban en su pecho, creando un torbellino de emociones.

Taehyung, desde el cielo, observaba la tierra con duda. Temía que lo descubrieran rompiendo las reglas celestiales, pero al ver a aquel dulce demonio caminando nervioso, esperando su llegada, dejó toda duda atrás y decidió descender. La necesidad de ver a Jungkook una vez más superaba cualquier temor.

Cuando Jungkook lo vio, una sonrisa de ternura y nostalgia iluminó su rostro. —Hola, mi hermoso ángel. — susurró, acercándose a él con cuidado, temiendo que cualquier movimiento brusco pudiera romper la magia del momento.

El corazón de Taehyung comenzó a latir con fuerza. La forma en que el demonio lo llamaba lo hacía sonreír inconscientemente, despertando en él una calidez y un confort desconocidos. Dio un paso al frente, acortando la distancia entre ellos, y respondió con una sonrisa tímida pero sincera. —Hola, mi dulce demonio.

La brisa nocturna acariciaba sus rostros, y en ese instante, el mundo parecía detenerse, dejando solo a dos almas reencontrándose en la inmensidad de la noche.


🪽Hola dulces obsesiónadas por el Taekook/KookV.

🪽Esta es una historia corta de cinco capítulos (ya está terminada).

🪽 Esperó que les guste, y gracias por darle una oportunidad a mi pequeño historia.

🌸 Nikki 🌸

🌸

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author

me encanta yu historia te deseo mucho éxitos recién te encontré y ya te sigo gracias y esta historia de verdad que ta me hizo llorar mucho 😢 💔

un mes
author

🥹 Muchas gracias

un mes

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