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ৎ୭𝐵𝑟𝑜𝑘𝑒𝑛 𝑆𝑡𝑒𝑟𝑒𝑜𝑡𝑦𝑝𝑒𝑠 ꗃ · 𝑘𝑚

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Sinopsis

국민 ִֶָ 𓂃⊹ ִֶָ En un mundo donde los roles de Alfa y Omega parecen inquebrantables, Jungkook y Jimin son la excepción. Jungkook es un Alfa sensible que ama lo brillante y delicado, mientras que Jimin es un Omega rebelde que prefiere el caos y el ruido. Juntos desafían cada estereotipo y encuentran en el otro un refugio donde pueden ser ellos mismos. Pero cuando un nuevo Alfa entra en escena y se acerca demasiado a Jimin, Jungkook descubre que incluso el Alfa más dulce puede esconder un instinto posesivo que podría cambiarlo todo. ╭ ┆ ╰ ⓘ 𝙽𝚘 𝚜𝚎 𝚊𝚌𝚎𝚙𝚝𝚊𝚗 𝚌𝚘𝚙𝚒𝚊𝚜, 𝚗𝚒 𝚊𝚍𝚊𝚙𝚝𝚊𝚌𝚒𝚘𝚗𝚎𝚜.. ⤷ . 𝚂𝙸 𝙽𝙾 𝙻𝙴𝚂 𝙶𝚄𝚂𝚃𝙰 𝙴𝚂𝚃𝙴 𝚂𝙷𝙸𝙿 𝙾 𝙴𝚂𝚃𝙴 𝚃𝙸𝙿𝙾 𝙳𝙴 𝙲𝙾𝙽𝚃𝙴𝙽𝙸𝙳𝙾 𝙽𝙾 𝙴𝚂 𝙳𝙴 𝚂𝚄 𝙰𝙶𝚁𝙰𝙳𝙾, 𝙻𝙴𝚂 𝚁𝙴𝙲𝙾𝙼𝙸𝙴𝙽𝙳𝙾 𝚀𝚄𝙴 𝙽𝙾 𝙻𝙾 𝙻𝙴𝙰𝙽 .

Genero:
Drama/Erotica
Autor/a:
𖠌
Estado:
Completado
Capítulos:
7
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

El olor a ozono y a metal caliente colgaba en el aire del local de ensayo, un perfume que para Jimin era más reconfortante que cualquier flor. El estruendo de la batería era un latido cardíaco sordo y visceral que vibraba hasta sus huesos.


Sus dedos, largos y delgados, callosos por las cuerdas de su bajo, se deslizaban por el mástil de madera con una familiaridad que era casi una extensión de su propia voluntad. Llevaba el pelo negro y desordenado, un contraste radical con la melena dorada y suave que le caía sobre los hombros. Sus ojos, delineados con un trazo de kohl que los hacía ver más grandes y penetrantes, estaban cerrados, perdiéndose en el riff gutural que él mismo creaba.


Era un Omega, sí, pero no el tipo que la sociedad esperaba. No había sumisión en su postura encorvada sobre el instrumento, solo pura y concentrada agresión. Su olor, una mezcla inconfundible de cuero viejo, canela y una dulzura subyacente como el ámbar, era un desafío constante, un cartel de neón que parpadeaba, “No soy lo que parezco”.


La puerta del local se abrió con un chirrido, dejando pasar una ráfaga de aire fresco que contrastaba violentamente con la atmósfera cargada del interior. Jimin no necesitaba abrir los ojos para saber quién era. El olor lo delataba.


No era el de un Alfa típico, no era ese aroma a tormenta, a tierra mojada y a dominación cruda que la mayoría de los de su clase exudaban. El olor de Jungkook era diferente. Era a lluvia de primavera, a pétalos de loto mojados, a miel recién cosechada y a esa cosa indescriptible que era simplemente, ′Jungkook′. Un aroma que podía ser tan tierno como un cachorro y, al mismo tiempo, poseer una profundidad que recordaba el poder latente bajo esa superficie.


