Escort [Taegi]

Sinopsis

Kim Taehyung espera en la penumbra de una habitación de lujo la llegada de un acompañante. Después de una jornada agotadora como director de una de las corporaciones más grandes del país, solo busca a alguien sumiso con quien relajarse y desconectar de las presiones del poder. Sin embargo, lo que Taehyung no espera es que, al abrirse la puerta, aparezca alguien totalmente inesperado. Min Yoongi es decidido, provocativo y, sobre todo, no tiene ninguna intención de rendirse ante el hombre que cree tener el control de la situación.

Genero:
Romance
Autor/a:
Miki
Estado:
Complete
Capítulos:
14
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

Capítulo 1

El aroma contenido del lujo del hotel Shilla no lograba aplacar el zumbido persistente en el bolsillo del pantalón de Yoongi. Si los mensajes de texto pesaran, su pierna derecha ya habría cedido ante la insistencia de Park Jimin. Min Yoongi levantó la vista hacia el espejo del ascensor. El traje azul medianoche, de un corte tan preciso que parecía una segunda piel, se ajustaba con elegancia a sus hombros. Se acomodó los anteojos sobre el puente de la nariz y sacó el teléfono.

La pantalla iluminó su rostro, destacando la línea de su mandíbula.

Jimin (20:45): No te distraigas con los detalles. Entra y haz lo tuyo. Recuerda, eres el mejor. No aceptes menos de lo que vale tu tiempo.

Yoongi bloqueó el teléfono con un movimiento descuidado, pero volvió a vibrar antes de que pudiera guardarlo. Bajó la vista para leer el nuevo mensaje justo cuando las puertas del ascensor se abrieron. No reparó en el número luminoso sobre el marco.

El otro pasajero salió primero y Yoongi lo siguió, todavía concentrado en la sucesión de consejos inútiles que Jimin continuaba enviándole. Cuando levantó la cabeza, las puertas ya se habían cerrado a su espalda. Guardó el teléfono y avanzó por el pasillo, siguiendo la numeración hasta encontrar el cero dos al final del corredor. Se detuvo frente a una imponente puerta de madera oscura. Se obligó a dejar de pensar y levantó la mano. Dio tres golpes espaciados.

Dentro de la suite, Kim Taehyung permanecía de espaldas a la puerta, contemplando las luces de Seúl desde el ventanal. Tenía el saco desabrochado y sostenía una copa con licor ámbar. El licor ámbar brillaba bajo la iluminación tenue cada vez que movía los dedos.

Al escuchar los golpes, un destello de anticipación atravesó su cansancio. Jin le había prometido que esa noche sería diferente, que había conseguido a alguien de un calibre que no aparecía en los catálogos habituales. Taehyung no había querido conocer demasiados detalles. Después de una semana soportando juntas a accionistas y amenazas disfrazadas de cortesía, solo había pedido una noche en la que no tuviera que tomar ninguna decisión.

Taehyung bebió el último trago, dejó la copa sobre una mesa y caminó hacia la entrada. Antes de abrir, se pasó una mano por el cabello, alborotándolo lo suficiente para restarle rigidez a su imagen.

Se quedó quieto con la mano todavía apoyada en la manija.

El hombre en la puerta no se parecía a ninguno de los acompañantes que Jin solía elegir. Tenía la piel tan clara que parecía recoger la luz del pasillo y unos ojos pequeños, agudos, ocultos detrás de unos anteojos de armazón fino. Vestía un traje de tres piezas y mantenía la espalda recta, con una seguridad que no parecía destinada a complacer a nadie.

—Llegas tarde —dijo Taehyung.

Su voz ronca cruzó la escasa distancia entre ambos; Yoongi no mostró inquietud. Dio un paso al frente, obligándolo a retroceder para dejarle espacio.

—Llego exactamente cuando decidí llegar —respondió—. Si vamos a perder el tiempo en reproches, será mejor que me vaya. Tengo cosas más importantes que hacer que discutir sobre puntualidad.

Taehyung parpadeó. Nadie le hablaba de aquella manera. La ausencia absoluta de miedo terminó de convencerlo de que las recomendaciones de Jin se habían quedado cortas.

