El Héroe Olvidado por Sr. Azul en Inkitt
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El héroe olvidado

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Sinopsis

Todos los grandes héroes tienen canciones, poemas, leyendas en su honor, Pero algunos, los más grandes, han quedado en el olvido, consumidos por el tiempo.

Genero:
Fantasy
Autor/a:
Sr. Azul
Estado:
En proceso
Capítulos:
5
Rating
n/a
Clasificación por edades:
16+

Un mundo de sombras.

Los días más importantes en la vida de todo aventurero, Guerrero o como gusten llamarme, pueden resumirse a dos y no más, el día que sale de su hogar rumbo a la aventura, y el día que regresa hecho un hombre diferente, y sin duda de esos dos, el mejor es el día de la partida, y ese día yo no lo puedo olvidar; en mi tierra he sido tratado casi como un Dios, más fuerte y hábil que cualquier humano y lo único que me faltaba para estar al nivel de las divinidades era la inmortalidad, así que aquel día justo por la mañana recibí de mi padre aquella encomienda y salí de nuestro reino con nada más que un objetivo, ser un Dios, ser más que eso, aunque sin imaginar que me esperaría después.

Cabalgaba a toda velocidad en mi caballo después de haber dejado mi tierra con la encomienda de mi padre – ve a glorificarte. Me dijo y me dio una espada, la espada de la familia para poder librar mis batallas, la noche tendía su manto sobre mi sendero, mientras lo recorría con la vista clavada en el muelle más cercano, donde pretendía embarcarme, no iba a la deriva sabía bien cuál era mi primer destino. El mar abierto, desde allí todo podría pasar. El camino aunque largo pareció pasar en un abrir y cerrar de ojos y para cuando me percaté de esto la playa ya estaba casi en mis pies, sin decir más palabras sin siquiera parpadear o pensar me uní a una tripulación que estaba a puntos zarpar ahí el capitán, un hombre al que trataban como hijo de los Dioses me recibió de buen modo cuando le conté de mi viaje y de mi misión, y estando una vez arriba de la nave me llene de fuerza, todo mi cuerpo vibraba y era difícil de contener tanta energía sería por mi o porque por lo que escuché toda la tripulación estaba llena de Héroes de sus tierras, alcé los ojos al cielo (lo recuerdo bien) mientras en mi mente sonaba la voz de mi padre – no vuelvas siendo el mismo que hoy se marcha, ve y busca lo que te hace falta para ser un mejor tu. Quizá sus palabras eran confusas, pero poco me importó ya que suponía el tiempo las pondría en su lugar y las haría entendibles o en el mejor de los casos las volvería verdades reales

Nos encontrábamos ya muy lejos de tierra, más de diez días en mar abierto y todo este tiempo era nada pasaba los días y las noches contemplando el horizonte y las estrellas, imaginado lo que el destino me pondría enfrente.

Poco después fuimos sorprendidos por un silencio impío, una extraña quietud que llenaba de temor al barco, las olas estaban en total calma, el viento era escaso, aún las corrientes marinas parecían estáticas, tanta era la quietud del momento que aún el mismo cielo no tenía nube alguna que perturbada su paz y tranquilidad, sin duda era el día perfecto para morir, o quizá es que así se sentía estarlo, tomamos un descanso en ese momento antes de fijar rumbo cuando empecé a sentir mi corazón latir tan fuerte como los tambores de guerra y se acompañó de un dolor profundo, en ese momento quise gritar a pecho abierto pero no pude hacerlo, de la nada, proveniente del raso cielo como hubiera sido obra de los dioses un rayo fulminante golpeó con violencia el barco, no necesitó de una segunda tajada y el navío quedó desecho, paralizado en la popa del barco miré como se encendía en llamas y comenzaba a consumirlo por completo caí desmayado al suelo de madera pensando en no morir

