MOMMY
No podía evitarlo, era totalmente su tipo.
Le gustaba su sonrisa, la forma en cómo acomodaba su pelinegra cabellera cuando el viento lo despeinaba, sus hipnotizantes ojos cafés y la manera tan delicada de moverse.
Checo era perfecto.
Y Lewis lo deseaba tanto.
Observaba sus acaneladas y desnudas piernas abriéndose frente a él, dándole la espalda pero levantando su redondo trasero.
La pequeña tanga que apenas cubría su intimidad guiaba sus ojos hacia esa zona prohibida.
Desearlo no solo era prohibido, sino también muy peligroso.
Y el problema no era Checo.
—Te ves precioso, ven aquí —El hombre posa su mano sobre el muslo del pelinegro, tocando descaradamente su trasero.
Checo se acerca a su esposo y le da un beso en los labios, mientras que Toto aprovecha la oportunidad para pegarlo más a su cuerpo.
El pecoso comienza a mover sus caderas sobre las suyas, sintiendo el miembro endurecido del mayor en sus pantalones.
—Amor, vamos adentro —Susurra el el pelinegro a su oído para después bajar su mano hacia la entrepierna de su esposo y acariciarlo con descaro.
Toto suelta una pequeña risa ante esto.
—¿Por qué deberíamos entrar cuando la diversión está aquí afuera? —Responde el mayor con una sonrisa pícara.
—¿Y si alguien nos ve? —Checo era bastante consciente de lo que implicaba estar haciendo eso en público.
—No hay nadie cerca —Y su esposo intenta tranquilizarlo.
—¿Y si alguien viene? —No dejaba afuera ninguna posibilidad.
—Que se larguen de mi maldita propiedad para poder cogerme a mi esposo —Responde Torge mientras lo hacía levantar sus caderas, se baja el traje de baño para dejar expuesto su endurecido miembro y remueve ligeramente la tanga del pecoso para abrirse pasó entre sus piernas.
Checo gimotea cuando siente la polla del mayor llenándolo por completo.
Sus encuentros siempre se caracterizaban por tener un poco de adrenalina pero jamás habían sido tan descarados.
No sabe que están siendo observados.
Lewis se había quedado en silencio observando lo que la pareja hacia a escasos metros frente a él.
Podía ver como Toto ponía sus grandes manos sobre las nalgas de Sergio, abriendo su coño en una imagen hipnotizante.
La polla del hombre era devorada por la intimidad del pecoso, quién gimoteaba sobre él.
A Checo siempre le ha gustado montar a su esposo.
Llevaban al menos cuatro años casados y sabía bien la historia que tenía su pequeña familia.
Torger se había casado con la madre de Lewis hacia ya muchos años, pero ella había fallecido hacia un tiempo.
Él nunca dejo solo a su hijastro, y cuando conoció a Checo creyó que también sería una buena idea que fuera una figura materna para él.
Pero el pelinegro también era tan bonito y sexy que no se pudo resistir desde el primer momento en que lo vio.
Claro que quería conseguir una madre para él, pero terminó casándose con alguien casi 20 años más joven.
Y dicha situación también la había vivido su hijo.
Desde que Lewis vio a Checo supo que lo deseaba.
Era totalmente su tipo, tan perfecto que le molestaba la idea de que su padrastro se lo hubiera quedado.
Cuando lo conoció apenas iba a entrar en la universidad. Y al poco tiempo se casó con su padrastro.
Estaba muy aliviado cuando se marchó, pues no podía soportar estar cerca de la pareja.
Y es que ambos eran muy apasionados.
Debido al trabajo de Toto, este constantemente se encontraba viajando y cuando regresaba a casa las cosas se ponían muy candentes.
Los amigos de Checo le dijeron que no debía casarse con él, que siempre iba a estar esperándolo y que no valía la pena una vida así.
Pero él estaba muy enamorado y ciertamente su matrimonio había resultado a la perfección.
Le tenía un aprecio natural a Lewis al ser su hijastro, pero casi no convivía con él. Siempre estaba con sus amigos, en un viaje o en medio de algún proyecto.
Así que la dinámica entre los tres era compleja.
—Ah... Toto... —El pecoso se queja mientras el hombre empuja bruscamente sus caderas contra las suyas.
Lewis solo se podía concentrar en el enorme culo expuesto de su madrastra y como su rosado coño estaba siendo maltratado.
