Te protegere

Sinopsis

Miguel vio morir a su estrella, a su todo, a Lucifer y llorar por lo que nunca fue. Deseo con toda su existencia que volvieran esos tiempos donde aun tenia a su amado, donde eran ellos dos. Deseo otra oportunidad y confesar el amor que nunca fue, de proteger lo que siempre debió proteger. Sin saber si fue intervención de Dios o una muy mala pesadilla vio a Lucifer a su lado, en el cielo, sonriendo para él. "Esta vez te protegeré, con mi vida."

Estado:
hace 9 meses
Capítulos:
11
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Clasificación por edades:
18+

Prólogo

Miguel siempre amo a Samael, a pesar de todo lo que había pasado, del dolor de ser el quien lo desterrara del paraíso y lo viera convertirse en un ángel caído lo amo con toda su existencia.

Solo odio que escogiera a Lilith antes que, a todos ellos, que, a sus hermanos que, a su padre, que a él mismo.

Pero no podía odiar a su luz, a la estrella más brillante del cielo, el que un día fue considerado el príncipe de este, el favorito de Dios y que su caída le había dolido más que a nadie.

Pasaron eones desde que había dejado de ver al que ahora se llamaba Lucifer, no quería saber de él, su corazón no podía con el dolor de que habían sido abandonados.

Todos ellos habían crecido como hermanos, no lo eran, pero se consideraban como eso. El primero de todos ellos había sido Samael, y con el paso de los minutos habían salido cada uno de ellos.

Samael a pesar de ser el mayor de todos, era el más frágil desde su punto de vista, el más puro e inocente de todos.

Se suponía que ellos eran seres neutros, pero había salido un pequeño defecto que su padre no había considerado y salieron las castas.

Omegas, betas y alfas.

Los arcángeles omegas habían sido Samael, Leroy, Cassiuss y Rafael.

Los que eran alfas habían resultado ser Miguel, Azrael, Joel

Mientras que los betas eran Galim, Gabriel, Leonardo y Uriel

Los betas eran los más “normales”, por decirlo de una manera, una balanza entre la fuerza y la delicadeza, los betas tendían más a una naturaleza de justicia.

Los alfas su instinto se iba proteger y luchar por su familia, la fuerza física siendo un punto imprescindible para ellos y cuidar de su familia. Eran imponentes, pero cálidos. La voz, ese mandato que tenían les fue dado para proteger no para controlar. Para llevar la paz, no para dominar.

Mientras los omegas eran la vida, la creación, lo más puro que había. La dulzura corría por cada una de sus partes y sus alas eran las más bellas que había dentro del cielo, ligeras para que ellos pudieran moverse con gracia y ser escurridizos. Las más bellas habían sido las de Samael.

Podían ser frágiles, pero tenían un instinto de protección feroz cuando sentían la amenaza a alguno de su familia.

Su fuerza no estaba en lo físico, era más el instinto lo que los guiaba, lo que decía que debían de hacer y cómo hacerlo.

Samael era un ejemplo de ello.

Si, era delicado, puro y hasta a veces su belleza podía parecerte frágil. Pero su espíritu era tan fuerte que podía imponer el respeto como un alfa.

Comandaba todo un ejercito sin miedo, con precisión, con disciplina y a la vez con ese cariño y amor que poseen los omegas hacia los demás, hacia su gente.

La convivencia entre ellos había sido complicada en un principio, no por complejos de inferioridad o superioridad.

Por lo desconocido que era todo.

Como los alfas podían lastimar a lo que podían proteger y su miedo de eso, Joel teniendo más presente esto, pensando en que su poder podía destruir todo.

Los omegas luchando por encontrarse y creer que eran más que seres frágiles, Samael siendo una gran inspiración para ellos, el primero en ser creado, el primero que por instinto sabía qué hacer.

Los betas en creer que no habían sido bendecidos con ser algo de los otros dos, excluidos, pero la convivencia les enseño que dentro de ambos debían estar ellos, para llevar la paz, para impartir justicia desde un punto neutral, Galim siendo un buen ejemplo de esto.

Al principio Dios creyó que había cometido un error al hacerlos así, pero al ver como entre ellos 3 se complementaban a la perfección, pensó que era lo adecuado llevarlo a los seres humanos.

Con Adan y Lilith.

Los hizo a ambos alfas, no por despreciar a sus bellos omegas y betas. Solo quería que los primeros humanos tuvieran ese instinto de protegerse mutuamente.

Y ahí comenzó lo que Miguel diría su desgracia.

