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Steven roncaba plácidamente en su cama, envuelto entre las sábanas con esa tranquilidad absoluta que solo él parecía poder alcanzar. Una pequeña burbuja rosada se inflaba y desinflaba en su nariz al ritmo constante de su respiración, brillando tenuemente bajo la luz dorada del amanecer que se colaba por la ventana.
El sonido del mar a lo lejos acompañaba el momento. Todo estaba en calma.
Pop.
La burbuja estalló suavemente, y Steven frunció apenas el ceño antes de abrir los ojos con lentitud, todavía atrapado entre el sueño y la vigilia. Parpadeó varias veces, como si el mundo necesitara un momento para volver a enfocarse. Se incorporó despacio en la cama, estirando los brazos hacia arriba con un bostezo largo y despreocupado que terminó en un pequeño suspiro satisfecho.
Definitivamente había sido una buena noche.
Durante unos segundos, simplemente se quedó ahí sentado, despeinado, con la camiseta ligeramente arrugada y la mente todavía flotando. Entonces, algo cruzó por su memoria como un rayo cálido… y su expresión cambió.
Una sonrisa enorme se dibujó en su rostro.
Steven: ¡Orion!
Su voz salió cargada de emoción pura, como si el solo hecho de pronunciar su nombre hiciera que el día comenzara mejor.
Con renovada energía, saltó fuera de la cama y miró directamente al suelo, esperando encontrarlo allí, todavía dormido en el futón que había preparado con tanto cuidado la noche anterior. Recordaba haberlo acomodado, haberle deseado buenas noches con una sonrisa medio somnolienta.
Pero el futón estaba vacío.
Steven inclinó la cabeza ligeramente, confundido. Parpadeó.
Tal vez estaba en el baño.
Se asomó por las escaleras, buscando alguna señal —un sonido, un movimiento, algo— pero no escuchó nada más que el suave crujido de la madera bajo sus propios pies.
Steven: ¿Orion…?
Bajó las escaleras con pasos rápidos pero ligeros, intentando no alarmarse. Se asomó primero al baño. Vacío. Aunque, ya que estaba allí, aprovechó para lavarse la cara y despejarse un poco; el agua fría lo ayudó a terminar de despertar, pero no a calmar esa pequeña inquietud que comenzaba a instalarse en su pecho.
Cocina. Vacía.
La sala. Nada.
Abrió la puerta y miró hacia afuera. La brisa del mar movió suavemente su cabello rizado, y el olor salado llenó el aire. Pero no había señales de él.
La sonrisa que había traído al despertar empezó a desvanecerse lentamente.
Revisó cada rincón de la casa, llamándolo un poco más fuerte cada vez, intentando mantener el tono ligero, como si todo fuera un pequeño juego.
Steven: ¿Orion?
Steven: ¿Orion…?
El silencio comenzó a sentirse más pesado.
Una presión suave se apretó en su pecho. Steven no quería que fuera nada malo. No quería pensar que se había ido sin avisar. No quería esa sensación de vacío tan pronto en la mañana.
Steven: ¡Orion!
Orion: ¿Qué pasa?
La voz apareció justo detrás de él.
Steven: ¡WOAH!
El susto fue tan repentino que dio un pequeño salto hacia adelante, tropezando con sus propios pies. Todo ocurrió en un segundo: el desequilibrio, el intento torpe de estabilizarse… y entonces unas manos firmes pero suaves lo sostuvieron antes de que pudiera caer.
Orion lo sujetó con cuidado, estabilizándolo con una naturalidad tranquila. Steven parpadeó varias veces, todavía procesando el sobresalto, antes de mirar hacia arriba.
Steven aún tenía el corazón acelerado por el susto cuando se apartó apenas de Orion, llevándose una mano al pecho.
Steven: ¡Orion! ¡Casi me matas del susto!
Su voz no sonaba realmente enojada, sino exageradamente ofendida, como cuando algo le asusta más de lo que le gustaría admitir. Frunció el ceño… pero apenas un segundo.