Su tanga con la leyenda “Juicy”, se veía removido hacia un lado de sus nalgas y las manos de su padrastro lo tomaba con fuerza.
No quería dejarlo terminar.
El moreno retrocede en sus pasos, y grita:
—¡Padre! ¡¿Estás en casa?!
Al escuchar la voz de su hijastro, Checo rápidamente obliga a su esposo a detenerse.
—¿Es Lewis? —Pregunta en voz baja con las mejillas coloradas y el cabello hecho un desastre.
—Mierda, lo olvide... —Responde su esposa en el mismo tono y le da una palmada en las piernas para que se levante —Me dijo que iba a venir a comer hoy y quedarse unos cuantos días que le quedan de sus vacaciones.
El pelinegro se levanta y rápidamente acomoda la tanga de vuelta a su sitio, para después intentar peinar un poco su oscura cabellera.
Lewis les ha dado el tiempo suficiente para intentar hacer pasar desapercibido lo que estaban haciendo.
—El tráfico era horrible —Intenta actuar con normalidad.
Como si no hubiera visto algo.
—Lo bueno es que ya estás en casa, hijo —Dice el mayor —Ire por el carbón para poner la parrilla, haré unas hamburguesas para comer.
Toto está un poco avergonzado por casi ser pillado por su hijastro. Sin saber la realidad de sus acciones.
El hombre se aleja, mientras que su esposo se coloca una toalla a la cintura intentando cubrir su diminuto traje de baño.
—Espero que las hamburguesas sean de tu agrado, de saber que vendrías me hubiera organizado mejor —Checo intenta ser amistoso.
Su relación con su hijastro era algo compleja. Aunque no terminaba de entender por qué.
—Creo que las hamburguesas no serán suficientes, al menos solo para papá y yo —Comenzó el moreno —Quiza a ti te gustaría una salchicha.
Lewis puede notar como sus mejillas se vuelven aún más coloradas que antes.
Y su comentario lo ha tomado totalmente desprevenido, haciendo que el pelinegro se ponga nervioso y se tropiece con sus propios pies.
Su toalla se le resbala, y al agacharse para recogerla, se queda frente a frente a su hijastro.
Aunque en realidad esta frente a su cintura, donde un gran bulto se hace presente en sus pantalones.
Checo pronto sospecha que ha visto algo, no solo por el comentario sino también por la reacción de su cuerpo.
Rápidamente se levanta del suelo y puede ver ese semblante burlón en su hijastro, dejándole en claro que sus sospechas son ciertas.
—Tomare una ducha, tú ayuda a tu padre —Dice intentando actuar indiferente.
—Tambien te puedo ayudar cuando... Lo necesites —El moreno parece divertirse con sus insinuaciones.
Ha visto suficiente de su madrastra como para saber que ya no se puede resistir más a él.
Quiere cogerselo tan duro para desquitar todos esos años que estuvo deseándolo en secreto.
Y al ver la reacción del pecoso ante su erección, supo que había logrado meterse en su mente.
Ahora solo faltaba meterse en su cama.
Y después de que Checo se duchara, la comida fue bastante interesante.
Con Lewis mirándolo de reojo de vez en cuando. Recordando su redondo trasero montando polla.
—Ire a la cama, estoy agotado —Dice Toto levantándose del sofá después de ver una película con su familia.
Le da un corto beso a su esposo antes de subir las escaleras hacia su habitación.
—¿No piensas subir? Deberías estar descansando después de viajar tanto —El pecoso sigue mostrándose amable con su hijastro.
De verdad luchaba por no verlo de otra forma.
—Veré un poco más de televisión antes de irme a la cama —Responde el moreno fingiendo que ya nada pasaba.
De hecho su actuar resultaba bastante confuso para su madrastra.
Y este último se siente un poco relajado al ver su actuar indiferente.
Así que Checo se va a la cocina, quiere guardar todos los trastos en su lugar antes de irse a dormir y no tener que hacerlo a la mañana siguiente.
Pero si hay algo que detesta de su esposo es el hecho de que sea más alto que él.
No puede alcanzar la alacena de arriba para guardar un par de platos, y no encuentra la manera de subirlos.
Había comprado un pequeño banquito para esas situaciones, pero ahora no recordaba dónde lo había dejado.
De pronto siente un par de manos en su cintura que le ayudan a dar el empujón para que pueda colocarlos en su lugar.
