Capítulo 0
Quién diría que la unión de un omega y un alfa podría poner a todo el mundo en su contra. Pero nadie entendía el porqué.
Yuta, desde que conoció a Itadori, quedó profundamente enamorado. Es más, su omega interior ya lo había elegido como su alfa, a pesar de no conocerse aún. Para el pelirosa era lo mismo, se sentía atraído por aquel omega de piel pálida. Sí, fue amor a primera vista.
Nadie aceptaba su relación, pero si le preguntabas a alguien el porqué, solo respondían:
—Él no es para ti.—
Extraño, ¿no lo creen?
A pesar de tener al mundo en su contra, siguieron con su relación. Enfrentaron cada obstáculo para llegar a su preciada felicidad.
Después de la graduación, consiguieron trabajo y tuvo que pasar un par de años para lograr casarse. Un matrimonio mal visto por todos y que fue criticado en voz alta, pero donde nadie asistió.
La ahora pareja Itadori podía decir que era feliz, pero bien dicen: la felicidad no dura para siempre.
Una mañana cualquiera, Yuuji se encontraba desayunando junto a su esposo, Yuta. La rutina era la misma: al terminar, se alistaban para ir al trabajo. Pero fue una llamada lo que cambió todo.
El pelirosa había dejado a Yuta en su trabajo y, antes de que pudiera ir al suyo, recibió una llamada que lo dejó perplejo. Sin más, cambió su rumbo y fue al lugar donde le pidieron encontrarse.
La tarde pasó sin percances para Yuta. Ser maestro de jardín de niños siempre fue su sueño, pero ahora que lo había cumplido tenía otro: era quedar en cinta. Todo estaba planeado, solo debían esperar.
Al salir de su trabajo, le fue extraño no recibir un mensaje de su esposo, pero no le tomó importancia. Siguió con su camino, pasó al súper a comprar cosas para la cena. Las horas pasaron y aún no había señales del alfa pelirosa. Llamaba a su celular y este solo sonaba y lo mandaba a buzón de voz. Fue tanta su desesperación que llamó a algunos de sus conocidos y compañeros de trabajo, pero nadie sabía nada del ojimiel.
Eran las once y media de la noche y el omega había salido a buscar a su pareja en los lugares donde solían ir, pero nada. Debía esperar a que regresara.
Tomó asiento en el sofá. Lo esperaría en la sala. No debía tardar, ¿verdad? El cansancio lo venció y poco a poco se fue quedando dormido.
La noche pasó en un abrir y cerrar de ojos. Unos toquidos a su puerta fueron los que despertaron a Yuta. No tuvo tiempo para acostumbrar a sus ojos a la luz del sol que se filtraba por la ventana. Se levantó del sofá y caminó rápido hasta la puerta. Una sonrisa se iba formando mientras abría, hasta que vio a los dos oficiales de policía afuera. Su sonrisa se borró al instante, intuía lo peor.
—Buenos días. Somos la policía de investigación de Sendai. ¿Usted es el señor Yuta de Itadori?
—Así es, oficial. ¿Sucede algo? —preguntó dudoso mientras un nudo en su estómago se formaba.
—Lamento decirle que su esposo, Yuuji Itadori, ha fall3c1do en un accidente de auto. Necesitamos que venga con nosotros a reconocer el cuerpo... —El oficial no pudo terminar de hablar; Yuta se desplomó al instante.
Todo pasó tan rápido que Yuta despertó en el hospital. La noticia fue tan inesperada que no tuvo tiempo para procesar lo sucedido. A su alrededor estaban sus padres y los de su esposo.
—¡Es tu culpa que mi hijo ya no esté con nosotros! —habló una mujer de cabello corto y de color negro; era la madre del alfa pelirosa.
—Kaori, por favor, amor, tranquilízate. Acabas de escuchar al oficial, fue por un accidente de auto. Él no tiene la culpa.
—No lo defiendas, Jin... —La mujer no pudo terminar de hablar, el nudo en la garganta se lo impedía, además de las lágrimas que no cesaban.
Apenas Yuta salió del hospital se llevaron a cabo los preparativos para el funeral. El día de la ceremonia fúnebre, amigos y familiares fueron a dar el pésame. Ver a todas esas personas llorar hipócritamente le molestaba al omega pelinegro. Ellos eran los que criticaban su relación e hicieron hasta lo imposible para arruinar su vida. Ahora estaban consolando a los padres de su alfa. Quería correrlos y hacerles saber que nadie debería estar ahí, solo él.
—Yuta, mis condolencias.—
Aquel par de voces las conocía muy bien.