Steven: ¿Dónde te habías metido? ¿Acaso lo olvidaste? Dijimos que después de nuestra primera pijamada juntos íbamos a planear un día entero de juegos en la mañana.
Mientras hablaba, sus brazos se movían acompañando cada palabra, como si estuviera reconstruyendo el plan en el aire. La emoción volvía a brillar en su expresión, mezclada con una pequeña queja infantil.
Orion inclinó levemente la cabeza.
Orion: Estaba con Perla. ¿No es así?
Se giró con calma y señaló detrás de él.
Steven siguió el gesto justo cuando Perla entraba en la sala con su postura impecable y las manos cruzadas delante de ella.
Perla: Tu hermano no dejaba de insistir en obtener respuestas sobre ciertas dudas relacionadas con las Gemas.
Su tono era sereno, casi académico. No había irritación, aunque sí un leve matiz de agotamiento refinado.
Perla acomodó un mechón de cabello detrás de la oreja, erguida como siempre.
Perla: En particular, sobre la estructura de los núcleos energéticos y las diferencias entre tecnología doméstica y tecnología militar.
Hizo una pequeña pausa, mirando de reojo a Orion.
Perla: Debo admitir que su nivel de análisis es… inusualmente meticuloso.
Al principio, aquella intensidad la había tomado por sorpresa. La forma directa en que Orion desarmaba cada explicación, cómo pedía precisión, cómo parecía necesitar comprenderlo todo desde la raíz. Pero con el tiempo, esa insistencia dejó de incomodarla. Incluso la estimulaba intelectualmente.
Había algo gratificante en responder preguntas que realmente querían entender, no solo escuchar.
Orion volvió su atención a Steven.
Orion: Además, despertaste hace solo unos minutos, ¿no es así?
Lo miró con una leve sonrisa ladeada, tranquila, casi paciente. No había burla en su expresión, solo una observación lógica.
Steven infló las mejillas al instante, cruzándose de brazos.
Steven: Sí, pero son minutos en los que ya podríamos haber salido a jugar.
Miró hacia la puerta, como si el sol mismo estuviera desperdiciándose.
Steven: ¡El día no espera, Orion! Hay aventuras que necesitan ser vividas temprano. Es ciencia.
Perla arqueó apenas una ceja.
Perla: No, Steven. Eso no es ciencia.
Steven se giró hacia ella con dramatismo.
Steven: ¡Es ciencia emocional!
Orion soltó una pequeña exhalación que casi parecía una risa contenida.
Orion negó suavemente con la cabeza, acercándose un poco más.
Orion: Steven, podemos jugar todos los días. Literalmente vivimos a veinte minutos caminando. No es como si fuera a morir pronto.
La frase salió ligera, casi despreocupada. Orion extendió la mano y le revolvió el cabello a Steven con suavidad. Steven refunfuñó, apartando un poco la cara, pero no se alejó. En realidad, esa familiaridad le gustaba más de lo que admitía.
Steven: bueno, entonces no perdamos más tiempo. ¡Ven! ¡Te mostraré algo genial!
Sin esperar respuesta, tomó la mano de Orion y comenzó a arrastrarlo hacia la playa con su entusiasmo habitual.
Orion apenas tuvo tiempo de girar el rostro.
Orion: luego continuamos, Perla.
Perla asintió, llevándose una mano al pecho.
Perla: Por supuesto. Pero no se alejen demasiado. Y Steven, nada de experimentos peligrosos.
Steven ya estaba bajando las escaleras.
Steven: ¡No prometo nadaaa!
Perla cerró los ojos un segundo, respirando con paciencia forzada.
Orion le dedicó una sonrisa breve antes de dejarse llevar por Steven.
Perla se quedó observándolo unos segundos más de lo necesario.
Había algo en esa expresión tranquila, en la forma en que sostenía la mirada sin ansiedad, que le resultaba… inquietantemente familiar. pero de manera diferente, incluso... agradable.
