🪖 NOS VOLVEREMOS A VER 🪖 [❤️🔥KOOKMIN❤️🔥]

Sinopsis

"Seré el chico que se enamora de ti en un día gris. Otra vez. Una y otra vez" ∘₊✧──────✧₊∘ Jimin y Jungkook son dos almas jóvenes atrapadas en una época que no perdona lo diferente. Entre miradas furtivas y silencios que lo dicen todo, lo que empieza como amistad se transforma en un amor que desafía las reglas y los prejuicios de su tiempo. Pero la guerra llega para separarlos, arrancándolos de la inocencia y enfrentándolos a la distancia, al miedo y a la incertidumbre de un futuro que parece desvanecerse. En medio del caos, cada recuerdo se convierte en refugio. Cada promesa, en un lazo imposible de romper. ✨ Esta es la historia de un amor prohibido, de la esperanza que se aferra incluso en la oscuridad, y de dos corazones destinados a encontrarse... siempre. ════ ✦✦ ✦✦ ════ 🌈 Historia de amor entre dos chicos. Si no es tu estilo, simplemente sigue de largo ✨. 🔞 No es una novela explícita, pero sí contiene escenas sensibles y temas como guerra, pérdida y amor prohibido. 📖 Novela corta. 😭 Angst asegurado. 📵 No autorizo adaptaciones, copias ni reposts en otras plataformas. Esta historia es 100% original y de mi autoría. 📝 Esta historia no busca contar la guerra, sino lo que el amor deja en medio de ella. 🤍 Es para los que amaron aunque no pudieron decirlo en voz alta. 🌙 Porque algunos amores están destinados a existir, aunque el mundo no los entienda.

Genero:
Young Adult
Autor/a:
MinMinnie94
Estado:
Completado
Capítulos:
13
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

🪖 Capitulo 1 🪖

La lluvia golpeaba con suavidad la tierra embarrada de la trinchera, como si el cielo también llorará por los que ya no están. Jimin se sentaba con la espalda apoyada en la pared húmeda de madera, la cabeza gacha, el fusil entre las piernas. El olor a pólvora y humedad lo envolvía, mezclándose con el persistente sabor metálico de la sangre seca en sus labios. El barro se colaba por las botas, y por el alma.

Cerró los ojos por un momento, dejando que el sonido lejano de los cañones se fundiera con los recuerdos que no podían escapar.

Pensó en Jungkook.

No solo era el nombre de un hombre, sino la marca indeleble de su juventud, el latido más profundo de su corazón que, aunque ahora parecía apagarse, seguía latiendo en la memoria como un eco inextinguible.

Entre los sonidos de las bombas, los gritos de sus compañeros, y los disparos que estallaban como truenos a distancia, pensó en la primera vez que lo vio. Lo recordaba todo con una claridad casi dolorosa.

El viento se coló entre las ramas de los árboles cercanos y trajo consigo el olor del musgo y la tierra mojada, como si la naturaleza misma quisiera arrastrarlo a ese otro día, años atrás. Aquel en que todo comenzó.

Era un día gris, parecido a este.

El instituto no era un lugar para soñadores, y menos para dos chicos como ellos.

Jimin tenía diecisiete años y era su primer día en aquella escuela nueva, la tercera en menos de dos años. Su padre, un funcionario del gobierno, tenía la habilidad de arrancarlo de cada ciudad justo cuando empezaba a asentarse. Prometía que cada traslado sería el último, pero después de tantas veces, esas palabras ya eran solo eso: palabras.

Aquella mañana, Jimin se había vestido con el uniforme protocolario. Una camisa blanca recién planchada, unos pantalones de pinza beige y el pelo cuidadosamente repeinado hacia atrás, como su padre insistía. Cruzó la calle frente al edificio de ladrillo rojizo del instituto, con la mochila colgando flojamente del hombro, y el corazón pesándole más que los libros que sostenía en su pecho.

No era buen haciendo amigos. Había aprendido a no intentarlo. De todos modos, no se quedaría el tiempo suficiente.

Avanzó hacia la puerta principal con la mirada baja, mordiéndose nerviosamente los labios, cuando una carcajada masculina cortó el aire. Instintivamente levantó la cabeza.

Y lo vio.

Estaba apoyado contra la verja, riéndose con un grupo de chicos. El uniforme le sentaba con una naturalidad molesta. Tenía el pelo negro, peinado con cuidado, aunque un mechón rebelde caía sobre su frente. La mandíbula bien marcada, los ojos grandes y brillantes, como de un ciervo sorprendido por la luz. Pero no era solo su aspecto. Era su aura. Había algo en él, una calma segura, una calidez que no se podía explicar. Una forma de estar que se sentía como hogar.

Quizás, Jimin lo había mirado demasiado tiempo, porque en algún momento, esos ojos lo encontraron. Jungkook sostuvo la mirada apenas un instante. Jimin sintió una corriente eléctrica recorrerle el pecho. Se obligó a esbozar una tímida sonrisa, bajó la cabeza, y siguió su camino hacia el interior.

Su corazón se había acelerado.

Y eso... eso no estaba bien.

—¡SOLDADO PARK! —escuchó.

La voz del capitán lo sacó de golpe del recuerdo. Jimin se enderezó. El hombre le hacía señas con el brazo, gritándole que se preparara, que alzara el arma.

Asintió sin pensar, su cuerpo reaccionando por costumbre.

Pero su mente seguía allí, en aquella verja, en aquellos ojos.

Por la noche – se dijo, mientras se ponía en pie con esfuerzo –, por la noche podría volver a pensar en él.