Es Lewis, quién ha notado la situación y parecía querer ayudarlo sin ninguna otra intención
—Gracias —Responde el pecoso algo nervioso por la cercanía.
Y pronto se da cuenta de que lo tiene acorralado.
El moreno pega su cintura en su trasero, y Sergio siente su endurecida verga entre sus nalgas.
—¿Q-que haces? —Balbucea un poco mientras se gira ligeramente para verlo —Eso no está bien.
Lewis lo toma de la cintura para pegarlo más a él, y comienza a mover sus caderas contra su culo.
El pelinegro niega con la cabeza al notar sus intenciones. Pero tampoco hace algo para alejarlo de él.
No es capaz de admitir que le gusta tenerlo tan cerca.
Que se calentó al ver lo duro que estaba junto a la piscina y lo caliente que se sentía al imaginar como sería si dejara que se la metiera tan solo un poco.
—¿Nos viste, verdad? —Pregunta en voz baja y el moreno asiente —Lewis, no podemos hacer esto. Tu padre...
—No es lo mismo no poder, que no querer —Responde el más joven mientras que con una de sus manos comienza a deslizar los shorts de su madrastra —Vamos, mami, deja que te de un poco de mi leche.
Las mejillas de Checo arden al escuchar esto.
¿Cómo se atrevía hablar de esa manera?
Y no tiene tiempo de pensar demasiado cuando una mano del moreno se cuela dentro de sus shorts, acariciando su coño sobre la delgada tela de su tanga roja que se había puesto después de bañarse.
Solo tenía lencería para usar con su esposo.
—Uhm... Lewis, no es correcto... —Dice pero ya no sabe si esto es recordatorio para su hijastro o para él mismo.
—No lo pienses demasiado, sabes que también lo quieres —Susurra el moreno a su oído —Dejame cogerte, llenarte como se debe.
Y finalmente Sergio pierde toda idea de razonamiento.
Ya no puedes seguir luchando contra su propia mente, contra aquel deseo que lo arrastraba a una pasión prohibida.
—Cógeme Lewis, llena a mami —Le responde en el mismo tono mientras se inclina hacia adelante sobre la encimera y levanta el culo invitándolo a tomar su coño.
Lewis no tarda en remover parte de su pijama para liberar su endurecido miembro y pegarse de nuevo a su madrastra.
Presiona su polla contra el coño del pecoso, haciendo aun lado la tanga de este de la misma forma en que había visto que Toto lo hizo.
Checo no podía ver lo que estaba haciendo, pero sentía su caliente pedazo de carne deslizándose sobre su coño.
Acariciandose entre sus pliegues.
Y cuando siente como comienza a presionar la punta contra su entrada, su fantasía se rompe en un instante.
—¡¿Amor?! Sube por favor, no encuentro mi corbata roja. La usare mañana —La voz de Toto desde la segunda planta de la casa hace que el pelinegro empuje a su hijastro lejos de él y se reacomode la ropa.
—¡Voy en un momento! —Responde para después escuchar cómo se aleja —Olvidaremos esto, ¿Entiendes?
Ni siquiera espera una respuesta, simplemente se marcha dejando a un caliente Lewis todavía deseando por él.
Al día siguiente, Toto se marcha rumbo al trabajo. Tenía un par de juntas que atender y no debía llegar tarde.
Mientras que Lewis salió a correr, dejando a Sergio completamente solo en casa.
El pecoso comenzó a limpiar un poco el lugar, moviendo algunos muebles como si intentara distraer su mente.
Y por un momento esto da resultado pero su mente divaga, recordando el cálido aliento de su hijastro en su cuello, y su polla entre sus piernas.
—Hola mamá —La voz del moreno lo saca de sus pensamientos y se sobresalta —¿Te asusté?
Lewis se divierte un poco, pero Checo es un desastre.
Observa su pecho desnudo y empapado en sudor, con las gotas deslizándose hasta la orilla de sus shorts y su vista se detiene en su entrepierna.
No puede seguir negando el deseo, pero esa noche era su aniversario. Así que simplemente ignora a su hijastro y sube a su habitación.
Tiene la suficiente fuerza de voluntad para no salir en todo el día.
El calor en su interior lo está matando, así que decide darse un baño para relajar su cuerpo y despejar su mente.
Al terminar se pone su bata de baño y observa su desastrosa habitación.