La brisa del mar los recibió apenas cruzaron la puerta. El sonido de las olas rompiendo contra la arena llenaba el aire con un ritmo constante y familiar. Steven caminaba hacia atrás mientras arrastraba a Orion, hablando sin pausa.
Steven: ¡Mira! ¡Ayer encontré una roca que parece una papa con cara! ¡Y también hay una cueva pequeñita que creo que podría ser una base secreta! ¡Y—!
Se detuvo abruptamente para señalar todo al mismo tiempo.
Orion observaba en silencio. Miraba la roca. La arena. El horizonte. Analizaba cada cosa con atención… pero no con la misma chispa. No era desinterés. Era distancia. Steven, en cambio, veía posibilidades en todo.
Steven: ¡Y aquí podemos construir un fuerte! ¡O podemos enterrar cosas y hacer un mapa del tesoro! ¡O podemos—!
Se quedó sin aire antes de quedarse sin ideas. Orion lo observó un momento.
Desde afuera, cualquiera habría pensado que Orion era el hermano mayor. un poco mas alto, un poco mas grande. Movimientos más contenidos. Mirada más estable.
Steven, en comparación, parecía más pequeño de lo que realmente era.
Pero tenían la misma edad. Mellizos. Al menos, eso era lo que Steven siempre decía con orgullo.
Steven: ¿Verdad que es genial?
Sus ojos brillaban. Esperando validación. Esperando compartir. Orion miró nuevamente la roca con forma extraña.
Orion: Es… una roca.
Steven abrió la boca, ofendido.
Steven: ¡Es una roca especial!
Silencio breve. Orion lo miró de reojo.
Orion: Entonces supongo que es especial.
No había entusiasmo en su voz. Pero sí había algo más importante: se quedó allí.
Steven sonrió otra vez, satisfecho con eso. siguió hablando. para Steven, lo importante no era que Orion entendiera la roca. Era que estuviera allí mirándola con él.
Steven dio un pequeño salto hacia atrás, inflando el pecho con orgullo repentino.
Steven: ¡Y mira! ¡También puedo hacer esto!
Sin esperar reacción, flexionó ligeramente las rodillas, estiró los brazos hacia arriba y giró el cuerpo para intentar una media luna.
Intentó.
Porque en lugar de caer con gracia… perdió el equilibrio a la mitad del movimiento y aterrizó de espaldas contra la arena con un ¡puf! suave y polvoriento.
Se quedó inmóvil un segundo, mirando el cielo, procesando la traición de la física.
Orion parpadeó.
Orion: Wow. Eso realmente es impresionante, Steven.
Aplaudió un par de veces. Lento. Medido.
Steven levantó la cabeza apenas.
No sabía si Orion hablaba en serio o si estaba siendo… sutilmente cruel.
Antes de que pudiera responder—
¡PUM!
Algo cayó encima de él, aplastándolo contra la arena y sacándole el aire de los pulmones.
Steven: ¡Guh—!
No fue doloroso exactamente… solo lo suficiente para dejarlo aturdido y lleno de arena.
Una risa familiar vibró encima de él.
Amatista: ¿Qué onda, pequeñitos? ¿Qué hacen?
Steven escupió un poco de arena antes de lograr sacar la cabeza.
Steven: ¡Amatista! ¡Quítate de encima! ¡Le estaba mostrando a Orion mis movimientos geniales!
Amatista rodó a un lado sin mucha prisa, dejándolo finalmente respirar. Se quedó acostada en la arena, apoyada sobre un codo, con esa sonrisa perezosa y divertida.
Amatista: ¿Movimientos geniales? ¿Te refieres al “ataque estrella caída”?
Steven se incorporó rápido.
Steven: ¡Era una media luna!
Amatista lo miró de arriba abajo.
Amatista: Claro, campeón.
Orion observaba la escena con atención genuina. No parecía molesto por la interrupción. Más bien… curioso.
