Tormentoso Escándalo

Sinopsis

Se suponía que ese sería un día tranquilo, o al menos eso era lo que Colin pensaba. Cuándo el globo de la feria en Mayfair se sale de control, el caos explota a su alrededor y no solo por el posible accidente que puede ocurrir, sino por una cierta chica con el cabello cobrizo que desde hacia varios días y noches no dejaba de atormentar el corazón de Colin, y que por ese día, parecía que no buscaba otra cosa más que hacerle perder el control.

Genero:
Romance
Autor/a:
LadyKateMorgan
Estado:
hace 9 meses
Capítulos:
4
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

Capítulo 1

Oh Dios, oh Dios, oh Dios....

Colin no podía creer que esto estuviera sucediendo. O la verdad si, si podía, en especial si comenzaba a hacer un catastro mental de todos los hechos que habían acontecido desde su llegada a Mayfair luego de estar 6 meses en el extranjero y que no habían hecho más que atormentar su existencia, pero por sobretodo su corazón. Si Colin tuviera alguna metáfora para describir lo que había vivido hasta la fecha, tendría que decir que su vida se había transformado de pronto en una caja de Pandora dónde solo el caos reinaba y que parecía que su único propósito era el castigarlo. Si, castigarlo por todos sus pecados que había cometido porque tanta mala suerte no podía ser casual.

Pero que situación más inoportuna, pensó él rechinando los dientes. Se suponía que ese sería un día tranquilo y divertido en esa feria dónde finalmente se las arreglaría para buscar cualquier oportunidad que tuviese para tener a Penélope a solas y hablar de lo que tanto había atormentado sus días y noches desde entonces.

El beso.

Aquel simple, glorioso y maldito beso.

Pero el destino, para variar, parecía tener otros planes para él, porque sin importar que intenciones tuviese, estas tendían a encontrar su terrible final antes de siquiera comenzar. Y no se refería solo al hecho de que apenas pusieron un pie en ese lugar Penélope fue secuestrada de manera inmediata por Lord Debling porque si, secuestro es la palabra que Colin tenía en mente para describir la forma descarada que tenía ese hombre de monopolizar a Pen y que hacían que él quisiera arrollarlo con un caballo. Sino al posible accidente que estaba a punto de ocurrir sino hacían bajar pronto a tierra ese globo aerostático.

Un sudor frío le recorrió la espalda mientras corría en dirección a la plataforma de madera en el centro de ese parque siendo acompañado a sus espaldas por dos individuos que, sin necesidad de ver, Colin supo que se trataban de su buen amigo Will y su hermano Benedict. Corrió como si el diablo lo persiguiera, con la mirada fija en las cuerdas que aún sostenían al globo en su lugar y rogando internamente que pudieran soportar un poco más, ya que una de ellas se había soltado y solo era cuestión de tiempo para que las otras le siguieran.

No obstante, Colin confiaba en que su experiencia pudiera serle útil en estos momentos, ya que no era la primera vez que se enfrentaba a una situación de este tipo. En su último viaje a Grecia, el barco en el que viajaba atravesó una zona de tormenta que obligo a varios de los pasajeros, incluyéndole, a colaborar con los marineros en cubierta para sostener las velas en su lugar mientras eran azotados no solo por las inclemencias del tiempo sino por el violento golpeteo de las olas que movían el barco de un modo que les hizo empalidecer a todos y los mantuvo rezando por sus vidas durante horas. Pero ahora, no había tormenta y estaban en tierra, por lo que se suponía que tarea debería ser más sencilla que en aquel momento. O al menos, eso esperaba.