—No he dicho que sea un problema —contestó con una media sonrisa mientras cerraba la puerta—. Solo estaba empezando a impacientarme. Supongo que algunas cosas merecen la espera.

Yoongi recorrió la suite con la mirada, sin detenerse en el tamaño de las ventanas ni en los muebles elegidos para impresionar. Caminó hasta el mueble bar y dejó su saco sobre el respaldo de una silla, como si hubiera entrado en un lugar conocido.

—¿Te sirves tú mismo o esperas que lo haga yo? —preguntó Taehyung.

Recuperó la compostura y se aproximó, aunque sus pasos conservaron cierta cautela. No podía evitar la impresión de estar entrando en el radio de acción de un animal impredecible. Yoongi se giró hacia él. No se había quitado los anteojos y el reflejo de las luces de la ciudad sobre los cristales impedía adivinar hacia dónde dirigía exactamente la mirada.

—No bebo en estas situaciones —respondió—. Y tú pareces un hombre que valora la eficiencia por encima de la cortesía. ¿Me equivoco?

Una pequeña sonrisa se dibujó en los labios de Taehyung. Dejó la copa a medio terminar sobre la barra y se detuvo a menos de un metro de él. La diferencia de altura era evidente, pero Yoongi no proyectaba ninguna inseguridad. Mantenía el mentón en alto, obligándolo a inclinar ligeramente la cabeza para buscar sus ojos.

—No te equivocas —admitió—. Aunque me sorprende. Se supone que esto debería ser algo más… fluido.

—Lo será.

Yoongi se quitó los anteojos y los dejó junto a la copa. Sin el cristal de por medio, sus ojos resultaban aún más difíciles de ignorar.

—Pero aquí las reglas las pongo yo.

Su arrogancia no se sentía impostada. Taehyung avanzó un paso, buscando algún destello de vacilación o cualquier cosa que le devolviera el control. Yoongi permaneció firme mientras la distancia entre ambos desaparecía.

—Me gusta que pongas reglas —susurró Taehyung, bajando la voz hasta convertirla en una caricia—. Aunque no estoy acostumbrado a obedecer.

—Siempre hay una primera vez para todo.

Yoongi extendió la mano y cerró los dedos alrededor del nudo de su corbata. Tiró de ella hasta obligarlo a inclinarse. Taehyung pudo observar de cerca la forma de sus labios, que permanecían apretados, y el brillo oscuro de sus ojos.

—Estás tenso —observó Yoongi, recorriendo su rostro con la mirada.

Taehyung exhaló despacio. El aliento ajeno rozaba su boca. Resultaba absurdo; podía enfrentarse a una sala llena de accionistas dispuestos a despedazarse unos a otros, pero bajo la presión de aquellos dedos alrededor de su corbata se sentía completamente expuesto.

—No es tensión lo que siento, te lo aseguro.

Su voz salió más ronca de lo que pretendía.

—Dime qué es, entonces.

El desafío llegó acompañado de un tirón suave. Sus narices se rozaron. Sus dedos abandonaron la corbata para recorrer lentamente la línea de su mandíbula. Taehyung llevó una mano hasta su cintura y apretó la tela del traje. Yoongi se apartó apenas unos centímetros. Desabrochó los botones del chaleco y después liberó dos de la camisa, exponiendo la piel de su garganta.

—Quítate el saco —ordenó.

Taehyung obedeció.

Dejó que el saco cayera sobre el suelo de la suite. Las manos de Yoongi subieron por su pecho y se clavaron sobre sus pectorales antes de empujarlo. Taehyung retrocedió un par de pasos hasta que sus caderas chocaron contra el escritorio. Ahogó un gruñido y buscó apoyo sobre la superficie.

Yoongi se instaló entre sus piernas, forzándolo a separarlas, y levantó el rostro. Sin decir nada, llevó una mano hasta la nuca de Taehyung y tiró de él, estrellando sus labios contra los suyos.

El beso fue brusco. Taehyung respondió con la misma intensidad, rodeándole la cintura para pegarlo a su cuerpo, ansioso por recuperar parte del control. El sabor del whisky permanecía en su boca, mezclándose con el calor de Yoongi. Un gemido vibró contra sus labios antes de que unos dientes atraparan su labio inferior y tiraran de él.