Orion: Hola, Amatista.
Su tono fue sencillo, directo.
Orion: Solo estaba pasando tiempo con Steven.
Se sacudió un poco la arena de las manos antes de añadir:
Orion: ¿Cómo has estado?
Amatista levantó una ceja. No era común que alguien le preguntara eso con tanta calma.
Amatista: Eh… bien, supongo. Ya sabes. Cosas.
Se encogió de hombros y luego miró a Steven.
Amatista: ¿Desde cuándo haces acrobacias? ¿Me perdí de algo increíble?
Steven volvió a inflar el pecho.
Steven: ¡Estoy entrenando! Bueno… casi. Pero voy a ser increíble.
Amatista sonrió más grande.
Amatista: Entonces será mejor que practiques más antes de que intentes impresionar a tu hermano gigante.
Le dio un pequeño empujón con el pie a Orion.
Amatista: ¿Siempre ha sido así de intenso?
Orion miró a Steven, que ya estaba preparándose para otro intento claramente innecesario.
Orion: Sí.
Pequeña pausa.
Orion: Pero creo que eso es lo interesante.
Steven no escuchó esa parte. Ya estaba contando en voz alta.
Steven: ¡Uno! ¡Dos! ¡Tres!
Y volvió a intentar la media luna. Esta vez cayó de lado. Amatista estalló en carcajadas.
Orion volvió la mirada hacia Amatista, observándola con una atención sospechosamente seria. Amatista frunció el ceño.
Amatista: ¿Qué? ¿Tengo algo raro?
Se miró los brazos. Luego el torso. Incluso se sacudió un poco la camiseta.
Amatista: ¿Es arena? se me metió en alguna parte? viejo si es solo eso no me importa, Estamos en la playa.
Orion no respondió enseguida. Solo entrecerró un poco los ojos, como si estuviera analizando un fenómeno extraño. Steven también empezó a mirar.
Steven: ¿Qué ves? ¿Es algo genial? ¿Es una mutación? ¿Es una cosa de gema?
Amatista empezó a girar sobre sí misma.
Amatista: ¡Hey! ¡No me asusten!
Orion dio un paso más cerca.
Orion: Sí…
Levantó la mano lentamente. Amatista se quedó quieta. Orion señaló su gema con el dedo, casi tocándola.
Orion: Aquí.
Amatista bajo la mirada.
Amatista: ¿Eh? Yo no veo nada—
De repente, Orion movió el dedo hacia arriba y tocó suavemente su nariz.
Orion: Chincho poroto.
Un segundo de silencio. Steven abrió la boca. Amatista parpadeó. Orion soltó una pequeña risa. Luego otra más fuerte, retrocediendo un par de pasos. Steven explotó en carcajadas.
Steven: ¡JAJAJA! ¡Eso fue genial!
Amatista se quedó inmóvil… procesando. Luego sonrió lentamente.
Amatista: Ahhh.
Se levantó de golpe.
Amatista: ¿Así que quieres jugar, eh?
Se agachó ligeramente, sonrisa torcida y ojos brillando con caos puro.
Amatista: Perfecto.
En menos de un segundo se lanzó hacia adelante intentando atraparlo. Steven gritó emocionado en lugar de advertirle.
Steven: ¡CORRE, ORION!
Orion sonrió y, antes de que Amatista lo atrape, aprovecho su altura y de que amatista se lanzara directamente hacia el, poniendo su mano sobre la cabeza de Amatista y saltando encima de ella, en el proceso tirandola a la arena.
Orion: jaja, es todo lo que tienes?
Orion se burlo, para luego empezar a correr. Amatista se puso de pie, no habiendo esperado ese movimiento, se enojo un poco, pero ahora tenia muchas mas ganas de atrapar a Orion.
Amatista: ya vas a ver! cuando te atrape te hare tragar arena!