No congeniaron, para nada y sin que se dieran cuenta alguno de ellos, Samael había quedado (a consideración suya), encaprichado con Lilith.

La miraba como su todo en el universo.

Pero Miguel no podía ver esa reciprocidad en los ojos de Lilith.

Samael decía que su omega estaba feliz con ella, que era con ella con quien quería estar.

Y por su amor, por darle su libertad a Lilith, a su alfa, desafió a su padre, a todos ellos.

Creerse superior a cada uno de ellos. De darle el fruto prohibido a Eva, la omega de Adán.

Y su padre lleno de enojo lo había expulsado junto con Lilith al inferno por su orgullo, por desafiar.

Y le impuso nunca poder lastimar a un pecador.

Fue la ultima vez que lo vio, herido derramando su sangre dorada por el filo de su espada, su alfa interior llorando por el omega que había lastimado.

El cielo en cierta forma se apagó, su luz había caído y una parte de ellos también.

Pero para Miguel y Dios lo fue más.

Dios por ver a su favorito en el infierno, sabiendo que su estadía allí no sería grata.

Miguel porque nunca pudo confesarle su amor a Samael.

Si, crecieron como hermanos, pero no lo eran. Y Miguel jamás vio a Samael como un hermano, siempre lo vio como algo más, como algo que su alfa anhelaba cuidar y amar por el resto de la eternidad.

Pero al escoger a Lilith se resintió, de que ella pudiera tenerlo, pero no él, de que su omega hubiera escogido a la alfa.

Y paso eones odiando el amor que aún le tenía, del anhelo de su alma de verlo y decirle vuelve.

Se sumergió tanto en ser el nuevo príncipe del cielo que cuando menos vio, Lucifer ya era cada vez más olvidado por sus responsabilidades. Su corazón no olvidaba, pero su mente gobernó más que el primero.

Y cuando sintió las barreras del cielo caer, supo que algo andaba mal, más cuando al llegar junto con sus hermanos a donde el cielo había resultado más afectado, la esencia de Lucifer estaba presente. Su gracia divina.

Pensó que se trataba de un ataque, que sin pensarlo dos veces y con el sentido del deber, bajo al infierno mucho más rápido que sus hermanos.

Pero a lo lejos vio a Emmeli, buscando destruir un arma junto con demás demonios.

No vio a Lucifer en ningún lado y eso le dio más mala espina.

Vio a su hija, Charlie creía se llamaba, y en cierta forma le alegraba que se pareciera a Lucifer, no hubiera soportado que esta se viera como Lilith.

Se escondió, escuchando a cada uno de ellos.

Y luego lo vio. A Lucifer. A Samael. A su amor.

Vio como lucho por salir de donde estaba, como la sangre dorada caía por cada parte de su ser, tosiendo y respirando con dificultad, sentándose y apoyándose del arma destruida y viendo a la nada.

Vio con dolor como todos e incluso su hija que lo había visto, lo dejaban ahí tirado, como si él no importara, como si creyeran que él se levantaría tarde o temprano.

Y Miguel se acercó, dejando la espada tras de si y abrazo al rey del infierno apretándolo suavemente y soltando lagrimas sin que pudiera controlarlo.

-Oh, mi luz, que te hicieron.

Lucifer en un principio se sorprendió, luego paso el miedo en sus ojos y al final la vergüenza. Era la primera vez que se veían en eones y Miguel lo tenia que ver de esta forma.

-Miguel, yo…

Y Miguel no podía ver a ese omega indomable y gentil, veía un omega roto y cansado, lleno de dolor que Miguel no sabía como manejarlo, teniendo una chispa de culpa por que el fue quien lo llevo al infierno.

-Lo lamento tanto, lamento haberlos dejado a ustedes, por lo que creí amor, por creer que estaba haciendo lo correcto, por llevarme por mi orgullo.

Veme ahora, mi orgullo me llevo a años de depresión por una mujer, por una alfa que amaba la libertad que le di, pero no me amaba. Por una alfa que me abandono hace tantos años.

Por una hija que creyó todo de su madre y ahora cree que puede tratarme como basura por años de ausencia que yo no quise que pasaran.

Un reino que no me respeta, que me ven como menos por ser un rey sin poder. -

Miguel por cada palabra que le decía el omega sentía su corazón romperse y su lado más resentido un si no te hubieras ido, si me hubieras escogido no estarías pasando esto, pero guardo silencio.

-Fue un infierno para mí que no deberías tocarme por lo impuro que soy ahora.

-No digas eso Lucifer, para mí siempre seguirás siendo lo más hermoso del cielo y el infierno que hay- dijo esto mientras acariciaba con gentileza el rostro del omega y trataba de curar las heridas que no paraban de sangrar.