—Maldición, no hice la lavandería —Susurra mientras comienza a recoger la ropa del suelo.
Toma el canasto para poner la ropa sucia y se sorprende al ver sus prendas que usó el día anterior, esto por una ausencia.
La tanga que habia usado en la alberca no estaba.
Esta seguro de que lo ha dejado ahí, no puede pensar en otro lugar donde podría estar.
Pero no tiene tiempo para eso, debe apurarse si quiere estar listo para la cena de esa noche.
Y sabe que tiene que ir a un lugar en especial si quiere terminar rápido.
Toca la puerta de la habitación de su hijastro y este solo le dice que pase.
Lewis estaba acostando en su cama viendo su teléfono, así que Checo sintió que todo sería más sencillo para él.
Comienza a recoger la ropa en el suelo, y se molesta por lo descuidado que es su hijastro.
—Por favor, Lewis, pon tu ropa en el cesto —Se queja mientras jala algo que se ha atorado debajo de la cama.
Y cuando lo toma se queda sin palabras.
Es su tanga, la que no estaba en su cesto, y ahora la había encontrado en la habitación de su hijastro cubierta con algo que fácilmente dedujo que era.
—Es suficiente, Lewis —Dice molesto —¿Por qué hiciste esto?
El moreno sonríe para después de levantarse de la cama.
—¿Que querías que hiciera, mami? —Responde en ese tono burlón que le molesta —Me dejaste tan caliente que no pude hacer más que desquitarme de esa forma.
—Lewis... —El rubio rápidamente le llama la atención porque ha notado cómo se le acerca peligrosamente.
—¿Por qué tan nervioso? —En ese momento Lewis lo toma de la cintura y lo acerca a él —Apuesto que tu coño está tan mojado ahora mismo. Hambriento de mi verga.
—Te he dicho que ya basta. Lo que pasó anoche no volverá a ocurrir —Insiste el rubio alejándose del él.
—Bien, pero olvidas una prenda —El moreno hace que este se detenga en seco y lo voltee a ver —Voy a ducharme, así que ya puedes llevarte esto.
En ese momento se baja el shorts junto a sus boxers, dejando al descubierto su enorme polla frente a él.
Checo se sonroja y no puede apartar la vista, algo que llena de orgullo a su hijastro.
Lewis se acerca lentamente hasta quedar a su lado y hace que deje la cesta a un lado.
—Ya deja de fingir que no quieres mi verga hasta el fondo —Susurra a su oído mientras desamarra su bata de baño —Solo tienes que abrir las piernas y yo me encargaré de llevarte al cielo.
El pelinegro termina siendo llevado hasta la cama, totalmente hipnotizado por el deseo que siente por él.
Lewis lo hace recostarse y abre sus piernas frente a él, exponiendo su húmedo y rosado coño.
No tarda en pasar descaradamente la lengua sobre sus pliegues, provocando un escalofríos en su madrastra.
Con sus dedos le abre paso a su lengua, saboreando cada parte de su delicada piel.
La punta de su nariz choca con su coño, y pronto juguetea con su lengua sobre él.
—Lewis... —Checo balbucea un poco mientras pone su mano sobre la cabeza del moreno y deja que disfrute cada parte de su coño.
El moreno se ahoga entre sus pliegues, haciendo que el pelinegro se deshaga en su boca.
El más joven se reincorpora, y pronto Checo hace lo mismo, sentandose frente suyo y tomando ese pedazo de carne con su mano.
—Eres tan grande... —Murmura antes de pasar su lengua sobre la punta de su polla.
Lewis sonríe ante esto, y lo toma de sus oscuros cabellos para invitarlo a disfrutar de él.
Sergio comienza a acariciar la polla de su hijastro mientras lo mira directamente a los ojos.
—¿Que hiciste con mi tanga? —Cuestiona haciendo reír al moreno —¿Te la jalaste de la misma forma en que te lo estoy haciendo?
—Si, pero la puse alrededor de mi verga para fingir que estaba dentro tuyo —Responde con un descaro que solo lo vuelve más atractivo a ojos del pecoso.
—Cínico.
Ciertamente las sospechas de Checo eran correctas, pues pudo reconocer que la prenda estaba ensuciada por el semen del moreno.
Lewis suelta una risa ante esto.
—Necesitaba desquitarme de alguna manera.
En ese momento el pecoso presiona la polla de su hijastro sobre sus labios.
