UNO
¿Qué nos define como humanos?
Es una de las preguntas que me hago cada cierto tiempo, porque ya no conozco la respuesta a esa pregunta que me aqueja.
Cuando estudiaba en la ciudadela, mi respuesta hubiera sido simple: “El pensamiento”. Esa hubiera sido mi respuesta, simple, sin tacto ni sustancia, sin conocimiento y experiencia real en la vida.
Pero ahora que he recorrido el mundo y visto de lo que es capaz el ser humano, no puedo responder la pregunta con la que he cargado años de mi vida.
Y ahora que las puertas de Desembarco del Rey se han abierto, con ello los saqueos a manos de los estandartes del león han iniciado y a mi alrededor todo es un caos.
Solo puedo reforzar uno de mis pensamientos: “El ser humano es asqueroso por naturaleza”.
Matará, violará y quemará como lo está haciendo en este momento con la gente pequeña de este reino.
Con los gritos de la mujeres y las espadas chocando, solo puedo reflexionar como todo lo que ha pasado es por la culpa de ser humano.
Hacer la guerra por amor, matar por sentimientos que volvieron salvajes a más de medio reino y los pocos que no hacen nada solo esperan a las sobras de los perdedores.
Pero yo no soy mejor.
Me quedo aquí, obediente custodiando tal vez la única orden cuerda que dio este tirano desde que se sentó en el trono.
Custodiar las puerta donde esta la descendencia de Rhaegar, la descendencia de aquel que comenzó todo.
-Todo por amor-
No puedo evitar que mi voz salga a través de mi casco, el tono es regido y amortiguado.
Pero salgo de mis pensamientos rápido para seguir en mi vigía de cualquier enemigo.
Sigo custodiando las puertas de cualquier canalla que quiera destruir un posible futuro, que tal vez no pueda ver.
Desde el pasillo puedo escuchar las barbaridades que hacen los abanderados de los leones, el olor del humo a comenzado a llegar lentamente al lugar, haciendo que respirar en mi casco se vuelva incomodó.
Pero decido no quitármelo porque no sé en qué momento alguien recuerde que la habitación de Elia Martell está en esta fortaleza.
Es solo cuestión de tiempo para que uno de los perros del león piense que va a haber mayor recompensa por la cabeza de la princesa, viva o muerta.
Ultrajada o no ella solo vive con tiempo prestado.
Ante ese pensamiento siento como la espada que descansa contra mi hombro se vuelve pesada, el peso es tal que siento como mi hombro cede y la espada cae al suelo con un ruido sordo.
Mis ojos se mueven hacia la espada como si fuera la última cosa que quisiera ver en el mundo, pero resignado me arrodillo y la tomó sintiendo como el peso es el de siempre.
Retomando mi lugar en medio del pasillo con la espada de nuevo descansando de nuevo en mi hombro, de nuevo en la tranquilidad de pasillo decido hacer algo que no pensé hacer.
Deje de pensar, deje de reflexión sobre lo que me rodeaba, por que estaba cansado de pensar, estaba cansado de no tener respuestas a mis pensamientos.
Así que deje a mis sentido vagar libremente fuera de mi, mis ojos se fijaron en la puerta donde vendrían los enemigos, mis oídos escucharon las atrocidades de fuera y mi olfato capto el olor del humo pero esta vez no me incomodo.
Sentí todo y a la vez nada, mi mano sin guantelete agarró firmemente el mango de mi espada, el cuero del que estaba hecho se sintió conocido y a la vez bien al tacto.
Deje pasar el tiempo sin preocuparme por lo que pasaría, hasta que las puertas dobles se abrieron de par en par.
Tres hombres armados con espadas y escudos, entraron al pasillo que custodiaba con la tranquilidad de alguien que entra en su casa.
Los tres tenían sonrisas en sus rostros, estaban disfrutando del saqueo y otras cosas si la armadura mal puesta me decía algo.
Los hombres sonreían y se molestaban hasta que se dieron cuenta de mi presencia y sus sonrisas murieron, pero fue por poco tiempo ya que volvio con mas fuerza a su rostro.
-Un guardia, mira Rata tiene una armadura bonita tal vez podamos repartirla si lo matamos-
El hombre que habló de manera burlona hacia uno de sus compañero.
Este le respondió con una voz molesta y cansada.
-Ya te dije que no me llames Rata, Gordo Bastardo-
El llamado Gordo y Rata levantaron sus espadas al mismo tiempo, uno con su rostros rojos por la furia y el otro con una sonrisa burlona pero antes de que la situación pasara a mayores la voz de un anciano intervino.
-Ya basta Riktor y Talos, nos están haciendo quedar mal frente al Sir guardia-
Los dos nombrados se separaron y se disculparon ante el anciano a regañadientes.
-Lo siento viejo-
El más viejo de los tres solo asintió al ver como sus dos compañeros volvían a sus lugares a sus lados y volvió a hablar con un tono más serio.
-Ya saben la estrategia asi que hagamoslo como ya lo hemos hecho afuera-
Los tres hombres sin decir nada se separaron, el más viejo en el centro y los otros dos a sus flancos.