—Te mueves demasiado —murmuró Yoongi, rozando con el pulgar la humedad que había dejado sobre sus labios.

Bajó las manos hasta el cinturón de Taehyung. El clic metálico de la hebilla atravesó el silencio de la suite. Después hizo descender la cremallera con lentitud, sin romper el contacto visual. Taehyung intentó alcanzar los botones de la camisa azul, pero Yoongi le sujetó las muñecas y las presionó contra el escritorio.

—Dije que yo pongo las reglas.

Inclinó el rostro hacia el cuello de Taehyung. Su lengua trazó una línea húmeda desde la mandíbula hasta el lóbulo de su oreja, donde succionó con fuerza.

Taehyung arqueó la espalda. Sus dedos se crisparon sobre el escritorio cuando una de las manos de Yoongi entró bajo su ropa interior. El primer contacto le arrancó un jadeo que subió hasta el techo alto de la habitación.

Los dedos rodearon su erección e iniciaron un movimiento continuo. Yoongi observaba cada reacción, atento a la forma en que la respiración de Taehyung se quebraba y sus músculos se tensaban bajo la ropa.

—No cierres los ojos —le ordenó en un susurro—. Quiero saber exactamente qué te gusta.

Taehyung sostuvo su mirada. El escritorio presionaba contra sus caderas; el pantalón abierto restringía sus movimientos y el cuerpo situado entre sus piernas apenas le dejaba espacio para respirar. Liberó una de sus muñecas y hundió los dedos en el cabello oscuro de Yoongi. Tiró hacia atrás para exponer su cuello.

La respuesta fue inmediata. La presión alrededor de su erección aumentó y el movimiento se volvió más rápido. La otra mano subió hasta su rostro y un pulgar se apoyó contra sus labios, sofocando el sonido que intentaba escapar. Yoongi unió su frente con la de Taehyung. Durante unos segundos compartieron el mismo aire, cada vez más caliente y escaso.

Taehyung abrió la boca alrededor del pulgar de Yoongi, deslizando la lengua sobre la yema. Fue suficiente para hacerlo sonreír. Después se apartó.

Sus manos abandonaron el cuerpo de Taehyung y bajaron lentamente frente a él, rozando sus muslos hasta que las rodillas tocaron la alfombra. Taehyung lo observó desde arriba, con el pecho agitado y la boca todavía entreabierta. Estiró un brazo hacia el cajón superior del escritorio y lo abrió de un tirón. Sacó un pequeño frasco de lubricante y un envoltorio cuadrado, que dejó al alcance de Yoongi.

Yoongi los tomó de su mano.

—Siéntate —ordenó.

Taehyung se incorporó. Se deshizo de los zapatos y terminó de bajarse el pantalón junto con la ropa interior antes de caminar hacia la cama. Se sentó en la orilla, con las piernas separadas y los brazos apoyados sobre los muslos.

Yoongi se puso de pie sin dejar de mirarlo. Primero se quitó el chaleco; después terminó de desabrocharse la camisa y la dejó caer sobre la alfombra. La piel clara de su torso había comenzado a teñirse de rosa alrededor del cuello y el pecho. Se descalzó, abrió el pantalón y dejó que bajara por sus piernas. La prenda quedó amontonada junto a sus pies durante un instante antes de que se liberara de ella.

Taehyung extendió las manos hacia sus hombros, ansioso por tocarlo. Una sola mirada lo detuvo.

—Todavía no.

Yoongi abrió el frasco y vertió una cantidad generosa de lubricante sobre sus dedos. El líquido transparente brilló bajo la iluminación tenue.

Taehyung siguió cada movimiento. Yoongi separó las rodillas y llevó una mano detrás de su cuerpo. Su espalda se arqueó ligeramente al comenzar a prepararse. El primer jadeo escapó entre sus dientes, bajo y contenido. Su respiración se volvió más profunda con cada movimiento. Los dientes se hundieron en su labio inferior y un estremecimiento le recorrió los muslos cuando sus dedos avanzaron un poco más. El sonido húmedo se extendió entre ambos, mezclándose con el rumor lejano del tránsito detrás del ventanal.