Abrió los ojos y lo vio. Jungkook estaba apoyado en el marco de la puerta, con una sonrisa tonta en la cara. Llevaba una camiseta de un color tan brillante que dolía verla, con un dibujo de unicornio que brillaba en la oscuridad del local.


En sus manos sostenía una pequeña bolsa de papel, de la que sobresalía el extremo de un paquete de pegatinas holográficas. Sus grandes ojos oscuros brillaban con una admiración pura y sin filtros mientras observaba a su Omega.


— Has terminado.. —dijo Jungkook, su voz era una melodía suave, un contraste perfecto para el caos sónico que se desvanecía.


Jimin soltó un último acorde, resonante y profundo, antes de dejar que su bajo colgara del hombro.


— Acabas de perderte el mejor solo de mi vida.. —replicó, pero no había mordaza en su voz, solo un afecto cansado.


Se acercó a Jungkook, que lo recibió con los brazos abiertos. El abrazo era una contradicción en sí mismo.


Jungkook, el Alfa, envolvía a Jimin, el Omega, con una delicadeza casi reverencial. Su cuerpo era fuerte, una muralla de músculo sólido bajo la piel suave, pero la forma en que sus brazos se cerraban alrededor de Jimin era protectora, no restrictiva.


Jimin se hundió en ese abrazo, inhalando profundamente el aroma limpio y dulce de su pareja. La calidez de Jungkook era un ancla en su mundo caótico. Sentía el pecho de su Alfa latir contra su espalda, un ritmo constante y seguro que apaciguaba la energía frenética que siempre corría por sus venas.


— Te traje algo.. —susurró Jungkook en su cabello. Jimin podía sentir la sonrisa en sus labios contra su piel.


Levantó la mano y mostró las pegatinas. Eran formas de estrellas, lunas y pequeños planetas, todas con un brillo iridiscente que cambiaba de color con el movimiento.


Jimin soltó una risa, un sonido ronco y genuino.


— Eres un niño.. —dijo, pero tomó una de las pegatinas, una estrella de color azul pálido, y se la pegó en la mejilla a Jungkook.


El Alfa parpadeó, sorprendido, y luego su sonrisa se hizo aún más grande.


— Ahora tú brillas.. —dijo Jimin, sus dedos rozando la piel suave de la mejilla de Jungkook.


El viaje de vuelta a su apartamento era un ritual. Caminaban de la mano, sus dedos entrelazados en un ajuste perfecto.


Jungkook hablaba animadamente sobre una nueva serie de acuarelas que había visto, mientras Jimin asentía, medio escuchando, más concentrado en la sensación de la mano de su Alfa en la suya.


Eran un espectáculo andante, un imán de miradas para cualquiera que se cruzara con ellos. El gigante de ojos redondos y sonrisa inocente, vestido como un arcoíris, y el chico delgado y pálido con la mirada desafiante de un punk roquero.


Nadie entendía su dinámica, y a Jimin le encantaba. Les pertenecía solo a ellos.


Su apartamento era un reflejo de su unión. La mitad era el caos organizado de Jimin, pósteres de bandas de rock en las paredes, equipo de música caro, púas y cuerdas de guitarra esparcidas por las mesas.


La otra mitad era el santuario de Jungkook, lienzos con acuarelas etéreas, estanterías repletas de figuras de coleccionista de colores brillantes, y una pequeña mesa donde organizaba sus cientos de cromos y pegatinas.


Era un choque de mundos que, de alguna manera, funcionaba en perfecta armonía.


Esa noche, la armonía se manifestó en su dormitorio. La luz de la luna se filtraba por la ventana, iluminando el desorden de la habitación.


Jungkook estaba desnudo en la cama, las sábanas blancas en contraste con su piel bronceada. Su cuerpo era una obra de arte, cada músculo definido pero sin ser exageradamente voluminoso. Era fuerza contenida, la potencia de un animal salvaje domesticado por el amor. Su erección se erguía contra su estómago, gruesa y pesada, el glande de un color rosado intenso y brillante ya con un líquido translúcido que se acumulaba en su punta. No era agresiva, simplemente estaba allí, una afirmación de su deseo.