No se cuanto tiempo estuve inconsciente, desperté por un breve momento sólo para darme cuenta que estaba flotando a la deriva en un trozo de madera sentí con mi mano el agua debajo de mi y caí nuevamente inconsciente. Desperté de golpe deseando que todo fuera un sueño, pero no era así estaba sobre grises arenales en la playa que se rodeaba de una espesa maleza, como cervatillo acabado de parir di unos cuantos pasos en la arena pero caí nuevamente, sin capacidad de mantenerme en pie, sin fuerza y apenas lúcido miré a un costado y allí estaba otro sobreviviente a aquel naufragio, de lejos y con la vista borrosa no pude distinguir de quien se trataba con exactitud pero gateando llegué hasta donde su cuerpo estaba, con un gesto reconfortante sentí su respiración y volví a caer perdido sobre su cuerpo, desperté, o más bien despertamos como golpeados por alguna fuerza invisible. Era de madrugada, el estrellado cielo comenzaba a tornarse rojo del lado contrario de mar, allá salía ya el sol; nos pusimos ya de pie y recorrimos unos metros en la playa donde también encontramos nuestras armas y escudos y con nada más que nuestro valor nos adentramos en la espesa jungla, con forme pisamos esos oscuros suelos el ruido se hizo insoportable, subidos provenían de todo lugar, desde nuestros pies hasta las altas copas de los árboles, aullidos por todos lados y me enloquecían me sentí trastornado al ver tanto movimiento por todos los ángulos visibles no puse evitar la psicosis y tomé mi espada alerta a todo escenario posible, aunque frenético no perdía del todo la noción del lugar donde me encontraba, logré calmar mis ansias un poco y seguir avanzando hasta que un rugido, un fuerte sonido como el de las trompetas sonó muy cerca de nosotros la jungla calló enteramente no hubo ave alguna que revoloteara, entre las yerbas y los árboles, algo de gran tamaño se movía, pero lo hacía con agilidad los cuerpos sombríos de gran tamaño para ser animales nos rodearon y si ver mi compañero y yo nos alistamos esperando combatir y poco a poco las sombras fueron dejándose ver, pieles manchadas, escapadas brillantes y plumas multicolores revestían los cuerpos de un puñado de guerreros, su apariencia era imponente debo decir que era más que aterradora con semejantes armaduras de bestias sobre su humanidad, usaban extrañas lanzas de rocas brillantes y con ellas nos acorralaron, de un extremos del círculo dos de ellos dieron lugar y un lobo no muy grande ni pequeño de color gris de abrió pasó amenazante con llegar a nosotros y quedé sumamente sorprendido cuando está horrida fiera de extraña elegancia comenzó a erigirse sobre sus dos patas y mientras caminaba crecía más y más hasta que finalmente y delante de mis inmóviles ojos se detuvo un hombre no era como los demás, no tenía la apariencia de un guerrero sino más bien las de un hechicero; nos miró a ambos y luego dio una orden a sus guerreros, (no era un idioma conocido para mi) nos comenzaron a escoltar por un camino, uno muy grande y por algunos días, después de tanto caminar sin descanso en las orillas del bosque se dibujó un claro que brillaba en un azul indescriptible, la luz lastimaba mis ojos y entonces apareció la más hermosa ciudad que nunca haya visto, estaba sobre un lago, algo que sin igual, brillaba su construcción en colores blancos y rojos y una gran pirámide en el centro, fuimos llevamos hasta el centro del lugar entre desconcertada miradas y temerosas, cientos de escalones antes de la sima y estando allí los guerreros se dispersaron sobre la punta rodeando el lugar, allí, una construcción no muy diferente a choza nos albergó y de algún modo que nunca supe el sujeto lobo se comunicó conmigo, sin saber porque su