Sueño
Souta caminaba por las calles nevadas de Shibuya, su respiración saliendo en pequeñas nubes de vapor que desaparecían rápidamente en el aire frío. La nieve caía suavemente, cubriendo el suelo con una capa blanca que parecía envolver la ciudad en un manto de quietud. A pesar de la belleza del paisaje, su mente no podía dejar de estar enfocada en un solo pensamiento: su sueño.
Desde que tenía memoria, había querido ser un idol. En su pequeño pueblo, los carteles de conciertos y los anuncios de nuevos grupos eran su única conexión con el mundo de la fama y la música. Durante años, había entrenado por su cuenta, cantando y bailando frente al espejo, imaginándose alguna vez en el escenario, rodeado por luces brillantes y gritos de fans. Pero ahora, a los 18 años, sentía que ya se le había escapado la oportunidad. La competencia era feroz, y él... no se sentía preparado.
"Soy tan joven, ¿realmente tengo alguna oportunidad?" pensaba mientras caminaba, mirando los escaparates de las tiendas que pasaba.
De repente, sus ojos se posaron en un cartel brillante que colgaba frente a una agencia de talentos. Era uno de esos lugares que creaban y formaban grupos de idols. Los anuncios mostraban a jóvenes sonrientes, algunos conocidos, otros no tanto, pero todos brillando en la pantalla.
"¿Audiciones para nuevos talentos? Vocalista principal buscado..."
El cartel le llamó la atención como una flecha. Vocalista principal. Su corazón comenzó a latir más rápido. "¿Podría ser mi oportunidad?" se preguntó, su mente agitada con pensamientos contradictorios. Decidió no pensarlo más, y sin dudarlo, se acercó a la entrada de la agencia.
Cuando entró, el ambiente estaba lleno de jóvenes, algunos nerviosos, otros con una actitud decidida. La recepcionista, una mujer de cabello corto y traje elegante, levantó la vista de su computadora y le sonrió amablemente.
- ¿Puedo ayudarte? -preguntó con una voz cálida.
- Hola... -Souta vaciló un momento antes de hablar-. Quisiera hacer una audición. Vi el cartel sobre las audiciones para el vocalista principal. ¿Está todavía abierta?
La recepcionista le dio una mirada rápida, evaluándolo. Souta sabía que no era el más alto ni el más imponente físicamente, pero su pasión por la música siempre había sido su punto fuerte.
- Claro, por supuesto. -Ella sonrió-. Completa este formulario, por favor. En cuanto termines, podrás pasar a la sala de audiciones.
Souta tomó el formulario, sus manos ligeramente temblorosas mientras escribía su nombre y algunos datos personales. Cuando lo entregó, la recepcionista lo miró con una expresión seria.
- Pasa a la sala de audiciones, el director está esperando.
Con el corazón acelerado, Souta se dirigió a la sala. Al entrar, fue recibido por un hombre de unos 30 años, con cabello oscuro y una actitud imponente. No parecía la clase de persona que solía mostrarse en los anuncios, pero sus ojos estaban fijos en el joven que acababa de entrar.
- Buenas tardes. -El hombre le hizo un gesto para que se acercara-. ¿Estás listo para tu audición?
Souta asintió con determinación, aunque el nerviosismo lo envolvía por completo.
- Claro, lo estoy. -dijo con una sonrisa tímida pero sincera.
- Perfecto. -El director le indicó que se pusiera en el centro de la sala-. Canta lo que quieras, lo que sientas que es tu mejor canción. El grupo que estamos formando necesita a alguien con corazón.
Souta asintió y, tras un profundo respiro, comenzó a cantar. Su voz, suave al principio, fue ganando fuerza mientras avanzaba. "Espera... lo estoy haciendo", pensó mientras sus notas se elevaban con confianza. La canción que había elegido era una balada que siempre le había gustado, pero que también le costaba mucho cantar. Sin embargo, algo en el aire de esa sala lo hizo dar lo mejor de sí.
Al terminar, se quedó en silencio, con los ojos fijos en el director, que no dijo nada de inmediato.
- Tienes talento. -dijo el hombre, finalmente-. Pero no se trata solo de talento, ¿sabes? Necesitamos alguien que sea capaz de conectar con el público, que pueda ser más que solo una voz. ¿Tienes la pasión suficiente para eso?
Souta respiró hondo, mirando al director a los ojos.
- Yo... quiero ser parte de algo más grande que yo mismo. He soñado con esto desde que era pequeño, y no voy a rendirme ahora.
El director lo miró por un momento, evaluando sus palabras.
- Está bien. Lo veré en tu siguiente prueba. -El hombre le sonrió-. Pero una advertencia, chico: este camino no es fácil. La industria de los idols puede ser cruel.
Souta se encogió de hombros, determinado.
- Lo sé. Pero aún así quiero intentarlo.
El sonido de la lluvia golpeando suavemente la ventana despertó a Souta. Parpadeó varias veces antes de darse cuenta de que la luz tenue del amanecer apenas comenzaba a filtrarse por las cortinas. Se levantó con pereza, frotándose los ojos, cuando de repente su teléfono vibró sobre la mesa.
- ¿Un correo? -murmuró, tomando el dispositivo con manos temblorosas.
Al abrirlo, su corazón dio un vuelco.
"Estimado Souta Fujisaki, nos complace informarle que ha sido seleccionado para unirse al grupo 'Astra'. Por favor, preséntese en la agencia este mismo día a las 10:00 a. m. para comenzar con los preparativos."
Por un instante, se quedó congelado, incapaz de procesar lo que estaba leyendo. ¿Era real? ¿Realmente había sido elegido?
- ¡No puede ser! -exclamó en voz alta, sintiendo una oleada de emoción recorrer su cuerpo.
Saltó de la cama y casi tropieza con una pila de libros en el suelo. Su minidepartamento era pequeño, con apenas espacio suficiente para su cama, un escritorio y una pequeña cocina. Apenas tenía lo necesario para vivir, pero nunca se había quejado. Su sueño siempre había sido su prioridad, incluso cuando significaba vivir con lo justo.
Se apresuró a abrir su armario, buscando algo decente para ponerse. Su ropa era modesta, algunos abrigos ya gastados y camisetas que había usado durante años, pero eso no importaba ahora. Encontró su mejor suéter y un abrigo que, aunque viejo, aún lo protegía del frío.
- Está bien, esto servirá. -Se miró rápidamente en el espejo, intentando alisar un poco su cabello despeinado.
No podía perder más tiempo. Tomó su bolso y salió corriendo del departamento, bajando las escaleras de dos en dos. La emoción lo hacía olvidar el frío, la lluvia, e incluso el hambre que sentía por no haber desayunado.
Mientras corría por las calles de Shibuya, con su respiración entrecortada por la adrenalina, solo podía pensar en una cosa:
"Lo logré. Ahora sí, esto es solo el comienzo."








