The Last Destroyer

Ésta es la historia de un guerrero, su nombre era Rric Iulius, un destructor de bestias de gran tamaño y peso. Éstos monstruos eran conocidos como Gurdus Maegth, criaturas capaces de agrietar el suelo con sólo sentarse, con sus rugidos y eructos infernales provocaban terror a los humanos y con su cantar hacían sangrar sus oídos. No había ningún hombre que se les resistiera, que les hiciera frente y por muchísimo tiempo así fue, hasta que uno logró lo imposible, soportar el golpe, el rugido y el cantar.
—¡Que hombrecillo tan valiente!—exclamó la Gurdus Maegth.
—No serás capaz de aguantar ni un segundo contra ella—afirmó la bestia, apoyando a su comandante.
Rric no se inmutó, no dio señales de que estuviese pensando dar marcha atrás. Respiró profundo y con seguridad les respondió:
—Eso lo vamos a averiguar
Y de esa manera, fue capaz de salvar a un pueblo aterrorizado de ser completamente devorado por las Gurdus Maegth. Un héroe silencioso que hizo el trabajo que nadie más podía llevar a cabo.
—Es una verdadera lástima, había oído que las bestias que deambulaban por ésta zona eran bastante fuertes, esperaba mucho más de ustedes—expresó Rric decepcionado, mientras ejercía presión con su pie sobre la cabeza de una de las bestias de gran tamaño y peso que aún seguía retorciéndose en el suelo. Fue aplicando mucha más fuerza hasta hacerla explotar en mil pedazos y que varios trozos de carne saliesen disparados por todos lados.
Rric veía con desilusión y asco los cuerpos de las bestias que había asesinado, un anciano se estaba acercando lentamente y cojeando a donde el estaba.
—No había visto a un destructor en mucho tiempo, desde que era pequeño, muchas gracias por salvarnos—agradeció el anciano, con lágrimas resbalando de sus arrugadas mejillas—Dime, ¿aún hay otros cómo tú?
Rric permaneció en completo silencio, contemplando la infinidad de cuerpos desmembrados esparcidos por todo el campo y que poco a poco iban contaminando el césped. Pasaron unos cuantos segundos hasta que por fin respondió.
—No, desgraciadamente soy el único que queda.—dijo Rric con pesar mientras se alejaba lentamente y se dirigía a las montañas.
Los destructores son guerreros únicos en su clase, son capaces de enfrentar por si solos a un ejército entero de éstas bestias y salir victoriosos. Cabe destacar, que hoy día están prácticamente extintos, de no ser porque Rric aún sigue vivo. Con todo, debido a su ausencia durante varios siglos, surgió un grupo de guerreros que se hicieron llamar cazadores así mismos, con habilidades excepcionales pero nunca al nivel de los destructores, necesitando de varios para ser capaces de hacerle frente a las Gurdus Maegth. Una especie de remplazo para poder lidiar con la sobrepoblación de éstas bestias de gran tamaño.
El Reino de Sussex es uno de los más peligrosos en cuánto a éste tipo de criaturas se refiere, razón por la cuál posee más cazadores que el resto. Rric sube la montaña con facilidad, gracias a su agilidad y resistencia sobrehumanas, en la cima se encuentra una pequeña cabaña, rudimentaria pero lo suficientemente cómoda para llamarla hogar. Allí él descansa y se recupera hasta el siguiente día.
Rric se levanta de la cama, con los primeros rayos de luz de la mañana que entran por la ventana de su habitación. Al salir, se encuentra un pequeño barril con agua limpia, con el se lava la cara y se alista para ir de cacería, coge su arco y flechas y se sumerge en lo más profundo de la montaña, hace frío, la niebla cubre por completo el bosque sin posibilidad de ver absolutamente nada, Rric intenta atinarle a un venado pero falla. Si así lo quisiera, iría tras él usando solo sus manos, pero por alguna razón, decide obtener su alimento igual que un hombre común.
De igual manera, no regresaría con las manos vacías. 2 conejos bastarían para alimentarse, además de unas verduras que logró conseguir hace un par de días. Con todo eso prepararía un estofado muy nutritivo.
No transcurría mucho tiempo para que la calma que Rric estaba experimentando en ese momento se desvaneciera. Una Legión Cazadora había subido la montaña y encontrado la cabaña, la suave brisa que se deslizaba por debajo de la piel dejó de soplar en el instante que llegaron. Rric, sale con toda la calma del mundo, frente a la puerta se encontraba un hombre corpulento, que medía unos 2 metros y medio, tenía el rostro deformado por cicatrices de todos los tamaños.
Rric observó al hombre detenidamente, él no era tan alto pero tampoco podría decirse que era un enano, poseía un cuerpo bastante fuerte y tonificado, se había recortado la barba y tanto sus ojos como su cabello eran bastante claros. A pesar de la diferencia de tamaño y músculo, en ningún momento Rric se sintió amenazado, ¿por qué lo haría? el hombre podría ser cazador, pero él era un destructor. El último de su clase.
![Eres mía [#1]](https://cdn-gcs.inkitt.com/vertical_storycovers/ipad_4344f13bc3a0abb8b1c504d5bd3ac0a3.jpg)