interés o su hospitalidad para un extraño pero le conté de mi viaje. Algo lo hizo pensar y entonces hablo así – no es coincidencia que estés aquí, hay. Un lugar para ti justo aquí, donde podrás encontrar un poder tan grande como la vida, o la muerte ¡serás inmortal! Pensé unos segundos antes de aceptar su oferta el sabía bien que hacía yo ahí, mientras que para mi era un misterio, dudé y desconfíe de sus palabras más en mi mente pensé aceptar su ofrenda y como si hubiera ya antes sabido lo que haría yo, preparó el lugar en un extraño ritual, el cuarto empezó a ser perfumado por incienso y alumbrado por el fuego. Yo por mi parte tenía el presentimiento de que algo no andaba bien, tenía miedo y ansiedad por lo que podía pasar llevaba días sin probar alimento, había perdido ya la cuenta de todo lo que sucedía el tiempo parecía ya no existir en ese lugar, al hambre y el sueño volvieron pesado mi cuerpo y de manera inevitable caí en trance dormido en el centro de esa brillante habitación donde parecían dormir las estrellas escuchaba su voz y mis pensamientos volverse uno sólo mientras la sensación de tener posesión de mi cuerpo desaparecía – se valiente, vence tus miedos y tu dolor; deberás estar en lugares inimaginables, en dolor indescriptibles deberá morir para vivir fue lo último que escuché y perdí por completo la noción, para cuando desperté me encontraba tirado sobre es pasto a las orillas de un gran río miré a todos lados en el cielo una luz resplandecía con fuerza algo que parecía ser el sol, o quizá algo más, en ese lugar el tiempo era lento todo parecía no moverse como si no hubiera principio o final, me encontraba sumergido en la eternidad de esas aguas cristalinas tan puras como las almas divinas de los dioses me dejé envolver en semejante quietud hasta que todo se tornó más oscuro, lúgubre y sombrío pronto el agua clara se volvió roja y espesa, ha no era agua, era sangre. El agua se llenó de cadáveres, cuerpo pálidos cuyos rostros reflejaba una incesante agonía, un dolor indescriptible; se volvió el sufrimiento más vivo que haya visto, aunque estuviera en los muertos, alcé los ojos justo al otro lado del río y allí una mujer estaba de pie, por la distancia no podía apreciarla, simplemente una delgada silueta cubierta de un vestido blanco bañada por un largo cabello de un tono azabache interfirió mi sentimiento de tranquilidad y paz, en su lugar incontenibles ganas de correr a verla surgieron desde lo hondo de mi pecho y con la esperanza de hallar respuestas me arrojé a las rojas agua del río entonces comencé a nadar pero el agua era muy pesada con cada brazada y patada podía sentir como si en lugar de avanzar hacia delante me fuera sumergiendo, sentí mi cuerpo y más pesado llevándome más y más profundo casi podía tocar el fondo del río, mis manos comenzaron a entumecer y sentí la presión en todo mi cuerpo, todo presionándome al punto de reventar, no podía ver y comencé a perder la respiración también hasta que perdí la consciencia hundiéndose por completo, alcance a sentir que algo me jalaba con la corriente tomándome de un brazo desperté del otro del río gracias a las láminas de un perro extraño animal sin un solo pelo en su cuerpo, supuse que el me había salvado de ahogarme. Miré mis manos y todo mi cuerpo cubierto sólo en agua como si la sangre nunca hubiera estado, ya de pie dentro del bosque que se extendía hasta donde mi vista cubría nuevamente se dibujó esa silueta y como si lo hubiera llamado el animal corrió a su encuentro ambos caminaron con gracia danzando con el viento fue entonces que corrí intentando alcanzarla y justo cuando mi mano casi estaba sobre sus hombros desapareció, y el bosque, y el río también se fueron.