Recordando lo que sucedió estando en el barco y sin pensárselo dos veces, Colin se deshizo de su largo abrigo marrón al sentir que le estorbaba, dejando que cayera al suelo de forma despreocupada y comenzó a desabrocharse los botones de las muñecas para poder arremangar su camisa hasta los codos, preparándose para lo que se venía. Si bien su mirada estaba en el globo, otra parte de él, una más instintiva y profunda, le gritaba una y otra vez que buscara a Penélope entre la multitud que se agolpaba cada vez más cerca de la plataforma para asegurarse que estuviese a salvo. Pero, maldita sea, no tenía tiempo, así que solo esperaba que estuviera lejos de ahí así fuese que estuviera cerca de Debling. Aunque en su fuero interno, Colin rogó que para esas alturas su madre ya se la hubiese llevado frente a tal conmoción.

-¡Apártense todos! – gritó él de manera autoritaria sin darse cuenta mientras subía a la plataforma y agarraba una de las cuerdas con firmeza, tirando hacia atrás del mismo modo que en el barco.

Su iniciativa no pasó desapercibida, ya que otros hombres siguieron su ejemplo, subiéndose a la base y cogiendo las cuerdas. A sus espaldas, Colin se dio cuenta que Will y Benedict estaban sosteniendo la misma cuerda que él, tirando en la misma dirección, algo que al tercero de los Bridgerton le hizo sonreír.

-¡¿Qué hacemos, Bridgerton?! – le gritó Will, su rostro deformado por el esfuerzo que le suponía tirar de la cuerda a pesar de que no lo estaba haciendo solo. Algo sorpresivo, si se consideraba que de todos los que se encontraban ahí, el boxeador debía ser el hombre más fuerte – ¡Esta cosa saldrá volando si no hacemos algo!

-¡Hay que volver a amarrar la cuerda que se soltó! – le gritó Colin de vuelta, apretando los dientes frente al esfuerzo de sostener la cuerda - ¡Con eso el globo se mantendrá en tierra!

-¡¿Y cual es esa cuerda?! – le gritó Benedict que a poco parecía que se iba a caer por la borda de la plataforma.

Pero antes de que pudieran decir algo más, el globo pareció moverse e inclinarse a un costado, arrastrando a todos con ese movimiento. La multitud alrededor lanzó un grito ahogado al ver la escena.

-¡Todos, mantengan un pie atrás y el otro al frente y doblen las rodillas para estabilizarse! – ordenó Colin, que sin darse cuenta parecía que se había transformado en el capitán de ese desafío.

Sorpresivamente, todos le obedecieron, siguiendo su ejemplo de buena gana y logrando, gracias a su dirección, resistir en su posición. La amenaza del globo, sin embargo, hizo que Colin decidiera barrer el entorno con la mirada para asegurarse que todos estuvieran bien, pero cuándo lo hizo, sus ojos captaron algo que le heló la sangre.

Cerca de la base y junto al lago, estaba Penélope de pie junto a Lord Debling. Sus hermosos ojos azules estaban observando con preocupación la escena mientras que el hombre a su costado se mantenía impasible con su mirada también puesta en lo que estaba sucediendo.

Colin tragó saliva y un escalofrío de placer le recorrió la espalda al ver que Penélope alzaba su mano, cual blanca porcelana, hasta cubrir sus labios como si quisiera ahogar un grito desesperado. La situación en definitiva no lo ameritaba, pero Colin no pudo evitar quedarse mirando de manera fija esa dulce, jugosa y gruesa boca que hacia solo un par de noches atrás había sido reclamada por la suya. Todavía podía sentir la presión de sus labios, besos frenéticos y húmedos, su lengua luchando con la suya, la calidez de su aliento en el rostro y el sonido celestial de sus gemidos cuándo recorrió su blanca garganta como un hombre hambriento.

Como si la intensidad de su mirada la hubiese llamado de algún modo, Penélope, que hasta ese momento había tenido sus ojos fijos en la escena global, ahora se enfocó únicamente en Colin. El choque de sus miradas fue, en una palabra, explosivo, haciendo que el corazón del muchacho a poco se detuviera al interior de su pecho y que la chica se ruborizara con fuerza, algo que a él le hizo sonreír, pero no por no mucho tiempo, ya que ella desvió la mirada de la suya de manera automática y comenzó una lenta pero temblorosa marcha en reversa, como si quisiera huir de su intensidad.