—¿Imaginabas que era mi coño o mi boca lo que te cogías? —Checo no le quita la vista de encima esperando su respuesta.
—Tu coño, pero no me molestaría probar tu boca —Lewis toma de los oscuros cabellos de su madrastra y lo hace tomar su polla.
Sergio jadea al probar profundamente ese pedazo de carne en su boca, casi chocando con su garganta.
Así que lo empuja un poco al sentir que fue algo brusco.
—No seas idiota —Le dice con una pequeña risa — Déjame hacerlo bien.
El pelinegro comienza a pasear su cálida lengua sobre la polla de su hijastro, recorriendola desde la punta hasta el tronco. Delineando cada vena, cada borde de esta.
Con sus rosados labios atrapa una de sus bolas y lo saborea sin vergüenza.
Luego agarra con firmeza su polla y abre bien la boca para dejarlo entrar, siendo abrazado por su cálida y humeda lengua.
Comienza a mover su cabeza con un movimiento ligero pero constante, dejando que ese pedazo de carne se deslizara sonre su boca.
Para Lewis esto era una de sus fantasías hecha realidad.
Había perdido la cuenta de la cantidad de veces que se había masturbado pensando en su madrastra.
Imaginandolo comiéndole la polla y gimiendo su nombre.
Ya había conseguido uno de esos escenarios que se le hacían casi imposibles de lo prohibidos que eran.
En ese momento Checo deja que el miembro de su hijastro le llene la boca, y lo mantiene cálido dentro de sus paredes bucales.
Sostiene una respiración lenta y pesada mientras ese pedazo de carne se encontraba sobre su lengua.
Lewis no lo soporta más, así que lo agarra con fuerza del cabello y ahora es él quien mueve sus caderas hacia el rostro de su madrastra, follandole la boca.
Sergio lo mira fijamente, como si estuviera hipnotizado o ebrio de placer.
El moreno suelta un fuerte quejido, la situación era por demas excitante y es que su madrastra se estaba dejando follar de esa manera.
Comiéndole la polla como un maldito experto.
Lewis continúa moviéndose contra su boca, sintiendo como sus bolas chocaban con la mandíbula del pecoso y este gimoteaba entre esas pequeñas embestidas lentas pero pesadas.
Su rostro estaba por demás colorado, y su cabello completamente despeinado. Con las piernas temblando y la boca ocupada comiendo polla.
—Te deseo tanto... —Murmuro el moreno antes de jalarlo de sus oscuros cabellos para obligarlo a sacar su miembro de su boca.
Lo recuesta de nuevo sobre la cama, pero está vez lo acompaña poniéndose encima suyo.
Checo lo mira fijamente, mientras que Lewis reduce el espacio entre ambos y sus respiraciones chocan en el rostro del otro.
Finalmente sus labios se encuentran, con sus lenguas buscándose entre si y saboreando aquel placer prohibido del que se habían privado por años.
El moreno lo aprisiona contra la cama, comiéndole la boca mientras se acomoda entra sus piernas.
Su madrastra está bastante desesperado.
Le gusta la forma posesiva en que lo besa, pero su polla entre sus piernas lo tiene vuelto loco.
Baja uno de sus manos hasta su entre pierna y toma el miembro de su hijastro, levantando ligeramente las caderas para buscar una forma de dejarlo entrar.
Lewis se separa mientras una sonrisa se dibuja en sus labios.
—Que puta tan desesperada —Se ríe en su cara mientras le quita la mano de su polla.
—No seas imbécil —Y su respuesta solo hace que sonría aún más.
—¿Recuerdas lo que dijiste anoche? Me condicionaste a que no volvería a pasar, cuando casi me entregas el culo en la cocina —Le dice mientras comeinza a estimularse frente a él y con su otra mano toca su expuesto coño —Ahora yo quiero poner una condición.
—¿En serio? ¿Ahora? —Checo realmente no quiere perder el tiempo hablando.
—Escuchame —Insiste el moreno —Te voy a dar lo que quieres con la única condición de que esto tiene que volver a pasar.
El pecoso suspira pesadamente y el más joven decide ponerle presión.
Posa su polla entre sus pliegues y comienza a empujar las caderas sobre su coño, haciendo que su carne se resbalara contra la suya.
Sergio sentía que se moría cada vez que pensaba en que terminaría metiendo su polla dentro suyo.
—Eres un idiota —Murmura haciéndolo reír.