Estaba completamente perplejo, no sabía exactamente que estaba pasando, hasta creí que sólo estaba dormido y esto era un sueño,

Delante de mi se extendían largas montañas con afiladas rocas negras y brillantes. Me acerqué a una de ellas para tocarla y mi mano se cortó casi al instante, me hizo contemplar con tremendo horror aquel monstruoso camino por donde me supuse debía seguir andando, tragué saliva aterrorizado por aquel paisaje delante de los ojos míos más ya no podía huir, la retirada no era una opción así que armándome de valor y sin saber cómo iba a salir de ahí respire profundamente y di mis primeros pasos, mis pies se cortaron en ese momento y desde entonces mi caminar se volvió la más cruel tortura a la que ningún hombre debiera ser sometido, sentí un dolor indescriptible con cada uno de mis pasos, mis plantas eran desgarradas mientras el sufrimiento recorría y dominaba todo mi cuerpo, y las oscuras rocas condenaban mi paso por ese sendero que cada vez se volvía más estrecho hasta que pronto las filosas rocas del sendero se perdieron en una alta montaña, frené por un momento mi paso y miré sobre mi camino, la ruta estaba cubierta de sangre, mi sangre que había dejado en cada delgada huella mis alimentos o fuerza para gritar se habían ido; el dolor me había hecho endurecer y mi alma sólo cargaba la pena. Quizás este no era mi verdadero cuerpo pensé, pero el dolor era más que real y tan fuerte aún el ser más insensible rompería en llanto por el tormento de cada roca afilada entrando por los pies que buscando terminar el sendero más y más se de trabajo en el martirio; ahora delante de mi un enorme peñasco hecho de las mismas rocas se levantaba, con el rostro lleno de dolor lo miré sabiendo que tendría que escalar por el, tomé las primeras rocas y en mi mente deseé no tener manos – ¡¡¡ah!!! Grité por el dolor que finalmente había descongelado mi cuerpo y cada grito se repitió a cada una de las rocas que subía mis manos y mis pies eran masacrados pero aún así seguí subiendo en aquellas cuchillas, cada centímetro que escapaba era brutalmente agonizante metro a metro subía y por más que luchaba contra el dolor este terminaba por vencerme y gritaba nuevamente, al pasar de las rocas no sólo mis manos y pies eran cortados, todo mi cuerpo sentía el incesante dolor que las rocas provocaban y más de una vez en la escalada estuve a punto de caer desmayado, la sangre brotaba por todas mis extremidades, mi cuerpo ya no tenía su color rojizo como de costumbre, veía mis manos, o lo que si quedaba de ellas estar blancas completamente, trozos de mi piel caían arrancados por los picos que provocaban un ardor tan profundo que no parecía humano, mis dedos, mis brazos mis piernas podía ver mis huesos en cada uno de ellos y la carne ser desprendida con cada escalada, estaba a punto de llegar la sima cuando uno de mis pies resbaló y fue atravesado por una punta mi lamento rompió aquel silencio creí que ya una a poder continuar con esa subida ya no tenía manos o piernas que me ayudaran a hacerlo solo trozos de cansancio mutilados y algo de carne en ellos me sostenían pero aún así con todo y lo que se había vuelto un inmarcesible dolor seguí escalando, llegó en punto en que no hubo en mi más gota de sangre que derramar, con el rostro hecho trizas y ya medio muerto o más bien medio vivo subí los metros restantes, con la garganta destrozada; quizá de tanto gritar o quizá por las cortadas en mi cuello que en más de una ocasión casi me arrancan la cabeza, toqué la sima sin fuerzas, sin aliento y con mi cuerpo acribillado. Sentí bajo lo que aún quedaba en mis manos y que llamaba dedos algo suave de textura esponjosa – nieve, es nieve. Me dije a punto de desfallecer mientras los pocos fluidos que aún había en mi cuerpo se regaban por ese lugar, ya sin sangre me levanté, no podía creer que algo semejante fuera posible pero seguí de piel en la sima mientras la luz comenzaba a perderse en las nubes que traían consigo la nieve. No tenía bien en claro por qué motivo seguía yo avanzando, más me sentía atrapado en ese lugar y algo dentro o fuera de mi me decía que había que hallar la salida, de lejos parecía una leve y tranquila ventisca pero a medida que se acercó, la tormenta era bravía y furiosa se volvió imposible permanecer de pie o permanecer en el mismo lugar sin ser enterrado por la tormenta; la temperatura descendió extremadamente y comencé a congelarme, temblaba yo de frío y de dolor, pero di algunos pasos y esto mismos hicieron sentir que mis huesos se rompían cada movimiento que yo hacia era escuchar el crujido de ellos, el hielo cubría mi cuerpo a cada momento y al quitarlo nuevamente el dolor de algo dentro de mi desquebrajándose, de andar tambaleante continúe cayendo al suelo repetidas veces; cada ves que caía era peor y me levantaba sintiendo menos hombre, ha no era yo un humano no era más que un muerto cuyos pasos eran controlados por alguna fuerza exterior, algo ajeno a mis deseos.