Amatista sonrió y persiguió a Orion. no planeaba usar toda su velocidad, pensando que Orion apenas seria mas rápido que steven. pero el chico era mas rápido de lo que pudo haber esperado. aun así no la superaba, solo era una pequeña sorpresa, ya que Orion solo era un humano.
Amatista: Oriooon~
su voz era juguetona, como si quisiera asustarlo, estando detrás de Orion a punto de atraparlo.
Orion sonrió relajadamente, pero por dentro estaba entrando un poco en pánico. no estaba usando toda su velocidad, según lo que calculaba, solo estaba usando el 80% de su velocidad total. pero parece que no superaba a Amatista incluso si usaba su 100%. eso lo frustro y molesto por dentro.
Orion: (carajo... ni siquiera puedo superar a una Amatista de tan bajo nivel. pero la velocidad no lo es todo...) Ni si quiera lo estas intentando. te propongo un reto.
Orion giró apenas el rostro mientras seguía corriendo. Su sonrisa era ligera, casi traviesa. Por dentro estaba midiendo distancias, rutas, obstáculos. Por fuera parecía divertirse.
Orion: Si logras atraparme… te haré cinco flanes enteros. Solo para ti.
Amatista redujo la velocidad apenas por sorpresa. Orion añadió, sin dejar de avanzar:
Orion: Pero si no puedes… me deberás un favor. El que yo quiera.
Hubo un segundo de silencio.
Luego—
Amatista: ¡Ojojo! ¡Ahora sí me prendiste!
Sus ojos brillaron con una mezcla peligrosa de competitividad y hambre.
Amatista: ¡Será mejor que no te arrepientas cuando esté comiéndome esos flanes frente a ti!
Y entonces dejó de contenerse. La arena explotó bajo sus pies cuando aceleró de verdad. Steven, varios metros atrás, gritó:
Steven: ¡¿¡Hay flan!?! ¡Yo también quiero participar!
Orion sintió el cambio de inmediato. El aire detrás de él se volvió más pesado. Ya no era un juego suave. Era una persecución real. Salieron de la playa hacia Ciudad Playa. Orion esquivó peatones, bancas y botes de basura con movimientos rápidos y medidos. Cruzó frente al edificio de las rosquillas, la campanita de la puerta sonando cuando alguien salía. Sin frenar, se desvió hacia la pared lateral.
Y trepó. sus manos encontraron grietas pequeñas, bordes mínimos. Sus pies empujaron con precisión. No era algo que un humano promedio hiciera tan fácil… pero tampoco parecía antinatural.
Subió con rapidez hasta el techo. Aterrizo, giro, Y se quedó congelado un segundo. Amatista ya estaba allí. Había saltado. Literalmente. Estaba de pie sobre el techo plano, brazos abiertos, sonrisa amplia y salvaje.
Amatista: Vamos, Orion… sabes que es imposible ganarme.
Dio un paso hacia él.
Amatista: Ven aquí y empieza a batir ese flan.
Steven apareció abajo, mirando hacia arriba con los ojos enormes.
Steven: ¡¿Cómo hicieron eso?!
Amatista se lanzó hacia adelante. Orion reaccionó en el último instante, moviéndose hacia un costado justo cuando terminaba de impulsarse por completo al techo. El impacto hizo vibrar ligeramente la estructura. Amatista casi resbaló por el borde. Se sostuvo con una mano. Se impulsó de vuelta. Ahora sonreía aún más. Ya no era solo por el postre.
Amatista: Ohhh… me gusta cuando corren.
Orion retrocedió un paso. Por dentro, su mente corría más rápido que antes. Subestimar la capacidad física de una Gema había sido un error evidente. Saltó hacia el otro extremo del techo, evaluando la distancia al siguiente edificio. estaba muy lejos. aun así, Orion no se iba a rendir, planeando saltar. Steven gritaba desde abajo:
Steven: ¡Orion, cuidado!
Amatista avanzó otra vez. Más rápida. Más seria. Y por primera vez desde que empezó el juego… Orion sintió que la ventaja que creyó tener nunca existió realmente.