Lo que vino después, solo podría ser descrito como aberrante. La materialización de las peores pesadillas de Colin.

Debido a que Penélope no se estaba fijando por dónde estaba caminando, su pie se enredó con la arrugada manta en el suelo, haciendo que tropezara y cayera hacia atrás. Colin ni siquiera alcanzó a gritar que tuviese cuidado, cuándo un brazo cubierto por un elegante abrigo grisáceo le rodeó ágilmente la cintura y la sostuvo antes de que su espalda chocara contra el suelo.

-¡Señorita Featherington! – exclamó Lord Debling mientras la sostenía en sus brazos - ¿Está bien?

El rostro de Penélope se había deformado por el susto y su piel ahora parecía casi traslúcida.

-Oh Dios – gimió ella, sosteniéndose de forma instintiva de su brazo que aún se mantenía con firmeza en su cintura, desviando por un instante la mirada de Colin.

Lord Debling entonces, depositó a Penélope con cuidado sobre las mantas y se arrodillo a sus espaldas, retirando su brazo, pero manteniendo su mano en su cintura mientras que la otra la sostenía de los hombros para mantenerla erguida.

-Señorita Featherington, ¿se encuentra usted bien? – preguntó Lord Debling por segunda vez en un tono que Penélope solo pudo describir como genuina preocupación.

Conteniendo el aliento por la impresión, la chica giró su rostro para encontrarse con los cálidos ojos de él, mirándola con tanta ternura como un hombre miraría a una mariposa herida. Pese a la situación y su evidente estado de shock, una ligera sonrisa se formó en sus labios ante eso, ya que nunca en su vida creyó que un hombre como él se interesaría en alguien como ella. Era una lástima, sin embargo, que ella no pudiera corresponderle como le hubiese gustado.

-Estoy bien, milord – le aseguró Penélope cuándo pudo hablar, sin darse cuenta de que él aún que tenía sus manos en su cuerpo – Muchas gracias.

Penélope se dio un par de segundos para respirar y tranquilizar su corazón, ya que, de no ser por el cálido hombre a su costado, probablemente se habría golpeado la cabeza al caer de espaldas. Los cojines que se encontraban regados por el suelo estaban lejos de ella así que nada hubiese minimizado el impacto ante una caída, por lo que debía considerarse afortunada de que Lord Debling haya podido reaccionar tan rápido.

Cuando pudo tranquilizarse finalmente, dejó que sus claros ojos azules volvieran a la escena de su interés antes de aquel casi accidente y cuándo lo hizo, toda la sangre abandonó su rostro dejándola tan pálida como un fantasma.

Colin.

Pero no era él.

En su mente, Penélope estaba acostumbrada a aquel chico cálido y despreocupado de carácter agradable, carismático y divertido que parecía que no se tomaba nada particularmente en serio. El Colin gentil que la miraba con ternura o con quién se reía de cualquier cosa en los bailes. El Colin que la había besado con tanto fervor hacia noches atrás en su jardín, ese mismo jardín dónde él había anunciado hacia un año atrás que jamás la cortejaría. Había sido un favor, ella lo sabía y estaba, hasta cierto punto tranquila con ello.

Pero este Colin era...aterrador.

Su rostro, siempre gentil y relajado, estaba deformado por una emoción que Penélope solo pudo describir como ira. Esa característica chispa traviesa en sus ojos había sido reemplazada por un brillo asesino, depredador y casi animal que a ella le generaron unos terribles escalofríos. Sus ojos azules, cuales zafiros de calidez, se habían vuelto fríos, ensombrecidos y tormentosos bajo un marcado ceño fruncido que le otorgaban un aura casi despiadada y lo peor, es que estaban fijos en ella de un modo tan penetrante que ella creyó que le quemaría la piel si la seguía mirando de ese modo.

Por su parte, Colin Bridgerton apenas si podía respirar.