—Megumi, Nobara... ¿vinieron? —No lo podía creer, eran los únicos amigos que apoyaban su relación y los únicos que fueron a su boda. Apenas los vio, los abrazó. Se permitió llorar y ser consolado por ellos.
Tanto Fushiguro como Kugisaki estaban al tanto de lo sucedido. Pero lo más extraño era el informe forense, que explicaba que el motivo del fall3c1m1ento fue por causa de una falla mecánica de su auto y por ende chocó contra el muro de contención, mu_r13ndo al instante.
Para los que conocen al ojimiel, saben que él siempre revisa su auto antes de salir y además de tenerlo en mantenimiento. Algo no estaba bien.
Durante su duelo, el omega ojeroso 1nt3ntó qu1t4rs3 la v1_da. No podía vivir sin su alfa. Los padres de Itadori cortaron toda comunicación con él y con su familia; nunca contó con su apoyo durante estos años.
Fue Megumi quien se quedó con el omega a cuidarlo y ayudarlo a salir de su d3pr3s1ón.
Pasaron los años. Por fin, después de mucho tiempo, Yuta volvía a sonreír y por qué no, darse la oportunidad de amar otra vez.
—Gumi, ¿a dónde iremos?
—Es sorpresa, mi vida.
Para nadie fue sorpresa que Yuta y Megumi comenzaran una relación. Es más, era obvio que fuera a suceder. Pero lo más extraño fue que nadie se opuso. Todos apoyaban su relación e incluso aquellos que alguna vez rechazaron su relación con el alfa pelirosa ahora lo apoyaban.
Al parecer, Yuuji era el motivo por el que nadie vio bien su relación. Pero ahora eso ya no importaba. Había superado su pérdida y si fue feliz a su lado, era algo que no cambiaría por nada del mundo.
Después de su recuperación y ser dado de alta por su psiquiatra, Megumi preparó una sorpresa, que era ir a Tokio, ya que Yuta nunca había ido. El viaje fue tranquilo. Visitaron varios lugares y compraron muchos recuerdos.
—Gumi, vamos a comer.
El alfa pelinegro asintió levemente, amaba volver a ver esa linda sonrisa.
Caminaron por varias calles hasta llegar a un restaurante de katsudon. El lugar era tranquilo y el aroma era delicioso.
Todo iba bien hasta que...
—Ryu, puedes ir a limpiar las mesas, llegaron nuevos clientes.—
Yuta, que estaba asombrado por el lugar, no paraba de ver cada detalle. Una mezcla de lo clásico y lo moderno era hermoso, hasta que dirigió su mirada a una persona en particular.
Un mesero con cabello rosa, ojos color miel, altura y un porte que él bien conocía. Pero entre la frente y la ceja izquierda había una gran cicatriz.
Yuta se levantó de golpe y se acercó a aquel alfa.
—¡Yuuji! ¿Eres tú?—
El alfa pelirosa vio a aquel omega acercándose hacia él. Pensó que quería ordenar, así que se acercó, pero lo que no imaginó fue que el ojeroso fuera a tomar su rostro con ambas manos.
—¡Oye tú, atrevido! ¿Cómo te atreves a tocar a mi esposo?— Un omega alto, de cabello blanco como la nieve y al igual que su piel y un par de ojos de color azul cielo. Era hermoso, pero su aroma era amenazante. Al ver a otro omega tratando de tocar a su esposo, lo había puesto a la defensiva.
El omega albino jaló al pelirosa a su lado. Megumi, que apenas si pudo reaccionar cuando escuchó a Yuta decir "Yuuji", se levantó enseguida. Pero quedó en shock al ver a la persona que tenía enfrente: era Yuuji, pero ¿cómo si vieron su cuerpo?.
—Mi amor, ¿tú conoces a estas personas? —preguntó el albino mientras fulminaba con la mirada a la pareja.
—Claro que no, mi bello Toru.—
—¡Deja de bromear, Itadori! Somos amigos desde la infancia.—
—Itadori... creo que ustedes me están confundiendo, mi apellido es Gojō. Soy Ryujiro Gojō.—
Tanto Megumi como Yuta estaban asombrados. La persona que estaba enfrente de ellos era Yuuji; su aroma a cedro lo delataba. Pero parecía que fingía no conocerlos. ¿O será que perdió la memoria?
Parecía que todo esto era una broma y una broma de mal gusto por parte de Yuuji. Si quería estar con alguien más, ¿por qué no divorciarse y ya? No tenía que llegar a tal extremo.
Pero lo realmente extraño era el omega oji-azul: parecía que en cualquier momento se desmayaría. Como si ocultara algo.