Orion negó con la cabeza apenas. Por un instante, su expresión cambió, dejando ver un momento su molestia y disgusto. Calculó la distancia entre techos. La altura. El ángulo. El viento que soplaba desde el mar. Podía hacerlo. Tenía que poder hacerlo. Respiró profundo. Y corrió. Esta vez no estaba jugando.
Sus pasos golpeaban el techo con fuerza real, pequeñas vibraciones recorriendo la estructura. El viento le empujó el cabello hacia atrás. Sus pulmones ardían. Abajo, Steven dejó de reír.
Steven: ¡Orion—!
Amatista sintió el cambio. Ya no era persecución divertida, Era imprudencia.
Amatista: Oye, espera—
Orion saltó. Por un segundo que pareció eterno, todo se ralentizó. La ciudad quedó suspendida bajo él. El mar brillando a lo lejos. La sombra del edificio extendiéndose como una mancha oscura. La mano de Amatista pasó a centímetros de su camiseta. No lo alcanzó. El tiempo volvió a avanzar. Y entonces-
PUM.
El impacto contra el suelo fue seco, pesado. polvo se levantaron alrededor de su cuerpo. Orion rodó por instinto, girando sobre el hombro para distribuir la fuerza, raspándose los brazos en el proceso.
Si hubiera sido completamente humano… el sonido habría sido distinto. Más quebradizo. Se detuvo finalmente boca arriba, mirando el cielo azul que ahora parecía demasiado brillante. Por un segundo no sintió nada. Luego llegó el dolor. Difuso. Extendido. Una punzada en el costado. Ardor en el hombro. Nada roto.
Steven ya estaba arrodillado a su lado.
Steven: ¡Orion! ¡Orion, dime que estás bien! ¡Eso fue como— como diez Stevens de altura!
Intentaba tocarlo y al mismo tiempo no tocarlo, sin saber dónde podría dolerle. Amatista bajó del edificio de un salto menos espectacular que antes. Sus botas golpearon el suelo con un sonido pesado. Ya no sonreía.
Amatista: Viejo, ¿qué te pasa? ¡Pudiste haberte matado!
Había enojo en su voz, no era burla. Era preocupación disfrazada. Orion se incorporó lentamente, apoyándose en una mano. Soltó un suspiro largo, como si nada hubiera pasado. Forzó una sonrisa.
Orion: Hah… supongo que perdí.
Steven lo miró con los ojos aún abiertos de par en par.
Steven: ¡Eso no era una competencia! ¡Era una persecución divertida!
Amatista cruzó los brazos.
Amatista: Eso no fue divertido.
Orion se encogió ligeramente de hombros.
Orion: Meh. Estoy bien.
Se levantó con un poco más de rigidez de la que pretendía mostrar. Una pequeña mueca cruzó su rostro… pero la disimuló rápido.
Steven la vio. Steven siempre veía esas cosas. El viento sopló desde la playa, moviendo la camiseta de Orion contra su torso, revelando por un segundo cómo respiraba más profundo de lo normal. Amatista lo observó un momento más. Luego suspiró. Se acercó y, esta vez sin brusquedad, apoyó la mano sobre su cabeza.
Amatista: Idiota.
Pero su tono ya era más suave. Luego sonrió de lado.
Amatista: Ahora me debes cinco flanes enteros.
Steven levantó la mano de inmediato.
Steven: ¡Yo puedo ayudar a hacerlos!
Orion soltó una pequeña risa, aunque el movimiento casi le tira del costado. dolía, solo un poco. por suerte para mañana ya debería estar mejor.
. . .
Orion, Amatista y Steven bajaron al lavadero de Greg, aunque “lavadero” ya no era una palabra del todo justa. Desde que Orion insistió con una terquedad sorprendentemente firme para alguien que tenia solo 5 años en ese entonces, el lugar había cambiado, solo un poco, almenos en la superficie.