Lord Debling era un cadáver y aún no lo sabía. El tercero de los Bridgerton pudo jurar que vio rojo cuándo su mirada se posó en el lugar dónde el próximo difunto de Mayfair tenía la mano en ese momento.

La cintura de Penélope.

La estaba tocando.

Él.

Estaba.

Tocándola.

Enojado ni siquiera se acercaba a la palabra que usaría para describir lo que estaba sintiendo en su cuerpo en esos momentos, porque esa sensación abrasadora, como la de un volcán a punto de hacer erupción en su interior no podía ser solo enojo. No, era furia, una furia tan terrible que hizo que el cuerpo entero le empezara a temblar y sus dedos se apretaran con tanta fuerza alrededor de la cuerda que a poco supo que le quedarían las marcas en la piel.

Como se atreve, pensó él. Como se atrevió a tocarla. A ella. A su dulce e inocente Penélope.

Ese hombre estaba suplicando por su muerte.

-¡Bridgerton! ¡¿Qué haces!? ¡Todavía tenemos trabajo aquí! – le gritó Will y una parte de él, una muy profunda, le agradeció enormemente por su intervención porque sino lo hubiera hecho, habría soltado la cuerda y habría saltado de esa plataforma para estrangular a Debling.

Intentó centrarse, tratando de sacar la imagen de la mano de ese hombre sobre la cintura de Penélope de manera momentánea para poder concentrarse en la tarea que debían realizar. El estúpido globo aún no terminaba de estabilizarse y a cada momento que pasaba, parecía que se perdía mas el control de el.

-¡Esta cosa no se queda quieta, Col! – le gritó Benedict quien se notaba que tenía problemas - ¡En algún punto nos arrastrará!

Colin a poco ya tenía suficiente de todo eso.

-¡Que alguien agarre la maldita cuerda suelta para que podamos amarrar esta cosa de una buena vez! – explotó él sin preocuparse del decoro en lo más mínimo. Entre más rápido terminaran con eso, más rápido iría a partirle la cara a Lord Debling o tal vez, lo ahogaría en el lago. Cualquiera de las dos opciones sonaba bien para él.

-Yo lo haré – anunció una voz a sus espaldas que, sin necesidad de alzar el tono, se notaba el poderío y la concentración de mando ahí. Era un tono que no admitía cuestionamientos de ningún tipo y que nadie se atrevió a contradecir.

Colin no dijo nada, ya que en realidad no le importaba quién fuera, pero de todos modos no pudo evitar ponerle atención al hombre vestido elegantemente que pasó corriendo a su lado para agarrar la cuerda suelta seguido de otros dos que Colin reconoció como Lord Cho y Lord Basilio.

Una vez en posesión de la cuerda, el hombre, que ahora el tercero de los Bridgerton pudo ver que poseía cabello negro, tes blanca y ojos oscuros, le hizo un gesto de asentimiento dando a entender que tenía todo en orden lo que hizo que Colin le devolviera el gesto, ya que tenía claro lo que tenía que hacer ahora.

-¡Escuchen con atención! – gritó él sintiendo el sudor en su frente y ardor en las palmas de sus manos producto de la fricción, algo que estuvo seguro que los demás también estaban sufriendo pero posiblemente en dimensiones mucho peores que las suyas por la falta de costumbre. Tenían que terminar con eso pronto - ¡A la cuenta de tres, necesito que todos jalen sus cuerdas hacia atrás al mismo tiempo para mantener el globo en su lugar!

-¡Buen Dios! ¡De acuerdo, pero rápido, Bridgerton! – le gritó una voz desesperada a su izquierda que Colin reconoció como la de Lord Lumley.

Los ojos de Colin entonces se dirigieron al frente hasta chocar con el hombre que había pasado a su costado. Su rostro, pese al esfuerzo, se veía tranquilo, sereno, como si supiera que todo estaría bien.

-¡Cuando el globo este en posición, estiren su cuerda a todo lo que dé para poderla amarrar en el soporte que se encuentra en el suelo a sus espaldas! – le indicó él con voz grave y cansada.

El hombre asintió entendiendo y miró sobre su hombro.