—¿Eso es un si? —Para ese punto ya lo hace por molestar.
El pelinegro desvía la mirada algo harto, pero ya había llegado muy lejos.
—Hazlo.
Lewis sonríe y lo hace abrir sus piernas mientras lo jala hacia él, pegando sus caderas contra las suyas.
Toma su polla y comienza a presionar en su entrada, abriéndose paso lentamente en él.
Checo suelta un gemido ahogado y cierra los ojos con fuerza. Un quejido escapa de sus labios cuando el moreno se detiene.
—¿La metiste toda? —Pregunta mientras su cuerpo tiembla ligeramente al sentirse tan lleno.
Lewis lo mira con una sonrisa traviesa y da un último empujón para después tomarlo con fuerza de su cintura.
—¿Estas bien, mami? ¿No te estoy lastimando? —Pregunta en un tono un poco juguetón, pero hablaba en serio.
Checo niega con la cabeza mientras su respiración se vuelve más pesada.
—Ahora te voy a llevar al paraíso —Continua el moreno para después comenzar a mover sus caderas.
La primera embestida se siente como fuego para el pecoso. Un calor abrazador que recorre toda su espalda y le genera escalofríos.
Con una de sus manos se sostiene de una almohada, y la otra la posa sobre el trabajado abdomen de su hijastro.
Lewis sonríe ante esto. Siempre ha estado orgulloso de su físico.
Golpea su interior con fuerza y puede ver el deseo en la mirada del pelinegro, sonrojado y perdido en él.
Su polla lo llena hasta el fondo, golpea tan duro que hace que su cuerpo tiemble y se desespere buscando más.
—Lewis, por favor... —Balbucea y esa simple frase es suficiente para él.
El moreno se inclina hacia adelante, aplastando a su madrastra mientras le entrega toda su polla sin clemencia.
La cama rechina y la cabecera golpea violentamente contra la pared.
Checo no puede formular ni un solo pensamiento más que el deseo de que continúe haciendo eso.
Puede sentir que su hijastro está tan cerca, tanto que por un momento recuerda algo importante.
—N-no... —Sus palabras se pierden entre gemidos —Adentro... No...
Lewis lo entiende, sabe que lo está haciendo bien pero... Eso no era lo único que quería.
Se detiene abruptamente cuando el pecoso se corre con su polla adentro y su cuerpo tiembla.
—Ah... Mierda... —Suelta el mayor moviendo sus caderas buscando sentirlo como antes.
Pero el moreno se separa de él.
—¿Qué pasa? —Pregunta Checo sumamente confundido y extasiado —Lo estabas haciendo increíble.
—Quiero más que eso —Lewis respira pesadamente —No quiero correrme tan rápido.
El pelinegro suelta una pequeña risa ante esto.
—Pero te extraño aquí dentro —Checo hace un puchero y toma la almohada que estaba a su lado y se da la vuelta.
Acomoda el objeto debajo suyo y levanta el culo mientras abre las piernas.
—Quiero más —Continua el pecoso mientras mueve el trasero tentando al más joven.
Lewis es incapaz de resistirse.
Acerca su rostro y se hunde entre sus dos suaves nalgas, lamiendo su coño bruscamente.
Checo gimotea, y pronto consigue lo que quiere.
El moreno presiona su verga contra su entrada, y lo toma de la cintura mientras golpea sus caderas con su embestida.
—¿Qué te pasa? ¿Acaso nunca te han cogido bien? —Comienza el más joven —Mira ese coño tan hambriento. Él no sabe cómo complacerte.
Le gusta ver cómo las nalgas de su madrastra tiemblan con cada embestida, golpeando su coño sin ningún tipo de cuidado.
Checo no responde, solo se entrega al placer una vez mas.
Sus mejillas arden y su cuerpo tiembla empapado en sudor, esta caliente, está excitado.
La polla de Lewis lo llena tan bien que por un momento olvida que es su hijastro y que está casado con el padrastro de este.
Que ya no tiene mucho tiempo para arreglarse para la cena.
Que su esposo llegara en cualquier momento.
No, nada de eso importa.
—Cógeme duro —Eso es lo que le importa.
Lewis suelta una risa ante esto.
No ha sido amable con él, pero aún así pide más y más.
—¿Por qué no lo buscas por tu cuenta? —Ofrece el moreno saliendo de él y haciéndolo levantarse de la cama.
