Saga L.C.P VIII — Una navidad felina

Sinopsis

Finalmente reunidos, Minki y sus hermanos están celebrando sus vacaciones juntos por primera vez en dos décadas. No sólo eso, sino que será la primera Navidad de Minki con el amor de su vida, Jonghyun. En otras palabras, Minki tiene todo lo que un cambiaformas Jaguar puede necesitar. De hecho, es tan feliz que casi no le importa que su hermana se esté peleando con su novio, un cambiaformas Lobo, que dos de sus hermanos estén en desacuerdo debido a que uno le disparó al otro, y que su ciudad esté siendo golpeada con una de las peores tormentas de nieve en la historia de Michigan. Sin embargo, todo cambia cuando su pasado regresa y amenaza con arruinar las vacaciones, lo que obliga a Minki y a sus hermanos a darse cuenta de que algunos problemas no han quedado en el pasado, tal y como esperaban. Entonces, cuando Jeonghan, uno de sus hermanos, desaparece, tienen que actuar juntos o arriesgarse a perderlo para siempre. Minki tendrá que vencer sus problemas a tiempo para salvar a Jeonghan, o esta Navidad será la última que alguno de ellos vuelva a ver.

Genero:
Fantasy
Autor/a:
Kei
Estado:
Completado
Capítulos:
8
Rating
n/a
Clasificación por edades:
16+

Capítulo 1.

—¿Si soy un buen chico me llevarás a ver a Santa? —preguntó Minki mientras caminaban por el centro comercial lleno de gente.

Jeonghan se detuvo sólo el tiempo suficiente para dispararle de nuevo una mirada irritada, algo que Minki había notado que su hermano hacía con una frecuencia alarmante cada vez que se juntaban.

—Chanyeol me hizo jurarle que mantendría un ojo en ti y me aseguraría de que te mantuvieras alejado de los problemas. De alguna manera, no creo que sentarte en el regazo de Papá Noel esté en la lista de las actividades aprobadas por nuestro líder —dijo Jeonghan en un tono fresco y cortante.

La mirada de Jeonghan arrasó el interior del centro comercial mientras se agachaba a la altura de su tobillo para cerrar un poco más su abrigo negro. Minki no quería contemplar el armamento que probablemente llevaba su compañero de camada escondido en sus bolsillos. Jeonghan amaba sus cuchillos y armas de fuego, y no iba a ninguna parte sin al menos media docena de sus bebés a su alcance. El tipo probablemente dormía con una Glock debajo de su almohada.

Algunas personas pasaban cautelosamente cuando Jeonghan disparaba, dando una amplia mirada hacia donde estaba. No es que Jeonghan fuera enorme o tuviera grandes músculos. Estaba más delgado que la mayoría de los soldados de la coalición y sólo era un par de centímetros más alto que Minki. Sin embargo, Jeonghan siempre daba una vibración de ‘no-me-jodáis’, tanto a los seres humanos como a los cambiaformas.

—¿Quién dijo algo acerca de sentarme en las rodillas de Santa? —respondió Minki mientras trataba de asumir su propia pose de tipo duro.

Fracasó miserablemente, probablemente porque llevaba un abrigo rojo y una ajustada camiseta infantil de Lady Gaga. Sin embargo, se ganó un guiño de un hombre que pasaba. No es que tuviera algún interés en ligar de nuevo, ya que estaba locamente enamorado y feliz de su acoplamiento con Jonghyun, un infierno de cambiaformas Tigre muy sexy.

—Ni siquiera yo soy lo suficientemente retorcido para tratar de darle a Santa un baile erótico en su regazo —protestó Minki. Antes de Jonghyun, le gustaba jugar, pero ahora nadie podía tentarlo a alejarse, ni siquiera un hombre con un traje rojo.

—Si te sientas en el regazo de Santa Claus, te tomaré una foto y la publicaré en vuestra página de Facebook. Se puede utilizar para reemplazar la imagen de perfil en la que estáis vestidos de cuero y haciendo cosas obscenas con un oso de peluche —el tercer miembro de su camada, Luhan, se burló cuando los alcanzó y se puso al lado de Minki.

—Fue tu compañero, Sehun, quien me desafió para que pusiera eso en primer lugar —señaló Minki.

Luhan levantó las manos en el aire. —Él nos desafía a todos para que hagamos cosas estúpidas como esa. Tú eres el único que cae y hace lo que quiere.

Luhan se bajó la cremallera de su chaqueta de piel marrón para revelar el delicado suéter azul que llevaba debajo. Minki se preguntó, no por primera vez, cómo el miembro más vainilla de su camada terminó acoplado con un cambiaformas Guepardo gótico e IT, que tenía un ego más grande que el río Flint.