-Ya lo escucharon. Manténganse firmes – les señaló él a sus acompañantes con esa voz tan calmada, pero poderosa a la vez, poniéndose en posición y preparándose para hacer lo que se le dijo.

Colin entonces, barrió una vez más su entorno con la mirada para asegurarse que todos estuvieran preparados, evitando a propósito el lugar dónde se suponía que Penélope debía seguir con Lord Debling para no perder la concentración. Cuando supo que todo estaba en orden, gritó:

-¡A la cuenta de tres, jalen hacia atrás! – ordenó él una vez más - ¡1! ¡2! ¡Ahora!

De forma coordinada, todos los hombres sobre la base tiraron de sus respectivas cuerdas hacia atrás, enderezando el globo y permitiendo que el hombre frente a Colin junto a Lord Cho y Lord Lumley pudieran estirar la cuerda hasta lograr llegar al soporte en la plataforma. Colin alcanzó a escuchar como el hombre les dijo a ambos Lords que sostuvieran la cuerda mientras la amarraba y al hacerlo, Colin captó un detalle del nudo que le llamó mucho la atención, ya que se le hizo muy familiar. La forma en que giraba y envolía la cuerda en un intricado patrón... Pero por supuesto. Ahora entendía porque se le hacía tan familiar. Era el típico nudo que realizaban los marineros en un barco.

Una vez finalizado el nudo, el hombre levantó el rostro hacia Colin y le hizo un ligero asentimiento, dando a entender que estaba listo.

-¡Ahora todos, suelten la cuerda! – ordenó Colin, liberando finalmente sus manos y observando con orgullo como el canastillo del globo se posiciono de manera firme sobre la base y sin posibilidad de escape ahora que la cuerda suelta había sido amarrada.

A su alrededor, más de la mitad de los hombres se desplomó sobre la plataforma producto del cansancio, siendo solo él y Will los que permanecieron de pie, sin contar al hombre misterioso frente a sus ojos que ahora se alzaba en toda su estatura sin mostrar mayor emoción en su rostro. Incluso Benedict se encontraba ahora de espaldas sobre la grama del suelo bajo la plataforma tratando de recuperar el aliento.

Pronto, el sonido de sus respiraciones entrecortadas fue reemplazado por aplausos que iban más y más en aumento a medida que transcurrían los segundos, pero Colin no les prestó mayor atención, ya que su interés estaba en el hombre que había realizado aquel nudo de marinero.

Como si le estuviera leyendo la mente, el hombre en cuestión se le acercó en un par de simples zancadas hasta quedar frente a él, dedicándole una mirada de admiración y respeto.

-Buen trabajo – le señaló como quien no quiere la cosa – Impresionante sin lugar a dudas. Hacia mucho que no escuchaba a alguien dar ordenes como esas.

-Gracias por tu ayuda – le agradeció Colin ignorando lo que dijo – Puedo preguntar, ¿dónde aprendiste a hacer ese nudo?

El hombre en cuestión dejó escapar una pequeña pero marcada risa.

-Del mismo lugar dónde tu aprendiste a dar órdenes como esas – comentó él con esa voz tan calmada, pero con un ligero acento que Colin no pudo recordar de dónde era – Arriba de un barco.

Como si fuera posible, la sonrisa de Colin se enanchó.

-No pareces un viajero – le señaló divertido.

El hombre se encogió de hombros.

-Eso pasó en mis años de juventud – explicó con algo de nostalgia – Lamentablemente, mis responsabilidades actuales me mantienen anclado a mi pueblo, pero conservo algunos trucos que aprendí durante esos años, aunque rara vez tengo la oportunidad de usarlos.

-Por fortuna, hoy fue el día en que los necesitábamos – le indicó Colin con voz cansada y entonces, le tendió la mano – Colin Bridgerton. Es un placer.

-El placer es mío, Señor Bridgerton – le respondió él de manera formal estrechando su mano – John Stirling, Conde de Kilmartin.

Continuará....

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