Debajo del viejo suelo de cemento, y con ayuda de las Gemas, se había construido un pequeño hogar subterráneo. Nada exagerado, pero sí acogedor: una cocina compacta con encimeras improvisadas de piedra pulida, una ducha sencilla conectada a un sistema de agua que Perla había calibrado con obsesiva precisión, una cama empotrada contra la pared y algunos estantes donde descansaban ingredientes, utensilios y un par de objetos personales. El aire allí abajo era ligeramente más fresco, con ese olor tenue a tierra húmeda mezclado con vainilla y azúcar.
Amatista fue la primera en tirarse sobre una de las sillas como si fuese un trono.
Amatista: Perfecto. Mis sirvientes pueden comenzar —anunció, cruzando las piernas y apoyando el mentón sobre la mano.
Steven soltó una risa inmediata. Orion ni siquiera levantó la vista mientras medía la leche.
Steven: Claro, su alteza. ¿Desea también que le abanique?
Amatista: Sí
respondió Amatista sin dudar, señalándolo con una cuchara como si fuera un cetro.
Al final, el “grupo de tres” terminó siendo más bien un dúo. Steven mezclaba con entusiasmo, salpicando un poco más de lo necesario, mientras Orion corregía proporciones con movimientos más precisos. Amatista observaba, daba órdenes absurdas y cambiaba de postura cada pocos segundos, exagerando gestos dramáticos solo para hacer reír a Steven.
Amatista: Más caramelo. No, más. ¡Más!
insistía.
Orion: Eso ya es azúcar líquida
murmuró, una gota de sudor cayendo por su mejilla. se anoto mentalmente nunca dejar que Amatista se acercara cuando el Cocinaba.
El olor empezó a llenar el pequeño espacio cuando el caramelo se fundió correctamente. El sonido burbujeante y el calor suave hicieron que incluso Amatista se inclinara un poco hacia adelante, traicionando su supuesta pose de realeza indiferente.
Cuando por fin los flanes estuvieron listos, brillando bajo la luz tenue del hogar subterráneo, Amatista abandonó su papel de princesa sin la menor dignidad.
Amatista: Mio!
Y atacó.
Uno desapareció casi entero en cuestión de segundos. Luego medio del segundo. Steven la miraba entre divertido y alarmado. Orion, anticipándose, deslizó discretamente dos porciones hacia el extremo contrario de la mesa. Lo hizo con naturalidad, como si simplemente estuviera acomodando los platos.
Amatista estaba demasiado concentrada en raspar el caramelo del molde como para notar nada. Steven entendió al instante. Tomó las dos porciones con cuidado, como si estuviera cargando algo valioso, y retrocedió lentamente hacia las escaleras que llevaban arriba.
Orion dio un pequeño golpe con la cuchara contra la mesa.
Orion: Oye, este quedó más firme. Creo que te va a gustar más.
Amatista levantó la cabeza de golpe.
Amatista: ¿Más firme? ¡Eso cambia todo!
Mientras ella se inclinaba sobre el nuevo objetivo, Steven subió los escalones casi corriendo, apenas conteniendo la risa, seguramente rumbo a compartir el botín con su padre.
Orion soltó un suspiro suave cuando el sonido de los pasos se perdió arriba. Amatista seguía concentrada.
Orion cerró los ojos por un instante, aislándose del sonido de la cuchara raspando el caramelo del molde. El olor dulce seguía en el aire, pero ya no lo registraba.
Débil. Aún era demasiado débil.
Desde que renació, no había dejado de entrenar. Cada día. Cada momento libre. Era consciente de que su capacidad superaba por mucho la de un humano promedio, incluso la de alguien considerado un prodigio. Sus reflejos, su resistencia, su mente… todo estaba por encima.
Pero no era suficiente. No podía superar a alguien como Amatista. Y eso le carcomía la cabeza en silencio.
"Si no me equivoco… cuando tenga un cuerpo más maduro, seguramente llegaré a su nivel. Tal vez incluso la supere un poco."
Su mandíbula se tensó apenas.