—Le doy a Sehun algo para vivir, además de las computadoras y tú —se defendió Minki.

Luhan levantó una ceja. —Y yo que pensaba que era porque no podías rechazar un desafío.

—Sí puedo.

Incluso Jeonghan se detuvo lo suficiente para darle a Luhan una expresión de incredulidad ante esa afirmación.

«Maldita sea, corres desnudo por el lugar una vez y ya quieren pegarte la etiqueta de temerario». Tal vez la falta de disciplina de Minki lo había metido en algunos líos en el pasado, pero eso no quería decir que pudiera cambiar quién era ni nada como eso. No más de lo que Luhan podría dejar de ser inteligente o Jeonghan dejar de ser tan amenazante.

Luhan le dio un puñetazo juguetón. —No pongas esa mirada en tu cara.

—¿Qué mirada es esa?

—Esa en la que empiezas a dudar de ti mismo. Me gusta lo espontáneo que puedes ser. Antes de que volvieras a casa, las cosas eran muy aburridas, a veces tenía la tentación de correr desnudo, sólo para obtener algo de emoción.

Minki se echó a reír. Aunque tenía muy pocas cosas en común con Luhan, así como con Jeonghan, Minki se sentía más cómodo con el intelectual de la camada. Luhan no sólo era inteligente, además tenía un alto como la mierda IQ, y una memoria fotográfica. Aunque Minki se daba cuenta y debería sentirse torpe y tonto alrededor de Luhan, en lugar de eso sentía como si hubieran estado juntos toda su vida. Se sentía así a pesar de que sólo se habían reunido hacía poco menos de un año.

A medida que se adentraban más en el centro comercial y crecía la aglomeración de cuerpos, se puso tenso. Dado que la Navidad estaba a solo un par de días, parecía que no eran los únicos que habían esperado hasta el último momento para hacer las compras. Trataba duramente de no quedarse boquiabierto mirando los enormes árboles, las guirnaldas rojas y otras decoraciones distintas que los rodeaban. Al crecer, no había podido celebrar las fiestas, y todavía no podía acostumbrarse a toda esa alegría. A juzgar por la expresión del rostro de Jeonghan, no se sentía muy feliz por estar rodeado del espíritu de la Navidad. Incluso transfería algunos de sus ceños fruncidos a la decoración, como si su mera presencia lo ofendiera. A juzgar por lo que sabía sobre el pasado de su hermano, no había celebrado las fiestas como un niño cualquiera. «Ah, finalmente, tenemos algo en común».

Sólo Luhan estaba emocionado. Cuando sonrió, una chispa saltó a sus ojos color ámbar. Señaló a una figura de color rojo de dos metros. —¡Mira, un cascanueces!

—¡Ay!, eso suena doloroso —bromeó Minki sin perder el ritmo. Nunca había sido de los que dejaban pasar la oportunidad de disparar un comentario jocoso.

Los labios de Jeonghan temblaron, pero no sonrió abiertamente.

Aun así, Minki consideró eso una victoria. Las únicas veces que había visto reír a Jeonghan, habían sido cuando tenía a su compañero Vapor alrededor. Incluso eso era raro, ya que Jeonghan y Vapor eran bastante melancólicos, se podría decir que del tipo huraño.

Como si sintiera que estaba pensando en él, Jeonghan le disparó una mirada sucia. —Recuérdame otra vez por qué permitimos que Luhan nos convenciera para venir aquí.

Minki esquivó a un empleado que sostenía una botella de colonia, evitando por poco que lo rociara. Aún así, su elevado sentido felino del olfato todavía se revelaba contra el olor artificial. Dejó escapar una ronda de estornudos antes de ser capaz de responder: —Porque Luhan dijo que tenemos que comprarle a Chanyeol el mejor regalo de Navidad que jamás haya tenido, porque es nuestro líder y hermano mayor.

—Eso no es exactamente lo que dije —señaló Luhan, la expresión de su cara muy seria.

—Perdona. Yo no tengo una estúpida memoria como la tuya. —Minki se acercó y manoseó un montón de nieve artificial que había en la fachada de una tienda de carteras.

—Es memoria eidética —corrigió Luhan, como Minki sabía que lo haría. Incluso después de un corto período de tiempo, Minki ya sabía cuál era la mejor manera de accionar los botones de Luhan. Algo de lo que no tenía la pista, o las agallas, para intentar con Jeonghan.