Mis pasos se enterraron en la densa nieve que seguía más y más aumentando su altura como si su único objetivo fuera enterrarme por completo, se volvió imposible seguir caminando y mis congeladas piernas ya no pudieron seguir luchando el frío y la nieve las hicieron llegar al punto en que mis huesos se hicieron polvo – ¡no puedo continuar caminando! Me lamenté con tristeza; miré mis manos o lo que quedó de ellas y ahora comencé a arrastrarme todo mi cuerpo mientras seguía sufriendo por el frío que reventaba cada músculo y cada fibra de mi cuerpo, un dolor tan intenso removía mis más profundos recuerdos con tal de hallar algo que me hiciera seguir adelante, provenía desde adentro de mi este intenso dolor mirando mis brazos se veía como cristales de hielo salieran desde adentro de mi piel y la cortaban, casi quemando desde mi alma hasta mi exterior, me logré arrastrar con mis débiles manos y con inútiles piernas hasta salir de la ventisca justo cuando creía que caería muerto, ahí mismo junto a los demás cuerpo que esperan allí congelados, los miré con indiferencia ya no había sentimientos dentro de mi, parecían haberse congelado también y vi sólo esos cuerpo con frivolidad, me arrastré otro poco hasta que logré ver algo más que nieve o hielo. Un acantilado caía desde donde me encontraba, en su suelo unos altos arenales, dunas suaves en apariencia se extendían en un gran terreno; era una larga caída, pero cualquier cosa era mejor que seguir soportando mi cuerpo mientras este explotaba desde su interior así que sólo tuve que arrastrarme unos sentimientos más y me dejé caer, en caída libre con un fatal desenlace muy posible mientras caía mi cuerpo me era imperceptible no podía sentir nada, no era más que un trozo de carne molida y sin fuerza sólo un contenedor estaba yo completamente congelado mientras caía de pronto una ráfaga de viento se levantó desde los arenosos suelos y me golpeó, mi cara fue de intenso dolor, sentía como mis ojos de salían de sus órbitas al tiempo que miles y miles de agujas atravesaban todo mi ser salí arrojado por lo alto de los cielos grises de ese lugar mientras más ráfagas lograban seguir atravesando e incrustándose en mi cuerpo dejándolo como una marioneta que iba de lado a lado sin poder elegir su rumbo, desesperanzado pensé que ya era el momento final para mi, que no podría salir de ese lugar si no encontraba la forma de poder moverme; quería luchar contra el viento aunque mis cortados músculos se terminarán descargando en fibras finas causando un dolor agonizante.

Mortecino en el viento me aferré a lo único que me mantenía con fuerza, ya no eran mi cuerpo pues estaba completamente masacrado, era mi extraño deseo por terminar este recorrido y por saber que me esperaba al final de el, al final de mi vida.

Me encontraba suspendido en el viento que afligía mi cuerpo y lo movía a su antojo, a su merced como si no se tratase de nada más que un trozo de tela.

Con la vista en las arenas del suelo; la vi pasar caminando como si más fuertes e impetuosas ráfagas no le hicieran nada. De verdad no le hacían nada, no era para ella más que su respirar, la vi seguir su camino hasta ser devorada por la oscuridad del desierto entonces apretando con fuerza mis dientes sentí mi fuerza encenderse como una llama, una con la fuerza y el valor de mi voluntad; todo en mi destrozado ya, y sin importancia el dolor se me olvidó y como si nada hubiera pasado en mi, tomé fuerza de nuevo, comencé nuevamente brazada a brazada a nadar sobre el viento, surcaba las ráfagas como si fuesen olas del mar. Con cada movimiento justo cuando creía que ya conocía todo el dolor posible las ráfagas me cortaban aún peor y mis nociones de dolor cambiaban nuevamente una y otra y otra y otra vez. Un largo peregrinar de dolor y tortura indescriptible me hicieron perder la fe en que podría lograr salir de ese lugar, pero aún con todo y mi fatalismo seguí moviéndome sin parar, di una brazada más y sentí cada músculo desprenderse se mi hueso –¡ ahhhh! Grité del inenarrable dolor, pero eso fue suficiente para salir del huracán y terminé mi caída libre hasta tocar el suelo y las arenas. Casi no pude ponerme de pie y apenas y pude continuar caminando miré atrás y vi desaparecer las arenas mientras algo de tranquilidad emanaba de mis entrañas – ¿será todo? Con nervios me dije y seguí andando en ese camino