"Pero eso no es suficiente."
Su expresión relajada comenzó a endurecerse casi sin que lo notara. Sus pensamientos se aceleraban, repasando ideas, teorías, posibles mejoras. Ajustes. Métodos. Alternativas.
Entonces
Amatista: ¡Orion!
El grito lo atravesó como un chasquido.
Orion se sobresaltó ligeramente, abriendo los ojos.
Orion: ¿Eh? Ah… ¿qué pasa?
Amatista estaba demasiado cerca. Mucho más de lo que él recordaba hace un segundo.
Amatista: Por qué te ves tristeee?
Sin esperar respuesta, apoyó ambas manos sobre sus hombros y lo sacudió de adelante hacia atrás con exageración infantil.
Orion tuvo que apoyar un pie para no perder equilibrio.
Orion: No estoy triste. Solo estaba pensando.
Amatista lo soltó y se cruzó de brazos, inclinando la cabeza hacia un lado con expresión sospechosamente exagerada.
Amatista: Mmm. Esa cara era de “estoy pensando cosas dramáticas”.
Orion desvió la mirada apenas.
Orion: Solo cosas normales.
Amatista rodó los ojos.
Amatista: Bueno, no sé qué anda tramando esa cabecita tuya… pero deja de preocuparte tanto. Tu compañera Amatista está aquí para ayudarte.
Se encogió de hombros como si acabara de resolver un problema mundial y, sin pedir permiso, le revolvió el cabello con una sonrisa amplia.
Orion parpadeó. No sabía si estaba siendo amable, burlona… o ambas cosas al mismo tiempo.
Orion: ...Realmente me ayudarías, Amatista?
La pregunta salió más baja de lo habitual. La voz era la misma, pero había algo distinto en ella. Más pesada. Más seria. sino alguien que llevaba demasiado tiempo pensando en algo.
Amatista no esperaba ese cambio. Tardó un segundo en responder.
Amatista: Pfff— claro, amigo. ¿Qué necesitas?
Ya no estaba inclinada de forma dramática. Lo miraba de frente ahora. Directo. Orion sostuvo su mirada. Un segundo. Dos. Tres.
La observó como si estuviera evaluando algo que solo él entendía. Como si estuviera decidiendo si cruzar una línea invisible. Y entonces… sonrió.
Orion: Algún día te pediré un favor importante. quizas sea algo que no te agrade mucho. no será la gran cosa. solo algo pequeño... pero por ahora no es necesario.
Amatista alzó una ceja.
Amatista: que? que clase de favor?
La confusión reemplazó por completo su tono juguetón. Incluso inclinó ligeramente la cabeza, estudiándolo.
Orion desvió la mirada apenas hacia el suelo de piedra del pequeño hogar subterráneo.
Orion: Te dejare con la duda.
Hizo una pausa.
Orion: Ahora, si me disculpas, tengo que entrenar.
Orion se puso de pie sin añadir nada más. Se quitó las zapatillas primero, dejándolas contra la pared. Luego la camiseta negra, arrojándola con descuido sobre la silla. Después el pantalón. Para él era rutina. Entrenar con la menor ropa posible le permitía sentir mejor cada tensión en el músculo, cada variación en su respiración.
Amatista lo miro.
Por un segundo demasiado corto para admitirlo, sus mejillas tomaron un tono más cálido. Desvió la mirada hacia la pared como si de repente hubiera algo muy interesante en ella.
Amatista: sí, bueno. Como quieras amigo. Nos vemos mañana.
Se rascó la nuca, encogiéndose de hombros con exagerada naturalidad antes de girarse y dirigirse hacia la salida.
. . .
Steven regresa de la nada bajando las escaleras
Steven: AUN NO HEMOS TERMINADO NUESTRO DIA!
Fin de parte 1.
4476 palabras tiene este fic. muy poco. pero es solo el primer cap. el segundo tendra 10k. tal vez un poco menos, o un poco mas.