Jimin lo observó desde el umbral de la puerta, todavía vestido con sus jeans negros ajustados y una camiseta gastada. El aroma a Alfa en celo era más fuerte ahí, más íntimo. Era miel y testosterona, una combinación que hacía que el interior de sus muslos temblara y un calor húmedo comenzara a formarse en su entrada.


Su propio cuerpo respondía, sus pezones se endurecían bajo la tela de la camiseta y el dulce aroma a canela de su Omega se volvía más espeso, más dulce, una invitación silenciosa.


Se quitó la ropa lentamente, sus ojos nunca abandonando el cuerpo de Jungkook. La piel de Jimin era pálida, casi translúcida bajo la luz de la luna, marcada aquí y allá por el tatuaje de una serpiente que se enroscaba en su brazo. Su cuerpo era delgado, pero fibroso, con la tensión de un atleta. Sus caderas eran estrechas y sus piernas, largas y definidas. Su miembro, en reposo, descansaba sobre un saco de testículos pequeños y apretados, pero la verdadera obra de arte estaba oculta.


Jungkook se sentó, apoyándose sobre sus codos, su mirada siguiendo cada movimiento de Jimin como si fuera la única cosa que existiera en el universo. El deseo en sus ojos no era feroz, sino hambriento, una devoción profunda que quemaba más que cualquier lujuria.


— Ven aquí.. —susurró, su voz un ronco murmullo que vibró en el aire denso del dormitorio.


Jimin obedeció, moviéndose con una lentitud deliberada que era una tortura y una promesa. Se deslizó bajo las sábanas, y el contraste de su piel fría con el calor radiante de Jungkook los hizo jadear a ambos.


El Alfa lo recibió, no con una toma de posesión, sino con una fusión. Sus brazos se enroscaron alrededor de Jimin, sus manos grandes y callosas deslizándose por la espalda lisa de su Omega, trazando la curva de su columna vertebral hasta llegar a la hendidura entre sus nalgas. Allí, la piel era aún más suave, más caliente.


Jungkook lo giró con suavidad hasta que Jimin quedó boca arriba, completamente expuesto bajo su escrutinio. Durante un momento, solo lo miró.


Sus ojos oscuros recorrían cada centímetro de su cuerpo, el tatuaje de la serpiente que parecía cobrar vida con cada respiración, sus pezones pequeños y oscuros ya erectos y ansiosos, el plano de su estómago que se contraía con la anticipación.


— Hermoso.. —sopló Jungkook, y la palabra no era un cumplido, era un hecho.


Y luego, su boca descendió. No fue un beso, fue una exploración.


Sus labios, suaves y llenos, se posaron primero en el cuello de Jimin, no en el punto de unión donde un Alfa posesivo clavaría sus dientes, sino en la piel sensible que lo rodeaba. Lamió, probando la sal de su piel, el sabor único de su Omega. Su lengua era húmeda y cálida, trazando patrones que hacían que las piernas de Jimin se abrieran en una invitación instintiva.


Bajó más. Su boca encontrando un pezón. Lo rodeó con la lengua, lentamente, sintiéndolo endurecer aún más bajo su minuciosa atención. Luego lo succionó, suavemente al principio, aumentando la presión hasta que una punzada de placer agudo y directo recorrió el cuerpo de Jimin, haciéndolo arquear contra él.


Una mano de Jungkook se deslizó por su estómago, sus dedos jugando con el vello fino que lo cubría antes de bajar aún más, hasta rodear el miembro de Jimin, que ahora estaba completamente erecto, un arco de carne pálida y dura. El pulgar de Jungkook rozó el glande, extendiendo el fluido preseminal que brillaba bajo la luz de la luna.


Jimin soltó un gemido ahogado, sus caderas impulsándose hacia adelante, buscando más fricción, más de ese toque.


Pero Jungkook no tenía prisa. Su boca continuó su viaje descendente, dejando un rastro de saliva y besos húmedos por el estómago de Jimin. Llegó a su ombligo y lo lamió, una acción tan íntima y sorprendente que Jimin rio nerviosamente, el sonido convirtiéndose en otro gemido cuando la mano de Jungkook apretó su miembro con una firmeza perfecta.







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