Tenia que llevarlo con Rafael lo más pronto posible, solo que si lo movía sabía que lo iba a lastimar más, que lo mejor era quedarse con él.

-No, es la verdad, no soy lo que un día fui Miguel, mi única familia fueron los que considero mis hijos, los pecados y los goetia.

Y veme, Miguel, solo y sin nadie que se preocupe por este omega. Mis hijos me resienten por el muro que puse, por…-

-No hables más Luci, no más por favor.

Lucifer no obedeció y siguió hablando.

-Mi orgullo me llevo a esto Miguel, a alejarme de mi familia, de papá, de ti.

Mi orgullo me llevo a mi muerte. - Tosió de nuevo sangre, sangre que Miguel limpio y tembló al ver como la gracia de Lucifer se iba a apagando.

-No digas eso, tu no vas a morir, vas a estar bien.

Miguel sabía que era una mentira para convencerse, el sangrado no paraba por más que hiciera que su gracia se centrara en salvar a su amor.

Y en un acto de desesperación lo beso, sintiendo la sorpresa del otro, pero la correspondencia al paso de los segundos.

No era un beso con deseo, era un beso con amor y desesperación.

Vio toda su vida, imágenes de sus creaciones y el orgullo que tenia por ellos, los primeros eones felices con Lilith y el respeto que tenía en el infierno.

Luego como se fue desmoronando todo, como su luz se iba deprimiendo, como su omega había sido mancillado y roto por los pecadores.

Vio con dolor como era tomado por otros más cuando se suponía solo debió ser Lilith. La indiferencia de esta y como lo denigraba por ser un omega.

Ver como la voz de alfa de los pecadores lo hacían su juguete y él cada vez se rompía más.

La depresión a la ausencia de su alfa y la indiferencia de su hija.

Vio como lo habían capturado, como había sido utilizado en esa arma drenando su gracia.

Vio como apagaron a ese omega adorado en el cielo para ser solo un cascaron.

Y Miguel odio a todos, a los pecadores, a su hija, a Lilith, al cielo, a Dios y a si mismo por permitir que Lucifer sufriera tanto dolor.

-Te amo Lucifer, nunca te lo dije, pero siempre te amé. Resiste un poco más, solo un poco más y te llevare de vuelta conmigo al cielo.

Eran tantas emociones al mismo tiempo, tanto que tenían que hacer, pero el tiempo era más rápido que ellos.

Lucifer se quedo en silencio solo observando a Miguel y procesando lo que había escuchado.

-Me hubiera gustado que en lugar de Lilith hubieras sido tú, alguien que de verdad me amaba y… que yo también amaba.

Miguel solo podía llorar más, por que dentro de los muchos recuerdos que tuvo, estaba el amor de Lucifer, el amor que había sido manipulado y apartado de él.

Samael y Miguel siempre debieron estar juntos, estaba escrito en sus almas. Solo ninguno se atrevió a dar ese paso y alguien más lo aprovecho, aprovecho la inocencia del omega y el cortejo que no había recibido, haciendo que este creyera que era amor.

El azul y rojo se cruzaron, compartiendo tanto y a la vez nada.

-Si hubiera otra vida Miguel, si pudiera volver a vivir, esta vez te escogería mi ángel.

Y poco a poco la vida se escapo del cuerpo de Lucifer, del ángel más amado por todos.

Y Miguel solo lloro lagrimas doradas, teniendo entre sus brazos a su ángel, totalmente inerte y escuchando a la voz de sus hermanos horrorizada y destrozada por la muerte de Lucifer.

Si tan solo pudieran volver al inicio, haría las cosas diferentes.

Esta vez amaría al omega como siempre debió haber sido.

No supo si fue su padre quien lo escucho, que escucho a su corazón y sus plegarias. O si solo fue un cruel sueño o premonición de lo que iba a pasar, pero estaba allí, su amor.

-Miguel, ¿te encuentras bien? - su vestimenta era como antes de que fuera desterrado del cielo, estaba esa inocencia y jugueteo que posea antes de todo.

- ¿Miguel?

No dijo nada, solo abrazo a Samael y lloro entre sus brazos.

-Estas aquí, realmente estas aquí.

Samael no entendía nada, solo abrazo con más fuerza a Miguel y desplego parte de sus feromonas para calmarlo.

-Claro que estoy aquí, siempre lo estaré Miguel.

Claro que no, no lo estarás, pero esta vez me encargare de protegerte Samael, con mi vida y corazón.

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Buenos personajes

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