Estaba completamente sereno y calmado pese al dolor den mi deforme cuerpo, daba pasados sin poder despegar los pies del suelo cuando sentí una puñalada, un objeto afilado se encajó en mi pecho una y otra vez, lo mismo pasó en todo el cuerpo como si estuviera ya sin piel, o sin huesos, puñaladas invisibles me golpeaban por todos lados haciendo lento mi paso ya no podía caminar, no quería seguir sufriendo y yo imploraba o algo que diera final a mi infortunado existencia, algo, algo ¡algo! Que me desterrara completamente y me diera la muerte, grité a los cielos llorando clamando algo que diera por terminado está penitencia y como si mi voz fuese escuchada por alguien allá arriba mientras daba mortuorios pasos escuché un intenso silbido que se acercaba más y más; a gran velocidad algo cortaba el viento, repentinamente quedé enajenado por el dolor en un inmarcesible brete no supe que me estaba pasando pero me dolía el pecho y no podía caminar, al hacerlo sentía que algo atravesaba mi cuerpo, y abrí lo ojos y noté con monstruosidad una enorme flecha clavada en mi pecho misma que me ataba al suelo el suplicio aqueja nuevamente mi cuerpo gritos inéditos desgarraban mi garganta pero seguí caminando hasta quedar liberado de esa flecha, caí de rodillas en suelo estupefacto por semejante situación toqué con pánico mi pecho y sentí el hueco en el, un enorme hoyo cercana mi tórax, sin poder reaccionar completamente seguí caminando sólo para ser golpeado nuevamente por una flecha grité nuevamente mirando al cielo y fui clavado por otras tantas mis piernas, mis brazos, mi estómago, estaban clavados al suelo sin poder hacer nada, comencé a levantarme intentando salir de ellas y cada movimiento dejaba carne y tejidos en las flechas hasta que al salir de ellas se queda el lugar vacío, enmudecido seguí andando, me recargué por fin en un tronco al inicio de un oscuro bosque y seguí en el apenas gateando y a ratos arrastrándome o a veces de pie, me encontré perdido en la indescifrable oscuridad, ya no estaba siendo golpeado por flechas o por cuchillo provenientes de toda dirección, pude salir de ese lugar, apenas, mi cuerpo estaba incompleto, pero eso no parecía importar en este mundo y algo seguía poniéndome fue entonces que comenzó a llegarme un olor a muerte y a carne putrefacta, escuché un fuerte ruido a un costado mío, pero no pude reaccionar y algo me embistió y caí al suelo, me sentí ser devorado, desgarrado. Grandes fauces y colmillos filosos laceraban mi cuerpo, podía ver a enormes bestias, lobos, tigres manchados, Águilas y más animales degustarse con mi carne sin poder yo mover un solo músculo, un animal imponente se abrió paso entre los demás, me olfateo ya no tenia aliento e intentar defenderme era inútil contra esa bestia amarilla y sin piedad ese torvo animal encajó sus garras en mi pecho y lo abrió con facilidad, mi vida queriendo gritar pero nada salió de mi, ni siquiera un aliento; dejó al aire mi corazón, podía verlo latir suavemente mientras colgaba de mi cuerpo al igual que mis entrañas, miré amedrentado mis órganos estar tocando el suelo y con los ojos en blanco dirigí mi vista a la bestia y todas ellas desaparecieron. Matado, aturdido, oscilante salí trastabillando del bosque donde entonces vi un animal, ya antes lo había visto estas tierras, pero en el había algo diferente, era un felino con manchas negras y piel dorada, era casi tan grande como un pequeño barco me vio caer delante de él y sin el menor remordimiento se abalanzó sobre mi y como si yo no fuera nada más que una modesta ofrenda me despojó de mi corazón que ya estaba expuesto en mi pecho y lo comió con frivolidad delante de mis ojos, mientras yo expectante quedé aturdido en el suelo esperando mi muerte, la cual no llegó la bestia se fue de ese lugar, no pude ver a donde se marchó, me acerqué hasta el lugar donde escuchaba una corriente; aguas negras, tan negras como la noche corrían por ese río, levanté un poco la mirada mientras en mi espalda sentía una cálida y reconfortante mano, una brisa ciertamente tranquilizadora sacudió mi cuerpo y contemplé su cabello castaño moverse en dirección al rio, comencé a vibrar, quizá de emoción, quizá de frío, o tal vez por sentir la muerte tan cerca, quise dar la vuelta a mirarla y antes de que pudiera estar cerca de su rostro sus manos se vivieron fuertes y me arrojaron al rio