-Veo que hay experiencia aquí-
Por primera vez desde que entraron él habló con su voz amortiguada por el casco, pero los tres que estaban viniendo lentamente hacia él no le respondieron y siguieron avanzando.
Y de pronto su formación se rompió.
El de la derecha se abalanzó hacia él con su escudo en alto, logro esquivarlo pero sintió como una espada rozaba su casco.
Regresando la mirada pudo ver que el anciano se había movido aprovechando el punto ciego de su casco.
Pero la pelea no se cogelo ahi a pesar de su creciente sentido de crisis, porque el de la izquierda movió su espada en busca de un corte en su brazo descubierto.
Esta vez él reaccionó moviendo su espada y desviando el corte logró desequilibrarlo y mientras caía le dio un golpe con su guantelete en el rostro.
Y como antes fue castigado por su falta de percepción, esta vez la espada del gordo había caído en su espalda.
El corte no atravesó la armadura pero dejó una sensación dolorosa en el área donde cayó la espada.
-Demonios Rata, estas bien-
La voz del Gordo volvió a resonar en el pasillo, pero esta vez tenía una matiz de preocupación por su aliado.
Volviendo mi mirada pude ver como la Rata estaba siendo ayudado por el Viejo a levantarse del suelo.
El hombre tenía una ligera abolladura en el casco que ocupaba y sangraba por la boca, parecía desorientado en medio de la inconsciencia y la conciencia.
En ese momento noté algo interesante, noté una debilidad en sus armaduras.
-Veo que sois demasiado unidos, tal vez hermanos de armas-
Mi voz salió cuando detecte una debilidad que explotar.
-No demasiado lejano jaja ya se ustedes son familia-
Esas palabras dejaron al Gordo y al Viejo congelados por un segundo, segundo que no desperdicie.
Moviendo mi espada en un arco amplio, corte la mano del Gordo que sostenía su espada, el repentino dolor hizo que grite a todo pulmón.
Con los gritos del hombre de fondo puedo ver al Viejo congelado en su lugar aun sosteniendo a la Rata que había sucumbido a la inconsciencia, puedo ver en su mirada desesperación.
Puedo ver que a pesar de su experiencia no vio una situación como esta, su estrategia le sirvió durante demasiado tiempo que lo volvió conformista.
Le trajo tantas victorias que nunca pensó que un dia perderia.
Acercándome a paso lento hacia el Viejo le habló con tranquilidad.
-Las guerras traen muchos beneficios pero también muchos riesgos-
Con cada paso más cerca de él puedo ver cómo su rostro se vuelve más pálido y el miedo lo consume, pero su estado no detiene mi voz.
-Se nota que estos son tus hijos verdad viejo-
Sus ojos se abren y su boca se mueve intentando decir algo que no sale de su boca.
Ya frente a él levanto mi espada sobre mi cabeza y sigo hablando
-Tu equivocación aquí fue traerlos al campo de batalla-
Y con esas siendo mis últimas palabras, mi espada cae sobre su cabeza así matandolo.
Retirando la espada del Viejo lo dejo caer sin ceremonias al suelo, miro por un segundo el cuerpo y una vez más en mi vida agradezco tener un casco que oculte mi rostro del mundo.
Retirando mi mirada del Viejo, la dirijo a la Rata un joven con mucho por vivir yacía inconsciente en los brazos del viejo hombre, sin querer que se despierte y vea lo que ocurrió a su alrededor, lo apuñale en el cuello y lo dejó morir.
Ahora solo quedo el gordo que se estaba arrastrando hacia las únicas puertas del pasillo, se movía lento con su rostro pálido por el esfuerzo y la pérdida de sangre, el sudor perlaba su rostro ceniciento.
El pensaba que escapar, pero en poco pasos ya estaba sobre él y pise su espalda.
La pérdida de sangre y la voluntad de escapar lo habían dejado sordo a mis pasos, porque al momento en que lo piso volvió a gritar de puro terror.
Lo deje gritar aunque no quería hacerlo, si hubiera sido otro momento u otra situación lo hubiera matado sin dolor, pero ahora necesitaba que su grito llegue lo más lejos posible para alejar a los perros de los leones de este pasillo.
Cuando todo acabó y el hombre estaba en el suelo sin fuerzas a la espera de la muerte lo deje en donde estaba y me aleje del lugar cerca de la puerta, tal vez si el grito no funcionaba el cuerpo funcionaría como disuasión para los más cobardes.
Mire por unos segundos los cuerpos que estaban en el suelo y solo pude suspirar ante la obra macabra que saludaba mi vista, un anciano sosteniendo a un joven los dos muertos y un tercero en las puertas con la marca de un bota en la espalda.
-Que los viejos Dioses me condenen cuando esté en su presencia-
Aunque deshonre mi codigo, necesito todas los trucos para poder hacer que sobreviva la princesa de Dorne.
Ese pensamiento hizo que mi mirada vague hacia los cuerpos y como si captará por primera vez el olor del lugar golpeó mi nariz.
El olor de la sangre combinado con el humo hizo que mi cabeza doliera y girará por un segundo, pero me recompuse rápido aún vigilante de las puertas por la que los enemigos podrían entrar.
Fin capitulo 1