Minki agachó un poco la cabeza para poder estudiar discretamente a Jeonghan y Luhan, intentando por enésima vez justificar que ellos estaban relacionados con él. Aunque todos eran de la misma camada, Jeonghan y Luhan, tenían el pelo moteado y marrón, donde Minki lo tenía negro. Ellos se transformaban en jaguares normales, mientras que él en uno negro. Y lo que tampoco lo ayudaba a sentirse integrado, era saber que muchos cambiaformas felinos consideraban que los Jaguares Negros eran defectuosos. Minki sabía muy bien que si no fuera porque era el hermano pequeño de Chanyeol, tendría muchos problemas para que lo aceptaran en la coalición.

—Para eso. Estás bien como eres —dijo Luhan en voz baja.

No sorprendió a Minki que Luhan lo leyera tan fácilmente. Minki le dio una pequeña sonrisa de agradecimiento. —No fue eso lo que me dijiste el otro día cuando me reí durante tu práctica de tiro.

Luhan hizo una mueca. —Bueno, ¿realmente tenías que gritar ‘fuego en el agujero’ cada vez que levantaba una pistola?

Minki asintió, tratando en todo momento de mantener una expresión seria. —Era mi obligación moral proteger a las personas inocentes.

Jeonghan caminaba unos pasos por delante de ellos. Mientras su mirada se trasladaba como siempre hacía de un lado a otro escaneando constantemente su entorno, parecía ajeno a la conversación de Luhan y Minki.

—No soy tan mal tirador —protestó Luhan.

—¿En serio? —Minki no trató de ocultar su sarcasmo—. ¿Es por eso que reventaste una cámara de seguridad la semana pasada?

—La bala sólo la rozó.

—Tal vez, pero todavía estabas a más de cincuenta pies del objetivo.

Luhan le disparó un gesto grosero antes de detenerse a admirar un quiosco de gafas de sol. Jeonghan se detuvo de inmediato y dio marcha atrás un par de pasos, demostrando que no era tan inconsciente de su actividad como Minki había pensado al principio.

—Tenemos que conseguir algo realmente especial para Chanyeol —destacó Luhan.

—¿Qué tal un arma nueva? —sugirió Jeonghan, su tono serio y frío como una piedra.

—Ya tiene un montón de ellas. Estaba pensando en algo más sentido y personal. —Luhan se volvió hacia Minki—. ¿Tú qué sugieres? —¿Luhan le estaba pidiendo realmente que añadiera su granito de arena? Wow, quizás Luhan no fuera tan inteligente, después de todo. Minki se obligó a mantener una cara seria al pensar en todas las respuestas que podía darle a esa pregunta, aunque la mayoría de ellas no eran aptas para la empresa que tenían entre manos.

Minki se encogió de hombros. —Pensé en regalarles a su compañero y a él un dildo de dos cabezas, pero si insistís, creo que podemos ir por algo más tradicional.

Una señora mayor que había estado de pie cerca de ellos, dejó escapar un horrorizado grito de asombro. Miró a Minki como si fuera un pervertido con gabardina y fetiches nudistas.

Minki, a su vez, le dio una sonrisa forzada. Luhan murmuró en voz baja: —¿Por qué a mí?

Jeonghan sólo levantó una ceja hacia Luhan.

—No creo que tengan ese tipo de producto aquí —dijo Jeonghan finalmente, al ver a la mujer escabullirse.

—Maldita sea —señaló Minki lentamente—. Supongo que entonces tendremos que conformarnos sólo con una cesta de frutas.

—Eso no es personal en absoluto —sostuvo Luhan.

—Le podemos regalar un Webkinz Wolf —sugirió Minki.

Dado que el compañero de Chanyeol, Baekhyun, era un cambiaformas Lobo, la idea no era del todo una locura. O por lo menos Minki lo creía hasta que captó la mirada incrédula que Luhan le dio.

—Por favor, dime que estás bromeando.

—Tal vez —eludió Minki, suavizando la ligera cadencia de su tono de voz, para vender su media mentirijilla.

—¿Qué tal una tarjeta de regalo? —Jeonghan se puso unas gafas de sol y levantó las manos en un gesto pensativo.

Minki arrugó la nariz y sacudió la cabeza. —Se parecen demasiado a las que llevan los Cuervos.

—Una tarjeta de regalo no es personal en absoluto. Vamos, muchachos, pensad un poco más. Esta va a ser nuestra primera Navidad juntos como una familia, y tiene que ser perfecta —sentenció Luhan cuando le entregó a Jeonghan otro par de gafas para que se las probara.

—Bien. ¿Por qué no les regalamos a Baekhyun y Chanyeol un viaje de fin de semana? —sugirió Jeonghan mientras se probaba las nuevas gafas. Se agachó un poco y se estudió en el espejo.

—¿Crees que les gustaría? —preguntó Luhan, enlazando la esperanza en su voz.

Jeonghan se giró con una graciosa sonrisa en su rostro.