Creí que sentiría nuevamente ardor, dolor y tormento, pero en su lugar el agua me hizo sentir revitalizado, me comencé a sentir fuerte, aunque el agua entrara por las cavidades de mi cuerpo ya deshecho. Era un dolor diferente igual de profundo pero cálido, mi vida entera estuvo en mis ojos y eso me dio motivos de seguir luchando para no ahogarme – contra corriente un leve susurro me indicó la ruta que debía seguir y así lo hice, aunque la corriente era fuerte y devastadora ya no era rival para las nuevas fuerzas que a mi cuerpo cubrían, me hundí en el agua buscando evitar la corriente y salí por fin en el lugar donde comenzaba el río a manar. Salí con fuerza mirando mi nuevo cuerpo, relucía, era tan brillante como el bronce sentí que todo el dolor había valido la pena; pero aún no sabía cómo salir de ese lugar: seguía ignorando el como había llegado ahí, y que hacía exactamente en ese extraño mundo.

Mis ojos ya habían contemplado todo el terror posible y aun el que no lo era; mi piel, mi carne había experimentado todos los dolores del mundo; incluso mi alma ya había sido sometida a las peores torturas. Cuando reconocí esto una niebla blanca y luminosa se apoderó del lugar, entonces siendo imposible ver debido al brillo con obcecación comencé a caminar, a correr buscando una salida, me detuve un momento y mire con éxtasis como la niebla comenzaba a disiparse alrededor de su delgada silueta, lúcido contemplé su vestido de verde brillante caminado hacia mi: sin duda era hermosa, una belleza poco usual, nada a lo que estuviera acostumbrado, una hermosa flor en medio de la adversidad pensé. Su blanca y cálida sonrisa me dio paz y sosiego me sentí abrigado por su piel azabache. – Yo te he salvado. Me dijo con extraño y melancólico tono de voz. – Pero has sido tu mismo el que buscó su muerte a destiempo. Continuó diciéndome. Mientras tanto yo, expectante miraba sus labios moverse. – No he venido buscando la muerte. Hablé con fuerza. – He venido buscando fuerza y poder. – ¿Para que? Su voz enterneció al preguntar eso. – Quiero la gloria, eso es lo que busco, y que tal vez, ya encontré. Le dije mientras era cautivado por tu belleza, me sentí encadenado de su voz y de sus ojos, no quería salir ya de ese lugar. – Aún no es tu tiempo de estar conmigo, tienes más cosas que hacer, un gran camino te espera allá arriba. Escuché sus palabras y en lugar de estar feliz por su presagio y deseos, entristecí al saber que no podría quedarme con ella. No la conocía, nunca la había visto antes en mi vida y aún así me sentía como nunca antes y con nadie más, a su lado sentí en ese momento que no necesitaba más nada del mundo, me bastaba su presencia. – Quisiste adelantar tu tiempo, y eso es algo que no te puedo perdonar, escúchame bien, porque desde ahora, por más que busques no podrás encontrarme, seré yo quien decida cuando llamarte; y será mejor que no me busques, porque tendrás si así lo haces, por castigo la condena de repetir una y otro vez los peores infiernos, ahora marchante ¡Ya no tienes nada que hacer aquí! Vi sus ojos comenzar a llorar y no pude descifrar el porqué. Me dio la espalda y comenzó a caminar mientras yo esperaba de pie, mis piernas comenzaron a temblar y como si tuvieran ideas propias corrieron tras ella a su alcance. – Te vi desde que llegué a este lugar y estuviste en cada uno de