Lo toma de la cintura y lo pega a su cuerpo, puede notar como está hecho un desastre.
—¿De que hablas? —Murmura el pecoso.
—Montame.
Checo sonríe, realmente no ha podido quitar ese recuerdo de su mente.
—Solo falta que quieras ir a la tumbona —Señala su descaro, aunque ninguno está moralmente en una situación para juzgar.
—Ganas no me faltan —Dice con una firmeza que no dejar lugar a dudas —Pero tu esposo podría vernos. Papá se enojara si ve como me follo a mami.
—Nada puede salir de aquí —Sergio se apresuran recordarle esto.
—Entonces monta mi polla de la misma forma en que lo hiciste con él.
Lewis se sienta en la cama recargando su espalda en la cabecera.
Checo va junto a él y se sienta encima suyo.
—¿Cuanto tiempo nos viste? —Pregunta el pecoso mientras toma su miembro y lo acomoda en su entrada, dejandole libre paso en su coño —¿Te imaginabas que eras tú en su lugar?
El moreno lo agarra con fuerza de la cintura, aunque no pierde la oportunidad de darle una fuerte nalgada.
—Vi lo suficiente como para no resistirme —Confiesa —Me puse muy duro al pensar que esa era mi polla.
El pelinegro sonríe ante esto.
—Que descarado.
—Así te gusta.
Checo no dice nada, solo comienza a moverse sobre él.
Deja que su miembro se clave tan dentro suyo, y se agarra con fuerza de sus hombros mientras gimotea a su oído.
—Lewis... —Gime su nombre, otro deseo hecho realidad.
Su enorme trasero rebotaba en la verga de su hijastro, mientras que este no dejaba de tocarlo, de darle nalgadas y decirle que ahora era suyo.
Pero Checo no pensaba en eso.
Para él eso solo eran cosas que se decían en caliente. Pero para Lewis no era así.
Él de verdad deseaba tenerlo para si mismo.
El pecoso se muerde el labio mientras continúa montando su polla, sabe que está cerca y el moreno también lo está.
Quiere sacarlo antes de que llegue al climax, pero Lewis comienza a comerle la boca y lo sostiene con fuerza de las caderas.
Sus respiraciones se vuelven cada vez más pesadas y los quejidos mas ahogados.
—Lewis... —Checo dice su nombre cuando se vuelve a deshacer con su polla adentro.
Y el moreno no se detiene.
Quiere quedarse con eso que le arrebató a su padre el día anterior.
Continúa haciendo que Sergio lo monte, sin importarle nada.
Ni el ruido del auto deteniéndose en la entrada.
—Creo que llegó a casa... —Checo no es idiota, lo reconoce fácilmente.
Pero suelta un gemido pesado cuando siente el líquido caliente derramándose dentro suyo.
—Checo, maldición... —La voz de Lewis es algo ronca para este punto.
El pecoso se desorienta por un momento, pero pronto se quita de encima suyo.
—Idiota —Le dice cuando siente como su excitación se desliza fuera de su coño.
Busca su bata en el suelo y se la pone para cubrir su cuerpo.
Su mente va a mil por hora.
—¿A dónde vas? —Pregunta el moreno viéndolo caminando hacia la puerta de su habitación.
—A recibir a mi esposo —Responde el pelinegro antes de marcharse.
Claramente primero va a su habitación para darse un baño rápido, y cuándo sale ve a Toto con un ramo de rosas.
—Mi amor, feliz aniversario —Le dice con una sonrisa amorosa.
Checo se acerca a él y le da un corto beso en los labios para después abrazarlo.
No sabía qué hacer.
Simplemente intentó actuar con normalidad, deseando que nos sospechara absolutamente nada de lo que había pasado.
Y también pensando en como su hijastro se había corrido dentro suyo hace unos instantes.
En cómo se había entregado por completo al deseo y al placer.
En su aniversario de casados, en su casa familiar.
Con la polla de su hijastro dentro, con su esposo en la puerta de la casa.
Deseando que Lewis no se le soltara la lengua solo porque lo dejó solo en la cama.
Era tan descarado que le resultaba peligroso, y aún así se acostó con él.
Así que solo le quedaba confiar en que ambos estaban de acuerdo de que no era una buena idea que eso se supiera.
Y ahora se encontraba dividido por lo que había hecho.
Entre el amor de su esposo, y la aventura con su hijastro.