—Creo que les encantaría ser capaces de alejarse de todo por un par de días.

—¿Por qué, te parece que está demasiado estresado? —preguntó Minki, sus intestinos se apretaron de la preocupación. Pensó en Chanyeol, el mero pensamiento de que su hermano fuera infeliz no le sentaba bien.

—No, pero si tú fueras él, ¿no necesitarías un descanso de nosotros tres? —preguntó Jeonghan mordazmente—. Tú sigues actuando como un chico de fraternidad roto. Luhan casi provoca un motín el otro día cuando se presentó en el campo de tiro. Luego tuve ese pequeño incidente en el que perforé a uno de sus generales y dejé pasmado al tipo.

—Eso fue bastante malo de tu parte —acordó Minki, decidiendo ignorar el golpe de ‘chico de fraternidad’.

Jeonghan acurrucó un labio.—El idiota no debería haberle faltado al respeto a Chanyeol.

Bueno, tal vez Jeonghan tenía un punto ahí. Sin embargo, Minki no podía verse a sí mismo yendo tan lejos. Eso es, si tuviera la habilidad. A pesar de todas las sesiones de entrenamiento extras que Jonghyun le había dado, todo lo que Minki había logrado eran los movimientos más básicos a la hora de luchar. La única cosa que le daba un poco de orgullo era el hecho de que se estaba convirtiendo rápidamente en uno de los mejores tiradores de la coalición.

—No todo el mundo salió corriendo cuando me presenté en el campo de tiro —se defendió Luhan en un tono ligeramente herido.

Jeonghan pagó las gafas antes de dispararle a Luhan una mirada de reojo. —Tienes razón. Yoongi se quedó por un tiempo. Por supuesto, eso puede ser porque está ciego. Sin embargo, una vez que captó tu olor, incluso él arrancó los motores.

Luhan no discutió, en su lugar se quejó. —De todos modos, ¿qué diablos hace un hombre ciego en un campo de tiro?

—Dicen por ahí que estaba tratando de encontrar a un viejo amigo de Minki. —Jeonghan se agachó y se quedó mirando su reflejo de nuevo.

Eso animó a Minki. Antes de que llegara a vivir a la coalición, unos cuantos de sus amigos y él se habían unido para poder sobrevivir. Todos eran cambiaformas de diversas razas, y habían estado juntos hasta que fueron atacados y mantenidos secuestrados durante un año. Si bien todos ellos habían sido rescatados y vivían cerca, Minki ya no los veía a la mayoría de ellos muy a menudo.

—¿A quién exactamente estaba buscando? —preguntó mientras miraba cómo Jeonghan continuaba acicalándose delante del espejo.

—Al Halcón. —Jeonghan comenzó a pasarse sus dedos por el pelo.

El acto mostró un lado vanidoso de sí mismo que Minki nunca le había visto antes.

—¿Jimin?

Eso era interesante. Desde que Jimin había pasado por mucha mierda, incluso antes de ese año de cautiverio, casi nunca llamaba la atención sobre sí mismo. De hecho, fue una sorpresa que el Halcón dijera más de un par de palabras desde que se conocían.

—Sí, a él.

—¿Qué podría Yoongi desear de Jimin?

Jeonghan se encogió de hombros. —Dijo algo acerca de que el Halcón le había robado algo.

—Eso no suena como Jimin en absoluto. Antes de que lo lleváramos con nuestro grupo, estuvo a punto de morir de hambre porque se negó a robar comida de la tienda.

—Yo podría haber sido capaz de enterarme de algo más, pero en ese momento captó una bocanada del aroma de Luhan y salió corriendo.

Luhan comenzó a discutir con él, pero Jeonghan no le prestó atención. En cambio, se inclinó más y bajó las gafas, su mirada parecía fija en algo que se reflejaba detrás de ellos.

Una punzada bajó por la espalda de Minki cuando sintió el impulso abrumador de darse la vuelta. En ese mismo momento, su cuerpo se congeló por el temor de lo que podría haber detrás.

—¿Jeonghan? —susurró Luhan, su voz temblaba ligeramente.

Luego, el dulce y empalagoso aroma que perseguía a Minki en sus pesadillas lo golpeó. Un sonido suave que se negó a admitir que era un gemido, pasó junto a sus labios. Un sudor frío sobre su cuerpo mientras luchaba contra el impulso de tirarse al suelo en la clásica y cobarde posición fetal.

¡Cuervos! Las aves estaban a unos metros de distancia, a pesar de que estaban en medio de un centro comercial lleno de testigos, lo que significaba que estaban desesperados. Lo que a su vez, sólo podía significar que Minki y sus hermanos estaban de mierda hasta el cuello.

Siguiente Capítulo