los castigos que afronté; aún cuando sentí que no iba a terminar este viaje verte me daba energías ¡Quién o que eres? Grité esperando hallar una respuesta que diera consuelo a mi dolor casi tenía mi mano en sus hombros, cuando ella giró – si lo que quieres es estar conmigo, saldrás de este lugar, sin nada. Me dijo con un tinte furioso. – saldré contigo o le quedaré aquí. Le dije decidido. – eso y algo que no podrás cumplir y ya que tu has hecho este viaje sólo por glorificar tu nombre, te concederé ese deseo ¡Yo soy la muerte! Y desde hoy, ya no perteneces a mi. No podía entender el significado de esas palabras que me había gritando mientras sus ojos se empapaban en lágrimas quise gritarle y entonces me dio el único regalo de despedida. Y también el inicio de mi condena, sentí sus labios en los míos, eran cálidos y dulces un segundo de goce en compensación por las eternidades de dolor y sufrimiento que estaban por venir. Al separarnos me señaló un pequeño estanque de aguas azules como indicándome que esa era la salida. – es tu última oportunidad de quedarte conmigo, renuencia a lo que has obtenido un don así debe quedarse en este mundo, y si lo haces entonces podrás estar junto a mi. Me dijo con cierta desesperanza, y no supe que era lo correcto quería alcanzar la gloria y para ello necesitaba de las mejores habilidades, más por otro lado esa extraña mujer me dio una satisfacción más grande que cualquier cosa imaginada. Y tuve que renunciar a ella, no podía estar en un extraño mundo del que no sabía ni como había llegado ahí. No tiene que decir mi respuesta, ella supo que no dejaría que todo mi sufrir fuera en vano. Me miró con desprecio y me dijo así por vez última – te he visto cada día desde que naciste y supe desde tu alumbramiento que vendrías a mi, pero creí que tal vez no llegarías a este desenlace, ahora vete, Márchate a sufrir. Dijo estas palabras mientras se transformaba en un pequeño pájaro del color del jade y yo me lanzaba a ese estanque y nadé sumergiéndome lo más profundo que me era posible hasta vislumbrar una luz en el fondo tan intensa como el sol, y cuando por fin estuve ser a de la superficie, al salir abrí los ojos, estaba en ese lugar dentro del templo iluminado por antorchas. Me levanté y salí al sol para quedar nuevamente maravillado por ese lugar, una ciudad de belleza incomparable. Una figura humana se dibujó al principio de la escalinata que daba a donde yo me encontraba, y no pude reconocer al comienzo de quien se trataba, una larga barba rubia y una mirada de asombro, me dijo – cuatro años han pasado desde que te fuiste y ahora es que regresas no pensé que fueras capaz de vencer a misma muerte, ahora andando, debes comer algo porque a la mañana hemos se zarpar, un barco nos espera. Caí en cuenta que era aquel compañero sobreviviente del naufragio, pero lo que más le impactó fue saber que llevaba 4 años dormido o muerto en ese lugar.

Desde aquel día, dejé de ser humano, dejé de tener hambre, frío o cualquier otra sensación y a la mañana siguiente nos lanzamos al mar abierto buscando nuevas aventuras y buscando mi nueva gloria, ya había perdido mucho tiempo y debía recuperarlo. Por eso, aquel día no lo olvido, cuando renuncié a mi propia naturaleza, dejé de ser humano, con tal de obtener lo que quería.

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