Taehyung apretó las manos sobre las sábanas. Quería tocarlo, sustituir aquellos dedos por los suyos y averiguar si sería capaz de hacerle perder esa expresión de dominio. Sin embargo, permaneció quieto.

Continuó hasta que sus dedos entraron sin resistencia. Entonces se incorporó despacio. Rasgó el envoltorio y extrajo el preservativo. Se acercó hasta quedar entre las piernas de Taehyung y lo deslizó sobre su erección. El roce de sus dedos hizo que el director soltara un quejido y se aferrara con más fuerza a las sábanas.

Yoongi apoyó una rodilla sobre el colchón y después la otra. Se acomodó sobre los muslos de Taehyung, sujetó su erección y la guio hacia su cuerpo. Comenzó a descender.

Taehyung se mordió el labio para contener el grito. Yoongi se hundió con lentitud, deteniéndose cada vez que su respiración se quebraba. Cuando terminó de recibirlo, echó la cabeza hacia atrás y dejó expuesta su garganta. Un gemido ronco atravesó sus labios.

Las manos de Taehyung encontraron su cintura. Hundió los dedos en la piel suave y esperó, sosteniéndolo mientras los músculos de Yoongi se adaptaban a la intrusión.

El primer movimiento fue lento. Yoongi se elevó apenas unos centímetros y volvió a descender. Repitió el gesto, esta vez con más fuerza, hasta encontrar un ritmo que hizo crujir el colchón bajo ambos. Taehyung no podía apartar la mirada. Cada golpe aumentaba la presión que lo envolvía; cada elevación dejaba un vacío que lo obligaba a buscarlo. Empezó a mover las caderas hacia arriba, encontrándose con Yoongi a mitad de camino.

—Más… —Susurró Yoongi. Sus uñas se clavaron en los hombros de Taehyung. —No te detengas.

Taehyung lo sujetó por la nuca y lo atrajo hacia su boca. Lo besó, devorando cada sonido que escapaba de sus labios. Yoongi respondió con la misma urgencia, enredando los dedos en su cabello mientras alteraba el movimiento de sus caderas.

El control que había mantenido desde su llegada comenzó a mostrar fisuras. Sus gemidos se volvieron agudos. Cada vez que Taehyung encontraba un ángulo capaz de arrancarle un sonido más alto, Yoongi apretaba las piernas alrededor de su cintura y bajaba con mayor fuerza.

El sudor hacía resbalar sus cuerpos. Yoongi apoyó las manos sobre el pecho de Taehyung y lo utilizó para impulsar sus movimientos. La piel blanca de su pecho se había tornado rosada por el esfuerzo y el calor. Tenía los labios entreabiertos y la mirada empañada.

El ritmo aumentó. El sonido de sus cuerpos llenó la habitación, mezclándose con los jadeos y el crujido insistente del colchón. La presión se acumuló en la base de la espalda de Taehyung hasta tensar todos sus músculos. Yoongi se aferró a sus hombros. Sus movimientos perdieron precisión y una serie de espasmos recorrió su abdomen. Taehyung lo sujetó por la cintura y aceleró las embestidas, prolongando cada una hasta sentir que el cuerpo sobre él se cerraba con más fuerza.

Yoongi arqueó la espalda. El orgasmo lo sacudió con un gemido que se quebró en mitad de su garganta. La presión de su cuerpo arrastró a Taehyung segundos después. Lo sostuvo contra sí mientras el placer lo atravesaba, hasta dejarlo sin fuerza. Yoongi se desplomó sobre su pecho. Su respiración era un silbido entrecortado contra la piel húmeda de su cuello.

Taehyung lo rodeó con los brazos y lo mantuvo pegado a su cuerpo, sintiendo los temblores residuales que todavía recorrían sus piernas. Cerró los ojos y aspiró la mezcla de sudor y sexo que permanecía suspendida en la habitación.

Durante unos minutos no pensó en la empresa, en los accionistas ni en las decisiones que lo aguardaban al amanecer. Solo fue consciente del peso de Yoongi sobre él, de la respiración que poco a poco recuperaba su ritmo y de la extraña resistencia que sentía ante la idea de apartarlo.

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